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miércoles, 12 de febrero de 2020

El turbio asunto de la ocultación de pruebas


Los lectores recordarán que hace poco expuse una esperpéntica situación vivida por el investigador norteamericano Michael Cremo, al cual se negó el acceso a unos antiguos artefactos almacenados en un museo alegando razones espurias. A raíz de casos como este podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Es posible que el estudio del pasado esté restringido o controlado por la manipulación, ocultación o incluso destrucción de pruebas materiales? Debo confesar que durante mis estudios académicos de arqueología en ningún momento se me pasó por la cabeza tal posibilidad. Era consciente de que las personas se equivocan o cometen negligencias, que los métodos a veces fallan, que se pueden destruir o dañar pruebas por una mala praxis o simplemente que muchos restos del pasado se han perdido para siempre y no podemos contar con ellos. Con todo, la mala fe (o cualquier tipo de intervención dolosa) no entraba en mi concepto de arqueología profesional.

Sin embargo, al adentrarme en el estudio de la arqueología alternativa, empecé a vislumbrar un horizonte diferente. Así, no pocos autores –algunos de cierto prestigio y popularidad– insistían en que en muchos casos existía una ocultación intencionada de pruebas a fin de cerrar filas en torno a los dogmas del paradigma y evitar debates embarazosos ante la presencia de determinadas pruebas anómalas o controvertidas. En ese contexto, con el tiempo fui pasando del escepticismo y la duda a la grave sospecha –no me atrevo a decir convicción– de que, en efecto, la ocultación de pruebas por parte del estamento oficial (organismos e instituciones culturales, universidades, museos, etc.) es algo real y no precisamente esporádico. Esta “tradición” habría empezado ya en el siglo XIX, se habría consolidado en el siglo pasado y todavía tendría lugar en estos tiempos recientes.

Por supuesto, admito que este es un asunto muy turbio y complejo en que fácilmente se pueden ver fantasmas y conspiraciones donde no las hay, aparte de la dificultad de probar fehacientemente que alguien está procediendo a una ocultación deliberada de pruebas. No obstante, por todo lo que he leído en estos últimos años, cuando se dan unas determinadas circunstancias y un modus operandi muy similar, podemos empezar a dudar de la integridad profesional de las entidades que dicen estudiar y conservar los objetos para el avance de la ciencia y el conocimiento del pasado. Lo cierto es que repasando diversas investigaciones y relatos de autores alternativos he ido a parar a una amplia casuística de supuesta ocultación que podríamos resumir en estos puntos:
  • Objetos de los cuales se tiene noticia documental, pero no se sabe qué se hizo de ellos.
  • Objetos que fueron recogidos, registrados y almacenados, pero que –al ser solicitados– no aparecen por ninguna parte.
  • Objetos supuestamente dañados o destruidos por efecto de alguna catástrofe.
  • Objetos confiscados y guardados en almacenes de acceso muy restringido.
  • Objetos sí reconocidos como existentes y almacenados, pero que nunca han sido expuestos ni se permite su estudio por criterios museísticos o de otra índole.
  • Objetos expoliados en antiguas excavaciones que han ido a parar a un fondo no accesible (sin tener certeza del número de piezas ni de sus características). 
  • Lugares o yacimientos arqueológicos de acceso restringido o prohibido por diversas razones.
  • Informes o documentos manipulados, no accesibles o desaparecidos.
  • Cierre de excavaciones en curso por mandato de las autoridades.
Artefactos líticos (hoy desaparecidos) de Hueyatlaco
Lo habitual es que tengamos “rarezas” o “excepcionalidades” sobre algunos de los puntos citados, pero cabe destacar que el yacimiento arqueológico de Hueyatlaco (Valsequillo, México) concentra casi todos los supuestos mencionados, como ya fue denunciado por varios especialistas desde finales de los años 60, por no mencionar toda una serie de cortapisas legales y censuras académicas. Sin embargo, no todo es tan flagrante como este caso. De hecho, hay que hilar muy fino para separar lo que son prácticas normales, o incluso simples fatalidades, de lo que sería una ocultación deliberada de pruebas. Es un campo en que realmente se debe ir con pies de plomo para no caer en el descrédito, ante la falta de seguridades absolutas. A este respecto, se debe tener en cuenta que la mayoría de museos sólo expone al público una pequeña parte de sus extensas colecciones, que se guardan en almacenes o laboratorios. Yo mismo, en mi época de estudiante, trabajé ocasionalmente en la “trastienda” del Museo Arqueológico de Barcelona, y pude comprobar por mí mismo la gran cantidad de materiales almacenados, algunos esperando estudio o restauración, y otros simplemente acumulando polvo.

En la práctica, resulta casi imposible demostrar que ha existido mala intención, pues las instituciones oficiales tienen un amplio argumentario de excusas y recursos perfectamente profesionales y legales para justificar ciertos hechos. Así pues, por lo general, cuando alguna institución es señalada como “manipuladora”, echa mano de ese argumentario y suele revertir las culpas contra el investigador alternativo de turno, como le ocurrió hace no muchos años al investigador independiente Jim Vieira, que fue censurado por haber sugerido abiertamente que cierta institución cultural se dedicaba a la ocultación sistemática de restos arqueológicos atribuidos a gigantes.

Para adentrarnos en esta polémica podría citar aquí varios casos muy curiosos, llenos de extrañas “casualidades”, pero para hacernos una idea general del tema considero que el ejemplo por excelencia de las presuntas prácticas de supresión u ocultación es el Smithsonian Institution, un organismo federal de los EE UU administrado y sufragado por el gobierno (aunque con participación privada), y que goza de amplias competencias y poderes en materias científicas y culturales. Como se pueden imaginar, ésta fue la organización criticada por Vieira… y algunos más. Vayamos por partes para poner las cosas en contexto.

Sede del Smithsonian Institution en Washington D.C.
El Smithsonian fue fundado en 1829 a partir de la generosa herencia del ciudadano británico James Smithson, un científico y millonario interesado en la difusión y conservación de la cultura de América… pese a no haber pisado nunca el continente americano. En muy pocos años esta organización cobró gran importancia, hasta el punto de ser todo un referente en las investigaciones antropológicas y arqueológicas en Estados Unidos y otros lugares de América, estableciendo su sede en Washington D. C. y creando una amplia red de centros de investigación y museos. Así pues, desde mediados del siglo XIX, el Smithsonian estuvo involucrado en multitud de expediciones y excavaciones científicas y fue acumulando una ingente cantidad de materiales en sus museos y almacenes.

