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sábado, 13 de mayo de 2017

Los códices de Nag Hammadi: ¿último testimonio de las escuelas mistéricas?



Aun después de pasado más de medio siglo de su descubrimiento, los antiguos códices de Nag Hammadi (Egipto), al igual que los hallados en el Mar Muerto hacia la misma época, siguen despertando interés y controversia por tratarse de unos textos heréticos, fundamentalmente gnósticos, que de alguna manera podrían comprometer o generar dudas acerca de las verdades de la ortodoxia cristiana.

En el artículo que presento seguidamente, el reputado antropólogo norteamericano John L. Lash, experto en el gnosticismo[1], nos describe con detalle el trasfondo ideológico y religioso de esta polémica. Así, según su visión, los escritos de Nag Hammadi podrían constituir el último reducto de las llamadas escuelas mistéricas, esto es, las comunidades espirituales de la Antigüedad reservadas a los iniciados en las que se impartían los Misterios, esto es, los saberes más esenciales y profundos sobre la humanidad, el universo y la divinidad, y que derivaban de antiquísimos conocimientos paganos –procedentes del Antiguo Egipto principalmente– cuyo origen se hunde en la noche de los tiempos.

En su escrito, John Lash incide en la persecución e intolerancia sufrida por los gnósticos por parte del naciente cristianismo –consolidado nada menos que como religión oficial imperial– que trató de tergiversar u ocultar su verdadero mensaje. Asimismo, Lash pone de manifiesto que las escuelas mistéricas eran de hecho una red global de sabiduría esotérica que incluía no sólo el gnosticismo sino también otras prácticas o creencias como el druidismo, el budismo, el chamanismo, etc. Pero toda esta sabiduría de los Misterios, tachada ahora de superstición y paganismo, fue sepultada por una ortodoxia intransigente que pretendía someter o aniquilar la auténtica espiritualidad al tiempo que imponía una religión dogmática e intolerante.

En fin, les dejo ya con John L. Lash y este fascinante viaje a Egipto y a un mundo desaparecido de ideas y creencias que apenas hoy en día somos capaces de reconstruir parcialmente a partir de un tenue legado.



Cuando los Misterios murieron


Éxtasis e intolerancia en el Mundo Clásico


“Los dioses paganos, incluso los dioses de los Misterios, no son celosos unos de otros. Ellos forman una sociedad abierta” (Walter Burkert, Ancient Mystery Cults).   

Situación de Nag Hammadi, al sur de Egipto
Los trece códices descubiertos en el Alto Egipto en diciembre de 1945 han llegado a ser conocidos como la Biblioteca de Nag Hammadi, tomando ese nombre de una aldea situada en la orilla oeste del río Nilo. En el mismo lado del río, aproximadamente a 32 kilómetros al Sur, está el templo de Hatshepsut, escena de la masacre terrorista de turistas en Noviembre de 1997. Se cree que los autores llegaron desde la desolada tierra montañosa donde fueron encontrados los raros códices. Cuando visité la región en Febrero de 1999 en un viaje con la Marion Foundation, se habían establecido fuertes medidas de seguridad.

Yo llegué desde Luxor río arriba hasta Dendera, emplazamiento del antiguo templo de Hathor, en un convoy armado, acompañado por dos docenas de soldados con las metralletas a punto. Extrañamente, los académicos no se refieren al templo ptolemaico de Hathor en Dendera, localizado a tiro de piedra de Nag Hammadi. Desde la azotea del templo se puede contemplar la impresionante curva del Nilo, y se tiene una visión directa de los acantilados de Jabal Al-Tarif donde estaban escondidos los códices.

El poblado más cercano a la cueva, Hamra Dun, es demasiado pequeño para ser mencionado, pues de otro modo estos textos perdidos durante tanto tiempo hubieran sido denominados la biblioteca de Hamra Dun. Hamra Dun es el nombre árabe del lugar de antiguo nombre cóptico Chenoboskian, “el refugio de los gansos salvajes”; a su vez detrás de ese nombre hay otro, el nombre egipcio del lugar, Sheniset, “las acacias de Seth”, indicando una asociación con la secta gnóstica que se refería a sí misma como la Secta de los Setianos.

El ocaso egipcio


La proximidad de Dendera a Hamra Dun es notable, pero hasta donde sé, ningún erudito lo ha apreciado. Según el consenso actual, se supone que la “biblioteca” de Nag Hammadi procede del monasterio de Pacomio, un lugar de reclusión de monjes cristianos coptos que estuvo localizado en Tabennisi en la orilla oriental, como se muestra en el mapa.

“Su fundador pionero, Pacomio, había establecido una regla para unir a gente dispar y solitaria dentro de una comunidad cuya práctica del trabajo agotador implicaba una disciplina estricta, casi militar.” (Tobias Churton, The Gnostics, p.3)
Detalle de la situación de Nag Hammadi
Se supone que alguno de este heterogéneo grupo reunió improvisadamente los trece paquetes encuadernados en cuero, los puso luego en una vasija de arcilla roja y los escondió en una cueva en la ladera. Basándose en el examen del “cartonaje”, las cartas fechadas y los recuentos contenidos en las ligaduras de los códices, los expertos han determinado que los pergaminos debieron haber sido ocultados en la cueva entre 345 y 348 d.C. La fecha es bien precisa y, quizás por coincidencia, se corresponde con la muerte del monje maestro, Pacomio. Escondidos en el 345 d. C.: ¿Por quién? ¿Por qué? ¿Para qué propósito futuro? Nadie lo sabe.
Los estudiosos que proponen la teoría del monasterio copto para explicar el origen de los textos dejan de mencionar que el asentamiento de Pacomio, establecido alrededor de 300 d.C., fue un pobre asunto comparado con el complejo de Dendera, construido 500 años antes sobre asentamientos que se remontan al 5.200 a. C.

El Templo de Hathor fue una construcción ptolemaica tardía en un antiguo lugar sagrado, Tentyrs, considerado como el lugar de nacimiento de Isis. Si Isis puede ser considerada la equivalente de la Virgen María del cristianismo, Hathor fue la Eva egipcia. Sus prehistóricos y autóctonos ritos eran propios de las perdidas culturas sudanesas que precedieron con mucho al culto hollywoodiense de Osiris. Hathor era una diosa de sabiduría, como la Sofía de los gnósticos. Su culto celebraba el éxtasis, la sanación y la comunión mística con el cosmos.

Quizás entre la “gente dispar y solitaria” que encontró refugio en el monasterio de Pacomio hubo algunos gnósticos que huían de la persecución o algo peor. No obstante, pienso que es igualmente probable que los códices coptos vinieran de Dendera, o que pudieron haber llegado a los monjes mediante alguna asociación con los incondicionales del culto de Hathor y Horus instaurado allí.
 

Cada templo en Egipto tenía su propia biblioteca, y Dendera no era ninguna excepción. Los textos sagrados eran guardados en estancias especiales en el interior de la entrada, de modo que los sacerdotes pudieran seleccionar un texto y luego proseguir a la parte apropiada del complejo del templo para leerlos o (más probablemente) recitarlos.

Zodíaco de Dendera
La verdad es que no hay ninguna indicación explícita del material que se refiere a Hathor en la Biblioteca de Nag Hammadi, pero hay claras alusiones astronómicas. Dendera era conocido por su Zodíaco sagrado, uno de los artefactos más espectaculares de la sabiduría antigua que sobrevive intacto. La ciencia de las estrellas era importante para el culto de Hathor, y los gnósticos –desde las épocas más antiguas– tenían la reputación de ser astrónomos expertos.

El historiador del siglo I d. C. Josefo (Antigüedades Judías I, 2.3) relata la tradición existente desde hacía mucho tiempo de que “los hijos de Set eran considerados como los primeros profesores de la ciencia astronómica” (Plunkett, Calendars and Constellations of the Ancient World, p. 20). Jacques Lacarriere (The Gnostics, p.31 y ss.) piensa que la ciencia del cielo es la matriz original de su sistema de conocimiento.
 

Yo no puedo leer copto, pero con la ayuda de algunos eruditos gnósticos de categoría mundial en la Universidad Católica de Leuven en Bélgica, he logrado el nivel en que puedo andar a tientas en dicha lengua. Se trata de un lenguaje torpe y compuesto, con poco alcance para la expresión sublime o compleja. Después de unos años de tener mi nariz enterrada en los códices, o más bien como un cerdo desenterrando trufas, tuve la viva impresión de que estaba observando una especie de taquigrafía.

