lunes, 29 de octubre de 2018

La paleoantropología, en caída libre (1ª parte)


En los últimos tiempos he ido comentando una serie de novedades del mundo de la arqueología y la paleoantropología para mostrar que, si bien la arqueología alternativa especula, divaga y patina a menudo, los defensores del paradigma no se lucen precisamente a la hora de proponernos alternativas o avances significativos para despejar las muchas incógnitas sobre el origen del hombre que aún quedan pendientes. Antes bien, considero que la ciencia de la prehistoria se ha sumergido en una mezcla de espectáculo, divismo y autocomplacencia, y bañada muy a menudo en un cierto barniz bio-tecnológico, por no hablar de las manipulaciones de tipo ideológico que subyacen en muchos planteamientos.

Y, naturalmente, todo ello se mueve en los límites del marco de la sacrosanta religión evolucionista, que es un dogma de fe que no puede tocarse ni cuestionarse o criticarse. En efecto, cualquier propuesta debe encajar en términos “evolutivos”, aunque rascando un poco se vea que los principios científicos más elementales son vulnerados para poder mantener el edificio creado por Darwin y sus secuaces. En el presente artículo –dividido en dos partes dada su extensión– voy a presentar cuatro temas del ámbito de la Prehistoria que recientemente han sido presentados por científicos de varios países con la intención de impresionar a sus colegas y al público en general, pues todos ellos han saltado a las páginas de la prensa generalista, cada vez más llena de propaganda ideológica pseudocientífica (perdón, obviamente quise decir “divulgación científica”).

Un cerebro salido de la chistera

 

La ciencia paleoantropológica lleva muchas décadas insistiendo en el papel decisivo del desarrollo del cerebro humano como factor clave en el proceso de hominización que ha producido las mejoras evolutivas hasta llegar a nosotros, el Homo sapiens. En efecto, no cabe duda de que nuestro cerebro es más grande y más complejo que el de nuestros parientes primates, y ello nos ha permitido adquirir una serie de indiscutibles ventajas en términos de dominio del medio y expansión por todo el planeta. Otra cosa distinta sería dilucidar si realmente somos inteligentes o si dicha inteligencia sirve realmente para algo positivo, pero ello nos llevaría a discusiones que ahora no vienen a cuento.

 

Cráneo de australopiteco

El caso es que la ortodoxia nos dice que en algún momento de un lejano pasado, quizá hace unos tres millones de años, algunos primates –seguramente australopitecinos–empezaron a experimentar una serie de cambios profundos en su cerebro, lo que sería el pistoletazo de salida de una cierta evolución imparable en nuestro avance intelectual. Ahora bien, a la hora de justificar el motivo último de estos cambios, que se enmarcarían en el proceso de selección natural, la ciencia debe recurrir al terreno de las conjeturas e hipótesis, pues no hay forma humana de replicar, experimentar y contrastar tales cambios biológicos sucedidos durante extensísimos periodos de tiempo en un laboratorio moderno. Es algo parecido al tema de las enfermedades mentales, que son diagnosticadas (en realidad etiquetadas) mediante una mera descripción de síntomas y atribuidas luego a un desequilibrio electro-químico en el cerebro. ¡Y todo ello sin la más mínima prueba científica fehaciente!

 

Sea como fuere, la ciencia actual es incapaz de responder a la pregunta de por qué nuestra inteligencia es bastante superior a la de nuestros parientes más próximos, si estuvimos expuestos a unas condiciones ambientales muy semejantes, por no decir idénticas. Y, desde luego, tampoco tiene la menor idea de cómo se produjo ese proceso supuestamente gradual, si es que hemos de creer que los diferentes Homo descubiertos hasta la fecha encajan en una perfecta cadena evolutiva en que se produjeron pequeños cambios genéticos a lo largo de millones o cientos de miles de años. Ello por no hablar de la enfermiza obsesión por el tamaño del cerebro y el aspecto físico en general de los humanos que todavía arrastra el prejuicio racista con el que nació el darwinismo. Así, los científicos tuercen el gesto cuando ven que un individuo muy pequeño y de rasgos simiescos como el llamado hobbit (de la isla de Flores, Indonesia), con una capacidad craneal poco mayor que la de un chimpancé, era capaz de realizar utensilios de piedra tan buenos como los del Homo sapiens europeo.