El problema, según algunos autores alternativos, es que el Smithsonian ejerció de facto un rol controlador sobre gran parte de la actividad arqueológica y se dedicó a acopiar todos los materiales antiguos para reservarse el derecho de su estudio y conservación. En concreto, el autor estadounidense David H. Childress cree que en realidad lo que ha hecho el Smithsonian es preocuparse de que nada se le fuera de las manos y que todo resto que de algún modo pudiera ser anómalo o dudoso –sobre todo en lo referente a los llamados mound builders y a posibles culturas foráneas– fuese finalmente “almacenado” (o sea, ocultado). Childress tuvo la ocasión de conocer indirectamente el caso de un ex empleado del Smithsonian que fue despedido –presuntamente– por mantener ciertas opiniones heréticas. Pues bien, según esta persona, el Smithsonian habría llenado toda una barcaza con artefactos anómalos y la habría hundido en medio del Atlántico. Lamentablemente, como prueba no podía aportar más que su propia palabra, lo que no lleva a ninguna parte.

Sin embargo, Childress investigó otros casos en que el Smithsonian estaba de por medio y en uno de ellos se encontró con hechos más bien extraños. Así, partiendo de una carta fechada en 1950, supo que en 1892 se habían desenterrado unos grandes ataúdes de madera de unos 2,20 m. de largo en una cueva llamada Crumf Cave en Murphy's Valley, Blount (Alabama) y que al menos ocho de ellos habían sido trasladados al Smithsonian. Acto seguido, Childress escribió al Smithsonian preguntando por el paradero de esos objetos y recibió esta respuesta del conservador jefe del departamento de Antropología, el señor F. M. Seltzer: “No nos ha sido posible encontrar los especímenes en nuestra colección, si bien los registros muestran que fueron recibidos.” Pero lo más extraño es que en 1992 una entidad cultural del este del país[1] ya había preguntado por los mismos objetos y había recibido una respuesta bien distinta: los ataúdes no eran tales sino abrevaderos, y no podían exponerse porque estaban en un almacén contaminado de asbesto. Este almacén estaría cerrado durante los siguientes diez años y nadie podía acceder a él, excepto el personal del Smithsonian. A partir de aquí que cada uno piense lo que quiera…

Túmulo funerario en Norteamérica
Lo que varios autores han destacado es que el tema de los supuestos gigantes en América parece ser bastante sensible para el Smithsonian, que mantiene una postura de firme autoctonismo y de defensa del dogma sobre el poblamiento americano. Así, los constructores de túmulos funerarios (los citados mound builders) no serían más que los antepasados indígenas de las bien conocidas tribus indias locales. Sin embargo, como ya expuse en un largo artículo de 2014, existe un extenso corpus documental de cierta fiabilidad[2] que indica que durante los siglos XIX y XX se hallaron en Norteamérica multitud de esqueletos de individuos de alturas enormes, generalmente entre los 2,10 y los 3 metros, y con algunos casos excepcionales de mayor altura, hasta más de cinco metros. Pero eso no es todo: según los informes y noticias de la época algunos de esos individuos tenían cráneos alargados, seis dedos en pies y manos, doble hilera de dientes e incluso restos de cabellera rubia o rojiza. Y para acabar de rematar la herejía, en algunas tumbas había esqueletos con armadura de cobre, o tablillas con una escritura no identificada. ¿A dónde fue a parar todo esto?

Podríamos pensar que ante estos hallazgos tan excepcionales se habría procurado llevar a cabo una investigación a fondo y que las pruebas habrían estado disponibles para todos los expertos. Pero nada de eso. De la gran mayoría de restos hallados se ha perdido el rastro o ha ido a parar a almacenes de museos y universidades, con alguna rarísima excepción, como el Humbolt Museum de Winnemucca, que expone una ínfima parte de los restos extraídos de la Cueva de Lovelock (Nevada). El Smithsonian, según la antigua documentación conservada, parece haber acaparado gran parte de los objetos en cuestión, aunque ahora afirme no tenerlos en su poder o simplemente los atribuya a las comunidades nativas. Este sería precisamente el motivo por el cual los mantiene bajo llave, apelando a la necesidad de una estricta protección –según criterios museísticos y culturales– del patrimonio y la memoria de dichas comunidades (lo que viene de perlas en esta época de corrección política y defensa del indigenismo).

Gigante de San Diego (1895)
Para profundizar más en esta controversia, mencionaré al menos dos casos en que estuvo involucrada esta organización, uno del siglo XIX y otro del XX. En primer lugar, está el llamado gigante de San Diego, una momia hallada en 1895, con una estatura de alrededor de 2,50 metros. Este insólito hallazgo apareció en la prensa –con foto incluida– y llegó a instancias científicas. Precisamente, un experto del Smithsonian, el antropólogo Thomas Wilson, examinó la momia y no apreció que se tratara de un fraude. El caso es que el Smithsonian pagó 500 dólares de la época para quedarse con el espécimen. Sin embargo, 13 años después, el propio Smithsonian concluyó que se trataba de una burda falsificación y no le dio más importancia. Entonces, ¿por qué pagaron tanto dinero, habiendo podido examinar con calma los restos óseos? Según Jim Vieira, quien se ha hecho eco de este suceso, la intervención del influyente antropólogo Ales Hrdlicka, que ingresó en el Smithsonian en 1903, fue clave para acabar con cualquier especulación sobre la presencia de gigantes en América. De la momia nunca más se supo.

El segundo hallazgo se produjo en 1943, en la isla de Shemya (archipiélago de las Aleutianas), mientras se realizaban trabajos para construir una pista de aterrizaje. Allí, a cierta profundidad, empezaron a aparecer huesos de mamuts y mastodontes y también huesos humanos enormes. En particular, destacaban unos grandes cráneos trepanados, que medían de 56 a 61 cm. de la base a la coronilla, lo que en proporción suponía una altura de más de 3,50 metros. Un ingeniero a cargo de las obras escribió entonces al zoólogo y estudioso de hechos anómalos Ivan Sanderson para informarle de los descubrimientos. Sanderson respondió a la carta para requerir más datos y mostrar interés por visitar la isla, pero en la siguiente comunicación el ingeniero le contestó que no hacía falta que se desplazase: habían llegado unos expertos del Smithsonian y se habían llevado todos los restos. Resulta asombroso con qué rapidez reaccionaron a la noticia del hallazgo y cómo actuaron de forma presta y discreta para llevarse todo el material sin dar más explicaciones. Igualmente, ahora se desconoce el paradero de todos esos objetos.

