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jueves, 21 de febrero de 2019

Geopolímeros y pavimentos sospechosos



En la pasada entrada sobre la controversia de Yonaguni ya puse de manifiesto que uno de los puntos de mayor conflicto entre la arqueología ortodoxa y la alternativa es la interpretación de los restos observados desde la perspectiva de la geología. Y es que, como vimos, no se trata ya de que los alternativos vean cosas distintas o alteradas, sino de que la geología, en función de otros intereses y análisis científicos (relacionados con la arqueología, principalmente) resulta ser más flexible y opinable de lo que podríamos imaginar. En este sentido, ya cité –aparte del propio tema de Yonaguni– la aún más virulenta y confusa discusión sobre la edad de la Gran Esfinge, con tres propuestas bien alejadas entre sí: la oficialista-egiptológica de Gauri, la herética –pero moderada– de Schoch, y la extrema de los geólogos ucranianos Manichev y Parkhomenko, que remontaba la antigüedad de este monumento a los 800.000 años (¡Ahí es nada!). Y todo ello, cabe insistir, son valoraciones de geólogos profesionales que han observado exactamente la misma realidad material.

Charles Lyell
Bueno, esto no nos debería sorprender demasiado, pues en todas las ciencias hay debate, discusión y conocimiento abierto a nuevos avances y descubrimientos. En el caso de la geología, cabe decir que se asentó hace unos dos siglos –en los tiempos de Hutton y Lyell– y que consagró la teoría del uniformismo frente al catastrofismo como motor de la formación y evolución del paisaje. Por lo demás, y salvo contadas excepciones, la geología apenas se ha movido de sus planteamientos generales, si bien hay que destacar las aportaciones debidas a los modernos avances científicos y técnicos, sobre todo en cuestiones de datación. Así pues, ya en pleno siglo XXI la geología parece bastante firme a la hora de analizar cualquier formación natural y ofrecer las consabidas explicaciones sobre cómo, cuándo y por qué se dio tal formación, teniendo en cuenta que la propia naturaleza nos demuestra su regularidad en muchos rasgos (por ejemplo, los cristales minerales) y que no hay que confundir dicha regularidad con la mano del hombre.

Dicho todo esto, existe otra faceta no menos controvertida de la arqueología alternativa relacionada con la geología, y es el tema de la artificialidad de ciertas superficies líticas y, en un sentido más amplio, la posibilidad de que los antiguos –en un tiempo inmemorial– dispusieran de un conocimiento preciso para fabricar piedra artificial. Esto supondría la existencia de una tecnología que permitiría crear bloques de piedra a medida, ya fuera ablandando la roca y haciéndola plástica y moldeable, ya mediante la unión de varios elementos, en una especie de cemento, que sería fraguado en moldes. Varios investigadores alternativos han planteado esta cuestión a la vista de las pruebas disponibles y han formulado diversas hipótesis procedentes de la física y la química para tratar de explicar este fenómeno.

Sin duda, quien ha ido más lejos en este terreno ha sido el químico francés Joseph Davidovits, que en los años 80 presentó su concepto de geopolímeros, unos compuestos de aluminosilicatos que al compactarse por reacciones químicas adquieren la consistencia del cemento u hormigón. Así, Davidovits defendió la tesis de que los antiguos egipcios edificaron la Gran Pirámide a base de realizar y colocar in situ bloques moldeados con este material. De hecho, en sus experimentos prácticos, demostró que con la tecnología egipcia de aquella época se podrían haber fabricado unos bloques artificiales de piedra caliza prácticamente indistinguibles de la caliza “natural”. Ni que decir tiene que el estamento egiptológico ha desestimado tal propuesta, aunque lleva 200 años sin poder explicar con solvencia cómo se construyó ese grandioso monumento, aparte de las meras especulaciones.

Argamasa en Igueste
Volviendo al tema concreto de los pavimentos, ya tuve una experiencia personal en Igueste (Tenerife), pues allí vi una serie de conglomerados de un característico tono rojizo o blancuzco que parecían estar adosados o intercalados en el terreno natural de forma intencional. Por su disposición y composición, Manuel Fernández creía que en realidad estos conglomerados –que él llamaba “argamasa”– conformaban unas superficies o pavimentos para caminos o bien canalizaciones de agua. Una vez más, la falta de una opinión cualificada de un geólogo nos dejó con la incógnita, que aún sigue esperando respuestas.

Desde luego, es mucho más conocido el caso de los polémicos pavimentos del conjunto de pirámides de Visoko (Bosnia), pues su presunto descubridor, Semir “Sam” Osmanagic,  afirmó que los antiguos habían realizado pavimentos y recubrimientos de pirámide con una especie de conglomerado artificial, que se había podido identificar en algunos puntos de la llamada pirámide del Sol, así como en la pirámide de la Luna. Estas declaraciones ya despertaron gran polémica en su día, a inicios de este siglo, y mientras Osmanagic daba por hecho que las supuestas losas de recubrimiento de la pirámide estaban compuestas de un cemento artificial, la opinión de la gran mayoría de geólogos rechazaba esta afirmación. Nuestro incansable geólogo “medio-hereje” Robert Schoch también examinó las losas bajo sospecha y aseguró que eran lajas perfectamente naturales de arenisca o de breccia (una mezcla de grava, caliza y esquisto con un elemento aglutinante arenoso a base de partículas de cuarzo, feldespato y mica).

Pavimento de la pirámide de la Luna (Visoko)
Concretamente, Schoch argumentaba que la naturaleza está llena de regularidades y que ciertas formas atribuidas a la acción humana tenían una explicación geológica bien conocida (¡la misma historia que en Yonaguni!), como por ejemplo las capas regulares de arenisca, que son en realidad producto de una sedimentación cíclica. En cuanto al tema de los grandes bloques de “cemento”, Robert Schoch sólo veía losas de arenisca o conglomerados naturales que se habían roto en pedazos más o menos grandes a causa de las presiones tectónicas y de los desplomes. Su dictamen técnico fue el siguiente:

“Las fuerzas tectónicas deformaron plásticamente las arcillas y las lutitas pero las areniscas y los conglomerados, que su equipo había excavado en numerosos lugares, se rompieron en piezas de forma semi-regular, interpretándose como pavimentos, terrazas, bloques de cemento, piedras de cimentación, etc. Es interesante y revelador observar que los tamaños de los bloques de conglomerado y de arenisca hallados se corresponden con el grosor de los estratos de la roca original. Los finos estratos de arenisca, presionados tectónicamente, se rompieron en pequeños trozos mientras que las gruesas y firmes capas de conglomerado se rompieron en trozos enormes. Este es exactamente el patrón que se podría esperar en las formaciones rocosas naturales.” [1]

J. Davidovits y S. Osmanagic reunidos en 2008
Ahora bien, es oportuno mencionar que el geólogo egipcio Aly Barakat, tras examinar el paisaje de la colina de Visočica (la “pirámide del Sol”), no cerró la puerta a que alguna civilización remota hubiera modelado la colina a gran escala y que incluso hubiera aplicado un revestimiento de conglomerado. De todas formas, Barakat se mostró cauteloso y apeló a la necesidad de implementar investigaciones más profundas. Y como Semir Osmanagic no estaba por rendirse, contactó en 2008 precisamente con el padre de los geopolímeros, el propio Davidovits, y le llevó una muestra de su cemento. Al principio, Davidovits le escuchó con atención, analizó la muestra al microscopio electrónico y reconoció que podría ser un material artificial. Sobre su composición, estableció que se trataba de un cemento geopolímero basado en calcio y potasio, siendo el elemento aglutinador un tipo de arena muy fina de granito detrítico.

No obstante, ya en 2013, el científico francés se distanció públicamente de las tesis de Osmanagic –cada vez más desacreditado– y reveló que el material analizado procedía de una cisterna romana (nada extraño, pues los romanos usaban el opus caementicium) y no de la pirámide del Sol. A todo esto, es cierto que Osmanagic se ha sacado de la manga otros informes técnicos, si bien no han aportado mayor credibilidad a sus proclamas. Así, ha presentado un estudio realizado por instituciones bosnias que confirmaba que se trata de un material de gran dureza (pero que no decía nada sobre su hipotético origen artificial), u otro llevado a cabo por el Politécnico de Turín, cuyo texto original no está disponible en ningún sitio. En fin, ignoro los detalles y entresijos de toda esta controversia, pero ya vemos que los cambios de opinión, los desmentidos, y la falta de unanimidad y claridad parecen ser algo no excepcional en el campo de la geología... al igual que en la arqueología.

Para concluir, nada mejor que una serie de imágenes para que los lectores vean y juzguen por sí mismos. Se trata en este caso de unas formaciones –sitas en Australia y Reino Unido– que ha estudiado el investigador alternativo Alex Putney y que a su juicio no son suelos naturales sino pavimentos artificiales realizados en una época inmemorial. Putney no cree que sean “pavimentos teselados” naturales, que es la definición científica ortodoxa de estas formaciones, sino obras geométricas de ingeniería humana realizadas a modo de mosaico a partir de bloques de geopolímeros. Para Putney, no hay duda de la artificialidad de los pavimentos, que él atribuye  a civilizaciones desaparecidas como la Atlántida y Lemuria. 











Y una vez observado el paisaje, me vienen a la mente varias posibles cuestiones: ¿Cómo podríamos distinguir con certeza piedras naturales de artificiales (“geopolímeros”)? ¿Cómo se puede probar sin género de duda que esas superficies fueron hechas por la mano del hombre? ¿Y cómo puede demostrar la geología el proceso completo de formación de tales suelos a partir de la acción de factores naturales? ¿Y qué contexto o utilidad –nada claro según lo que se ve en las imágenes– tendrían dichos pavimentos, en caso de ser artificiales?

