domingo, 2 de julio de 2017

Los gigantescos megalitos de Gornaya Shoria


El imponente megalitismo que apreciamos en muchas zonas del planeta es realmente de admirar, pues nos referimos a construcciones muy antiguas que incluyen bloques de piedra de muchas toneladas, y ello todavía resulta más meritorio cuando pensamos que las sociedades que alzaron dichos monumentos eran relativamente primitivas, y que tuvieron que echar mano de todo su ingenio, de sus relativamente escasos recursos técnicos y de mucha fuerza física para llevar a cabo tales proezas arquitectónicas. O por lo menos esto es lo que nos dice la arqueología ortodoxa, que sitúa el fenómeno del megalitismo entre el Neolítico y la Edad de Bronce y lo reduce geográficamente al área atlántica europea, al Mediterráneo y poco más.

Sin embargo, como ya he comentado en este blog en varias ocasiones, la cuestión del megalitismo está muy lejos de estar cerrada, ni siquiera comprendida o interpretada correctamente, pues la ciencia oficial no aborda toda la arquitectura megalítica que existe en el mundo como un conjunto, ni aprecia conexiones ni similitudes, y por supuesto tampoco se plantea dudas ante ciertas obras que resultan aún hoy en día una auténtica barbaridad por el peso y el tamaño de los bloques empleados. Así, las incógnitas técnicas sobre cómo se realizaron estas construcciones[1] suelen ser aparcadas muy discretamente o bien son explicadas con los argumentos habituales, incluso cuando éstos resultan poco creíbles o factibles.

Trilithon de Baalbek
No voy a repetir los datos ya expuestos en anteriores artículos, pero la casuística está ahí e impresiona por el gran volumen y peso de los bloques, de cientos de toneladas incluso, en lugares tan dispares como Malta, Perú, Egipto, Francia, Japón, etc. Y hasta el momento, en la cima del ranking megalítico se situaba el conjunto monumental de Baalbek (Líbano), en cual podemos apreciar tres enormes bloques bien tallados de 800 toneladas cada uno (el llamado trilithon) en el basamento del templo de Júpiter. Pero lo más impresionante lo hallamos en la propia cantera cercana, que contiene por lo menos tres monstruosos bloques paralelepípedos de más de 1.000 toneladas, que fueron abandonados cuando ya estaban prácticamente acabados o muy avanzados y que no llegaron a formar parte del citado basamento (o de otra construcción similar). Según las dimensiones y la densidad de la piedra se ha calculado para estos bloques un peso estimado de entre las 1.200 y 1.600 toneladas aproximadamente.

Situación geográfica de Gornaya Shoria (Federación Rusa)
Y esto podría parecernos algo fuera de toda medida y de toda lógica, pues ninguna civilización antigua conocida era capaz –supuestamente– de manejar tales moles líticas, por muchos adelantos y fuerza de trabajo de que dispusiesen[2]. Incluso hoy en día supondría un titánico esfuerzo técnico y logístico de muy difícil solución. Pero todo esto ha quedado superado por un hallazgo ocurrido hace muy pocos años que ha acabado por romper todos los moldes, dejando pasmados a todos los proponentes de la arqueología alternativa. Me estoy refiriendo al yacimiento megalítico de Gornaya Shoria (Monte Shoria), sito en lo más profundo de Siberia, en la Federación Rusa. Lamentablemente, todavía hay poca información sobre este lugar, pero en este artículo trataré de exponer los datos esenciales que se conocen hasta la fecha y las propias implicaciones del hallazgo para la investigación arqueológica.

Al parecer, el descubrimiento corrió a cargo del equipo del investigador alternativo ruso Georgy Sidorov a finales de 2013 cuando realizaba exploraciones de campo por el sur de Siberia, si bien el tema se popularizó masivamente en 2014 con la intervención del famoso ufólogo Valery Uvarov, que publicó en Internet diversas imágenes de este lugar. Básicamente, lo que tenemos en Gornaya Shoria es una gran formación pétrea aparentemente natural que –al ser revisada con detalle– da la impresión de tratarse en realidad de una construcción artificial. Lo que se puede apreciar en el paisaje es un conjunto de estructuras de diversa forma y altura, siendo la más grande una especie de muro de unos 40 metros.