Inscripción demótica
El copto fue inicialmente inventado por sacerdotes egipcios (paganos) para conservar la pronunciación de la escritura de los amuletos que vendían. Esta lengua usa una versión modificada de las letras griegas y de caracteres tomados prestados de la escritura demótica [egipcia] para denotar sonidos que se dan en el egipcio antiguo pero no en el griego. El resultado es un idioma artificial que no se presta a la expresión filosófica. Se asemeja a la escritura taquigráfica usada para registrar procedimientos judiciales. No es el mejor medio para conservar las elevadas enseñanzas de los iniciados gnósticos en el momento del ocaso de la civilización egipcia.
 

Mi impresión de los códices coptos de Nag Hammadi es que son traducciones de notas apresuradas, y, en gran medida, notas incompetentes, anotadas en griego por estudiantes de los Misterios, quizá estudiantes pertenecientes al complejo de la escuela mistérica de Dendera. Los griegos habían estado yendo a Egipto para aprender la ciencia y la metafísica desde los días de Pitágoras, alrededor de 600 a. C. Con la decadencia y la dispersión de la civilización egipcia en la época helenística, las capacidades del alumnado pudieron haber sido inferiores a lo deseable. Incluso la antiquísima diseminación de la sabiduría egipcia en la mente griega también pudo haber alcanzado un grado febril en los primeros siglos después de Cristo.
 

Interior del templo de Dendera
Siendo, como lo es, una obra de la época ptolemaica (323-30 a. C.), Dendera a menudo es desestimada como demasiado tardía para venerar la sabiduría pura y antigua de los egipcios, pero ¿quién puede decir que el final de algo no puede ser tan profundo como su principio? Dendera y otros templos ptolemaicos, como el de Edfú, están inscritos con jeroglíficos en una densidad asombrosa, como si los últimos sacerdotes que podían leer y escribir los textos arcanos estuvieran concentrados en poner por escrito todo lo que pudieran para la posteridad.

En esta atmósfera, los estudiantes griegos bien podrían haber estado peleándose por cada último trozo del conocimiento que pudieran conseguir, y escribiendo algunas notas bastante inconexas sobre lo que los profesores-sacerdotes les estaban explicando.
 

Si los presuntos “originales griegos” fueron notas de aula, no excesivamente claras en primera instancia, y luego fueron traducidas del griego al copto por escribas que apenas entendían lo que estaban leyendo, esto explicaría la naturaleza alarmantemente caótica y contradictoria de estos textos. La Biblioteca de Nag Hammadi es un tesoro espiritual de la Humanidad, y es también una maraña confusa y mutilada.

Lugar de nacimiento de Isis


Vista de Luxor
En Luxor, la antigua capital del Alto Egipto (en el sur), las enormes columnas inscritas con jeroglíficos tallados con precisión revisten los santuarios abandonados de los dioses egipcios, repletos de turistas en casi todas las temporadas. Los recintos sagrados de la antigua capital irradian un encanto y una mística que compiten con Guiza. Las pirámides al Oeste de El Cairo permanecen como un mudo desafío para la comprensión humana, pero aquí en el Sur otro esplendor comunica su hechizo. Aquí, una revelación diferente de los muertos dinásticos asciende desde la tierra.
 

Dentro de un perímetro de unos 30 kilómetros está el Valle de los Reyes, el emplazamiento de la tumba de Tutankamón y otros faraones, aproximadamente unos cuarenta según Estrabón, un historiador griego de la época de Augusto (25 a. C.). Hoy en día, una media docena de tumbas son accesibles a los visitantes, y hay mucho más para encantar el ojo y arrobar la mente: el magnífico templo de Hatshepsut en Deir Al-Bahari, el Ramasseum con su coloso despedazado como un titán que cayó a la Tierra, los largos santuarios mortuorios de Seti I y Rameses III, IV y IX, las tumbas de muchos nobles, el templo tardío de Ptolomeo V en Deir el-Medina, los colosos gemelos de Memnón... Todo esto está en la ribera Oeste, mientras que en la orilla del Este se extienden los majestuosos terrenos de Karnak y el templo de Luxor, llamado “el Libro del Génesis en piedra” por el egiptólogo disidente Schwaller de Lubicz.
 

Exterior del templo de Hathor en Dendera
Un poco más al Norte en la ribera occidental está Dendera, el emplazamiento del templo de Hathor, la Eva egipcia. La masiva estructura de piedra arenisca está instalada en la curva del Nilo donde el río se desliza hacia el Este antes de volverse atrás a Qena, para luego fluir al Oeste más allá del extremo Sur de una enorme roca saliente conocida como Jabal-al-Tarif. En su pendiente oriental, los blancos acantilados están acribillados por 150 cuevas que fueron usadas como refugios por místicos del desierto durante siglos antes del cambio de era. Algunas cuevas dan acceso a galerías donde los príncipes faraónicos de la Sexta Dinastía (2.500 a.C.) fueron sepultados, pero la mayor parte de ellas son toscas grutas salpicadas quizás con unos cuantos fragmentos de vasijas. Escarpadas e imponentes, las áridas laderas no ofrecen ninguna seña o atractivo. Nag Hammadi está muy lejos de los lugares más frecuentados por el turismo global. El lugar está en una región controlada por partidarios islámicos responsables de la masacre de 54 turistas en el templo de Hatshepsut en 1997. Normalmente, ningún turista se acerca a esta aldea desolada o sin una fuerte imaginación como guía.

No queda nada que ver ahora de la antigua maravilla que debió haber coronado este lugar, y sólo el serpenteante susurro del viento del desierto alude a su misterio. Aquí los pasadizos secretos que esperan ser descubiertos están escondidos dentro del que busca, no en el lugar. Aquí yace el turbulento vórtice de ruinas invisibles.

Una red antigua


Un manual medieval elaborado por el ficticio guía turístico Ladâmes el Grande, describe el paisaje donde se descubrió la biblioteca gnóstica:

“Verás, hacia el Noroeste, siete tumbas establecidas en el lado del valle: cuatro juntas, luego dos juntas, y luego la última aislada. Cava en esta última, a la profundidad de un qamah: encontrarás el cadáver, y junto a él todas sus posesiones. Verás también algunos elevados promontorios alrededor de este mismo cementerio hacia el lado del Este. Entre estos promontorios hay cinco grandes tumbas, cada una con una piedra en la cabeza y otra piedra en los pies, ambas puestas en la arena. Levanta la lápida y cava...”


Ladâmes obviamente tuvo la intención de abrir el apetito de los buscadores de tesoros tangibles, de botines que podían ser transportados lejos y vendidos. Cuando escribió esto, alrededor del 1.200 d. C., el tesoro intangible de Nag Hammadi había estado perdido durante 800 años. Él pudo no haber tenido ninguna noción de su existencia, ni tampoco le hubiera interesado. No consistía ni en príncipes embalsamados ni en sus brillantes joyas. No formaba parte de ningún grandioso santuario presentado en proporciones sagradas y alineado con las estrellas circundantes. Nunca fue un objetivo de los saqueadores de tumbas en busca de riquezas rápidas. Fue finalmente descubierto, después de otros 800 años, por un par de campesinos beduinos que buscaban un abono natural llamado sebaj.

El hallazgo tuvo lugar en la primera semana de diciembre de 1945, pero los trece códices de descascarados papiros no llamaron la atención de los eruditos capaces de evaluar su relevancia sino hasta el verano de 1947. El lugar preciso carece de marcas y es poco notorio para el ojo humano, que se cansa rápidamente de los blanquecinos e inhóspitos acantilados. Son la escasa evidencia visible de vastas ruinas invisibles. Estos libros encontrados allí son significativos no simplemente por su contenido sino más aún por su valor simbólico.

Paisaje de las cuevas de Jabal-al-Tarif
Los trece bultos representan más de la sabiduría gnóstica que contienen. Son como fragmentos de las ruinas de una enorme cúpula de cristales de colores que describía los orígenes de la Humanidad, su sitio en el cosmos, y la causa de su extraño y desesperado exilio en la Tierra. El color de los fragmentos es luminoso y humeante, como la luz acaramelada. Para el ojo de la mente, confieren una lucidez inquietante, un atisbo de extrañas enseñanzas que describen nuestro cautiverio en un mundo desviado, un cosmos que ocurrió por error. Las ruinas, incluso si son invisibles, deben ser ruinas de algo. Lo que estaba sepultado en Nag Hammadi eran los últimos rastros de un completo mundo visionario, una enorme hazaña de la imaginación que alguna vez vivió en las mentes y los corazones de innumerables personas. El valor de la visión consistía en su poder para iluminar la vida y guiar a la Humanidad. Tanto la visión como el proceso de orientación fueron venerados en una enorme organización, la red de las escuelas mistéricas, en las cuales los gnósticos participaban como miembros escolares con responsabilidades especiales.