© Xavier Bartlett 2019

Fuente imágenes: Wikimedia Commons / Alex Putney




[1] Fragmento traducido del artículo: Schoch, R. “The Bosnian Pyramid Phenomenon”, en The New Archaeology Review. September 2006 issue (Volume 1, Issue 8).

lunes, 11 de mayo de 2015

Pirámides, tumbas y mercurio



Hace cierto tiempo publiqué aquí un artículo sobre las poco conocidas pirámides de China (que son consideradas propiamente “mausoleos” por las autoridades locales), y entre la información que recogí me llamó mucho la atención un dato que todavía estaba pendiente de nuevas investigaciones: la presencia de mercurio en el interior de dichas pirámides. Así, hace pocos años el buscador de pirámides bosnio Sam Osmanagic se hacía eco de un texto más de tipo turístico que científico según el cual “la tumba del emperador Qin[1] está a unos nueve metros de profundidad, donde fluyen ríos artificiales de mercurio”. El texto precisaba luego lo siguiente:

«Las últimas investigaciones muestran que el palacio subterráneo está a unos 30 metros de profundidad y que existe una fuerte contaminación de mercurio en un área de 1.200 metros cuadrados alrededor del palacio. Por tanto, se puede concluir que lo que se describe en los archivos históricos como “ríos y mares de mercurio” es de hecho verdadero y fiable. Esto indica que el interior del mausoleo es un palacio grande y magnífico, lleno de tesoros y protegido por ingeniosas medidas de seguridad.»

No obstante, los científicos chinos a cargo de las investigaciones contradecían estas afirmaciones y señalaban que todavía no se había podido localizar exactamente la cámara funeraria ni se habían detectado trampas ni antiguas medidas de seguridad. Asimismo, aseguraban que no existía impedimento alguno para proceder con las excavaciones a causa de la supuesta presencia del mercurio, una sustancia altamente tóxica.

Lo cierto es que, con toda probabilidad, esta historia del mercurio en tumba real estaría basada en antiguas crónicas chinas, tal como nos expone la autora española Clara Tahoces en su artículo “El misterioso imperio subterráneo del emperador Qin Shihuang”[2]:

« [...] los antiguos textos chinos como los del historiador Sima Qian describen con todo lujo de detalles no sólo las “hazañas” del emperador, sino todo aquello que puede estar bajo el túmulo funerario, que antiguamente estaba rodeado de una muralla de seis kilómetros de largo.

Coincidiendo con los cuatro puntos cardinales se abrían cuatro enormes puertas que conducían a una segunda muralla encargada de proteger la ciudad secreta. Según los textos, bajo una cúpula de cobre repujado, que simbolizaría las constelaciones, se halla una estatua del tirano, y a sus pies una reproducción de su reino, atravesado por ríos artificiales de mercurio que gracias a un sofisticado mecanismo permanecerían en eterno movimiento... Hay que explicar que para los antiguos chinos, el mercurio se asocia con la inmortalidad, dándosele un carácter de principio pasivo y húmedo. Es un emblema del yin. Este detalle al menos sí ha podido ser contrastado, puesto que las prospecciones geológicas han detectado una fuerte y extraña reacción justo en el centro de la pirámide que bien pudieran ser los “míticos” ríos de mercurio descritos en los textos clásicos.»

Por supuesto, a falta de datos concretos y contrastados, resulta prematuro extraer conclusiones. Lógicamente, para poder casar la mitología con la arqueología, se debería acceder al interior de este gran mausoleo, pero a día de hoy este monumento sigue sin ser excavado por razones técnicas, políticas o de otro tipo y por tanto nos seguimos moviendo en terrenos especulativos.

Sitio arqueológico de Teotihuacán (México)
De todas formas, cerrando el círculo, quisiera destacar otra valiosa información bastante reciente que también tiene por protagonista el mercurio en el interior de una pirámide. En este caso, la noticia arqueológica[3] nos traslada muy lejos de China: al conjunto monumental de Teotihuacan, cerca de México D.F. Las últimas excavaciones efectuadas allí, concretamente en la pirámide o templo de Quetzalcóatl, a cargo del arqueólogo Sergio Gómez, están ofreciendo resultados sorprendentes. El equipo de Gómez lleva seis años excavando un túnel (localizado por primera vez en 2003) situado a unos 18 metros bajo la pirámide, al final del cual parecen haberse identificado tres cámaras junto con grandes cantidades de mercurio líquido[4], lo cual ha inducido a los expertos a considerar que podrían estar a las puertas de descubrir una tumba real. Esta posibilidad ha entusiasmado a los arqueólogos, pues hasta la fecha se tiene muy poca información acerca de los gobernantes de esta gran ciudad, cuyo periodo de esplendor se ha fijado en los primeros siglos de nuestra era.

En efecto, al final de este túnel, de unos 90 metros de largo, se ha encontrado gran número de objetos, algunos ellos ciertamente extraños: estatuas de jade, restos de jaguar, o una caja llena de conchas grabadas y bolas de goma. Sin embargo, la presencia del mercurio ha sido bastante inesperada y molesta, pues ha obligado a los técnicos a llevar equipos de protección para combatir la toxicidad de este elemento.

Y esto no es todo: el dato que yo no conocía –y que encuentro altamente significativo– es que el mercurio ya ha sido identificado previamente en otros tres yacimientos antiguos de Mesoamérica, dos de ellos mayas y uno olmeca. Pero... ¿de dónde extraían el mercurio y con qué fines? Lo que sabemos con cierta seguridad es que las culturas precolombinas obtenían el mercurio líquido calentando un mineral llamado cinabrio, que de hecho era más empleado para otra función: proporcionar un pigmento de color rojo intenso que utilizaban para decorar artefactos de jade y como pintura corporal de la realeza.

Pirámide o templo de Quetzalcoatl (Teotihuacán)
Dado que el mercurio no tenía, presuntamente, finalidades prácticas para las culturas precolombinas, tendríamos que preguntarnos cuál es el motivo de su presencia en cámaras subterráneas. Para los arqueólogos, el mercurio podría tener una finalidad simbólica relacionada con tumbas reales (y aquí se daría un obvio paralelismo con el caso chino recién comentado). Así, según Gómez, el mercurio podría simbolizar concretamente un río o lago del inframundo. Al parecer, las cualidades relucientes y reflectantes de este elemento en estado líquido serían perfectas para representar un río del inframundo, o sea, un signo de la entrada al mundo sobrenatural o eterno.

De hecho, en el mundo antiguo se consideraba que los espejos eran una vía para entrar y ver el otro mundo e incluso para tratar de adivinar el futuro. De esta manera, los ríos de mercurio, con su peculiar brillo, podrían haber encandilado a los antiguos, que lo habrían utilizado con propósitos mágicos y rituales, y muy especialmente para los enterramientos. (Por cierto, y aunque parezca una conexión extraña, es procedente recordar que el famoso doctor Raymond Moody relata en uno de sus libros ciertos experimentos de tipo paranormal con salas oscuras y espejos, en los que se propiciaba el contacto entre personas vivas y seres del Más Allá.) En todo caso, esta coincidencia en el ritual del mercurio por parte de culturas separadas por un gran océano no hace más que reforzar ciertas teorías sobre contactos en tiempos muy remotos entre la Antigua China y las civilizaciones precolombinas americanas, mucho antes del horizonte propuesto por el investigador británico Gavin Menzies en su polémico libro 1421.

Y volviendo al túnel situado debajo de la pirámide, también resulta sorprendente otro hallazgo relacionado con “espejos” o “reflejos”. En esta ocasión se trata de una prospección realizada en 2013 con un robot en una parte del túnel aún por excavar en la cual se identificaron cientos de esferas metálicas de pequeño tamaño que recibieron el apodo de “bolas de discoteca”, por su aspecto reflectante (supuestamente a causa de un material amarillento llamado jarosita). Por supuesto, los arqueólogos no tienen la menor idea sobre el significado de tales objetos.

Asimismo, esta fascinación por lo brillante podría explicar el hallazgo de grandes cantidades de mica en Teotihuacan ya desde los tiempos de las primeras excavaciones, a inicios del siglo XX, hasta el punto que una de las estructuras excavadas ha sido bautizada como el “Templo de la mica”, precisamente por la abundante presencia de este mineral. Además, es oportuno señalar que la mica (o cierto tipo de mica) debía ser muy apreciada, y  en este caso se sabe fue importada –según la composición de los restos hallados– y que tendría su origen nada menos que en Brasil.

Por otro lado, el tema de la mica en Teotihuacán ha sido visto como una especie de anomalía por parte de la arqueología alternativa, que más bien no querido creer en las cualidades estéticas o rituales en este material, sino en otras de tipo más práctico o técnico, lo que inmediatamente choca con la ortodoxia académica, sobre todo al sugerir más o menos explícitamente la intervención de seres extraterrestres o bien de civilizaciones desaparecidas.

Pirámide del Sol (Teotihuacán)
Sin ir más lejos, Graham Hancock, basándose parcialmente en el trabajo de Zecharia Sitchin, señala que ya en tiempos de la primera excavación (1906), a cargo de Leopoldo Bartres, se dañó la integridad de la Pirámide del Sol, extrayendo la gruesa capa de mica que recubría el monumento ¡para su posterior venta! Pero aparte de esta anécdota, lo que le resulta desconcertante a Hancock es que la mica descubierta –en forma de dos gruesas capas– en el mencionado templo no estaba a la vista, sino debajo del pavimento. Ello sorprende porque dicha característica no se ha encontrado en ningún otro monumento de la Antigüedad y porque desbarata de alguna manera la hipótesis de que la mica tenía una función artística o estética (por el brillo), ya que no podía ser observada de ninguna de las maneras. Naturalmente, Hancock se pregunta por la finalidad real de unas capas de un material traído de bastante lejos[5] y que no eran visibles y, en este punto, especula con la posibilidad de que tuviesen una función práctica insospechada, recordando que la mica tiene hoy en día unos claros usos tecnológicos, como por ejemplo en la fabricación de condensadores o en aislamientos térmicos y eléctricos, aparte de actuar como moderador en las reacciones nucleares.

Y por si fuera poco, algunos investigadores de la Gran Pirámide de Guiza han resaltado el hallazgo de extraños objetos o sustancias en su interior, desde artefactos de hierro –en plena Edad del Bronce– o arenas (¿con trazas de  radioactividad?) en unas cámaras secretas contiguas a la Cámara de la Reina[6]. Esta visión encaja en ya clásica interpretación que hacen ciertos investigadores independientes, como Christopher Dunn, según la cual las pirámides no serían monumentos con una finalidad religiosa, ritual o funeraria sino que se trataría de algún tipo de máquinas con una funcionalidad práctica, posiblemente relacionada con la generación de energía. Por ejemplo, el propio Dunn interpretó la estructura de la Gran Pirámide como un conjunto de cámaras y canales en cuyo interior se producirían determinados procesos físicos y químicos que, aprovechando la vibración de la Tierra, darían como resultado final la producción de energía eléctrica.