Enormes bloques de granito (véase el hombre a modo de escala)
Con todo, lo más impresionante es que estas formaciones están compuestas de unos bloques de granito de dimensiones gigantescas, llegando algunos de ellos a los 20 metros de largo por seis de ancho y otros seis de profundidad; en cualquier caso, bastante más grandes que los citados monolitos de Baalbek (hasta dos o tres veces mayores). Así, las estimaciones de peso han resultado absolutamente insólitas, ya que pueden superar las 3.000 toneladas y alcanzar casi las 4.000. Cabe señalar que la mayoría de las piedras tienen formas regulares, tendiendo a sillares paralelepípedos o trapezoidales, y en bastante casos las piedras presentan superficies perfectamente planas, ángulos rectos y aristas bien marcadas, lo que denota un acabado que difícilmente puede ser natural. Además, es bien apreciable la presencia de muchos bloques de piedra de formas más o menos anguladas que encajan entre ellos de manera precisa como en puzzle, al estilo de lo que podemos ver en muchas estructuras de Sudamérica (en especial Sacsayhuamán) o de Egipto, por ejemplo. Asimismo, el equipo ruso apreció que algunas piedras tenían trazas de haber sido fundidas. Y por si fuera poco, para añadir más complejidad al asunto, se ha informado de la existencia de fuertes alteraciones geomagnéticas en la zona que afectan principalmente a las brújulas, hasta el punto de marcar direcciones opuestas a las reales.

Por supuesto, la primera objeción que podría hacerse a este inaudito hallazgo es que parece “imposible” que el hombre haya intervenido a esa escala, y más teniendo en cuenta la proeza de alzar moles de granito de un peso descomunal a 40 metros de altura. Así pues, se podría tratar de explicar todo el conjunto como el resultado de la acción prolongada de la naturaleza, sobre todo en forma de terremotos y erosión hasta el punto de quebrar la piedra de manera regular y darle un aspecto “artificial”. Esta explicación se aplicó, por ejemplo, a los famosos restos subacuáticos de Yonaguni (Japón) en que dos geólogos cualificados[3] no vieron enormes estructuras artificiales sino formaciones naturales regulares. Sin embargo, en este caso de Siberia, no hay constancia geológica de una gran actividad sísmica y además el granito es una piedra mucho más dura y consistente que la arenisca de Yonaguni.

De todos modos, la comunidad académica no ha querido dar relevancia a este asunto y ha mantenido una estricta política de discreción y balones fuera, dado que esta postura parece la mejor opción para no abrir debates indeseados. De todos modos, la opinión científica oficial, dictada extraoficialmente por la omnipresente Wikipedia, desprecia la posibilidad de una intervención humana y alude a los consabidos procesos geológicos, fundamentalmente las presiones tectónicas y las variadas formas de erosión.

Colosal base de la "pared rocosa"
Por lo que he podido saber, sólo hay un arqueólogo profesional que se ha interesado por el tema, el estadounidense John M. Jensen, que está apartado de la rígida ortodoxia y sostiene opiniones digamos “bastante alternativas”. Para Jensen, que no es precisamente amigo de sensacionalismos ni de intervenciones extraterrestres, no existe duda de la artificialidad del paisaje, en particular por el hecho de que las piedras están bien apiladas unas sobre otras. Así, las regularidades de Gornaya Shoria apuntarían a un enclave megalítico de enormes proporciones cuya antigüedad se hunde en las profundidades de la prehistoria, si bien no hay manera de datar estos restos; ni siquiera de plantear firmes teorías sobre quién y cómo pudo realizar tal monumento. Hay que tener en cuenta que el granito es una piedra dura y no fácil de trabajar, y que tallar, extraer y mover estas moles de miles de toneladas no puede explicarse con la tecnología de las civilizaciones antiguas, ni aun con la participación de miles de esclavos, rampas, trineos, etc. (al estilo de las grandes pirámides egipcias).