Confusa y fragmentaria como es, la Biblioteca de Nag Hammadi es la evidencia existente primaria de un sistema educativo perdido dedicado a la dirección espiritual de la Humanidad. En Nag Hammadi las ruinas de los Misterios son sólo accesibles para el ojo de la imaginación, la facultad que construyó la visión. Su presencia puede agitar el corazón con una angustia de pérdida inexplicable, pues cuando murieron los Misterios se hizo añicos el gran experimento visionario guiado por la Humanidad a través de los milenios. La sabiduría preservada en recintos sagrados como esta aldea desolada guió a innumerables personas durante incalculables siglos. Finalmente, los maestros y los administradores de las escuelas mistéricas fueron tachados de herejes, perseguidos y asesinados. No murieron por sus pecados, sino por lo que sabían.
 
Hoy hablamos informalmente de redes que unen lugares físicos dedicados a un objetivo o actividad común. Todos los estadios de fútbol en el mundo forman una red dedicada a un solo deporte. Todos los laboratorios bioquímicos que trabajan para descifrar el genoma humano forman una sola red integrada. En Inglaterra, las impresionantes estructuras –existentes desde hace mucho tiempo– de Oxford y Cambridge son pruebas visibles de la red de universidades británicas, que abarcan todos los campus del país. El conjunto total de los campus es mayor que cualquier unidad sola. Una red compuesta de componentes visibles es en sí misma invisible.
 

Los templos de Egipto fueron escuelas de iniciación
Dentro de un círculo con radio de unos 56 kilómetros alrededor de Luxor, se concentran más ruinas que la suma total de ruinas halladas en cualquier otra parte del mundo entero. Nag Hammadi se encuentra justo en el borde de este impresionante perímetro. Los conjuntos-templos del Alto y el Bajo Egipto no fueron las únicas escuelas mistéricas de la Antigüedad, pero sí es probable que fueran las más longevas, las mejor organizadas y las mejor financiadas, la élite de las religiones mistéricas.

Dado que las referencias históricas de los Misterios se derivan casi exclusivamente de la época en que estaban siendo eliminados, los estudiosos han fomentado la impresión de que las religiones de Misterios consistían en unos pocos y dispersos centros de culto más que una organización enorme que circunscribía al mundo antiguo. Pero los restos arquitectónicos en Egipto y en otras partes dan testimonio del enorme alcance de las religiones mistéricas. Incluso las diatribas de los Padres de la Iglesia, que se enfurecieron contra la sabiduría pagana, atestiguan involuntariamente la extendida organización transcultural de los cultos de Misterios.

El Philosophumena (o “Refutación de Todas las Herejías”, c. 230 d. C.), atribuido a Hipólito de Roma, es una enciclopedia que describe a los gnósticos al lado de druidas, brahmanes y una variedad de otros religiosos exóticos. Los historiadores hoy saben que los druidas eran endémicos en la cultura celta que se extendía desde las lejanas islas occidentales de Escocia e Irlanda hasta lo profundo del Asia Menor. Los brahmanes de India eran conocidos en Alejandría, como lo fueron los monjes budistas, cuyas peregrinaciones por Egipto y Palestina están registradas en los anales del rey Asoka, de la dinastía mauria (gobernó entre 269 y 232 a. C.). Una tablilla de piedra en Girnur en Gujarat declara el objetivo de Asoka de extender el budismo a través del valle entero del Nilo.

C. W. King (Gnostics and Their Remains) observa el parecido cercano entre la disciplina budista y la esenia, y cita el testimonio del historiador judío Josefo de que los centros esenios de culto en el Mar Muerto habían existido durante “miles de años” antes de su época. Los colegios gnósticos pertenecieron a esta gran organización milenaria de sabiduría nacida en Asia; sin embargo, “la regla observada por todos los posteriores historiadores del gnosticismo consiste en representarlo como una mera falsa herencia y corrupción del cristianismo.”

Intolerancia cristiana


Las escuelas mistéricas constituían una amplia red de colegios eclécticos y multidisciplinarios que compartían un lenguaje universal de sabiduría esotérica. Los brahmanes, druidas, budistas, gnósticos, esenios y muchos otros habrían sido capaces de comunicarse íntimamente unos con otros, a pesar de las diferencias culturales, lingüísticas y raciales. El fundamento común de los Misterios se sabía que había sido el culto asiático de la Gran Diosa, la Magna Mater.

Manuscritos gnósticos de Nag Hammadi
La identidad de la budista Prajnaparamita, “la Sabiduría de la Madre Suprema”, con la gnóstica Sofía, ha sido afirmada por Evens-Wentz, un erudito pionero del budismo tibetano. El temprano erudito gnóstico G.R.S. Mead, los estudiosos de mitología comparada Mircea Eliade, Joseph Campbell y Alain Danielou, y el erudito budista John Myrdhin Reynolds, han desarrollado paralelos budistas-gnósticos. La enseñanza del gnóstico Basílides es prácticamente indistinguible de los tratados sobre la filosofía Mahayana de la escuela de Nalanda. El gran erudito budista y sabio Nagarjuna era contemporáneo de los gnósticos del siglo II que estuvieron bajo el fuego intenso de los heresiarcas cristianos.

En el Segundo Tratado del Gran Set (NHL VII, 2), un maestro gnóstico habla con franqueza de su grave situación y de la clase de conducta que estaban afrontando:
“Nosotros fuimos odiados y perseguidos, no sólo por aquellos que simplemente son incapaces de entendernos, sino también por aquellos que piensan que están contribuyendo al crecimiento del nombre de Cristo, aunque sin darse cuenta estuvieran vacíos, ignorantes de quiénes son, como animales mudos... Persiguieron a aquellos que han sido liberados por mí, porque los odian; esos que, si cerrasen sus bocas, llorarían con gemidos inútiles porque no me conocen. En cambio, sirvieron a dos amos, incluso a una multitud. Pero llegarán a ser victoriosos en todo, en guerras y batallas, en la división por celos y la ira... habiendo proclamado la doctrina de un hombre muerto y otras mentiras para parecerse a la libertad y a la pureza de la congregación perfecta. Y así, uniendo en su doctrina de temor y esclavitud las necesidades mundanas y el abandono del respeto profundo, siendo insignificantes e ignorantes, no pueden albergar la nobleza de la verdad, ya que ellos odian lo que son y aman lo que no son.”
Imagen de Jesucristo
Este pasaje revela cómo eran vistos los primeros cristianos a los ojos de los gnósticos. Contiene varias claves importantes para el punto de vista del partido perseguido, el lado raramente recogido en la narrativa histórica. El autor condena a los cristianos por su ignorancia y su incapacidad para abrazar “la nobleza de la verdad”. La liberación de la ignorancia y la dedicación a la verdad eran los criterios supremos de la religión gnóstica. Los cristianos son criticados por servir a dos señores y complacer a la multitud. En otras palabras, son hipócritas que procuran gobernar por su gran número. Esto contrasta profundamente con el elitismo gnóstico. La alusión a “esos quienes, si cerrasen sus bocas” implica la necesidad de ser iniciado. La palabra “misterio” (mysterion, en griego) se deriva del verbo griego myein, “cerrar”, refiriéndose al cierre de los labios o de los ojos. “Los que deberían cerrar la boca” son forasteros profanos que muy probablemente no saben lo que están atacando.

Sin embargo, los perseguidores prevalecerán, predice el maestro, porque ellos usan la guerra y la violencia para conseguir sus objetivos. Significativamente, fomentan “la división por celos y la ira”. En términos gnósticos, este lenguaje se refiere a la actitud de Yahvé, la deidad colérica, identificada por los gnósticos como el jefe supremo de los Arcontes, los alienígenas o la especie extraterrestre que intenta desviar a la Humanidad de su curso apropiado de evolución. Los gnósticos vieron el poder de los Arcontes detrás de la ideología y la política cristianas. Aunque “su doctrina de temor y esclavitud” sea ridícula, es eficaz, porque los Arcontes pueden ejercer un efecto insinuante en nuestras mentes, un tipo de malévola telepatía inter-especies, se podría decir. Obligados por un proceso de pensamiento distorsionado por los Arcontes, los primeros ideólogos cristianos imitaron los Misterios de los hijos de la luz e hicieron pasar mentiras por verdades. El complejo del redentor cristiano impone “la doctrina de un hombre muerto” en lugar de la gnosis de la vida eterna.
 