Por último, cabe citar que varios investigadores alternativos se han fijado en la presencia habitual de túneles por debajo de muchos complejos piramidales de diversas partes del mundo (Egipto, Centroamérica, China...), lo cual ha disparado todo tipo de especulaciones sobre su razón de ser. A este respecto, se ha remarcado la habitual presencia de corrientes de agua subterráneas bajo las pirámides, o al menos localizadas en sus proximidades (ríos, lagunas, etc.), hecho que se puede constatar en Guiza o en la misma Teotihuacan, que contaba con varios manantiales, si bien ya están secos en la actualidad.

Pirámide de Khufu
Esta observación tendría que ver con teorías audaces sobre la relación entre el agua y la propia estructura piramidal. Así, por ejemplo, el conocido físico alternativo Nassin Haramein especulaba con la existencia de una cierta tecnología hidrodinámica a partir de las pirámides. En su opinión, las pirámides podrían emplearse para estructurar las moléculas de agua, con fines prácticos relacionados con la salud y el bienestar de la comunidad. Y por cierto, sería interesante recordar ahora que, según el historiador Herodoto, la tumba del rey Sufis (o sea, el faraón Khufu) no estaría en el interior de la Gran Pirámide, sino en una cámara subterránea rodeada por una corriente de agua, lo que presenta algunas similitudes evidentes con los casos de China y México antes citados, cambiando el mercurio por agua.

Bueno, lo cierto es llevamos unos dos siglos de investigación sobre las pirámides en todo el mundo, y parece ser que todavía quedan muchos interrogantes por despejar. Por de pronto, tenemos el típico escenario presentado por la ciencia ortodoxa, en que todo tiene un sentido religioso, funerario, mágico, etc. Sin embargo, han empezado a surgir preguntas acerca de otros posibles fines cuyo significado último no está nada claro. Ríos de mercurio, túneles, revestimientos de mica, corrientes de agua, materiales reflectantes... ¿no será tal vez que en todo esto hay algo mucho menos “ritual” de lo que en principio parece? Por supuesto, nos estamos moviendo una vez más en el terreno de las conjeturas.

© Xavier Bartlett 2015


[1] Se refiere la pirámide-mausoleo del emperador Qin (s. III a. C.), monarca especialmente conocido porque cerca de su monumento se hallaron las famosas estatuas de miles de guerreros de terracota.
[2] Fuente: http://www.antiguosastronautas.com/articulos/Tahoces01.html
[4] Sin más datos concretos, habría que cuantificar esas “grandes cantidades” para hacernos una imagen más precisa sobre la presencia del mercurio, y su posible origen y propósito.
[5] Hancock afirma que existían variantes locales de mica que los teotihuacanos podrían haber empleado, pero prefirieron usar cierta mica por su composición específica, y ésta sólo estaba disponible a miles de kilómetros.
[6] Estos datos proceden de prospecciones con aparatos de alta tecnología efectuadas en los años 80 por un equipo francés y otro japonés, según relatan Graham Hancock y Robert Bauval en su libro “Guardián del Génesis”.

martes, 3 de febrero de 2015

La controversia de las pirámides de Bosnia



Introducción




No cabe duda de que uno de los temas estrella de la arqueología alternativa de los últimos años ha sido el supuesto descubrimiento de un conjunto de grandes pirámides en las cercanías de Visoko (una localidad próxima a Sarajevo, la capital de Bosnia), o al menos eso es lo que ha defendido a capa y espada su valedor, el empresario y arqueólogo amateur bosnio-americano Semir “Sam” Osmanagic. Lo cierto es que a partir del mismo momento del descubrimiento, que tuvo lugar en 2005, se desató una gran polémica entre los creyentes en este conjunto piramidal y los partidarios de la ciencia oficial, que sólo ven formaciones naturales donde Osmanagic cree haber identificado estructuras artificiales.

Por supuesto, nada sería de esto realmente impactante si no fuera porque, para la arqueología ortodoxa, en Europa nunca se construyeron pirámides, a excepción de algunas estructuras escalonadas de tamaño reducido, que raramente son consideradas como auténticas pirámides[1]. Por consiguiente la aparición en el corazón del continente de una pirámide más grande que la de Keops, y de una antigüedad más que considerable, supondría un hecho bastante incómodo e inexplicable, de muy difícil encaje en los axiomas de la arqueología convencional.

Lo que es patente es que Osmanagic ha recibido durísimas críticas (en Internet se pueden hallar varias páginas web que se sitúan en esta línea) y que incluso ha sufrido más de un rechazo o desplante por parte de investigadores alternativos, lo cual no siempre ha sido bien encajado por el propio Osmanagic. Es más, muy recientemente ha tenido que convocar en Bosnia a algunos autores alternativos de cierto renombre (Dona, Tellinger, LaViolette...) para mostrar que no está solo y que se mantiene firme en su lucha contra el mundo académico. Con todo, es indudable que el crédito se le va acabando y que el impacto que causó en 2005 ha ido disminuyendo año tras año, a pesar de sus políticas de comunicación y promoción.

Entretanto, la comunidad arqueológica internacional ya se ha pronunciado con contundencia y ha emitido una declaración oficial (a través de la Asociación Europea de Arqueólogos) en la que critica especialmente el inexplicable respaldo de las autoridades locales a la empresa de Osmanagic. La declaración es la siguiente:
“Nosotros, los arqueólogos profesionales abajo firmantes de todas las partes de Europa, deseamos protestar enérgicamente por el continuo apoyo de las autoridades bosnias hacia el llamado proyecto de la Pirámide llevado a cabo en los montes de Visoko y cercanías. Esta empresa es un cruel fraude hacia un público no informado y no tiene cabida en el mundo de la ciencia genuina. Es un desperdicio de recursos escasos que estarían mucho mejor empleados en la protección del auténtico patrimonio arqueológico, y que está distrayendo la atención de los acuciantes problemas que están afectando diariamente a los arqueólogos profesionales de Bosnia-Herzegovina.”
Sin embargo, aun con estos precedentes, no quisiera caer en el prejuicio de cerrar las puertas anticipadamente a este enorme desafío a la arqueología ortodoxa. Por consiguiente, en este artículo trataré de ofrecer el beneficio de la duda a esta extraña empresa medio arqueológica, medio espiritual iniciada por el empresario bosnio. Vamos pues a analizar la controversia desde los datos conocidos hasta el momento, tratando de formular al final algunas conclusiones razonables al respecto.

¿Quién es Sam Osmanagic?


Semir "Sam" Osmanagic
Osmanagic es un empresario, escritor e investigador independiente nacido en Bosnia que salió del país justo antes del inicio de la guerra que asoló la antigua Yugoslavia. Actualmente reside en los EE UU, en la ciudad de Houston, donde ha hecho fortuna como empresario del ramo del metal. Su formación es diversa: posee estudios de economía, política y sociología, realizados en la Universidad de Sarajevo.

Asimismo, ha viajado por los cinco continentes y tiene un cierto conocimiento de la llamada arqueología alternativa, aunque desde luego él ha explotado la vertiente más sensacionalista de esta disciplina. En este ámbito ha escrito varios libros y artículos, casi todos ellos centrados en la cuestión de las pirámides, y también ha realizado varios documentales.

En octubre de 2005[2] proclamó a los cuatros vientos que una colina llamada Visočica, próxima a Visoko (Bosnia), era en realidad una antiquísima pirámide recubierta de tierra y vegetación, que él mismo bautizó como “Pirámide del Sol”. Más tarde declaró que había identificado otras estructuras piramidales en el mismo valle, lo que venía a conformar un gran conjunto arqueológico. A raíz de este hecho, se incrementó exponencialmente su presencia en los medios y empezó a dictar conferencias por todo el mundo, generalmente despotricando contra la historia y la arqueología académicas.

Su iniciativa e implicación personal en sus pirámides le han llevado a crear una “Fundación del Parque Arqueológico de la Pirámide bosnia del Sol”, que no tiene fines lucrativos (según recalca él mismo) sino puramente científicos, promoviendo excavaciones e investigaciones geoarqueológicas, y preservando el legado cultural de la zona. Además, gracias a sus contactos e influencias, ha obtenido el apoyo de las altas esferas políticas para su Parque Arqueológico.

En cuanto a su actitud y enfoque en este tema, ya desde su irrupción en el mundo de la arqueología alternativa ha venido cultivando una imagen personal de investigador “en busca de la verdad” con algún tinte egocéntrico, y con ciertos aires de teatralidad, empezando por el simple detalle de llevar siempre su sombrero de estilo explorador (a lo “Indiana Jones”). Por supuesto, estas no son más que observaciones superficiales que pueden pecar de injustas por no conocer personalmente al protagonista de la historia, pero lo que aparenta “desde fuera” es que estas pirámides constituyen para él una especie de obsesión o desafío en el cual él está profundamente implicado, tal vez algo parecido –salvando las distancias– a lo que sucedió con Heinrich Schliemann y Troya hace 150 años, lo que de alguna manera podría contaminar el mantenimiento de una visión plenamente científica e imparcial.

Sea como fuere, los críticos no ven en Osmanagic más que a un embaucador pseudocientífico con ganas de hacer negocio y de autopromocionarse a partir de su enclave arqueológico ficticio, independientemente de que crea con honestidad (o no) en su propia aventura.

Las tesis de Osmanagic



[A fin de evitar confusiones, cabe dejar claro que todos los datos que se aportarán en este apartado y los tres siguientes han sido extraídos de la web oficial de las pirámides de Bosnia, o sea, de la Fundación creada por el propio Osmanagic.]

Según Sam Osmanagic, la Pirámide del Sol forma parte de un conjunto arqueológico (el “valle de las pirámides bosnias”) que precedería en varios milenios a las pirámides de Egipto y que formaría parte de una civilización desaparecida que sitúa en una época anterior a la última era glacial. Este conjunto estaría compuesto de las siguientes estructuras: la Pirámide del Sol, la Pirámide de la Luna, la Pirámide del Dragón, la Pirámide del Amor, el templo de la Madre Tierra, un túmulo en Vratnica y la estructura “Dolovi” (también en Vratnica)[3].