Lo cierto es que analizando una y otra vez las fotografías disponibles, me cuesta mucho creer en tanta regularidad natural, tal como defienden los escépticos. No digo que no sea posible, pero a veces tengo la sensación que los defensores de las ciencias naturales utilizan un elaborado discurso científico para explicar cosas que de otro modo serían inexplicables, apelando a que tal o cual fenómeno es fruto de la acción de los agentes naturales a lo largo de millones de años de actividad, lo cual es muy difícil –por no decir imposible– de probar de forma fehaciente. Esto me recuerda bastante al magnífico documental de Eliseo López Benito y su “civilización fantasma”[4], en el cual este investigador independiente desvelaba que existen en nuestro paisaje natural grandes formaciones de piedra que han sido colocadas (o diseñadas) ahí por el hombre en tiempo inmemorial con un propósito determinado y que la ciencia ha etiquetado de simples formas naturales, apelando a veces al caprichoso azar. Igualmente, por mi experiencia personal en el yacimiento tinerfeño de Igueste[5], planteo la posibilidad de reinterpretar el paisaje natural con otros ojos, apreciando un modelado artificial de éste a gran escala, en un tiempo muy anterior al arranque de la Historia, esto es, de las civilizaciones.

No obstante, los problemas que suscita Gornaya Shoria en el campo de la arqueología alternativa parecen por el momento bastante irresolubles, y nos remiten a las habituales conjeturas sobre un pasado desconocido de la Humanidad. Por de pronto, hemos de cuestionarnos seriamente la validez de las explicaciones geológicas; esto es, posicionarnos contra el paradigma, que nos recuerda –no sin razón– que la naturaleza produce regularidad tanto en sus formas biológicas como en sus formas inertes. En segundo lugar, tenemos la sempiterna cuestión de la tecnología. ¿Quién tenía la capacidad para tallar esos bloques, moverlos y colocarlos de manera precisa hace miles de años? Nuevamente tendríamos que recurrir a una hipotética energía antigravitatoria, lo que es propiamente la levitación. Otra opción sería echar mano del ablandamiento de la piedra o de la plasticidad de los materiales empleados, al estilo de los experimentos del profesor Davidovits[6]. O tal vez deberíamos considerar algún otro tipo de maquinaria o de energía que nos son totalmente desconocidas. Y ya puestos, ¿por qué no sacar a colación a los gigantes, los constructores de tantas obras descomunales, tal y como mencionan las leyendas antiguas de varios continentes?

Espacio dejado entre bloques (¿por la naturaleza?)
Pero si ya el cómo y el quién parecen temas complejos y especulativos, ¿qué decir del cuándo? El propio John Jensen se ve incapaz de ubicar este hallazgo en una época prehistórica concreta y humildemente reconoce que “conjeturar sobre sus constructores, métodos, propósito y significado es pura especulación”. De todas maneras, de los comentarios de su blog[7] se deduce que Jensen apuesta por varias culturas o momentos megalíticos, y que Gornaya Shoria podría pertenecer a un estadio de civilización que existió hace más de 7.000 años. Asimismo, no descarta la existencia de gigantes en un tiempo muy remoto y les concede una altura aproximada de entre 7,80 y 10,50 metros. Sin embargo, estas afirmaciones sobre el megalitismo y su relación con la civilización desaparecida o los gigantes hoy por hoy se quedan en papel mojado a falta de pruebas sólidas e indiscutibles, aunque admitamos disponer de numerosos indicios o pistas de carácter indirecto.

Concluyendo, se hace del todo necesario llevar a cabo una investigación científica a fondo –y sin prejuicios– en este lugar, que incluya aspectos geológicos y arqueológicos y que desde luego despeje la cuestión principal: ¿Estamos ante una caprichosa (o engañosa) formación natural, o es realmente un conjunto de construcciones megalíticas realizadas en un tiempo indefinido y por no sabemos quién ni cómo? Es evidente que para el paradigma actual resulta más cómodo inclinarse por la primera opción, y eso comporta un obvio sesgo o filtro cognitivo. No obstante, tampoco sería de recibo vender lo fantástico sin antes haber acumulado un sólido conjunto de pruebas que avalen la artificialidad del enclave. Como suelo repetir a menudo, para avanzar en un terreno tan crítico como éste hay que ser cautos y prudentes y no perder nunca el rigor científico, porque de lo contrario la arqueología alternativa queda desvirtuada por la falta de imparcialidad y la tendencia al sensacionalismo y al puro espectáculo.