En opinión de la última generación de gnósticos, los conversos al cristianismo eran seres humanos invertidos, al odiar lo que son y amar lo que no son. Para la mente gnóstica, la hipocresía final es la traición de la inteligencia divina que está en la Humanidad y la adopción de una ideología basada en el error.
 

La actitud pagana de la tolerancia se infiltró en las escuelas mistéricas, aun cuando las Escuelas mantuvieron criterios estrictos para la admisión, e impusieron un voto de secreto que parece que casi nunca fue transgredido. El contraste con la evangelización cristiana no podía ser más dramático. En The Mystery Religions, S. Angus observa: “En materia de intolerancia, el cristianismo se diferenciaba de todas las religiones paganas, y superaba al judaísmo; en este sentido, estuvo en directa oposición al espíritu de la época.”

Se han dado muchas explicaciones para dilucidar por qué el cristianismo prevaleció sobre los Misterios, pero sería negligente no aplicar el sentido común: la intolerancia usualmente prevalece sobre la tolerancia porque la tolerancia –por definición– permite que aquella actúe así; y si no es así, la intolerancia prevalecerá por la fuerza, si es necesario. Los Misterios no murieron por causas naturales. Fueron activamente suprimidos y, dondequiera que fue posible, suprimida su raíz y sus ramas.

dios pagano (Mercurio)
“Los dioses paganos no son celosos unos de otros”, dice Burkert. Ningún sistema social es perfecto, pero la filosofía pagana fomentaba una sociedad abierta en la cual las enseñanzas espirituales universales podían asumir una amplia variedad de expresiones. 

¿Qué posición sostuvo el gnosticismo en el foro abierto de las escuelas mistéricas? Tal posición debió haber sido central y crucial para la red entera de algún modo, porque las enseñanzas gnósticas fueron el objetivo número uno a erradicar por parte de los misioneros e ideólogos cristianos. La palabra gnosis es griega, y con mucho, la más convincente prueba de que los Misterios provienen de la cultura greco-romana. Esto ha conducido a la impresión de que la gnosis estuvo confinada a un pequeño entorno cultural y geográfico en Oriente Medio y Egipto. 

Considerando lo que sabemos ahora acerca de las enseñanzas de los gnósticos, es procedente asumir que –en su trabajo en las escuelas mistéricas– proporcionaron un conocimiento especial sobre fenómenos extraños y paranormales. O sea, eran maestros en ciencias noéticas[2] y en parapsicología. En este sentido, son comparables a los sofisticados chamanes de otras partes de la antigua Europa, así como de Asia. Los budistas de Nalanda en la India y los druidas del país de Gales pueden haber estado cultural y geográficamente separados, pero espiritualmente habrían estado implicados en actividades paralelas. Merlín, que quizás vivió en el siglo VII, tiene equivalentes exactos en sabios tibetanos como Naropa y Milarepa. No hay ninguna razón para excluir a los gnósticos de este cuadro, y de hecho toda la evidencia disponible los señala desempeñando un papel de esta clase en el marco cultural y religioso de su tiempo.

Los gnósticos, preocupados por el descubrimiento de la influencia de los Arcontes, podrían haber dialogado abiertamente sobre hechizos mágicos y zonas planetarias con los sabios visitantes llegados desde los confines del continente o de la India. Las distancias geográficas no pueden ser vistas como disuasorias, pues los viajes en la Antigüedad eran mucho más comunes y extendidos que lo que se ha supuesto. Hasta muy recientemente era imposible deducir de la narrativa histórica cómo la red de las escuelas mistéricas pudo haber proporcionado el contexto para la diseminación intercultural. El gnosticismo ya no puede ser identificado exclusivamente con unos pocos cultos dispersos en Asia Menor y Egipto. El final de los Misterios se llevó a efecto mucho más allá de las áridas laderas de Nag Hammadi. Implicó el colapso de una vasta y bien tejida organización dedicada a la guía espiritual de la Humanidad.


Una religión diabólica


Hacia el tiempo en que fueron escondidos los manuscritos de Nag Hammadi, Agustín de Hipona, uno de los padres fundadores de la fe cristiana, estableció la política de la Iglesia para la apropiación sistemática de los lugares y los monumentos anteriormente ocupados por el sistema de universidades de los Misterios:

“Cuando los templos, ídolos, arboledas, etc., son derribados con el permiso de las autoridades –a pesar de que nuestra participación en este trabajo es una clara prueba de que no honramos, sino que más bien detestamos estas cosas– debemos abstenernos sin embargo de apropiárnoslos para nuestro propio uso personal y privado, de manera que sea manifiesto que al derribar estas cosas estamos influidos no por la avaricia sino por la piedad. Cuando, sin embargo, los despojos de estos lugares son destinados al beneficio de la comunidad y dedicados al servicio de Dios, son tratados de la misma manera que los hombres mismos cuando se convierten de la impiedad y el sacrilegio a la religión verdadera.”


Cruz copta
Este pasaje muestra el otro aspecto de la situación descrita en el Segundo Tratado del Gran Set, citado hace poco. Aquí la historia está vista por los ojos del partido predominante. Con una astuta tergiversación, Agustín autoriza el acto de saqueo, pero absuelve a aquellos que lo perpetran por causa de cualquier atisbo de motivos egoístas, como envidia, celos o sed de poder. Él afirma que “los despojos de estos lugares” tienen el propósito de servir a Dios, tal como aquellos que los crearon harían cuando fueran convertidos a “la religión verdadera”.

Para asegurar el monopolio sobre Dios, era necesario legitimar el derrocamiento y la apropiación de la sabiduría pagana. Para derrotar a la verdad, ésta tiene que ser diabolizada. Aquello que es “distinto” debe ser derrotado mediante una apropiación cultural (cooptación). En este sentido, el cristianismo puede ser designado como una religión adversativa o diabólica, de dia-bolos (bolos, arrojar; dia, en contra). No prevalece por lo que ofrece sino más bien por aquello que derrota. El cristianismo es único en este respecto, aunque éste no sea ciertamente el modo en que se apreciaría su singularidad por el mundo en general. Desde su creación, el cristianismo exhibió una capacidad especial para doblegar a todo lo que le fuera diferente. Se define a sí mismo por aquello a lo que se opone. Incapaz de tolerar la coexistencia, debe destruir completamente. La historia de la Iglesia demuestra este patrón de usurpación totalitaria.

En la visión gnóstica, tipificada por el autor del Segundo Tratado, la ira, la división, la imitación (cooptación) y la esclavización del espíritu humano –características obvias del imperialismo cristiano– son síntomas de los extremadamente perversos efectos de los Arcontes. Por supuesto, los humanos son capaces de este tipo de comportamiento por sí mismos; pero también pueden comprender lo que hacen y corregirlo, desistiendo así del daño. Cuando la acción se desborda y escapa a la rectificación, es debido a la influencia arcóntica. Así pensaban los gnósticos.

La cooptación –esto es, tomar algo desde su ámbito original y adaptarlo o distorsionarlo para objetivos para los cuales no estaba destinado a servir– es una eficaz técnica adversativa, usada a menudo en los conflictos legales. Usualmente, el acusador tomará un asunto o incidente presentado por la defensa y lo convertirá en “evidencia irrefutable” contra el acusado. En un caso de violación, por ejemplo, la conducta o el estilo de vida de la mujer víctima, que de ninguna manera invita a la violación, pueden ser cooptados por la defensa del violador, de modo que parezca que “ella lo estaba pidiendo”, y sólo más tarde, después del hecho, ella decidió verlo como violación. Tales cuestiones son abundantes en el mundo moderno, y ciertamente nos ponen enfermos sólo con oirlas.