"Pirámide del Sol"
Sin duda, el principal bastión de Osmanagic es la Pirámide del Sol, una colina de unos 220 metros de altura (lo que a ojos del investigador bosnio la convierte en la pirámide más alta del mundo), con cuatro lados inclinados a unos 45º y orientados a los cuatro puntos cardinales, siendo las carenas –o aristas– bastante rectilíneas, lo que ofrece un marcado aspecto de pirámide, excepto el lado sur, que es más irregular en comparación con los otros (para explicar esta anomalía, Osmanagic afirma que este lado estaría dañado o deteriorado).

Según Osmanagic, debajo de la capa de tierra y vegetación[4] se ha hallado en diversas zonas un inconfundible revestimiento bien de arenisca, bien de cemento –en forma de losas, placas o baldosas– de origen muy antiguo y de una calidad incluso superior a los estándares actuales. Además, debajo de la pirámide existirían al menos dos complejas redes de túneles (llamadas “Ravne” y “KTK”) que a su vez estarían conectadas con diversos túneles correspondientes a las otras estructuras.

"Pirámide de la Luna"
En cuanto a sus otros hallazgos, hasta el momento han recibido bastante menos atención por parte del equipo de Osmanagic. La Pirámide de la Luna (la colina Plješevica), de unos 190 metros de altura, ha sido objeto de excavaciones más bien preliminares y también parece presentar tres lados propiamente piramidales, con una especie de “plataforma de acceso” en el lado este, así como restos del revestimiento o pavimento antes citado. Asimismo, los dos túmulos en Vratnica han sido sondeados, con la aparición una vez más de las supuestas losas de revestimiento.

A continuación vamos a repasar someramente el alcance de los trabajos llevados a cabo en Visoko desde 2006 hasta 2014 y los resultados obtenidos, en términos de hallazgos de estructuras y artefactos, dataciones y otras observaciones de tipo multidisciplinar.

Las primeras campañas arqueológicas



Para llevar a cabo sus investigaciones y dar una mayor credibilidad a sus proclamas, Osmanagic ha intentado rodearse de especialistas cualificados –en gran parte bosnios, pero también de otros países– provenientes de diversos campos de la ciencia. Asimismo, sus campañas de excavación, sustentadas con el esfuerzo de cientos de voluntarios, han sido dirigidas o asesoradas por arqueólogos, según consta en sus credenciales, si bien el más reciente jefe del proyecto arqueológico, el neocelandés Timothy Moon, procede del campo de la industria musical (!).

Los resultados de sus primeros cuatro años de excavación, recogidos en el informe realizado para el primer congreso internacional sobre las pirámides bosnias, se pueden resumir en los siguientes puntos:

1.      Características geométricas y orientación de las pirámides


Mapa de Visoko y sus alrededores
A partir de las imágenes aéreas y por satélite de las colinas, Osmanagic afirma que los lados inclinados de forma triangular son indiscutibles, y si bien este rasgo no es extraño en la naturaleza, la conjunción de estas formas en lados opuestos es algo fuera de lo normal. Estas imágenes confirmarían la anomalía de que en cinco colinas del valle se pueden distinguir dos o más lados claramente triangulares. Además, se pueden apreciar algunos elementos que apuntan a la existencia de una estructura en terrazas o escalones con una plataforma en la parte superior.

Por otro lado, una característica típica de las pirámides en todo el mundo es la ajustada orientación de los lados a los cuatro puntos cardinales. Osmanagic se apoya en un estudio del Instituto Geodésico de Bosnia Herzegovina de 2006 para afirmar que la Pirámide del Sol está perfectamente orientada al norte estelar con un error inferior a un grado. El resto de pirámides también presentarían esta misma característica, si bien la precisión exacta no ha sido medida o publicada.

Finalmente cabe resaltar que Osmanagic ha puesto de manifiesto que la unión de las cimas de las tres pirámides principales (Sol, Luna y Dragón) forma un triángulo equilátero de 2,170 kilómetros de lado, una alineación geométrica que a su juicio no debe ser “natural”, sino muestra de un plan constructivo.

2.      Análisis geológico-sedimentarios


Bloques de conglomerado
Ya a finales de 2005 se habían llevado a cabo diversos análisis del terreno a partir de perforaciones de núcleos (“core drilling”) y de sondeos mediante catas, que tuvieron su continuación en 2006 y 2007. Estos trabajos confirmaron las primeras observaciones, según las cuales la superficie de las pirámides está compuesta de losas o bloques de arenisca y breccia (una especie de conglomerado multicolor[5]), que de alguna manera fueron manufacturados como si se tratara de cemento. Para Osmanagic no hay duda de que la superficie plana de estos bloques constituía el revestimiento de la pirámide.

Por otra parte, unas mediciones de inercia termal revelaron que las colinas-pirámides estarían formadas por un material poco consolidado o denso y con cavidades internas, lo que estaría justificado en el caso de una estructura artificial.

3.      Análisis de radar y geo-radar


Las pruebas realizadas mediante RADARSAT y sistema de radar SPOT sugerían la presencia de ciertas alineaciones que podían ser tomadas como indicio de terrazas, muros, pasadizos, cavidades o cámaras situadas en el interior de la estructura de la Pirámide del Sol. Igualmente, unos trabajos de georadar implementados en el invierno 2006-2007 por técnicos serbios y alemanes detectaron hasta 44 anomalías en todo el valle de las Pirámides, en forma de terrazas, escalones, pasadizos, etc. Asimismo, Osmanagic hace referencia a fuentes militares que aseguran que en situaciones de bombardeo de artillería (durante la guerra de Bosnia) se habían detectado vibraciones del suelo, ecos, y movimientos del terreno cada vez que la colina sufría impactos.

4.      Pruebas de tipo geoarqueológico


En lo que sería propiamente la labor arqueológica de excavación, Osmanagic ha invertido muchas horas de trabajos de técnicos y voluntarios[6]. La mayoría de esfuerzos se han centrado en la Pirámide del Sol y en menor grado en la de la Luna; por su parte, los túneles también han sido objeto de atención prioritaria, especialmente en los últimos años.

Supuestas losas artificiales
La mayor parte del trabajo se ha realizado a base de excavar catas o trincheras con la intención de localizar directamente los famosos grandes bloques de revestimiento (lo que sería “destapar” la parte exterior de la pirámide). Y, efectivamente, en las pirámides principales se han localizado diversas zonas con revestimiento inclinado o pavimento horizontal. Los análisis realizados sobre este material por parte de varias instituciones científicas (Instituto de Ingeniería civil de Tuzla, Instituto de materiales de la Universidad de Zenica e Instituto de la Construcción de la Universidad de Sarajevo) han sugerido que se trata de un antiguo material sintético, o sea, algún tipo de cemento. Según el profesor Muhamed Pasic, de la Universidad de Zenica, “la arcilla moderadamente cocida mezclada con agua posee cualidades aglutinantes.” Sin embargo, más allá de estos pavimentos o revestimientos (la mayoría en forma de “terrazas”), prácticamente no se han encontrado estructuras reconocibles, con excepción de una pequeña cisterna o similar de 3 X 2 metros y un indicio de muro, ambos en la Pirámide de la Luna.

Túnel Ravne
En cuanto a los túneles, Osmanagic recuerda que en varias pirámides de todo el mundo se han localizado túneles bajo la estructura, y que en la mayoría de los casos apenas han sido investigados. Los trabajos realizados en Visoko mostraban la existencia de un complejo sistema de túneles que conectaría todas las grandes construcciones de la zona. Por si fuera poco, afirma categóricamente que tales túneles no son viejas minas y que parecen remontarse a mucho antes de las épocas romana o medieval. Los trabajos han descubierto dos redes principales de túneles, Ravne y KTK, ambos construidos con material conglomerado[7]. Ravne, cuya entrada está a unos 2,5 kilómetros de la Pirámide del Sol, fue el primero en ser descubierto (2006) y se ha excavado en una extensión de unos 200 metros. En su interior se han hallado algunos pocos objetos, marcas de una posible escritura y hasta dos extraños monolitos bautizados como “K1” y “K-2”.

Sobre el hallazgo de artefactos, los resultados han sido más bien modestos, como admite el propio Osmanagic. Aparte de los supuestos monolitos, se han extraído algunos pequeños objetos o utensilios de piedra, piedras grabadas con signos o marcas, alguna estatuilla, un posible “amuleto”, y una especie de “mini pirámide” hecha de arcilla y con decoración incisa.

5.      Dataciones de radiocarbono


Un aspecto crucial para dar empaque a todo el proyecto de Osmanagic era la datación de los restos, pues él ya sostenía desde 2005 que las pirámides eran extremadamente antiguas, anteriores al final de última era glacial. Así pues, desde el principio se afanó en obtener dataciones fiables mediante carbono-14.

Los primeros análisis, a partir de muestras de estratos del suelo de la colina, apuntaban a una antigüedad estimada de unos 12.000 años[8]. Posteriormente, en 2008, un fragmento de madera hallado en el conglomerado del complejo de túneles Ravne fue datado por dos laboratorios distintos (Kiel Lab en Alemania y Gliwice Lab en Polonia), dando fechas entre 31.000 y 34.000 años de antigüedad. Con todo ello Osmanagic ya pudo afianzar y pregonar la exclusividad de su yacimiento de forma sensacionalista, pues tal cronología superaba con creces todo lo aceptable por las visiones ortodoxas.

Últimos resultados



Monolito hallado en uno de los túneles
Los trabajos de los recientes años (2009-2014) no parecen haber aportado grandes novedades. Básicamente lo que Osmanagic ha buscado es confirmar sus tesis con nuevas pruebas técnicas, y en este sentido presenta un estudio llevado a cabo en 2009 por el Politecnico di Torino (Italia), según el cual los bloques estarían realizados con un cemento de alta calidad, superior incluso al cemento moderno.

El trabajo en la Pirámide del Sol ha seguido en la línea de ir descubriendo la extensión del enlosado de cemento y la profundidad a la que aparece, que parece no ser uniforme, seguramente por el efecto de la erosión. A su vez, se ha trabajado bastante en los túneles y se han descubierto bastantes artefactos, la mayoría de piedra[9]. En particular se ha magnificado el hallazgo, a 180 metros de la entrada del túnel Ravne, de un gran monolito denominado “K-5”, al que se le ha concedido un peso estimado de 25.000 kilos, junto con restos de posibles muros, lo que sugeriría que en aquel lugar hubo ocupación humana. Asimismo, se ha puesto bastante énfasis en algunos objetos que mostraban signos de escritura o similar, lo que ha permitido afirmar que se está trabajando en “tres nuevos lenguajes simbólicos”.