Noticia sobre gigantes
Llegados a este punto, alguien podría decir que aquí hay muchos rumores y especulaciones y muy pocas pruebas. Y no le faltaría razón, pues por desgracia en muchos casos se ha tirado de fantasía, sensacionalismo e incluso fraude, por no mencionar los simples errores, exageraciones o confusiones. No obstante, este sería un enfoque muy simplista, dada la magnitud de la realidad arqueológica. A este respecto, Jim Vieira y Hugh Newman escribieron en 2015 un libro (Giants on Record: America’s Hidden History, Secrets in the Mounds and the Smithsonian Files) en que recogieron toda su investigación sobre el tema de los gigantes en Norteamérica. Así, los autores pudieron corroborar por los documentos conservados que desde finales del siglo XIX el Smithsonian había estado implicado en la exploración y excavación de más de 2.000 túmulos funerarios nativos y que había más de 1.000 registros escritos –incluyendo informes del Smithsonian– que mencionaban la presencia de esqueletos humanos de más de 2,10 metros. Vieira y Newman insisten en que en muchos casos la documentación confirma que dichos huesos de gigantes fueron enviados al Smithsonian Institution “para posteriores estudios”, y a partir de ese punto se pierde su rastro. En su opinión, tal desaparición masiva de restos sólo puede responder a una política sistemática de ocultación de pruebas.

Para concluir esta panorámica sobre el papel del Smithsonian, incluyo seguidamente una declaración de Vine Deloria, erudito nativo y experto en las antiguas tradiciones americanas:

“El gran intruso de los antiguos enclaves funerarios, la Institución Smithsoniana del siglo XIX, creó un portal de un solo sentido, a través del cual se han esfumado incontables huesos. Esta puerta y el contenido de su cripta están virtualmente sellados a cualquiera, excepto a los funcionarios del gobierno. Entre estos huesos pueden encontrarse respuestas, ni siquiera buscadas por estos funcionarios, acerca del pasado profundo.”[3]

No voy a extenderme más en esta controversia, pero a estas alturas sí creo justificadas y razonables las críticas vertidas por algunos autores alternativos ante la cerrazón del estamento académico. Sería en verdad muy grave que la obstinación y el dogmatismo hubieran conducido a prácticas tan indeseables y reprobables como la supresión de pruebas, ya sea ocultándolas o destruyéndolas. Ante tantos indicios y pistas que merecen al menos un estudio serio y riguroso no se puede aducir “que no se sabe nada”, “que esto o aquello se ha perdido” o “que no es posible mostrar determinados objetos”. Si todos los informes arqueológicos, a los que hay que sumar trazas históricas, antropológicas y mitológicas, nos empujan a pensar que esa realidad existió, resulta muy poco creíble que prácticamente todo se haya esfumado como por arte de magia. La cantidad tiene un peso que no se puede negar.

La ciencia debería ser honrada, neutral e imparcial, pero por desgracia eso sólo ocurre en un mundo perfecto. De verdad me gustaría creer que los autores alternativos han errado completamente el tiro, pero mucho me temo que el estamento académico no es trigo limpio y que las ocultaciones han existido y que, lamentablemente, todavía ocurren en mayor o menor grado.

© Xavier Bartlett 2020

Fuente imágenes: Wikimedia Commons



[1] Se trataba de la Gungywamp Society, una institución cultural que investiga el fenómeno megalítico en Nueva Inglaterra (EE UU).
[2] La mayoría de los documentos son noticias de diarios o revistas locales (algunos de gran renombre, como The New York Times o The Washington Post), pero también existe abundante documentación procedente de publicaciones culturales o científicas locales o de ámbito nacional… ¡incluyendo también informes del propio Smithsonian!
[3] Deloria Jr., Vine. Red Earth, White Lies: Native Americans and the Myth of Scientific Fact. Fulcrum Publications, 1997.

sábado, 3 de junio de 2017

Caltrans: otra herejía arqueológica en América


Recientemente, los medios de comunicación se hicieron eco del descubrimiento de un yacimiento arqueológico en Estados Unidos de insólita antigüedad, hasta el punto de causar cierto revuelo en la comunidad científica. El motivo de tal revuelo es que el hallazgo, si se llega a confirmar y consolidar, vendría a romper los límites cronológicos aceptados del actual paradigma, que –como ya he citado aquí en muchas ocasiones– sigue sin moverse de su horizonte Clovis o pre-Clovis, que no acepta presencia humana en el Nuevo Continente más allá de 25000 a. C. aproximadamente.

Recreación de un mastodonte americano
Se trata de un yacimiento bautizado como Cerutti Mastodon, situado al sur de California (EE UU), y datado hacia el final del Pleistoceno. Los investigadores estadounidenses que han llevado a cabo las excavaciones han identificado los restos óseos de un mastodonte (mamífero típico de la última edad glacial) que habría sido cazado y despiezado allí por humanos, tal como se puede colegir de las marcas de fractura y percusión en los propios huesos y de la presencia de algunos toscos artefactos de piedra. 

Y en su primera publicación[1], sabiendo que el hallazgo sin duda iba a traer cola, los arqueólogos ya han insistido en que los restos óseos están situados en estratos geológicos inalterados y que la datación radiométrica de éstos –mediante el método Torio-Uranio– arroja una antigüedad de unos 130.700 años. De estos datos deducen que algún tipo de Homo (no se atreven a decir sapiens) campaba por América en tan lejana época y que ello empuja a replantear totalmente la datación del poblamiento humano del continente.

Y como era de esperar, las primeras reacciones ante este hallazgo han ido desde el escepticismo hasta la negación, pasando por la “sorpresa”. Pero realmente esto no es nada nuevo, como bien saben los lectores de este blog, pues existen bastantes más casos de yacimientos americanos datados en fechas aparentemente imposibles que han sido negados, manipulados o marginados por el estamento académico. El más famoso de ellos es quizás el de Hueyatlaco –en México– en que se hallaron unos restos similares (huesos de megafauna e instrumentos líticos) y que se dataron hasta por seis métodos distintos dando una enorme antigüedad, que oscilaría entre los 250.000 y los 400.000 años, y además con una tipología de artefactos muy similar a la del Paleolítico Superior, la realizada en Europa por el hombre de Cro-Magnon[2].