 

En fin, ahora alguien parece haber descubierto la piedra filosofal de esos cambios en el cerebro, o al menos una pista por la cual empezar a tirar del hilo[1]. En concreto, el científico belga Pierre Vanderhaeghenat, del Instituto Biotecnológico de Flandes, ha identificado recientemente –como parte del proyecto GENDEVOCORTEX– hasta 35 secuencias genéticas que se activan en el feto del ser humano y de algunos simios, pero no en el chimpancé, lo cual llama la atención por ser éste considerado nuestro pariente más semejante (compartimos hasta un 98% del ADN).

 

¿cambios mágicos en el cerebro por error?
De esas secuencias, Vanderhaeghenat se ha fijado en tres que ha bautizado como NOTCH 2NL, que a su juicio se crearon en realidad no por un mecanismo normal de replicación genética sino por un error de copia y pega de una secuencia denominada NOTCH. Dicho de otro modo, esas tres secuencias fueron copias defectuosas de un proceso normal que había funcionado inalterado durante millones y millones de años. Sin embargo, esta feliz circunstancia provocó el nacimiento de nuevas proteínas que a su vez facilitaron un cambio en la manera en que las neuronas se enviaban mensajes entre ellas y de ahí se produjo una evolución en córtex cerebral. Finalmente, este proceso de expansión impactó directamente en el desarrollo del lenguaje, la imaginación y la capacidad de resolver problemas, lo que nos hace bien distintos de los otros primates.

En principio, todo parece cuadrar, pues es precisamente en el feto cuando se dan los mayores cambios en el crecimiento de los órganos (el cerebro incluido, por supuesto). Así, el investigador belga ha constatado que estos genes NOTCH 2NL permitieron un aumento en el crecimiento y diferenciación de las células troncales que dan lugar a las neuronas de nuestro cerebro. Además, estos genes están presentes en nosotros –los humanos modernos– pero también en los neandertales y en los misteriosos denisovanos, los cuales aparecieron antes que los sapiens. En cambio, los pobres chimpancés –por alguna razón desconocida– se quedaron sin su fallo de copia y pega y se quedaron estancados en su actual estado.

No voy a entrar a valorar los resultados del terreno biológico, para los cuales me limito a  realizar un acto de fe y suponer que la investigación se ha realizado de forma correcta y ajustada al método científico. Ahora bien, hay varios elementos en esta historia que me llaman la atención y que a mi entender ponen en evidencia la clase de “ciencia” que nos tratan de vender a bombo y platillo. Lo primero que debemos poner de manifiesto es que, una vez más, se presenta un hecho biológico como un hecho evolutivo, sin que podamos comprobar –como ya se ha insistido previamente– de qué modo tuvo lugar un proceso evolutivo concreto a partir de mutaciones genéticas a lo largo de millones de años. Esto es, se está suponiendo que una determinada secuencia genética “errónea” provocó necesariamente un determinado resultado gradual en un tiempo y lugar indefinidos. Tampoco se explica por qué este cambio repentino afectó a unos determinados australopitecos (los supuestos ancestros del ser humano) y a otros simios, pero no, por ejemplo, a los chimpancés. Igualmente, queda en el limbo la cuestión de por qué motivo los otros simios no desarrollaron el mismo camino evolutivo intelectual que los humanos. 

A continuación, como ya es habitual en el argumentario evolucionista, nos encontramos ante el factor del error –se supone que aleatorio– en una copia genética, que por sorpresa y contra toda lógica conduce a una mejora sustancial en el cerebro. Esto es, el orden natural es roto y, en vez de provocar empeoramiento, deficiencias o carencias, resulta ser una “ventaja evolutiva” que permite un espectacular desarrollo del cerebro en unas determinadas direcciones (lenguaje, imaginación, etc.). En fin, la ortodoxia nos dice que se trata del aprovechamiento de un hecho fortuito que permite que la selección natural avance hacia formas más complejas, más capacitadas y más competitivas.

¿Respuestas en el laboratorio?
No obstante, lo que de verdad violenta todos los principios de la razón es la actuación de ese caprichoso azar que provoca cambios a través de mutaciones y que guía la evolución de las especies. En este punto, cabría preguntar al señor Vanderhaeghenat por la causa de ese inesperado error de copia y pega genético en las secuencias NOTCH 2NL. ¿Recurrirá al habitual azar o caos presente en la naturaleza y el cosmos? ¿Todavía nos quieren hacer creer que determinados cambios ocurren porque sí, por la presión de las condiciones ambientales u otros mecanismos mágicos? Digan mejor que no tienen ni idea de por qué se dan esos cambios o la variedad enorme del mundo natural, en que es tan complicado definir exactamente el concepto de “especie”.