Pero es precisamente la táctica de la distorsión adversativa la que define las guerras contra la herejía emprendidas por los primeros cristianos contra los gnósticos, en particular, y las escuelas mistéricas, en general. La contrainteligencia gnóstica se enfocó en los poderes anormales de los Arcontes. Inspirados por la envidia, trabajan mediante la imitación; sobre este punto, las escrituras gnósticas son unánimes. Siendo esto así, las ondas expansivas debieron haber resonado a través de los pasillos de los templos de las Escuelas Mistéricas cuando los primeros cristianos cazadores de herejías acusaron a los gnósticos de imitar los sacramentos cristianos. Justino Mártir (siglo II), el primer representante registrado de los agresivos heresiarcas, acusó a los gnósticos de robar descaradamente textos de la Biblia. Un siglo más tarde, Hipólito afirmó que todo lo que se encuentra en las escrituras gnósticas fue plagiado de fuentes antiguas. Al decir esto, involuntariamente dio fe de las antiguas raíces pre-cristianas del gnosticismo, pero su comentario no fue interpretado de esa manera. Se quiso entender que las doctrinas cristianas, dadas por Dios, debían proceder de antes del tiempo de la creación, y que estas antiguas enseñanzas eran las que los gnósticos imitaban.

Tertuliano
Tertuliano, que escribe alrededor del 200 d. C., argumentó que “El Diablo, cuyo negocio es pervertir la verdad, imita las circunstancias exactas de los sacramentos divinos, en los Misterios de los ídolos. Él mismo bautiza a algunos, es decir, a sus creyentes y seguidores a los que promete el perdón de los pecados desde la Fuente Sagrada, y los inicia por lo tanto en la religión de Mitra. Así marca en la frente a sus propios soldados; allí celebra la ofrenda del pan; trae el símbolo de la Resurrección y gana la corona con la espada.”

Este argumento logra dos cosas a la vez: establece la apropiación (cooptación) de los sacramentos mitraicos en las ceremonias cristianas y encubre el hecho afirmando que el Diablo –a menudo identificado como el autor de las enseñanzas gnósticas– estaba imitando los ritos cristianos cuando introdujo la liturgia mitraica. El cristianismo no está secuestrando la religión mitraica, como tan evidentemente parece ser el caso, sino que simplemente ¡está retomando lo que originalmente le perteneció! La expropiación, identificada con una alta especificidad en el caso del mitraísmo, era una política general aplicada a las escuelas mistéricas, e incluso a ciertas enseñanzas gnósticas, en la medida en que los cristianos tenían acceso a ellos. Armado con la lógica de Tertuliano, el cristianismo robó extensa y desvergonzadamente de las religiones paganas.

El secuestro de la religión pagana era tan obvio para la gente de ese tiempo –y no sólo para los teólogos, sino para la gente corriente de sentido común que estaba familiarizada con la religión pagana– que Tertuliano tuvo que reelaborar su argumento de un modo tortuoso. Él cita el poder de la imitación como la obra del Diablo. Con una astuta tergiversación, defiende su religión contra la acusación gnóstica de que los Arcontes, que sólo pueden imitar, estaban trabajando detrás de la fachada de la ideología de la Redención.

Tertuliano ofrece la fantástica explicación de que Satán evocó los sacramentos antes de que Cristo tuviera la posibilidad de encarnar y experimentar la Pasión, Crucifixión y Resurrección, proporcionando con ello los dramáticos precedentes sobre los cuales los sacramentos se basarían: así, “el Diablo imita las circunstancias exactas de los sacramentos divinos”. Ésta es una clave gnóstica, o al menos sería tomada por un gnóstico como una clave, ya que esto alude a la influencia mimética de los poderes alienígenas, los “seres de la semejanza”.

El hecho de que los primeros ideólogos cristianos se hubieran apropiado de sitios y ritos paganos y los renombraran como cristianos es un tedioso cliché en la historia de la religión. Hoy, por todo el mundo, las iglesias católicas se levantan en los emplazamientos de los antiguos santuarios paganos. La catedral de Chartres, por ejemplo, está construida sobre una gruta pre-cristiana dedicada a la Virgen Negra, una versión de la gnóstica Sofía. Literalmente se podrían dar miles de ejemplos similares, pero nos aburrimos demasiado fácilmente... La inefable luz de la gnosis alimenta cada vela que se enciende a los santos cristianos.

Una maldición sobre el aprendizaje


Estatua de Mitra
La Historia nos dice que ganó el argumento establecido por Tertuliano, pero el sentido común nos dice que la imitación depende de algo genuino que existe de antemano (“No habría oro falsificado si el oro verdadero no existiera”, dice un proverbio sufí). Es posible que los principios básicos del mitraísmo se remonten al IV milenio a. C., una fecha apoyada por los estudios arqueo-astronómicos que usan la precesión de los equinoccios. El dualismo zoroástrico y la adoración solar, incorporados en la religión mitraica, se pueden remontar a los registros persas existentes de 2234 a. C. (Laura Elizabeth Poor, Sanskrit and its Kindred Languages, p. 142), y las notas adjuntas a las copias más antiguas de los diálogos de Platón indican que en el tiempo de éste se pensaba que la antigüedad de Zoroastro se extendía al 6000 a. C. Las enseñanzas y ritos zoroástricos existían mucho antes del cristianismo, desde siglos incontables. Entonces, ¿qué es lo que estaba siendo imitado? ¿Estos modelos antiguos o las nociones recién aparecidas que surgieron entre los conversos cristianos después del año 75 d. C.?


Los convertidos al cristianismo en los cinco primeros siglos de nuestra era estuvieron dedicados a una campaña de “purga intelectual”. Su objetivo general eran los intelectuales paganos de aquella época, muchos de los cuales eran prominentes gnósticos, maestros y formadores vinculados a las escuelas mistéricas. Y dado que el conocimiento y el aprendizaje eran sagrados en el gnosticismo, los libros y las bibliotecas de las escuelas mistéricas fueron los principales objetivos para el holocausto intelectual.

La alfabetización era una cuestión importante en las guerras contra la herejía. Muchos conversos al cristianismo eran esclavos que no podían leer o escribir. Los pocos que sí podían leer se dedicaron a establecer un canon de textos aceptables, es decir, de escrituras ortodoxas. Extraño como ahora pudiera parecer, defendieron la ortodoxia contra la herejía incluso antes de que el propio canon se hubiera establecido. El fundamentalismo cristiano, desde Oklahoma City al Vaticano, custodia la Sagrada Escritura como un monopolio sobre la primogenitura espiritual de la Humanidad. Para incontables millones de personas a través de los siglos la Biblia ha sido el único texto autorizado de la espiritualidad, pero los gnósticos tenían miles de textos sagrados. Sus escrituras eran su riqueza, un hecho que enfureció a los primeros Padres de la Iglesia, que se opusieron a ellos.

San Agustín de Hipona
San Agustín protestó amargamente contra los “muchos y enormes libros” que los gnósticos habían producido, que él comparaba al alimento comido durante un sueño. Como si no fuera bastante malo que los gnósticos fueran escritores lúcidos y prolíficos, eran también, “grandes habladores, cuya boca es una trampa del Diablo, y una trampa para aves compuesta de una mezcla de las sílabas de tu nombre [Señor Jesús]. Los místicos de hablar rápido son avasalladores porque ellos repiten la Verdad y la Verdad como si fuese una mujer que conocieran en términos íntimos.” Pues bien, lo era. Los gnósticos llamaban a la sabiduría que reverenciaban como Sofía, una palabra femenina en griego, “y así ellos me repitieron su nombre, pero ella no estaba en ninguna parte entre ellos, pero decían cosas falsas, no sólo acerca de Ti que eres la Verdad en la verdad, sino incluso acerca de los elementos de este mundo nuestro, tu creación”.

En las palabras “incluso acerca de los elementos de este mundo nuestro”, Agustín ciertamente alude a las enseñanzas gnósticas sobre el desviado sistema del mundo. En esa época, la sugerencia de que el dios creador pudiera ser un monstruoso alienígena había sido sepultada detrás de un potente tabú.

Cuando las escuelas mistéricas se cerraron, los gnósticos ya no tenían un ambiente seguro donde pudieran escribir, enseñar y conferir la iniciación. El aprendizaje preparatorio y la transmisión (paradosis) que tuvo lugar en el ámbito de los Misterios, así como el concienzudo y exacto conocimiento requerido para la continuación de la antiquísima formación, fueron interrumpidos para nunca más ser restaurados[3]. Con la supresión de la gnosis, la detección de los poderes arcónticos que funcionan dentro de la mentalidad cristiana se hizo cada vez más difícil. ¿Qué mejor manera de asegurar el triunfo de la ideología de la salvación, influida por los Arcontes, que eliminar a los altamente expertos videntes que eran excepcionalmente capaces de detectarla y denunciarla?
 