Virginia Steen-McIntyre en Hueyatlaco (años 60)
Ahora bien, mientras se abre esta nueva polémica que ya veremos como acaba, otros restos todavía mucho más heréticos han pasado desapercibidos para la comunidad académica y ya no digamos para el público en general. Me estoy refiriendo al yacimiento de Caltrans, ubicado también en California, del cual no se habla ni mucho ni poco, pese a que fue localizado y excavado ya en los años 90 del siglo pasado. La geóloga Virginia Steen-McIntyre (cuya carrera fue destruida por el affaire Hueyatlaco) consiguió rescatar un informe científico de 1995 sobre este hallazgo y que fue redactado para el Departamento de Transporte de California (abreviado Caltrans, y de ahí la denominación del yacimiento). Lo que sigue a continuación es un breve resumen de los puntos esenciales de dicho documento.

Caltrans está situado junto a una gran vía de comunicación (la State Route 54) en el condado de San Diego y consiste en un yacimiento prehistórico de despiece de mastodontes, como los ejemplos que ya hemos citado. Así, los principales restos óseos hallados eran de un mastodonte americano (Mammut americanum) y no dejaban duda de que fueron huesos manipulados y desplazados por humanos, aparte del hallazgo de numerosos utensilios de piedra empleados en los trabajos de matanza. Como nota curiosa, se encontró un gran colmillo de mastodonte hincado verticalmente en un sedimento de arena fina, aparentemente puesto allí adrede como marcador del lugar.

Reconstrucción del yacimiento de Caltrans (EE UU)
Además se encontraron restos de otros mamíferos como conejos, camellos, lobos, musarañas, perezosos, roedores, ciervos y mamuts, una fauna típica del Pleistoceno en esa región del planeta, todo lo cual ya presagiaba una gran antigüedad para el yacimiento. Y en efecto, las dataciones radiométricas –obtenidas a partir de unas muestras de marfil y de suelos con carbonatos– ofrecieron unos resultados realmente radicales: ¡335.000 años de antigüedad!

Sin embargo, algo extraño sucedió con este informe, pues Charles Repenning, la persona que envió una copia de éste a Virginia Steen-McIntyre, escribió unas notas a mano en el documento sobre ciertas particularidades del propio informe. En primer lugar, en las conclusiones finales no se mencionaba ni una sola vez la presencia del mastodonte en el yacimiento; tan sólo se incidía en la importancia de los hallazgos, con 32 localizaciones de fósiles de vertebrados e invertebrados en el lugar, y tampoco se decía nada sobre los artefactos. En segundo lugar, Repenning observaba que hasta 60 páginas de los apéndices, que versaban sobre la gran diversidad de fósiles de mamíferos hallados, habían sido omitidas. Y finalmente, Repenning se refería a tres hechos que habían tenido lugar después de redactarse el informe: 

  • Él mismo había podido examinar los restos de un roedor, y pudo confirmar que se trataba de una especie extinta (Microtus californicus).
  • Las pruebas disponibles realizadas con Carbono-14 dieron resultado infinito, es decir, que las muestras no se podían medir con este método por que eran demasiado antiguas. (Recordemos que el C-14 no puede medir más allá de unos 50.000 años aproximadamente porque las trazas de carbono medibles son ya prácticamente inexistentes.)
  • Se pudo comprobar que los fragmentos de rocas hallados in situ (usados para elaborar las herramientas de despiece) habían sido rejuntados para rehacer las rocas, que fueron llevadas allí intencionadamente con ese propósito.

En resumen, tenemos la siguiente situación: Aparece fauna del Pleistoceno en un lugar; no pasa nada. Aparecen artefactos (hechos por humanos, lógicamente) en otro lugar; tampoco pasa nada. Pero... como ocurre en los otros yacimientos malditos de América, aquí se da la innegable conjunción de ambos elementos en una misma época, sin que haya pruebas de una contaminación o alteración de los estratos. Por lo tanto, en Caltrans tendríamos otra prueba más de presencia humana contemporánea de una fauna muy antigua (del Pleistoceno) y con unas dataciones que apenas dejan lugar a dudas. El C-14 simplemente falló porque los restos óseos ya estaban mineralizados de tal forma que no tenían ningún rastro de carbono para medir, lo mismo que ocurrió en Hueyatlaco, aunque allí se recurrió al subterfugio de tomar una datación con C-14 de un yacimiento cercano –la barranca Caulapán– para “modernizar” adecuadamente todo el conjunto arqueológico de Valsequillo[3]. De hecho, a día de hoy, las heréticas dataciones de los huesos fosilizados de Valsequillo siguen sin ser aceptadas por una serie de excusas metodológicas y técnicas, pero en realidad por la inconfesable razón de que están asociadas a herramientas realizadas por el hombre. Tan simple como eso.

Recreación de un Homo erectus
Y la cosa tiene no poca importancia, puesto que estaríamos hablando no sólo de que América estaba poblada por seres humanos en unas fechas antiquísimas, sino también de trastocar los esquemas evolutivos más instalados, pues se supone que el Homo sapiens no apareció sobre el planeta antes de hace unos 200.000 años, en sus formas más arcaicas y sólo en África. Esto violentaría el nacimiento del sapiens y su progresiva difusión por los cinco continentes, a menos que pongamos en su lugar al Homo erectus, al Homo neanderthalensis o bien a otro homínido no identificado en América por esas fechas. Lamentablemente, en los yacimientos con estos restos tan anómalos no se han encontrado huesos humanos que nos puedan dar alguna pista sobre qué Homo elaboró los utensilios líticos, aunque si sólo fuera por fechas, los defensores de la ortodoxia apelarían posiblemente al Homo erectus (al que sin embargo se da por extinguido hace unos 300.000 años, con lo cual el caso de Caltrans estaría en el límite de lo aceptable).

En fin, no dispongo de más datos sobre este informe de Caltrans y por qué fue maquillado y mutilado para no levantar ampollas pero no es difícil aventurar que, o bien los arqueólogos no se quisieron complicar la vida y se autocensuraron, o bien alguien en algún puesto administrativo o académico se tomó la molestia de elaborar una versión políticamente correcta. En cualquier caso, a la vista de las pruebas sobre el terreno, no había forma “científica” de encajar el yacimiento en los límites del horizonte Clovis y por consiguiente esta investigación pasó a mejor vida. En consecuencia, se corrió un tupido velo y la noticia fue completamente ignorada por los medios. Eso sí, las noticias arqueológicas y paleontológicas que confirman y reafirman el paradigma –aunque sean meras opiniones o hipótesis– son convenientemente aireadas y promovidas.