© Xavier Bartlett 2017

Fuente imágenes: Wikimedia Commons / www.wands.ru (web de Valery Uvarov)



[1] Y en muchos casos cabría añadir quién, cuándo y por qué, pues no siempre hay certezas sobre tales cuestiones.
[2] Como ya expuse en su momento, atribuir estos bloques a los romanos es una broma. Los romanos no utilizaban bloques de tal tamaño y peso, pues tenían otras soluciones técnicas más adecuadas y eficaces para lograr sus objetivos. Existen rocambolescas explicaciones para justificar esta obra en clave romana, pero casi con toda seguridad los romanos aprovecharon los enormes bloques de un basamento que estaba allí desde tiempo inmemorial.
[3] Uno de ellos, Robert Schoch no era nada sospechoso de ser un integrista académico, pues es una persona abierta a interpretaciones alternativas, como ya demostró con la Gran Esfinge de Guiza.
[5] Véase el artículo sobre Igueste en este mismo blog.
[6] Según he observado en unas fotografías, algunas piedras aisladas muestran suaves formas redondeadas y cavidades que parecen salidas de un molde o que hayan sido trabajadas como si fueran de plastilina.
[7] http://earthepochs.blogspot.com.es

8 comentarios:

Andrea dijo...

Hola Xavier.
Perdóname, pedí su dirección de correo electrónico, pero no he puesto mi: andtave@yahoo.it
Me gustaría discutir con usted acerca de los cartuchos de Vyse

Andrea

Piedra dijo...

Hace tiempo esperaba leer aquí algo sobre esto, ( siempre va bien que te hagan el trabajo. ;-) )

Vi varias fotos además de las que pones y efectivamente, aunque no se pueda asegurar nada, es muy difícil creer que son naturales.
A mi lo que más me desconcierta es el porqué, hasta donde vi en las fotos parece ser parte de la pared de una montaña, no una fortaleza o algún tipo de construcción (templo, observatorio o por el estilo)

Un saludo.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias Piedra

Pues sí, yo también he visto más fotos y cuesta mucho creer que todo sea una formación natural. Otra cosa es tratar de interpretar los restos: qué eran o cuál era su propósito. El arqueólogo Jensen no tiene la menor idea y yo tampoco. Lo que en efecto desconcierta es ver esa pared rocosa que parece no formar parte de nada identificable, pero ten en cuenta que tampoco sabemos qué era el famoso basamento de Baalbek. Los romanos lo usaron como podio para su templo, pero según autores como Alford, la construcción original (de vete a saber qué antigüedad) no tendría nada que ver con la cimentación de un templo. Y tampoco nadie sabe con seguridad qué eran los famosos restos de Sacsayhuamán, pese a lo mucho que se ha especulado al respecto. Estamos muy perdidos; tanta magnitud nos sobrepasa...

Saludos,
X.

Ismael dijo...

En la reforma del nuevo pabellon de basket,el Fernando Buesa Arena aquí en Vitoria, se elevó la cúpula de doscientas toneladas unos 15 o 20 metros.Hecho considerado una proeza a nivel europeo segun la prensa local....Mi modesta opinion para comprender el megalitísmo es desechar de nuestra mente el esquema de practicidad en una construccion.Como podríamos entenderlos? Creo que parte de la solucion la tienen los indígenas....es muy amplio el tema....Gracias.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias Ismael

La propia realidad moderna ya sitúa perfectamente la dimensión de esos logros de hace miles de años. Y no hace falta que sean 3.000 toneladas... hay muchos bloques megalíticos de cientos de toneladas, como los obeliscos egipcios. El inacabado de Asuán se calcula que tiene unas 1.200 toneladas. Robert Bauval, que es ingeniero aparte de egiptólogo amateur, no sabe cómo podríamos alzar esa mole hoy en día...

Un saludo,
X.

Anónimo dijo...

La ciencia oficial no es seria. Se rige por intereses económicos y presiones políticas así que lamentablemente las opiniones de geólogos son propias del ignorante peor de todos: el que decide ser ignorante

angelger33 dijo...

He sabido que cada montaña tiene como una especie de documento de identidad en la composición microscópica de los gránulos que conforman su estructura cristalina. Tal vez los geólogos puedan determinar si los bloques son de la misma montaña o fueron traídos. De ser lo segundo quedaría demostrada su artificialidad

Xavier Bartlett dijo...

En cuanto al comentario de anónimo, completamente de acuerdo. En cuanto al de angelger, desconocía este dato y creo que puede ser de interés, pero dudo que al final se lleven a cabo tales pruebas. De todos modos, no descarto que los bloques fueran de material local, tanto si fue tallado allí como si fue "moldeado" o "fabricado".

saludos,
X.