Análisis de C-14 encargado por Osmanagic
En lo referente a las últimas dataciones, ha habido alguna disparidad. Por un lado, unas muestras orgánicas tomadas en 2011 de la Pirámide de la Luna arrojaron unas fechas en torno a 10350 a. C., según los datos brindados por el Instituto de Física del Instituto de Tecnología de Silesia. Por otro lado, en 2012, se halló una hoja fosilizada en un bloque de conglomerado de la Pirámide del Sol, y en este caso la datación –realizada por un laboratorio de Kiev (Ucrania)– dio una antigüedad de 24.800 años (± 200 años), lo que ofrecía la fecha más antigua para las pirámides, aunque un poco más moderna que los túneles. A su vez, las más recientes dataciones mediante radiocarbono, de 2013, han vuelto a dar ciertas oscilaciones: así, las nuevas muestras apuntan a una antigüedad de 29.200 años (± 400 años) para la Pirámide del Sol y de unos 20.100 años para el complejo de túneles de Ravne.

Por último cabe resaltar que Osmanagic ha dedicado estos años recientes a promover un mayor acercamiento del público en general al yacimiento, lo que ha conseguido mejorando los accesos hasta los lugares de excavación e incluso creando en 2013 el primer “Museo” con los artefactos hallados hasta la fecha.

El componente “piramidológico”



Sin ánimo de ser despectivo por usar este término, me referiré brevemente a otra vertiente de las investigaciones de Sam Osmanagic, que se sitúan en un terreno aún más heterodoxo que el anterior, por cuanto entran de pleno en aspectos relacionados con las energías piramidales o telúricas u otros fenómenos afines no reconocidos por la ciencia, a veces enviados directamente al saco de la pseudociencia o bien al de las creencias de tipo “New Age”. Por supuesto, no hace falta recalcar que este tipo de investigación todavía le ha condenado más como hereje o charlatán a ojos académicos.

¿Haz de energía en la cumbre piramidal?
De todos modos, para dar un contexto adecuado a este punto, es obligado mencionar que Osmanagic tiene un concepto de las pirámides bastante apartado de los modelos académicos, pues rechaza las habituales explicaciones sobre su datación y su función (sobre todo en Egipto, por la función funeraria) y cree que los arqueólogos siguen empeñados en defender cosas insostenibles. Por de pronto, quizás por influencia de la arqueología alternativa más esotérica, dijo en su momento que los mayas procedían de las Pléyades y de la Atlántida. Pero más allá de estas afirmaciones, Osmanagic comparte la idea con otros autores quizá más moderados de que existió una civilización muy avanzada en una cierta Edad de Oro, que luego desapareció totalmente, dejando algunos vestigios como las propias grandes pirámides.

Y puesto que él considera que las pirámides son quizá el legado de una ciencia más elevada, se ha preocupado de identificar las propiedades especiales (“energéticas y espirituales” según consta en su web) que presentan estos monumentos en el ámbito del electromagnetismo y los ultrasonidos. Así pues, Osmanagic ha llevado a cabo los siguientes trabajos:

1) En 2010 un equipo de físicos croatas –liderado por el profesor Slobodan Mizdrak– documentó la existencia de un haz o rayo de energía, de unos 4,5 metros de radio, que procedía de la cima de la Pirámide del Sol y que resonaba a intervalos regulares de 4,2 Khz hasta una frecuencia de 28 Khz. Según Mizdrak, estas ondas observadas en la cima de la pirámide son de naturaleza no hertziana, longitudinal y escalar.

2) En 2011, otros expertos italianos y finlandeses detectaron en el mismo lugar fenómenos de ultrasonidos.

3) En la red de túneles se ha podido constatar que no hay rastro de radiación negativa, ya sea de tipo cósmico, radioactividad natural o bien radiación procedente de las aguas subterráneas. Es por tanto, “uno de los lugares más seguros del planeta para la protección de la salud.”

Con todo esto, Osmanagic afirma en su web sin tapujos que: “el antiguo pueblo que construyó estas pirámides conocía los secretos de la frecuencia y la energía. Usaron estos recursos naturales para desarrollar tecnologías y emprender construcciones a una escala que no hemos visto antes sobre la Tierra.”

En otros aspectos de tipo heterodoxo, Osmanagic también ha encontrado una correlación entre la disposición geográfica de los monumentos del valle de las pirámides y un sistema basado en una cuadrícula de 8 X 8, o de 16 vientos, o sea, el mismo método empleado en tiempos antiguos para la navegación y la cartografía. Y para añadir más elementos de corte claramente “alternativo”, Osmanagic saca a colación una cierta geometría sagrada de la zona, con referentes astronómicos o astrológicos, y a la aparición de unas grandes esferas de piedra sospechosamente parecidas a las famosas esferas de Costa Rica.

Las visiones “neutrales”



Desde el mismo momento en que Sam Osmanagic anunció en 2005 su descubrimiento, no tardó en desatarse la polémica en torno a sus pirámides y así pues aparecieron opiniones a favor y en contra sustentadas con múltiples  argumentos de diversa índole. Lamentablemente, esta controversia –en vez de encaminarse hacia un debate  sereno y constructivo– ha desembocado a menudo en una fuerte hostilidad entre los bandos e incluso en ataques personales, y como resultado, se ha llegado a un punto muerto basado en unas posiciones polarizadas e irreconciliables.

No obstante, cabe destacar que algunas personas –entre ellas varias de reconocida trayectoria científica– han preferido eludir la confrontación o el puro maniqueísmo y se han acercado a Visoko con la mente abierta y sin ningún prejuicio, a fin de examinar las pruebas de una forma –digamos– “neutral”. A continuación, veremos algunas de estas opiniones, incluyendo las que puntualmente podrían suponer cierto apoyo (o al menos el beneficio de la duda) a las tesis de Osmanagic.

Robert Schoch
Entre los primeros investigadores alternativos en llegar a Visoko, en 2006, estuvo el geólogo norteamericano Robert Schoch (famoso por su datación heterodoxa de la Gran Esfinge), que pasó alrededor de un mes inspeccionando el yacimiento. Osmanagic lo recibió con entusiasmo y poniendo a su disposición incluso una avioneta para que pudiera apreciar todo el conjunto desde el aire. Sin embargo, la observación sobre el terreno de Schoch no coincidió con los argumentos de su anfitrión. En su opinión cualificada, no había pirámides en Visoko. Todo lo que se podía ver era fruto de procesos geológicos naturales, y de alguna manera el trabajo emprendido allí estaba modificando el terreno (mediante la propia excavación) para hacer que pareciera una pirámide.

Schoch argumentaba que la naturaleza está llena de regularidades y que ciertas formas atribuidas a la acción humana tenían una explicación geológica bien conocida, como por ejemplo las capas regulares de arenisca, que son en realidad producto de una sedimentación cíclica. En cuanto al espinoso tema de los grandes bloques de cemento (artificial, según Osmanagic), Robert Schoch sólo veía grandes losas de arenisca o conglomerados naturales que se habían roto en pedazos más o menos grandes a causa de presiones tectónicas y de desplomes. Su dictamen técnico se puede resumir de esta manera[10]:
“Las fuerzas tectónicas deformaron plásticamente las arcillas y las lutitas pero las areniscas y los conglomerados, que su equipo había excavado en numerosos lugares, se rompieron en piezas de forma semi-regular, interpretándose como pavimentos, terrazas, bloques de cemento, piedras de cimentación, etc. Es interesante y revelador observar que los tamaños de los bloques de conglomerado y de arenisca hallados se corresponden con el grosor de los estratos de la roca original. Los finos estratos de arenisca, presionados tectónicamente, se rompieron en pequeños trozos mientras que las gruesas y firmes capas de conglomerado se rompieron en trozos enormes. Este es exactamente el patrón que se podría esperar en las formaciones rocosas naturales.”

Y para acabar de aguar la fiesta a Osmanagic, Schoch también inspeccionó uno de los “antiguos” túneles y se llevó una gran decepción. En su exploración, aseguró que se trataba de un túnel que había sido practicado y modificado en tiempos recientes, según deducía a partir de algunos graffiti[11], de paredes y techos caídos y de un posible uso militar en la guerra de Bosnia de los años 90. En definitiva, Schoch desestimaba por completo las tesis de Osmanagic, si bien admitía que el lugar tenía una gran riqueza geológica y arqueológica que debía ser investigada y explotada adecuadamente.

Por otro lado, es muy significativo que muchos autores internacionales del género de la arqueología alternativa hayan preferido eludir el tema de forma discreta, pasándolo por alto tanto en sus libros como en sus sitios web. Precisamente, durante la entrevista que en 2013 realicé  a Graham Hancock para Dogmacero, le pregunté directamente por el tema de las pirámides bosnias y me contestó que no podía pronunciarse porque no se había formado una opinión a partir de la información disponible.

Nabil Swelim
En cambio, la intervención en 2007 de otra personalidad académica (nada sospechosa de ser alternativa) pudo dar un giro inesperado a la controversia, esta vez a favor de Osmanagic. Me estoy refiriendo a la visita que hizo al conjunto de Visoko durante un par de semanas el egiptólogo egipcio Nabil Swelim, cuyas observaciones se plasmaron en un breve informe titulado “The pyramid hills:Visočica and Plješevica Hrašće: observations and analyses”. Sobre este trabajo se puede decir sin exageración que fue la primera ocasión en que algún experto de la comunidad académica arqueológica mostraba un cierto acercamiento a las tesis del investigador bosnio, pues este artículo, en vez de despotricar contra él, le concedía como mínimo el beneficio de la duda. Además, es de destacar que Swelim aceptó de buen grado la invitación de Osmanagic y que su compromiso de estudiar el fenómeno sin prejuicios le comportó serias advertencias por parte de algunos colegas.

"Enlosado" de la pirámide de la Luna
Básicamente, el enfoque teórico de Swelim consistió en comparar las características de las colinas bosnias con las clásicas formas y rasgos de las pirámides. A partir de aquí, combinó el trabajo de campo con el estudio de mapas locales y de los informes previos de otros especialistas. Así pues, a raíz de esta investigación preliminar estableció algunos paralelismos razonables que le empujaron a afirmar que en Visoko había colinas piramidales (“pyramid hills”). Dicho de otro modo, Swelim consideró factible que sobre una base natural (la propia colina) hubiera tenido lugar una intervención humana de enormes proporciones para darle la típica forma de pirámide. En este sentido, veía una posible artificialidad en los bloques de conglomerado, así como en las losas horizontales (“baldosas”) cuya aparente regularidad le inclinaba a pensar que se trataría de un pavimento. Por otro lado, consideró que había otros indicios muy significativos (pero no concluyentes), como la orientación bastante precisa de las caras a los cuatro puntos cardinales o la existencia de posibles estructuras internas –como en las pirámides egipcias– según se había apreciado en los estudios preliminares de geo-radar.