© Xavier Bartlett 2017

Fuente: Pleistocene Coalition News, Volume 9; Issue 1. (January-February 2017)

Fuente imágenes: artículo original / Wikimedia Commons


[1] HOLEN, S. et alii. “A 130,000-year-old archaeological site in southern California, USA”. Nature, 544 (April 2017)
[2] Véase el artículo específico sobre Hueyatlaco de este mismo blog.
[3] Aun así, las dataciones de C-14 resultaron molestas porque el horizonte Clovis se situaba hacia el 10.000 a. C. y las cifras de Caulapán se iban a 22.000 años de antigüedad. Pero todavía se podía admitir hasta cierto punto. Lo que no esperaban de ninguna de las maneras es que las dataciones con otros métodos multiplicaran por 10 la antigüedad de los restos hallados.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Virginia Steen-McIntyre: la lucha de una científica disidente



Cuando tuve conocimiento del triste episodio de Hueyatlaco (Valsequillo, México), en el cual los prejuicios y el dogma pasaron por encima de las pruebas científicas, me propuse estudiarlo más a fondo y escribir un extenso artículo que expusiera todos los pormenores de este caso, aunque de hecho ya lo había mencionado en mi libro La historia imperfecta. De este modo, en 2014 recopilé diversa información y mantuve correspondencia electrónica con la veterana geóloga Virginia Steen-McIntyre, una científica que vivió (y padeció) las consecuencias de lo ocurrido en el yacimiento mexicano de forma muy personal, por querer mantener sus principios y ética profesional antes que mirar para otra parte.

Lo cierto es que esta mujer me causó una gran impresión por su serenidad, entereza y afán, pese a haber atravesado muchos años de desgracia y ostracismo a causa de su posición. Con todo, y pese a su edad avanzada, pudo retomar sus investigaciones en Hueyatlaco a principios de la década de 2000, y ha seguido al pie del cañón en la investigación, defensa y difusión de las posturas heterodoxas en prehistoria a través de la Pleistocene Coalition, un grupo de profesionales de diversas disciplinas que no comulgan con los dogmas del paradigma imperante.  

En su día hallé una entrevista en Internet a VSM (en inglés) y decidí traducirla y difundirla en este blog para que los lectores pudieran hacerse una idea más clara de su recorrido profesional y su pensamiento científico. Ahora me es grato presentar una entrevista totalmente inédita que le hice a distancia el pasado año 2014 y que no había publicado hasta la fecha. En esta entrevista, planteada a modo de homenaje, me centré bastante en desvelar todo el asunto de Hueyatlaco y sus implicaciones, así como otros temas relacionados con el dogmatismo y la intolerancia en la ciencia. Ojalá algún día el nombre de Virginia Steen-McIntyre sea justamente reconocido y reivindicado como el de otros tantos científicos disidentes que pagaron un alto precio por defender sus postulados contra viento y marea.


Entrevista a Virginia Steen-McIntyre



Xavier Bartlett: En primer lugar, muchas gracias por su amable atención. En esta primera parte de la entrevista vamos a hablar de la llamada Saga de Valsequillo(en sus propias palabras), un episodio que tuvo un impacto muy negativo en su carrera. A modo de introducción, ¿puede explicarnos brevemente cuál fue su formación académica y cómo se involucró en las excavaciones de Valsequillo? ¿Cuál fue su papel principal allí?

Virginia Steen-McIntyre: Soy geóloga de profesión, concretamente tefrocronóloga (el especialista que estudia las capas de ceniza y piedra pómez volcánica). Obtuve mi licenciatura en el Augustana College en Rock Island, Illinois (1959). Después de unos años de trabajo en la industria del petróleo y el gas, me inscribí en la escuela de posgrado en la Universidad Estatal de Washington, Pullman. Fue allí donde me introduje en la arqueología, los volcanes, y las capas de ceniza volcánica, ¡una combinación fascinante!
 

En una excavación a la que asistí se identificaban frecuentemente dos amplias capas de cenizas volcánicas en los estratos visibles en las paredes de las catas de los arqueólogos, una de unos 7.000 años y la otra alrededor de 12.000 años. Cualquier artefacto hallado en los estratos intercalados entre estas dos capas tenía que ser más antiguo de 7.000 años y más reciente de 12.000 años. Esta era pues una manera práctica y económica de fechar aproximadamente los artefactos, siempre y cuando se conociera la antigüedad de las capas de tefras (cenizas volcánicas) con las que se estaba tratando. Empecé a estudiar estas dos capas de cenizas con el microscopio, y aproveché los resultados para obtener mi grado en geología, en la especialización de pedología[1] (1965).

Embalse de Valsequillo, al sur de Puebla (México) en 1962
En 1966, mi mentor, Roald Fryxell, me habló de un apasionante proyecto de arqueología en México, en la zona de Valsequillo, al sur de la Ciudad de Puebla, a unos 100 kilómetros al sureste de la Ciudad de México. Las pruebas indirectas indicaban que los cuatro yacimientos de Valsequillo se situaban en unos 22.000 años de antigüedad, más del doble de antiguo que el “yacimiento más antiguoaceptable en las Américas en aquel momento[2]. Sin embargo los arqueólogos estaban teniendo problemas para datar los restos: prácticamente no había carbono en los huesos que hallaban, que estaban mineralizados (parcialmente convertidos en piedra), lo cual no permitía efectuar las habituales dataciones mediante Carbono-14. Afortunadamente, en el yacimiento más alto y más reciente, Hueyatlaco, había varias capas de ceniza volcánica y piedra pómez por encima (o sea, más modernas) de los estratos que contenían artefactos. También se disponía de las dataciones de unas capas de tefra halladas en las barrancas empinadas de los flancos de las inmediaciones del volcán La Malinche, con un intervalo de antigüedad de entre 8.000 y 24.000 años. Lo que el proyecto necesitaba era a alguien que usara el microscopio petrográfico y hallase una coincidencia entre las capas de tefra expuestas en las excavaciones Hueyatlaco y una o más de las capas fechadas de La Malinche. Se sugirió que yo asumiese la tarea: sería mi tesis de doctorado en la Universidad de Idaho en Moscow, Idaho. [Después de tres proyectos de tesis y once años más tarde (1977) obtuve finalmente mi doctorado en geología por la Universidad de Idaho. ¡Una larga y dolorosa historia!]