El conocimiento no ordinario, la síntesis de los especializados conocimientos gnósticos, ha llegado a ser extremadamente difícil de adquirir desde que murieron los Misterios. Incluso el conocimiento corriente se extinguió en la Edad Media. El foro abierto de las escuelas mistéricas había proporcionado la inspiración ética y cultural a todo el mundo circundante en la Antigüedad. El orador romano Cicerón certificó que “en realidad hemos aprendido de ellas los fundamentos de la vida”. No es de extrañar que su destrucción tuviera tal costo para el espíritu humano.

Cuando el cristianismo subió al poder, el mundo clásico se convirtió en una tierra espiritualmente baldía. Milenios de aprendizaje murieron en la viña. La demolición completa de la literatura pagana estaba ya estaba muy avanzada en la época de Agustín. Un siglo o dos más tarde, cuando ya no quedaban más bibliotecas que destruir, Europa se sumergió en la Edad Oscura, llevándose el mundo luminoso de los Misterios con ella hacia el olvido.

© John L. Lash 2005


Fuente: http://www.bibliotecapleyades.net/mistic/mistic_31.htm


Fuente original: www.metahistory.org


Fuente imágenes: Wikimedia Commons / archivo del autor





[1] Véase la entrevista a Lash en este mismo blog sobre el tema de los Arcontes.

[2] Ciencias del conocimiento intuitivo.


[3] Una situación comparable podría ser la disolución del aprendizaje iniciatorio monástico con la invasión china del Tíbet en 1950.

martes, 16 de febrero de 2016

La posición historicista sobre el cristianismo



Como continuación del artículo sobre la historicidad del cristianismo (la reseña del libro de Llogari Pujol) publicado en este blog, adjunto ahora la otra cara de la moneda para ofrecer una visión contrastada del debate sobre el supuesto origen pagano del cristianismo y la incierta historicidad de Jesucristo a partir de las fuentes antiguas.

Hoy en día, fuera del ámbito religioso, la tendencia de la mayoría de estudiosos es poner en duda esta historicidad, al tiempo que se insiste en el carácter de creencia reciclada del cristianismo (que sería básicamente una nueva versión del culto solar), en una operación de tipo político-religioso sucedida durante el Imperio romano. Este enfoque, por ejemplo, es el que predominaba en el famoso documental de culto Zeitgeist.

No obstante, las opiniones sobre la historicidad de Jesús y el carácter genuino del credo cristiano tienen sus argumentos basados también en fuentes históricas, independientemente de los aspectos relacionados con la fe. En este sentido, me complace presentar la visión del investigador italiano Yuri Leveratto, que aporta aquí un elaborado discurso sustentado en pruebas -aunque también en opiniones- para defender la historicidad de Jesucristo, asi como para denunciar un cierto sesgo ideológico en la crítica al cristianismo, lo cual ya sería tema para otra controversia. Sea como fuere, y sin compartir necesariamente las afirmaciones de Leveratto, considero que es positivo fomentar un debate abierto y sin prejuicios sobre esta cuestión, a fin de que todo el mundo pueda disponer de elementos diversos para la reflexión.

El Jesucristo histórico


Hoy en día proliferan sitios y videos en la web, y algunos escritos de dudoso valor histórico que pretenden, descaradamente y con inusitada presunción, reescribir la historia de Jesús, el personaje fundamental de la civilización occidental que, además, marcó la historia de la humanidad más que cualquier otro, dando origen incluso a una nueva era. 

En algunos escritos se sostiene incluso la teoría de la inexistencia histórica de Jesús (la llamada teoría del “mito de Jesús”); en otros, que el Jesús descrito por los evangelios no existió nunca, sino que, en cambio, existió un “Jesús exaltado” o un “Jesús zelote”, que tenía por objetivo la independencia del pueblo hebreo del yugo de los romanos.

Es extraño que los autores de estos escritos, ignorando el debate histórico sostenido a lo largo de casi dos mil años por miles de filósofos, pretendan apropiarse de su historia, la mayoría de las veces sin basarse en estudios serios, como si fuera una nueva verdad, obviamente irrefutable.

Aparte de eso, no está claro por qué estos presuntos “expertos historiadores” se interesan en Jesús; si este no existió nunca, o era solo un exaltado o un zelote, ¿por qué dedican tanto tiempo intentando desacreditar su figura?

Los autores de estos escritos no comprendieron, de hecho, el mensaje de Jesús: una idea revolucionaria, ciertamente no en el sentido “militar” del término, sino en sentido interior y espiritual. Un mensaje que indica un cambio de paradigma, una idea de paz, de respeto por los demás y de amor incluso por quien se declara tu enemigo.

Según las estrafalarias teorías de los detractores de Jesús, nunca confirmadas por fuentes históricas, pero impulsadas por un profundo odio anticlerical (confundiendo, por otro lado, el anti-clericalismo con el mensaje original de Cristo), los escritores de los Evangelios y los Apóstoles divulgaron un Jesús que nunca existió con el fin de crear una religión nueva, absorbiendo cultos preexistentes (ver Horus, explicado más adelante en el artículo), que socavara las bases mismas del imperio romano.

A los defensores de este extraordinario complot les recuerdo que los apóstoles murieron todos en el patíbulo (con excepción de Juan), por no renegar de la Divinidad de Jesucristo, en la cual creían firmemente. Los primeros cristianos, por ejemplo Esteban, Pablo, Bernabé, Policarpo, Justino, Orígenes, Cipriano, etc., murieron también en el patíbulo, culpables de no haber renegado de la Divinidad de Jesucristo.

Si tienes por objetivo un siniestro y torcido complot antiromano, no te haces matar después de atroces torturas (como las infligidas a Bartolomé, por ejemplo, que fue desollado vivo), sino que reniegas, salvas tu vida y llevas adelante tus ideas de otra manera. Pero aquí, normalmente, los detractores de Jesús y de su mensaje de amor incluso llegan a sostener que el martirio mismo era utilizado por los primeros cristianos como una forma de lucha contra el imperio romano, de manera que no comprenden su verdadero significado.

Manuscritos del Mar Muerto
Pero vamos por orden, ¿cuáles son las fuentes históricas de la vida de Jesús? Primero que todo, las cartas de Pablo, datadas por los principales historiadores bíblicos entre el 50 y el 55 d.C., o sea sólo 20 o 25 años después de la muerte de Jesús (1). Luego, los Evangelios canónicos. El Evangelio de Marcos es el más antiguo de los cuatro canónicos y fue escrito, según los más acreditados expertos como Gerd Theissen, no más allá del 70 d.C. (2). Otros especialistas hacen remontar el Evangelio de Marcos incluso al 64 d.C., la fecha de la muerte de Pedro en Roma (3). Según el estudioso O’Callaghan, uno de los fragmentos de los Manuscritos del Mar Muerto sería parte del Evangelio de Marcos y se remontaría incluso al 50 d.C. (4) Para el Evangelio de Mateo y el Evangelio de Lucas, los historiadores más acreditados indican una fecha alrededor del 70 d.C. (5) Para el Evangelio de Juan, por fin, los historiadores más reconocidos indican una fecha entre el 90 y el 100 d.C. (6) Hay otras cartas católicas, por ejemplo las de Pedro, que datan alrededor del 64 d.C., y las de Juan, cuya fecha se indica entre el 90 y el 100 d.C. (8).

Por otro lado, está el Evangelio de Tomás, texto apócrifo, pero considerado por algunos estudiosos como un texto de referencia que podría incluso ser usado como fuente para los mismos Evangelios canónicos (9). El debate de los historiadores sobre la datación del Evangelio de Tomás está abierto: según algunos, se remontaría al primer siglo (10), mientras que según otros, habría sido escrito alrededor del 140 d.C. (11)

En total, hay decenas de Evangelios apócrifos y gnósticos, escritos a partir del segundo siglo d.C. Aunque la mayoría de ellos pueden ser utilizados como pruebas indirectas de la existencia histórica de Jesús, son considerados textos tardíos y no fuentes primarias.

Están, de otra parte, las fuentes no cristianas sobre la existencia histórica de Jesús. También aquí algunos detractores de la figura histórica de Jesús afirman que aparte de Tito Flavio Josefo, escritor romano de origen hebrea (37-100 d.C.), no hay fuentes fidedignas.  Una primera, importantísima fuente no cristiana es la de Cornelio Tácito, que escribe así en sus anales (XV, 44):

“Y así Nerón, para divertir esta voz y descargarse, dio por culpados de él, y comenzó a castigar con exquisitos géneros de tormentos, a unos hombres aborrecidos del vulgo por sus excesos, llamados comúnmente cristianos. El autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido justiciado por orden de Poncio Pilato”.