Swelim también se apoyó en gran parte en las observaciones previas de su compatriota el Dr. Aly Barakat, geólogo, que había estado el año anterior en Visoko y que –si bien coincidía en las apreciaciones de los geólogos bosnios (críticos con Osmanagic) sobre la composición de la colina de Visočica[12]  estimaba que posiblemente había habido una actuación humana para modificar la forma de la colina y convertirla en pirámide mediante la aplicación de unas losas de revestimiento. Incluso se atrevió a sugerir que tal empresa había sido obra de alguna “civilización antigua”. Ahora bien, Barakat se mostraba confundido ante la extraña regularidad de la pirámide del Sol, y reconocía que la única cara propiamente regular (triangular) era la del norte, y en menor medida la cara este. Las otras dos caras serían bastante más irregulares y además la inclinación uniforme de las caras sería más bien un efecto óptico a cierta distancia, pues sobre el terreno se apreciaba una evidente variación en diferentes puntos de la colina. De todas formas, el geólogo egipcio pensaba que los elementos naturales (erosión, fuerzas tectónicas, vegetación...) y la intervención humana habían provocado una cierta deformación de la pirámide.

Sea como fuere, tanto Barakat como Swelim se mostraron bastante prudentes en sus conclusiones y se remitieron a la necesidad de implementar estudios posteriores. Estas opiniones benevolentes, sin embargo, levantaron una cierta polvareda en el estamento académico y acabaron por producir la reacción del famoso y mediático Zahi Hawass, el entonces Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto (SCA). Así, cuando fue interpelado sobre la cuestión de Bosnia, Hawas emitió un comunicado (sin haber estado en Bosnia y valorando el asunto a partir de referencias) condenando sin paliativos el proyecto de Osmanagic, al que desacreditó duramente por su falta de conocimiento sobre las pirámides y por sus veleidades pseudocientíficas. En cuanto a las opiniones de su compatriota Barakat, también lo desautorizó diciendo que, como geólogo, no sabía nada de pirámides y que no había ido a Bosnia en representación del SCA.

Lo que es claro y manifiesto es que con el tiempo los dos científicos egipcios se fueron distanciando de sus primeras impresiones “neutrales” o ligeramente favorables a Osmanagic y se mantuvieron en un discreto silencio. En todo caso, Nabil Swelim creyó necesario desmarcarse explícitamente de Osmanagic y así en 2010 escribió un breve artículo en el cual –si bien no se retractaba del todo de su anterior posición– sí realizaba ciertas puntualizaciones categóricas (aunque sin aportar nuevos argumentos significativos) que le situaban en un punto intermedio entre Osmanagic y los académicos que le habían puesto en la picota debido a su defensa de ciertas ideas cercanas a la herejía. Sin embargo, detrás de las declaraciones altisonantes de unos y otros apenas se puede entrever un debate racional sino más bien un choque de egos personales y científicos, sin descartar otras motivaciones[13]. Por su parte, Osmanagic ve cierta conspiración en todo este asunto y acusa directamente a Swelim y Barakat de haber cedido a las presiones de Hawas, que presuntamente les habría amenazado con retirarles sus retribuciones públicas[14].

Encuentro Davidovits-Osmanagic en 2008
Por otro lado, en 2008 Osmanagic cedió personalmente una muestra de su “cemento” al químico Joseph Davidovits, muy conocido por haber lanzado la propuesta de que los bloques que formaban la Gran Pirámide eran en realidad piedras artificiales. Davidovits analizó en 2009 esta muestra bajo microscopio electrónico y reconoció que podría ser un cemento antiguo, parecido al cemento romano. Sobre su composición, estableció que se trataba de un cemento geopolímero basado en calcio y potasio siendo el elemento aglutinador un tipo de arena muy fina de granito detrítico. Sin embargo,  Davidovits publicó en 2013 una actualización en su sitio web en la que se distanciaba de las proclamas del investigador bosnio, dejando claro que el material analizado procedía de una cisterna romana y de ningún modo de los bloques de la Pirámide del Sol[15].

Finalmente, me gustaría citar otra opinión neutral muy representativa pues cuanto procede de Carlos Mesa, un investigador alternativo español, que se acercó a Bosnia con la mente abierta pero también buscando rigor y respuestas claras. Mesa escribió un interesante artículo en 2011 sobre su visita a la zona, donde estuvo excavando como un voluntario más, lo que sin duda constituye una experiencia de primera mano. Básicamente, los hechos que Mesa ponía de relieve sobre el proyecto arqueológico eran los siguientes:

  • No se podía apreciar una correcta metodología arqueológica; se excavaba a destajo a pico y pala en diferentes sondeos con el único objetivo de llegar al corazón de la pirámide.
  • Muchos arqueólogos ortodoxos han rechazado las tesis de Osmanagic y han vertido incluso  acusaciones de “montaje” sin haber pisado nunca la zona.
  • Tanto en la Pirámide de la Luna como en la del Sol se puede observar un pavimento (o enlosado) real y artificial en determinados puntos. Sin embargo, no hay ninguna continuidad en estos recubrimientos, cosa que se podría esperar de una estructura tan grande como una pirámide
  • Según algunos expertos, Osmanagic está descubriendo en la zona algunos restos arqueológicos de antiguas culturas y de Edad Media (de hecho, en la cima de la Pirámide del Sol se pueden visitar los restos de una antigua fortaleza medieval), pero no hay nada realmente “antediluviano”. Muy posiblemente, casi todos los restos, signos y artefactos identificados en Visoko podrían pertenecer a cultura neolítica Vinca, que surgió en los Balcanes entre el 5.000 y el 4.000 a. C.


Así pues, al final de su artículo, Mesa ofrecía una nueva lectura de los vestigios hallados en la colina de Visočica:
¿Y si en lugar de pirámides estuviéramos encontrado túmulos o restos de construcciones artificiales que, con el paso de los siglos, la erosión, las lluvias y glaciaciones, se hubieran desplazado montaña abajo? ¿Y si estas construcciones hubieran estado en la cima? Tal vez, debido a ello, no había uniformidad alguna, y sí era posible localizar estos restos desperdigados de forma arbitraria.”

En definitiva, esta opinión no difiere demasiado de las voces académicas que afirman que no hay pirámides por ningún sitio pero sí ciertos restos que están siendo mal excavados y mal interpretados, lo que supone un importante daño al auténtico patrimonio arqueológico de Bosnia.


Problemas con la “ciencia” de Osmanagic



Ya hemos visto en resumen lo que el equipo de Osmanagic ha aportado durante estos años, y no se puede negar que se han ido acumulando datos obtenidos mediante métodos y tecnologías del ámbito de la ciencia. Sin embargo, una cosa es excavar el terreno y realizar pruebas científicas –ya sean muchas o pocas– y otra cosa es tergiversar su contenido o finalidad para tratar de demostrar con ellas las tesis planteadas. Este es precisamente el núcleo de toda la oposición al proyecto de la Fundación: bajo un aparente enfoque científico, no habría en realidad nada de ciencia sino un burdo montaje preparado para respaldar unas tesis que de ningún modo se aguantarían aplicando el método científico convencional.

Así, varios profesionales académicos han escrito sobre la pseudoarqueología que se practica en Visoko, con el propósito de dejar en evidencia la absoluta falta de profesionalidad y espíritu científico de Osmanagic. De entre todas las aportaciones críticas cabe destacar particularmente la labor de la geomorfóloga francesa Irna Lautre, cuya página web (http://irna.lautre.net) está casi completamente dedicada a desmontar el mito de las pirámides a partir de una enorme recopilación y evaluación de la información disponible desde 2005 hasta la actualidad. Para no extendernos en demasía, expondré seguidamente los puntos principales y remito a los lectores interesados a que consulten dicha web, que contiene una gran diversidad de documentos muy significativos (en francés, inglés y bosnio).

El dudoso apoyo de personalidades científicas destacadas



Logotipo de la Fundación de las pirámides de Bosnia
Como ya hemos expuesto, Osmanagic ha tratado de involucrar a expertos de varias especialidades para dar una pátina científica a su proyecto, pero su lista de colaboradores académicos no sólo es muy corta, sino que además está manipulada. Así, Lautre afirma que en su momento mencionó o implicó a varias personas (que supuestamente formaban parte del proyecto o respaldaban sus tesis) cuando en realidad estas personas apenas habían tenido contacto con Osmanagic o bien no tenían unas credenciales definidas, por no hablar de otras que incluso no han podido ser identificadas satisfactoriamente. De hecho, desde 2006 varios nombres han ido apareciendo y cayendo de la web oficial de la Fundación por motivos oscuros. Además, como ya se ha mencionado, aunque algunas personalidades científicas (Davidovits, Swelim) se han alejado claramente de Osmanagic, éste continúa citando su “apoyo”, cuando sus primeras impresiones parecían favorecerlo.

Los problemas con el equipo de arqueólogos



A fin de excavar la Pirámide del Sol y el resto de monumentos, Osmanagic ha recurrido a unos pocos jóvenes profesionales con poca o nula experiencia. El joven arqueólogo italiano Ricardo Brett parece ser que todavía era estudiante (sin título oficial) cuando estuvo a cargo de las excavaciones. En cambio, su compatriota Sara Acconci sí tendría esa titulación, así como el británico Andrew Lawler. También estuvo al cargo de las excavaciones un tal Mislav Hollós (un historiador del Arte por la Universidad de Zagreb), que en unos pocos meses apenas pudo redactar un informe, siendo luego descartado, supuestamente por no aportar el suficiente apoyo a la existencia de las pirámides. En efecto, ninguno de estos profesionales estuvo demasiado tiempo con Osmanagic. Para Lautre, la posibilidad de entrar en un proyecto de estas dimensiones y con cierta aura épica habría atraído a estas personas con ganas de hacer carrera. Ahora bien, una vez superado el influjo de Osmanagic, todos ellos acabaron por abandonar Visoko al ver lastimosamente cómo la arqueología real chocaba con las manipulaciones de su patrón[16]. Brett, no obstante, sigue trabajando en Bosnia, pero en proyectos de arqueología “convencional”.