XB: Hueyatlaco era otra excavación normal de un yacimiento prehistórico hasta que algunas dataciones de la Barranca Caulapán arrojaron unas cifras inesperadas (alrededor de 22.000 BP) de los objetos hechos por el hombre relacionadas con los huesos. ¿Qué pasó entonces?

VSM: El yacimiento de Caulapán era realmente pequeño: apenas se encontró in situ una lasca de piedra modificada por el hombre (eso sí, dentro de una capa de sedimentos, no sobre la superficie) asociada con una vértebra de proboscidio y unas caracolas. Las caracolas fueron datadas por el método del C-14 y el hueso por series de uranio, una técnica que se estaba usando entonces en África para los yacimientos de los primeros humanos. Las fechas de C-14 y  de series de uranio “coincidieron bastante bien”, alrededor de 22.000 años.

El estamento académico de ninguna manera iba aceptar la escasa evidencia de una lasca piedra para aprobar estas fechas tan antiguas. La Barranca Caulapán desembocaba en la orilla norte del embalse de Valsequillo, y en unos pocos kilómetros de distancia a lo largo de la costa se hallaban los otros cuatro yacimientos sin datación, incluyendo Hueyatlaco, que estaba cubierto por una capa sedimentaria gruesa y más moderna (incluyendo los estratos de tefras). Estos yacimientos serían aceptables, ¡siempre y cuando pudieran ser fechados!

XB: De todos modos, en 1968, nuevas y asombrosas dataciones obtenidas a través del método de series de uranio a partir de muestras de Hueyatlaco y El Horno demostraron que el yacimiento podría tener 250.000 años de antigüedad. ¿Cuál fue la reacción de Cynthia Irwin-Williams? ¿Y qué ocurrió con el resto de la comunidad académica?  

V. Steen-McIntyre en Valsequillo en los años 60
VSM: Barney Szabo, el mismo colega que había datado el artefacto de Caulapan, también dató los yacimientos de Hueyatlaco y El Horno, en Valsequillo, ¡pero resultaron ser más de diez veces más antiguos! La reacción de Cynthia fue de asombro e incredulidad. De hecho, así es como se sintió el resto de los miembros del equipo. Pensamos que los métodos de series de uranio de Barney Szabo no funcionaban con las muestras del embalse de Valsequillo, pero no podíamos recurrir a la excusa de que los viejos huesos de alguna manera habían sido redepositados en los yacimientos. La muestra de Hueyatlaco, tomada de capas sedimentarias que contenían herramientas bifaciales, era parte de un camello descuartizado, y la muestra de El Horno, de una capa sedimentaria inferior (más antigua), era un fragmento de diente de un mastodonte descuartizado. Cynthia dio a conocer a sus compañeros de profesión que tales fechas eran “imposibles”.

XB: Por otra parte, algo muy desagradable ocurrió allí en aquellos momentos. El Sr. Lorenzo (director del INAH de México) acusó a los arqueólogos de enterrar deliberadamente los artefactos que se encontraron en los estratos de grava, e incluso envió policías para obtener confesiones de los trabajadores. ¿Cuál fue, en su opinión, la razón última de esta actitud?

VSM: Recuerde que yo sólo era un estudiante graduada en aquel momento, así que no estuve al tanto de las conversaciones originales. De lo que me enteré de segunda mano, es que se trataba de envidia. Al Profesor Lorenzo no le gustaban los yankees o los capitalistas, ni tenía un gran respeto por las mujeres arqueólogas. Y el hecho de que el profesor Juan Armenta Camacho, colega de Cynthia y descubridor original de estos antiguos yacimientos de la zona Valsequillo, fuera sólo un arqueólogo aficionado ya era más de lo que su ego podía aceptar.

XB: ¿Por qué Cynthia Irwin Williams nunca publicó todo su material sobre Hueyatlaco? ¿Por qué tenemos ahora muy poca información sobre las excavaciones y ningún artefacto?  

VSM: Es doloroso admitirlo, pero Cynthia se negó a publicar su material sobre Hueyatlaco y los otros yacimientos hasta que los geólogos que habíamos datado los sedimentos en Hueyatlaco nos desdijésemos de nuestras dataciones, cosa que no podíamos hacer en conciencia. Décadas después de su muerte y después de una larga lucha, sí conseguimos publicar en línea nuestro artículo sobre el debate estratigráfico en Hueyatlaco[3].  
 
Tanto Malde como VanLandingham están ahora muertos. Y existe un interesante vídeo sobre el problema: “Suppressed: New Evidence of Early Man” disponible en:      http://www.youtube.com/watch?v=koYWznEIV50. Hasta ahora este video ha tenido cerca de un millón de visitas.


Tenemos los moldes de los artefactos que hizo la madre de Cynthia, Kay Irwin. Están almacenados en el Museo Smithsoniano, en Washington DC. Tenemos fotos y dibujos. En cuanto a los propios artefactos originales, ¡véase el final del vídeo para conocer su paradero! Fueron amontonados atropelladamente en cajas junto a miles de otros artefactos y depositados en un almacén sin señalización después de que el edificio en el que se habían guardado originalmente resultase destruido por un terremoto

S. Van Landingham, V. Steen-McIntyre y C. Hardaker (Valsequillo, 2001)

XB: ¿Qué pasó con su carrera después de 1973? ¿Cree que su reputación profesional fue destruida a causa de su posición personal sobre las dataciones?

VSM: ¡Yo era tan inocente! ¡Pensaba que si uno presentaba la verdad, no había más que hacer! Los datos se examinaban y se contrastaban en detalle, y si se sostenían, se aceptaban finalmente.¡Ja! Los geólogos Hal Malde y Roald Fryxell presentaron las pruebas de nuestras dataciones del yacimiento de Hueyatlaco en una reunión nacional de la Sociedad Geológica de América en Dallas, mientras que yo estaba de camino para dar una charla en Nueva Zelanda (1973). Los resultados habían llegado a las agencias de noticias mientras yo estaba en el avión, y causaron un gran revuelo. Tanto es así que di una charla adicional sobre el yacimiento en las reuniones de Nueva Zelanda con el auditorio lleno. Pero eso fue el punto culminante de mi carrera. Esperaba tener noticias de varios colegas en forma de preguntas acerca de nuestro trabajo, pero sucedió todo lo contrario. Mi correspondencia cayó en picado. Mis cartas de investigación no fueron contestadas. Perdí mi trabajo en el USGS (por nepotismo, como descubrí de repente.) Pasaron varios años después de la muerte de Roald Fryxell en un accidente de coche hasta que Hal Malde y yo conseguimos finalmente que la información sobre Hueyatlaco llegara a la imprenta (en la revista Quaternary Research, 1981). No hubo debate. No me dijeron nada a la cara. Súbitamente me convertí en una "no-persona".  