El caso es no se quiere admitir que el azar o el caos no explican realmente nada, pero eso es mejor que reconocer la existencia de un diseño inteligente, detrás del cual debe haber algún tipo de conciencia que crea la materia y rige sobre ella. No señores, esto no es religión; es la ciencia que ustedes quieren ocultar celosamente mientras nos venden un cuento chino.

Por cierto, el cerebro humano –más allá de una mera descripción funcional y operativa– sigue siendo un gran misterio para los científicos, y ya no digamos cuando se quiere profundizar en el tema de la mente, la creación de la realidad y la conciencia.

¡Los homínidos se mezclaron entre ellos!


Hace no mucho apareció una noticia científica en la prensa generalista que destacaba que por primera vez se había hallado a un descendiente directo de dos especies humanas distintas. El artículo de referencia[2], firmado por varios científicos entre los cuales sobresale el finlandés Svante Pääbo, difundía el hallazgo de un hueso humano –datado en unos 120.000 años de antigüedad– denominado Denisova-11 (de la cueva siberiana donde se hizo el descubrimiento de los primeros denisovianos), que pertenecería a un ser humano híbrido de dos especies distintas, los neandertales y los denisovanos. En realidad, dicho hueso se halló en 2012, pero los largos estudios realizados han retrasado la publicación hasta hace escasas fechas.

Cráneo de neandertal
Esta investigación ha sido llevada a cabo por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania) y ha podido confirmar mediante un análisis del genoma del mencionado individuo que se trata de una joven de unos 13 años y que sus progenitores directos pertenecían a dos especies de homínidos diferentes, siendo la madre neandertal y el padre denisovano. Este descubrimiento vendría a confirmar lo que ya se sostenía desde hace poco tiempo: que ambas especies coincidieron durante muchos miles de años en ciertas regiones de Eurasia. Además, según los resultados genéticos, sus progenitores tampoco serían puros, pues al menos en el padre denisovano se ha identificado un marcado rastro genético neandertal.

Mi reflexión ahora es: ¿no se habrá hecho demasiado ruido para tan pocas nueces? Mucho me temo que sí. El caso es que en plena era bio-tecnológica se está dando en arqueología un valor enorme a estos estudios paleogenéticos por encima incluso de la importancia de los restos físicos hallados. A partir de aquí se han producido más y más análisis de este tipo tratando de identificar las relaciones filogenéticas entre los diversos especimenes de homínidos reconocidos. Sin embargo, en vez de avanzar, parece que los prejuicios y la obsesión por la tecnología impiden ver el bosque. Sin ir más lejos, la investigadora Viviane Slon, encargada de realizar los análisis genéticos, tuvo que repetir hasta seis veces las pruebas porque no se acababa de creer los resultados: ¡un descendiente directo de denisovano y neandertal! ¡Vaya notición!

El prestigioso profesor finés Pääbo, que en 2010 fue el primer científico en secuenciar el genoma completo de un Homo neanderthalensis, incidía en este factor sorpresa sexual con las siguientes declaraciones:

“Resulta sorprendente que, entre los pocos individuos antiguos cuyos genomas han sido secuenciados, nos encontremos precisamente con esta niña Neandertal/Denisovana. Neandertales y Denisovanos pueden no haber tenido muchas oportunidades de encontrarse. Pero cuando lo hicieron, debieron aparearse con frecuencia, mucho más de lo que pensábamos hasta ahora.”

A partir de aquí se me ocurre una serie de consideraciones para dejar en evidencia a los ilustres académicos que han promovido toda esta investigación y que están del todo enfrascados en el estudio de genes y cromosomas como la vía que ha desentrañar definitivamente los orígenes y (supuesta) evolución del ser humano.