La falsa regularidad de la Pirámide del Sol



Lautre no niega que algunas de las colinas de la zona presentan caras más o menos triangulares o trapezoidales, pero las únicas caras con un aspecto triangular “regular” son las caras norte y oeste de Visočica. No por casualidad, todas las fotos muestran estas caras a modo de prueba irrefutable, pero no las otras, que son completamente irregulares (o simplemente “no existen”). Además, el parecido del resto de colinas con auténticas pirámides es realmente muy forzado. Lo cierto es que los geólogos locales ya han explicado esas formas como fruto de procesos naturales. Asimismo, la perfecta orientación de las caras a los cuatro puntos cardinales no sería tal, básicamente por la dificultad de estimar sobre el terreno las alineaciones rectas de la colina, lo que haría que la medición fuese como mínimo discutible.

La interpretación “personal” de la geología y la arqueología locales



"Terraza" en la pirámide del Sol
La gran mayoría de geólogos (tantos bosnios como de otros países) coinciden en señalar que Osmanagic ha interpretado de forma libre y errónea los rasgos típicos de la geología de las colinas de Visoko, como ya expusiera en su visita Robert Schoch. Así, las capas o estratos de “losas” de piedra caliza o de conglomerado que formarían el “revestimiento” son perfectamente naturales y su formación está bien explicada según fenómenos geológicos conocidos que se remontan al Mioceno (hace muchos millones de años) cuando la zona de Visoko era un gran lago. La forma regular en que aparece el famoso “enlosado” en determinados puntos se debe a que los movimientos tectónicos rompieron en ángulos rectos las capas de arenisca, dándoles una falsa apariencia de pavimento artificial. Por otro lado, Lautre acusa a Osmanagic de haber excavado de forma torticera para crear un falso aspecto de pirámide escalonada a base de terraplenes, es decir, que la propia excavación daría una forma de escalones regulares al terreno montañoso.

En el ámbito arqueológico, cabe señalar que alguna ocasión se ha llegado a interpretar libremente toda una estructura, como cuando se anunció que se había encontrado una supuesta entrada a la Pirámide de la Luna. Se trataba de una estructura rectangular de piedra, que tras ser excavada, cayó en el olvido, dejando de ser mencionada en el sitio web de la Fundación. En efecto, no se publicó nada sobre esta investigación ni se tiene ninguna datación de los restos. En la práctica, pudo haber sido un refugio para ganado, o una cabaña de leñador o una estructura de finalidad militar, pero todo son especulaciones.

La lectura sesgada de las pruebas científicas



A pesar de que la Fundación muestra en su sitio web pruebas de diversas personalidades o instituciones científicas, un estudio detallado de tales documentos prueba que Osmanagic ha sacado de contexto los resultados y los ha presentado de forma tendenciosa. Por ejemplo, las pruebas sobre el “cemento artificial” realizadas por instituciones bosnias confirman que se trata de un material de gran dureza, pero en ningún momento se hace referencia a su origen (natural o artificial). Y en cuanto al estudio del Politécnico de Turín sobre este tema, pese a ser citado en la web oficial de la Fundación, parece que nadie ha tenido acceso directo a él[17]. En otro caso, las investigaciones implementadas con geo-radar fueron presentadas como clara prueba de que existían estructuras (artificiales) bajo Visočica, pero lo que estos análisis realmente resaltaron es que había ciertas anomalías subterráneas. Esto puede suponer que haya cavidades, pero también cambios de densidad en el terreno, fallas, etc. Por tanto, es muy aventurado afirmar con esos datos que existen redes de estructuras o cámaras por debajo del terreno.


La confusa excavación de los túneles



Osmanagic ha estado excavando extensamente una supuesta red de túneles que conectarían las pirámides por el subsuelo, pero en realidad no parece que haya una relación directa entre los túneles y las colinas (el túnel Ravne, por ejemplo, está situado a 3 km. de Visočica). Dicho esto, se reconoce que los túneles –abandonados y rellenados desde hace tiempo– podrían ser antiguas minas (posiblemente de oro) pero sin que ello suponga que la intervención de una civilización antediluviana. Y sobre los raros monolitos, supuestamente cerámicos, que se han hallado en los túneles, no hay estudios que confirmen su composición ni propiedades. Por otro lado, Lautre carga contra Osmanagic por querer excavar obstinadamente en dirección a las pirámides, con poco o nulo método, modificando los túneles para hacerlos accesibles al público, sin un registro estratigráfico adecuado y sin cribar los sedimentos para extraer pequeños objetos.

Los extraños artefactos de la civilización perdida



Fragmentos de cerámica local hallados en las excavaciones
A lo largo de varios años se han ido encontrando muchos artefactos tanto en las colinas como en los túneles, pero tales objetos no pertenecerían a ninguna civilización perdida sino a antiguas culturas locales, y lo que es más, algunos de ellos ni siquiera serían artefactos sino objetos de claro origen natural. Es más, en algún caso se ha demostrado que la propia fundación habría “inventado” pruebas, como una especie de rueda o base de columna formada a partir de la unión de diversas piedras. Como contrapunto, cabría esperar que se hubiese hallado algún rastro de las herramientas (cinceles, martillos, aparatos de medición...) con las que se construyeron las pirámides, pero no se ha podido aportar ningún objeto de estas características. Por lo demás, el propio Osmanagic reconoció en 2007 que se habían hallado utensilios neolíticos, fragmentos de cerámica medieval, clavos de hierro, inscripciones medievales, etc., todo lo cual casa perfectamente con el contexto arqueológico de la zona. Finalmente, Lautre argumenta que las famosas esferas de piedra tienen todos los visos de ser naturales (bien megaesferulitas de origen volcánico, bien concreciones), muy similares a otras muchas que pueden verse en distintas partes del mundo[18].


Las dataciones de C-14 no datan nada en concreto



La geóloga francesa reconoce que se han llevado a cabo dataciones metodológicamente correctas mediante C-14, que han arrojado fechas de entre 3.000 AP y 35.000 AP (Antes del Presente). Sin embargo, la paradoja es que tales dataciones, obtenidas a partir de muestras orgánicas recogidas al azar, no datan las “pirámides”, ni ningún estrato ni objeto arqueológico. Y lo que es más: son menos representativas por cuanto se han obtenido de restos en superficie, más propensos a estar contaminados por aportaciones de carbono modernas. En el mejor de los casos, las cronologías obtenidas de las muestras (raíces, hojas o fragmentos de madera) sólo indicarían aproximadamente la edad del terreno natural formado sobre la colina. En suma, desde el punto de vista arqueológico, estas dataciones prácticamente no tienen valor.


Sobre todo el argumentario de Irna Lautre se puede decir que tal vez se ha excedido en algunas de sus críticas, rozando incluso consideraciones ad hominem y lanzando acusaciones muy duras contra personas e instituciones, lo que a veces da una imagen más de persecución inquisitorial que de estudio científico. De hecho, la propia geóloga se ha visto forzada a rectificar en más de una ocasión, quizá llevada por algunos prejuicios. Sin embargo, a su favor cabe decir que ha analizado con lupa todos los datos y que ha destapado las mil y una incongruencias del proyecto de Osmanagic. Asimismo, Lautre ha intentado construir puentes de diálogo con algunos ex colaboradores del empresario bosnio, limando previas asperezas y buscando complicidades a favor de una visión imparcial del tema. Por supuesto, ello no quiere decir que haya dado respuestas satisfactorias a todas las dudas o puntos oscuros, por lo menos desde mi modesto punto de vista.


Conclusiones



Comparando lo que ofrece Osmanagic con lo que argumentan sus críticos, podemos ver que su posición resulta ya prácticamente indefendible ante el peso de los hechos y datos sobre el terreno. Dentro de poco se cumplirán diez años de trabajos en la zona y Osmanagic no ha sido capaz de aportar nada sólido o creíble sobre sus pirámides pese a todos sus informes, vídeos, congresos internacionales o ruedas de prensa. Además, sus malas prácticas, tergiversaciones y falta de rigor científico no sólo le han puesto en la picota académica sino que le han alejado de gran parte de la comunidad alternativa. Así, a estas alturas, casi todo el mundo reconoce que lo que está haciendo en realidad es excavar (mal) restos de las culturas locales y que –en vez de escribir una nueva historia– está destrozando el patrimonio arqueológico bosnio.


Lo cierto es que si hubiera una pirámide debajo de la tierra y vegetación, habría salido a la luz tarde o temprano en las labores de desbroce y excavación, como ocurrió con las pirámides de Teotihuacan (México). Pero la realidad es que tras miles de horas de trabajo no se ha podido acceder a nada inequívocamente artificial, si es que los diversos expertos que han realizado esta valoración no están todos equivocados al respecto del famoso revestimiento[19]. Sólo los túneles (o al menos parte de ellos) parecen ser un hallazgo genuino, aunque luego hayan sido mal excavados o mal interpretados. En suma, hay demasiados vacíos y conjeturas para tantas y tan altas expectativas. Por lo tanto, todo apunta –con una probabilidad cercana al 100%– a que hay un pasado por estudiar en Visoko, pero no el que Osmanagic ha querido crear desde su visión de una civilización desaparecida.


Desde luego, no cabe duda de que el envite era muy fuerte: proponer la existencia de un complejo de grandes pirámides de una civilización antediluviana en pleno corazón de Europa era un desafío tan fuerte a la ortodoxia que requería del máximo esfuerzo y rigor, porque nadie iba a aceptar fácilmente tales propuestas. Sin embargo, Osmanagic desoyó cualquier opinión que no coincidiese con la suya, incluso las que le ofrecían el beneficio de la duda, y siguió en una especie de huida hacia delante que nadie sabe muy bien cómo va a terminar. Quizá la historia se ha hecho tan grande a estas alturas que se ha convertido en un monstruo con vida propia que ni siquiera el propio Osmanagic se ve capaz de controlar, al estilo de lo que pasó con el doctor Javier Cabrera y sus célebres piedras de Ica.


Aquí podríamos cerrar el caso de las pirámides bosnias como un triste episodio en que la arqueología alternativa ni es “arqueología” ni es “alternativa”; es simplemente un circo o un espectáculo. Con todo, a modo de contrapunto, quisiera resaltar algunos elementos que me han llamado la atención y que quizá merecerían algunas reflexiones posteriores.