XB: ¿Cómo se explica que la datación oficial de Hueyatlaco (unos 20.000 años AP) pudiera fijarse según un artículo publicado en National Geographic, mientras que las fechas obtenidas por el USGS eran completamente ignoradas?

VSM: Es simple: nunca se pusieron en contacto con nosotros. Aparentemente, Cynthia les concedió una entrevista y recurrió a la datación con la que se sentía cómoda.

XB: Los diversos métodos de datación absoluta aplicados en Hueyatlaco han dado resultados muy por encima de los 20.000 años de antigüedad, lo que invalida las teorías convencionales sobre la población humana de las Américas. Sin embargo, existe una gran diferencia entre las dataciones más moderadas y las más radicales, de cientos de miles de años. ¿Cómo explicaría estas diferencias y qué fiabilidad concede usted a los métodos de datación radiométricos?

VSM: Si usted lee nuestro artículo de 1981 en Quaternary Research (Steen-McIntyre, Malde, Fryxell, v.16, pp. 1-17) verá todas las pruebas que utilizamos, tanto en métodos de datación absoluta como otros métodos para alcanzar nuestras conclusiones. Ninguna de las pruebas que hallamos apuntaría a fechas recientes para el yacimiento. El factor decisivo llegó mucho más tarde, después del año 2000, cuando el desaparecido diatomista Sam VanLandingham encontró diatomeas en los sedimentos de Hueyatlaco y de sus alrededores, muchas identificadas como del periodo pre-glacial de Wisconsin o incluso anteriores; en ningún caso se dieron identificaciones de tiempos post-glaciales.  

XB: El equipo dirigido por el investigador independiente Marshall Payn no pudo obtener los permisos de excavación entre 2005 y 2010 y luego, en 2011, se encontró que el yacimiento había sido fuertemente alterado por la construcción de una gran casa rodeada de muros, así que no había prácticamente nada que excavar. ¿Qué piensa usted acerca de estos hechos?

VSM: Algo huele a podrido en el reino de Dinamarca.” Y el funcionario mexicano que podría haber aclarado el misterio fue encontrado muerto de un ataque al corazón cuando el arqueólogo Neil Steede estaba volando a la ciudad de México para entrevistarlo.  

XB: Después de todos estos años, ¿considera que tales dataciones extremas no sólo cuestionaron la teoría ortodoxa de la población del Nuevo Mundo, sino toda la teoría sobre la evolución humana? ¿Fue este tema específico la causa de todos los problemas experimentados por algunas de las personas involucradas en Hueyatlaco?  

Publicación de la Pleistocene Coalition
VSM: Sí. Ponen en riesgo la evolución darwiniana. Se supone que ninguna criatura humanoide era lo suficientemente inteligente como para llegar al Nuevo Mundo hace un cuarto de millón de años, ni para elaborar herramientas bifaciales, ni para realizar hermosas obras de arte. Pero eso es lo que las pruebas demuestraban en Hueyatlaco, al menos antes de que todo desapareciera” y que el yacimiento fuese arrasado. Una de las razones por las que me convertí en miembro fundador de la Pleistocene Coalition y editora del boletín Pleistocene Coalition News es porque hay un montón de otros enclaves antiguos del Nuevo Mundo, así como investigadores descontentos que no pueden ofrecer sus datos a la opinión pública, ya que ponen en duda el dogma establecido. El boletín intenta rectificar esta situación.

XB: A la vista de todo lo que sucedió en Hueyatlaco, ¿cree que este caso fue un episodio de manipulación, de supresión o de ocultamiento deliberado? ¿Cree que el INAH fue la única parte responsable de todo el asunto? ¿Utilizaría la palabra conspiración en el entorno científico?

VSM: Probablemente los tres factores. Los principales actores están casi todos muertos, y “yo era sólo una estudiante de postgrado”, por lo que no puedo hablar con autoridad. He oído rumores de que altos funcionarios del gobierno de ambos lados de nuestra frontera sur estaban involucrados, y que Hueyatlaco es sólo la punta del iceberg.

XB: En la segunda parte de la entrevista vamos a abordar diversos temas sobre arqueología, geología y ciencia en general. Aparte de Hueyatlaco, hay otros yacimientos arqueológicos no muy conocidos que pueden indicar que los asentamientos humanos en las Américas son muy antiguos. ¿Qué nos puede decir acerca de estos hallazgos?

VSM: Hay muchos. Aquí se debe reconocer la labor de Michael Cremo y del fallecido Richard Thompson, quienes buscaron entre polvorientos registros de bibliotecas y archivos para desenterrar un gran número de ellos. Sus hallazgos fueron publicados en su libro de 1993 Forbidden Archaeology (“Arqueología Prohibida”). También en el boletín Pleistocene Coalition News, que acaba de celebrar cinco años de entregas, se mencionan varios más de estos yacimientos.

XB: A pesar de que hay muchas pistas y pruebas que pueden demostrar que varias gentes de diferentes partes del mundo llegaron a América antes que Colón en el siglo XV, el mundo académico se niega a admitir estos contactos transoceánicos. ¿Por qué?

VSM: ¡Buena pregunta! Yo misma me lo he preguntado en varias ocasiones, pero no encuentro respuesta. ¿Conoce usted el libro World Trade and Biological Exchanges Before 1492? (“Comercio mundial e intercambios biológicos antes de 1492”), de Sorenson y Johannessen, 2009? La portada muestra la estatua de una diosa de un templo hindú que sostiene una mazorca de maíz (¡una planta de Nuevo Mundo!)
 
XB: A pesar de que gran parte de la práctica arqueológica descansa sobre bases geológicas, la geología –que supuestamente es una ciencia durase ignora cuando no ofrece los resultados esperados. ¿Conoce usted la controversia sobre la datación geológica de Gran Esfinge a cargo de Robert Schoch? Los arqueólogos rechazaron tales fechas, simplemente porque era imposible”, ya que no se había identificado ninguna civilización” en esa época remota. ¿Qué piensa usted de todo esto?  