Tácito, por tanto, confirma lo que está escrito en los Evangelios: Jesucristo vivió bajo el imperio de Tiberio (que gobernó del 14 al 37 d.C.) y le fue impuesta la condena máxima (crucifixión) por Poncio Pilato. También Suetonio (quien vivió del 70 al 126 d.C.), que escribió para la corte del emperador Adriano, hace referencia a Jesús en las “Vidas de los doce Césares” (12) cuando escribe:

“Hizo expulsar de Roma a los judíos, que, excitados por un tal Cresto, provocaban turbulencias”.

Están luego las cartas de Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, al emperador Trajano, datadas en 112 d.C. En una de estas cartas, Plinio el Joven describe la comunidad de los cristianos con el fin de solicitar al emperador el modo más adecuado para proceder legalmente contra quien se profesara cristiano, culpable de no sacrificar a los paganos. He aquí el pasaje de la carta:

“Ellos afirmaban que toda su culpa o error había consistido en la costumbre de reunirse un día fijo antes de salir el sol y cantar a coros sucesivos un himno a Cristo como a un dios, y en comprometerse bajo juramento no ya a perpetuar cualquier delito, sino a no cometer hurtos, fechorías o adulterios, a no faltar a nada prometido, ni a negarse, a hacer un préstamo del depósito. Terminados esos ritos, tienen por costumbre separarse y volverse a reunir para tomar alimento, por lo demás común e inocente”. (13)

Justamente el pasaje “a Cristo como a un Dios” indica que adoraban a una persona que realmente existió, como si fuera un Dios (14). Además, este pasaje nos describe la comunidad de los cristianos, vistos no como peligrosos zelotes o violentos revolucionarios, sino como pacíficos seguidores del mensaje de un hombre.

Una atenta lectura del pasaje de Plinio el Joven revela, además, que los primeros cristianos seguían a la letra las enseñanzas de Jesús: “pronunciaban el voto solemne” de seguir precisas normas morales y, por tanto, agrega Plinio, se reunían para tomar alimento de tipo “común e inocente”. Plinio no reconoce ninguna culpa en estas congregaciones, pero justamente porque tenían tantos prosélitos podrían demoler no solo los fundamentos del imperio, sino toda la sociedad, dando inicio a una nueva era para la humanidad. Veremos más adelante cómo Constantino logró, con su “híbrido”, corromper la iglesia, creando un culto que le era favorable, desvigorizando el mensaje de Jesús y transformándolo para sus fines de conquista y de poder.

Pasemos ahora a otra fuente no cristiana sobre la existencia histórica de Jesús: los escritos de Tito Flavio Josefo, un historiador judeo-romano nacido en el 37 d.C. En su libro “Antigüedades Judías” describe varias veces la actividad de Jesús o de sus secuaces. Por ejemplo, en este pasaje:

“Ananías era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento propicio. El procurador Festo había fallecido. El sucesor, Albino, todavía no había tomado posesión. Hizo que el Sanedrín juzgase a Santiago, el hermano de Jesús, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados”. (15)

Luego, en este pasaje, llamado Testimonium Flavianum, Tito Flavio Josefo describe a Jesús en modo más detallado:

“Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio [si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo], y atrajo hacia Él a muchos judíos [y a muchos gentiles además. Era el Cristo]. Y cuando Pilatos, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la Cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron [ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre Él los santos profetas]. La tribu de los cristianos, llamados así por Él, no ha cesado de crecer hasta este día”. (16)

Incluso si este pasaje fue refutado por algunos detractores de Jesús, varios expertos lo consideran auténtico (17).

El historiador judío Shlomo Pines descubrió, en los primeros años 70 años del siglo pasado, la forma original del Testimonium Flavianum, contextualizada dentro del libro “Historia Universal” de Agapio de Hiérapolis (siglo X):

“En este tiempo existió un hombre de nombre Jesús. Su conducta era buena y era considerado virtuoso. Muchos judíos y gente de otras naciones se convirtieron en discípulos suyos. Los convertidos en sus discípulos no lo abandonaron. Relataron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo. Según esto fue quizá el mesías de quien los profetas habían contado maravillas”. (18)

En este caso, Tito Flavio Josefo describe a Jesús como un personaje que realmente existió y describe a los apóstoles como secuaces de un hombre justo, sabio y virtuoso. Además, describe la Resurrección, afirmando que sus secuaces creían en ella y que Jesús era el Mesías.

De todos estos testimonios históricos de escritores romanos o judíos, resulta muy claro que Jesús fue descrito como “hombre sabio” que fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilatos. Es evidente que los escritores no cristianos no divulgaron la Divinidad de Cristo justamente porque no siendo cristianos, no creían en él, pero lo describen como una persona que existió realmente, un sabio, y afirman que también después de su muerte, sus secuaces ponían en práctica su mensaje, y bajo amenaza de muerte no renegaban porque su fe era fortísima. Es evidente que el Jesús bíblico, descrito en el Nuevo Testamento, coincide con el Jesús histórico, descrito por los historiadores no cristianos.

Permaneciendo en las fuentes no cristianas sobre Jesús desde un punto de vista histórico, no podemos dejar de citar el Talmud de Babilonia, una colección de escritos rabínicos judíos compilada a partir del 70 d.C. A continuación, un pasaje:

“La vigilia de la fiesta de Pascua, Yeshu, el Nazareno, fue colgado. Durante los cuarenta días posteriores a su ejecución, un pregonero fue anunciando: “Yeshu, el Nazareno, está a punto de ser apedreado porque ha practicado la magia, ha seducido y ha descarriado a Israel”. (19).

Este pasaje no solo es una prueba de la existencia misma de Jesús, sino que explica indirectamente, desde el punto de vista de los judíos que no creyeron en él, el motivo de su crucifixión (20). De hecho, se sostiene que practicó la “magia” y que “descarrió a Israel”. De una parte, se confirman los milagros, considerados como la “magia” de quien no creía; de otra parte, se confirman los Evangelios, que describen por qué Jesús fue enviado al patíbulo, ya que desde el punto de vista de los judíos no creyentes, él era un apóstata, o bien, una persona blasfema que no cree en las sagradas escrituras, sino que las sustituye.

Hay, además, algunas fuentes griegas del segundo siglo, como por ejemplo la de Luciano de Samosata (120-180) en su obra “Sobre la muerte de Peregrino”.

“Como sabéis, los cristianos adoran a un hombre de este tiempo, que creó sus novedosos ritos y que fue por ello crucificado… Su fundador dejó impresa en ellos la convicción de que todos son hermanos desde el momento en que se convierten y rechazan a los dioses de Grecia, para adorar en cambio al sabio crucificado y vivir según sus preceptos”. (21)

Incluso si Luciano no menciona el nombre de Jesús, es obvio que se refiere a él. Interesante es ver que Luciano cuenta que desde el momento de la conversión, los cristianos son todos “hermanos”.

Hay, además, otras fuentes no cristianas sobre la existencia histórica de Jesús (Dion Casio, los escritos del emperador Adriano, Marco Aurelio).

Los detractores de Jesús, entonces, continuaron su ciega obra de descrédito y de sólito afirman que los Evangelios, sean canónicos, apócrifos o gnósticos, describen un Jesús que no corresponde al verdadero Jesús, que según ellos fue un exaltado, un zelote, un líder militar que tenía por objetivo la independencia de Palestina de los romanos.

Según esta tesis, entonces, los evangelistas actuaron de mala fe, poniéndose de acuerdo para divulgar un falso Jesús nunca existido, para “fundar una nueva religión con objetivos ocultos”.  A estas acusaciones banales e infundadas yo respondo de esta manera: hasta que se pruebe lo contrario, la Historia está hecha por las fuentes, que deberían ser fidedignas y, sobre todo, estar de acuerdo entre ellas. En este caso, las fuentes cristianas son numerosas y no están en desacuerdo entre ellas, por lo que la perversa lógica del complot termina por caer.

En lo que respecta a las fuentes no cristianas: si tuviéramos solo una fuente no cristiana que nos describiera a Jesús en acuerdo con el Jesús de los Evangelios, podríamos pensar que esta fuente es de mala fe, o demasiado filo-cristiana. Pero incluso las fuentes no cristianas que describen a Jesús como un hombre sabio que luego fue crucificado, en sintonía con los Evangelios, son numerosas, y hasta cuando no haya fuentes fidedignas opuestas y contrarias, la hipótesis de Jesús exaltado o zelote es históricamente inaceptable.