En primer lugar, me sigue pareciendo muy singular la presencia de una montaña natural con dos caras triangulares tan marcadas y con una orientación evidente (aunque no exacta) a los cuatro puntos cardinales. Los expertos opinan que tal formación es totalmente explicable en términos geológicos, y de hecho existen otras montañas de formas similares, pero la gran regularidad de Visočica no deja de ser muy llamativa. Otra cosa sería determinar de qué manera una civilización antigua hubiera podido “piramidalizar” una colina ya existente (la tesis Barakat/Swelim), si descartamos el uso del famoso cemento, la única explicación a la que se ha podido aferrar Osmanagic.


En segundo lugar, tenemos el fenómeno “energético” de carácter electromagnético observado y medido por varios científicos en la cima de la colina, que si bien suele ser objeto de burlas por parte de la ciencia ortodoxa, plantea algunas relaciones directas con fenómenos similares observados en las puntas de pirámides “de verdad” de Centroamérica y Egipto. Esto no implicaría que la colina fuese una verdadera pirámide, pero tal vez podría indicar que ciertas energías cósmicas y/o telúricas pueden concentrarse y canalizarse a través de las formas piramidales. Lamentablemente, a ojos ortodoxos, este tipo de estudios todavía reside en el campo de la pseudociencia (y a veces mezclado inadecuadamente con la New Age y movimientos similares) y no ha avanzado lo suficiente como para poder traspasar la frontera piramidológica.


Por último, una reflexión no poco importante sobre el affaire de Visoko y que aparentemente ha sido pasada por alto por la gran mayoría de las opiniones. Y es que sumando todas las piezas y viendo cómo se han desarrollado los hechos, podemos decir que algo extraño pasa con este proyecto. A pesar de que la Piramidología no es tema precisamente nuevo, resulta que nadie había reparado en la forma sospechosamente piramidal de Visočica hasta que en 2005 apareció por allí Osmanagic, que conocía bien la región por ser nativo de allá. Y acto seguido, todos los grandes medios internacionales se hacen eco de las noticias espectaculares que trae el empresario bosnio-americano. Y pese a que la comunidad académica, en línea con el poder político, tiene un peso decisivo para decidir qué se investiga y qué no en todos los países del mundo, aquí se da la vuelta a la tortilla y toda la atención se centra en las proclamas de Osmanagic. Y por si fuera poco, no sólo las autoridades bosnias bendicen y financian el proyecto de las pirámides; incluso en 2006 el Alto Representante de la Comunidad Internacional en Bosnia, el Sr. Christian Schwarz-Schilling ofreció a Osmanagic su apoyo (tras considerarlo todo un “visionario”), yendo más allá de sus estrictas atribuciones.


Visto este panorama, algunos aseguran que detrás de la excavación de las supuestas pirámides habría un fuerte componente político nacionalista. De este modo, el hallazgo de las pirámides vendría a ser la recuperación de un orgullo bosnio perdido tras una pavorosa guerra étnica y política en la antigua Yugoslavia, lo cual justificaría la creación de un falso –pero épico– pasado. Por otro lado, no faltan los que han visto una clara maniobra de tipo económico, a fin de atraer el turismo internacional a la zona y por extensión a todo el país. Sin embargo, la ya citada Irna Lautre en una reciente entrevista (2013) reconocía que el entusiasmo inicial ha decaído mucho y que el impacto social y económico en la zona de Visoko no ha sido ni mucho menos el esperado. En sus propias palabras:

“Según mis contactos en el área, las “pirámides” no han traído la bonanza esperada, el desempleo en Visoko no ha descendido y muchas personas ya no creen en las promesas del Sr. Osmanagic.”


Para tratar de explicar estas paradojas, se ha sugerido que Osmanagic tiene en Bosnia mucho más poder e influencia de lo que parece (su padre había sido ministro de gobierno) y que de este modo puede llevar a cabo una empresa tan compleja y heterodoxa sin tener que dar demasiadas explicaciones ni preocuparse de las amenazas de los académicos. Aun así, cuesta entender cómo esta aventura se ha podido sostener durante tantos años sin que tenga visos de acabar a corto plazo pese a las claras dificultades económicas que todavía afronta el país. Ahora cabría preguntarse a quién sirve un proyecto de este tamaño que no da rendimientos científicos, ni culturales, ni económicos. Pretender que sólo sigue en pie para satisfacer el ego de una persona me parece una salida demasiado simplista, pero no tengo mejores respuestas.

© Xavier Bartlett 2015


Referencias



BRETT, R. Official MRAV - summer camp 2012 archaeological report. Foundation “Archaeological Park: Bosnian Pyramid of the Sun” (2012)

MESA, C. “Las pirámides bosnias”, en www.carlosmesa.com (2011)

OSMANAGICH, S. Bosnian valley of the pyramids: discovery and road to recognition. First International Scientific Conference on the Bosnian valley of the pyramids (2008)

OSMANAGICH, S. Las pirámides del mundo y las pirámides perdidas de Bosnia. Ed. Obelisco. Barcelona, 2013.

SCHOCH, R. “The Bosnian Pyramid Phenomenon”, en The New Archaeology Review. September 2006 issue (Volume 1, Issue 8).

SWELIM, N. “The pyramid hills:Visočica and Plješevica Hrašće: observations and analyses”. (2007)

SWELIM, N. Visočica on the balance. (2010)

http://irna.lautre.net

http://piramidasunca.ba/eng/home-en.html

http://skeptoid.com/episodes/4140

http://www.bosnianpyramids.org/

http://www.bosnian-pyramid.org/

http://www.davidovits.info/

http://www.robertschoch.com/bosniacontent.html

http://www.semirosmanagic.com/en/


Fuente de imágenes: documentos procedentes de la web oficial de las pirámides bosnias y Wikimedia Commons



[1] Estas estructuras se hallan en distintos países como Grecia, Italia, Alemania o España (las llamadas pirámides guanches). La única pirámide de caras lisas existente en Europa es una conocida réplica romana, la tumba de Caius Cestius. Aparte, existen grandes túmulos o colinas artificiales que recuerdan a pirámides, como Silbury Hill (en Gran Bretaña) que de hecho tiene un núcleo piramidal en forma de espiral. Lo más cercano a unas grandes pirámides no reconocidas –al estilo Osmanagic– son tres colinas próximas a Montevecchia (Italia), que de algún modo recuerdan por su forma y disposición a las tres grandes pirámides de Guiza.

[2] Cabe puntualizar que sus primeras observaciones sobre las “pirámides” se remontan al mes de abril de ese mismo año y que hasta octubre realizó algunas prospecciones de tipo geológico, sobre todo para confirmar la existencia de los túneles. La difusión internacional y la campaña mediática tuvo lugar a la vez que el lanzamiento de su libro sobre este enclave.

[3] En realidad todas estas estructuras tienen desde antiguo su propio nombre local en tanto que colinas o montes, pero Osmanagic las ha rebautizado y registrado con su nombre “arqueológico”, a su libre criterio, por supuesto.

[4] Aquí Osmanagic remarca que el gobierno yugoslavo implementó una campaña de plantación de árboles en todo el monte durante los años 50 y 60, si bien desde la mitad hasta la cima tales plantaciones no fructificaron. Esto recuerda bastante a las campañas similares llevadas a cabo por el gobierno chino en las pirámides (“túmulos o mausoleos”) de la provincia de Shaanxi.

[5] Su composición se basaría en una mezcla de grava, caliza y esquisto con un elemento aglutinante arenoso a base de partículas de cuarzo, feldespato y mica

[6] Según sus propios datos, entre 2005 y 2008 ya se acumulaban más de 300.000 horas de trabajo, a lo que habría que sumar un cifra aún superior de las campañas más recientes.

[7] Osmanagic afirma en su web que todo el material conglomerado (miles de toneladas) se había “extraído” y utilizado luego en forma de cemento para cubrir las pirámides.

[8] Este trabajo lo llevó a cabo el Instituto Federal de Pedología de Bosnia.

[9] Es significativo citar que en el propio informe de 2013, se reconoce que muchos objetos han sido extraídos y almacenados preventivamente a partir de una política expresa de “en caso de duda, se recogen” sin tener nada claro si son artificiales o naturales, pues –debido a que son de un “tiempo anterior” aun por explorar– ofrecen más dificultad para su interpretación.

[10] Fragmento traducido del artículo: Schoch, R. “The Bosnian Pyramid Phenomenon”, en The New Archaeology Review. September 2006 issue (Volume 1, Issue 8).

[11] Schoch no vio ninguna inscripción ni escritura antigua, sino trazos modernos, que incluso podrían ser en algún caso un intento de fraude, según una “fuente fiable” del lugar que le aseguró que dos años antes no había ninguna inscripción en los túneles.

[12] De hecho, Barakat no habla de losas de cemento artificial sino de un conglomerado natural o breccia, formado por fragmentos de piedras de diferente tamaño y composición.

[13] A este respecto, he leído opiniones que justifican la posición de Barakat y Swelim en clave política, por simpatía hacia el Estado Bosnio, de fuerte tradición islámica.

[14] Esta acusación se puso por escrito en un correo electrónico de Osmanagic a Swelim, del cual recibí copia directamente.

[15] Algunas fuentes afirman que la muestra procedía en realidad de un túmulo cercano (también considerado artificial por Osmanagic).

[16] Estas diferencias no serían poco importantes, pues incluirían la intención de Osmanagic de “tapar” ciertos hallazgos (como una lámpara de minero en uno de los túneles) o de modificar los informes arqueológicos antes de su publicación.

[17] La única información referente a este análisis aparece en un correo electrónico enviado a Osmanagic por Giancarlo Barbadoro, un investigador alternativo italiano, que habría tomado muestras de  conglomerado en un visita a Visoko y las habría hecho analizar por la institución ya citada.

[18] Con todo, Lautre reconoce que las esferas de Costa Rica sí son artificiales y no descarta al 100% que las de Visoko lo sean también, pero la documentación fotográfica le inclina a pensar que son un producto geológico.


[19] De todos modos, es bueno recordar que la geología no es una ciencia tan “exacta” u objetiva como cabría esperar, sobre todo cuando choca con la práctica arqueológica y con las ideas preconcebidas; véanse al respecto los casos de Hueyatlaco o la Esfinge de Guiza, entre otros.