La Esfinge de Guiza fue objeto de polémica por su datación
VSM: , conozco el trabajo del Dr. Schoch. Parece ser que la Gran Esfinge fue modificada a causa de la erosión por agua. ¡Muy interesante! Yo trato de usar un concepto llamado “Múltiples Hipótesis de Trabajo(MHT) al abordar estos asuntos. Es lo que los geólogos utilizan (¡o deberían utilizar!) cuando se enfrentan a problemas que no pueden resolverse en el laboratorio.

Podemos utilizar el origen de la vida a partir de la no-vida a modo de ejemplo. Con el enfoque MHT intentamos considerar tantos caminos como sean posibles para llegar del punto A al punto B: en este caso, a partir de la no-vida a la vida. Este es el momento en que dejamos que la imaginación se dispare, sin tabúes. La macroevolución darwinista, el soplo de una estrella, el barro animado, lo que sea, todo será considerado con igual posibilidad. Entonces sacas adelante todas estas hipótesis y las pones a prueba contra los nuevos hechos que van apareciendo. Algunas concordarán con los hechos, otras no. Dejas a un lado las que no cumplen (si bien no las excluyes completamente) y añades nuevas hipótesis tal como vienen a la mente, y sigues probando. Todo ello teniendo siempre en cuenta que es probable que no obtengas la respuesta correctao incluso la respuesta que más se acerca a la respuesta correcta– en tu lista de hipótesis conformes. [Con este método] no puedo garantizar que se pueda hallar la respuesta correcta, pero es una forma de pensar que libera la mente de las limitaciones habituales. De este modo se permite, e incluso se alienta, a pensar de manera abierta.

XB: Nos ha comentado que usted pertenece a una entidad denominada Pleistocene Coalition (“Coalición del Pleistoceno”), que no comparte los puntos de vista ortodoxos sobre los orígenes del hombre y la evolución. Por favor, cuéntenos algo acerca de los trabajos y los objetivos de esta iniciativa.

VSM: La Pleistocene Coalition fue fundada hace cinco años por un grupo de científicos, ingenieros e investigadores descontentos que no podían ofrecer sus datos a la opinión pública a través de los canales habituales, ya que cuestionan algunos dogmas establecidos; por ejemplo: Los seres humanos modernos son inteligentes, los hombres de las cavernas eran tontos.” Así que creamos un boletín on-line, el Pleistocene Coalition News, para sacar a la luz los hechos científicos. Es gratuito, y todos somos voluntarios. ¡En esta publicación encontrará artículos que sin duda no va a ver en su periódico de la mañana!

XB: ¿Cree usted que la teoría de la evolución se ha convertido en un dogma religioso que no puede ser discutido o criticado a pesar de que tiene que hacer frente a la falta de pruebas o a pruebas contrarias?

VSM: Creo que eso es obvio.

XB: ¿Cree usted que la confrontación entre evolucionistas y creacionistas fundamentalistas (religiosos) es una falsa polémica? En otras palabras, ¿podría ser una manera de dejar a un lado las teorías científicas como el diseño inteligente?  

VSM: Sí. ¿Con qué frecuencia se oye hablar de los evolucionistas cuestionar sus propias suposiciones? ¿Dónde está su prueba de que lo que creen que es cierto?  

XB: El investigador alternativo Michael Cremo cree que la evolución está totalmente equivocada y que el origen del hombre, tal como se describe en las escrituras védicas, debe remontarse a muchos millones de años. ¿Qué piensa acerca de este enfoque mitológico?  

VSM: Mis propias creencias son las de una cristiana carismática[4]. Mis visiones del mundo y las de Michael están muy separadas. Pero hemos colaborado durante años y somos buenos amigos. Como científica, este es otro caso en el que me gustaría utilizar las múltiples hipótesis de trabajo (MHT) al pensar en este tipo de cosas.
 
XB: Algunos destacados científicos actuales consideran que la ciencia actual es de hecho una mala ciencia porque está pervertida por prejuicios ideológicos e intereses de todo tipo (los económicos, en particular). ¿Comparte usted esta visión?

VSM: Ciertamente, he tenido una experiencia personal con este sesgo, al igual que muchos miembros de la Coalición del Pleistoceno. Estoy contenta de que seamos capaces de transmitir un poco de nuestra información a la opinión pública. ¡Somos más bien como un montón de Davides enfrentados a Goliat!

XB: En estos días, muchas personas de todo el mundo ya no confían en la política, las finanzas o las religiones, pero tiene una fe ciega en la ciencia empírica como algo "objetivo" y "bueno", debido a su formación y a la influencia de los medios de comunicación. Además, la gente suele pensar que existe un amplio consenso entre los científicos en los temas principales, pero esto no es cierto, como podemos ver claramente, por ejemplo, en el polémico debate sobre el calentamiento global antropogénico. ¿Qué le diría a la gente después de su experiencia en este punto?  

VSM: Hablo ahora desde un trasfondo cristiano: Los seres humanos somos todos criaturas caídas, imperfectas. Trata a los demás con respeto y amor, pero cuestiónate y sigue cuestionándote las ideas, de cualquier fuente que procedan”.

XB: En su opinión, ¿por qué la ciencia actual, dominada por la ideología materialista-reduccionista, rechaza toda visión relacionada con la conciencia? ¿Sabía usted que el arqueólogo británico Tom Lethbridge fue duramente criticado y ridiculizado por la investigación en el campo de lo paranormal?

VSM: A los materialistas-reduccionistas les asusta lo paranormal. Es algo que no pueden controlar.

XB: Muchas gracias por su tiempo y dedicación a esta entrevista. ¿Algún comentario final que quiera expresar a los lectores?

VSM: ¡Creo que he dicho más que suficiente!

(c) Xavier Bartlett 2014





[1] Ciencia que estudia los suelos.

[2] Se refiere al yacimiento de Clovis, en New Mexico (EE UU)

[3] Véase: Malde, Harold E., Steen-McIntyre, Virginia, Naeser, Charles W. y VanLandingham, Sam L. 2011. El debate estratigráfica en Hueyatlaco, Valsequillo, México Palaeontologia Electronica Vol 14, Issue 3, 44A:.. 26P; paleo-electronica.org/2011_3/27_malde/index.html.


[4] Este movimiento cristiano enfatiza la experiencia religiosa desde un punto de vista personal. No obstante, cabe aclarar que Steen-McIntyre nunca ha mezclado sus creencias con su actividad propiamente científica.