Además, si la persona en cuestión hubiera sido un exaltado, no habría tenido los secuaces que tuvo, y no se habrían escrito las fuentes primarias sobre él. ¿Quién seguiría a un exaltado? Quizás una persona, dos, pero no decenas o cientos.

Si, en cambio, hubiera sido un zelote o incluso un impostor zelote, no se explican varios hechos: primero, ¿por qué un historiador como Tito Flavio Josefo no lo describió como un zelote? Segundo, ¿por qué en el Talmud Babilónico, en vez de describir a Jesús como un apóstata (visión de los judíos que no creían en él, que coincide con los evangelios), no fue descrito como un zelote, o sea como un inspirador o líder militar?

Tercero: la lógica dice que si Jesús hubiera sido un zelote, sus apóstoles no hubieran divulgado su palabra, difundiendo un mensaje de paz como en efecto hicieron, sino que habrían divulgado un mensaje de odio y de respuesta armada al yugo de Roma. Hagamos ahora un salto hasta el 313 d.C.


Constantino I
Por lo general, los detractores del Cristianismo sostienen que Constantino y los Padres de la Iglesia efectuaron un sincretismo con cultos paganos preexistentes para hacer aceptar a las masas la nueva religión. Todo eso, en efecto, tiene fundamentos históricos, como también lo manifesté en mi artículo “La aceptación de la religión cristiana por parte de Constantino I en el 313 d.C.”.

Es obvio que el emperador utilizó el Cristianismo como un instrumento para consolidar su reino. Se dio cuenta de que esta nueva religión gustaba a las masas y, en vez de continuar combatiéndola, la incorporó al Estado, corrompiendo sus principios fundamentales y desnaturalizando sus valores. Los cristianos, viéndose aceptados, y luego incluso privilegiados, en realidad se alejaron de las enseñanzas originales de Jesús y comenzaron incluso a perseguir a quien criticaba su doctrina.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con el mensaje original de Jesús contenido en el Nuevo Testamento, que es un conjunto de obras escritas en el siglo I? Ahora bien, quienes denigran a Jesús sostienen que la figura de Jesús fue voluntariamente (y, por tanto, siguiendo de nuevo la lógica del complot) creada sobre el modelo de mitos preexistentes, por ejemplo el de Horus. Pero Horus no tiene nada que ver con Jesús. Veamos por qué: en la mitología egipcia, Osiris e Isis se casan. Sin embargo, a Osiris lo mata Seth (su hermano malvado), que lo descuartiza. Isis resucita a Osiris y de su unión nace Horus, el dios del sol.

Por lo general, los defensores del mito de Jesús comparan a Isis con María y a Jesús con Horus. Olvidan que si hubo un sincretismo, fue efectuado justamente a partir del 313 d.C., pero no está presente en los Evangelios. En efecto, en Juan 1:1-5 está escrito que Jesús es el Verbo, creador entonces del Universo, y que por tanto también del sol. Mientras que Horus es el Dios-Sol.
Hay también en algunos escritos una presunta conexión de Osiris con Jesús, pero Jesús no fue descuartizado; según Juan, de hecho no le rompieron ningún hueso (Juan 19:36) y no fue María (Isis) quien lo resucitó, sino que él mismo resucitó porque venció a la muerte, siendo Dios (Lucas 24:6).

Además de todo eso, ¿cómo pueden estos supuestos “expertos historiadores” comparar un mito egipcio que se remonta al 3100 a.C., del cual no existen fuentes históricas consultables, con la vida de Jesús, sobre la cual hay innumerables fuentes históricas?

Representación de Horus
En todo caso, los símbolos solares fueron introducidos después del 313 d.C. y responden, por tanto, a una lógica de asimilación y sincretismo, pero no tienen nada que ver con el mensaje original del Nuevo Testamento. Según la tradición, Horus nació la noche del 25 de diciembre, día del Sol en las culturas tradicionales. Esta fecha, indicada como el nacimiento de Jesús, solo a partir del siglo III, no está citada en el Nuevo Testamento, y fue oficialmente añadida en el 336 d.C. (22). Por tanto, también aquí el culto de Horus o del Sol Invictus es algo accesorio, pero que no tiene nada que ver con el mensaje original de Jesús contenido en el Nuevo Testamento.

Quienes, en cambio, asocian el mito de Mitra al culto de Jesús, afirmando que ambos nacieron de una virgen, buscan desacreditar de un modo especial el Evangelio de Lucas, como si fuera precisamente “una copia de un culto precedente”. A ellos les recuerdo que, según la mitología, el dios Mitra no nació de una virgen, sino de una roca, e incluso nació ya adulto (23).

De ahí entonces que la existencia histórica de Jesús y la invalidez de la teoría del “mito de Jesús” sean hechos ampliamente demostrados por fuentes históricas consultables, reconocidas por especialistas serios e imparciales. Otra cosa, naturalmente, es creer en la Divinidad de Jesús. Creer es un acto personal, íntimo, y obviamente con este artículo no pretendo evangelizar al lector. El recorrido espiritual del lector o del supuesto denigrador de Jesús, si existe, es algo personal e interior.

Además, con este artículo quisiera tender una mano a los difamadores o detractores de Jesús, ciertamente no para convertirlos, insisto, sino para que se acerquen a esta figura histórica inmensa de manera sumisa, humilde, buscando entenderla, sin divulgar ácidas sentencias.

Si solo una de estas personas que lee mi artículo reconsidera sus escritos, reconsidera desde una perspectiva histórica sus investigaciones y sabe diferenciar entre el mensaje de un hombre llamado Jesús y las sucesivas imposiciones y dogmas de la Iglesia creada por acción de Constantino, entonces habré cumplido mi propósito.

(c) Yuri Leveratto 2015

Fuente: www.yurileveratto.com 



Bibliografía



(1) Vidal García (2007). Pablo. De Tarso a Roma
(2) Obras de Gerd_Theissen
(3) Mary Healy,Peter Williamson, The Gospel of Mark
(4) http://www.statveritas.com.ar/Varios/JLoring-01.htm
(5) Dal C. Allison Jr., "Matthew", in Muddiman e Barton, "The Gospels - The Oxford Bible Commentary", 2010.
(6) The Gospel according to John, The Cambrige Bible Commentary, Cabridge University Press, 1965.
(7) Wayne A. Grudem, The First Epistle of Peter: an introduction and commentary, 1999.
(8) Bruno Maggioni, Introduzione all'Opera giovannea, in La Bibbia, Edizioni San Paolo, 2009
(9) Gerd Theissen e Annette Merz, The Historical Jesus: A Comprehensive Guide Minneapolis, 1998
(10) Marvin Meyer, Albert Schweitzer and the Image of Jesus in the Gospel of Thomas
(11) Arland J. Hultgren, The Parables of Jesus: A Commentary, Wm. B. Eerdmans Publishing, 2002, p. 432.
(12) Suetonio (Vida de los doce Césares)
(13) Plinio, Epístolas X, 96
(14) M. Harris, "References to Jesus in Early Classical Authors
(15) Antigüedades Judaicas XX, 200
(16) Antigüedades Judaicas XVIII, 63-64
(17) Estudiosos como Ètienne Nodet y Serge Badet
(18) SHLOMO PINES - AN ARABIC VERSION OF THE TESTIMONIUM FLAVIANUM AND ITS IMPLICATIONS - THE ISRAEL ACADEMY OF SCIENCES AND HUMANITIES - JERUSALEM 1971.
(19) Talmud Babilonese, trad. di I. Epstein, vol. III, 43a/281; cfr. Sanhedrin B, 43b
(20) El término "colgado" se refiere a la crucifixión. Por eso en Gálatas 3, 13 se puede leer que Cristo fue "colgado", y en los Hechos 10, 39 que fue "colgado en una cruz", y en Lucas 23, 39 este término es usado también para los criminales que fueron crucificados con Jesus
(21) Luciano, De morte Peregrini., 11-13, trad. di H.W. Fowler
(22) Joseph F. Kelly: "in 336 the local church at Rome proclaimed December 25 as the dies natalis Christi". El mismo autor precisa que "the document containing the affirmation of December 25 as the 'dies Natalis Christi' in 336 is called "The Cronograph of 354" (Cfr. Joseph F. Kelly, "The Origins of Christmas", p. 64).
(23) Vermaseren, M. J. "The miraculous Birth of Mithras". In Làszlò Gerevich. Studia Archaeologica. Brill. pp. 93–109. Retrieved 10-04-2011.