¿Dónde ponemos aquí a los denisovanos?
En primer lugar, no entiendo por qué motivo en cuestión de pocos años los llamados denisovanos son mencionados como pieza clave de la evolución humana en muchísimos estudios antropológicos, cuando en realidad parece que toda esta cuestión está muy sobredimensionada, como ya ocurrió con el famoso Homo naledi. Para empezar, hay que constatar que la aparición de los denisovanos en escena apenas tiene unos 10 años, a partir de un solo yacimiento en el mundo (la cueva Denisova, en las montañas Altai de Siberia). Realmente, las pruebas físicas son escasas, apenas unos dientes y unos pocos fragmentos de huesos, pero los modernos análisis del ADN mitocondrial permitieron diferenciarlos como especie frente a neandertales y sapiens, con los cuales sin duda convivieron. De hecho, la investigación genética de los datos disponibles indica que los denisovanos y los neandertales se separaron “evolutivamente” de un ancestro común hace unos 390.000 años y que ambas especies decayeron hasta desaparecer hace unos 40.000 años. Por lo demás, nadie sabe qué aspecto tenían al no disponer de un espécimen mínimamente completo. En realidad se ha montado una gran entelequia a partir de unos análisis genéticos, y no sabemos hasta qué punto estamos ante una “especie” distinta o simplemente una comunidad humana relativamente aislada, al menos durante un importante periodo de tiempo.

En segundo lugar, resulta desconcertante el hecho de remarcar que los homínidos de distintas “especies” tuvieran sexo entre ellos, como si fuera algo inaudito. (Claro que con la reciente ingeniería social contra la heterosexualidad, tales afirmaciones no me sorprenden demasiado...) En fin, parece más que evidente que el contacto entre comunidades distintas a lo largo de la historia –y prehistoria– se tradujo habitualmente en apareamiento y mestizaje, como ocurrió en América a partir de finales del siglo XV. Si los grupos de homínidos distintos entraron en contacto en un tiempo y un espacio comunes no parece nada descabellado identificar la progenie directa de estas uniones. Además, este rebombo no está justificado en absoluto porque ya se sabía desde hace tiempo que el sapiens y el neandertal “se fusionaron” hace decenas de miles de años en diversas regiones. Ahora se sabe que también los misteriosos denisovanos participaron del mestizaje à trois y que por lo tanto estaríamos hablando de grupos humanos interrelacionados.

En tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior, la ciencia de la Prehistoria ya tiene que ir admitiendo que los diversos homínidos identificados como especies se cruzaron y compartieron su genética, quizá desde los tiempos del Homo heilderbergensis o del Homo antecesor (por no citar al viejo erectus), y ello sería factible porque estaríamos hablando más propiamente de razas y no de especies. Recordemos como punto crucial que el evolucionismo defiende la evolución de las especies por el mágico proceso de selección natural, en el cual interviene decisivamente el factor de las mutaciones genéticas aleatorias. Asimismo, se ha insistido durante mucho tiempo que los más adaptados al medio, los más fuertes, los más competitivos sobrevivían porque su descendencia progresaba mientras que la de los débiles o inadaptados entraba en recesión y acababa por desaparecer.

Pues bueno, parece obvio que los homínidos no fueron ajenos a la hibridación y que hubo mezcla genética y que a lo mejor tal mezcla no fue decisiva para el avance o retroceso de las comunidades en términos de “mejora”. Desde esta perspectiva, tal vez la diversidad anatómica que observamos no se debió a ningún proceso de “evolución”, sino a un proceso de hibridación a lo largo de extensísimos periodos[3]. De todos modos, en según qué circunstancias, la progresiva mezcla de comunidades muy grandes numéricamente frente a otras más pequeñas haría factible que la genética de un grupo se fuera apagando y diluyendo a través de las generaciones (estamos hablando de muchos miles de años). Esta podría ser una explicación perfectamente razonable para entender por qué los neandertales “puros” se extinguieron hace unos 30.000 años, si bien quedaron algunos reductos locales que pervivieron hasta finales de la última Edad de Hielo.

Esqueleto y figuración de neandertal
Ahora bien, para ser exactos, deberíamos decir que no hubo tal extinción: nosotros somos neandertales. La realidad, reconocida por los propios científicos, es que gran parte de la población europea es de origen neandertal; eso sí, en un porcentaje genético muy reducido frente a la mayor aportación de los sapiens. En suma, mientras aún se siguen lanzando múltiples teorías competitivas para explicar cómo los sapiens “eliminaron” completamente a sus rivales neandertales, es bien posible que la historia fuera muy distinta y se fundamentase en la unión, la cooperación y el mestizaje, en vez de la lucha despiadada por los recursos, que siempre me ha parecido un argumento muy flojo en un continente prácticamente despoblado de humanos.

Para finalizar, debo admitir que al menos una afirmación de Svante Pääbo en este asunto me ha parecido muy honesta y bien encaminada, al aceptar la difícil lógica exacta que permite identificar o separar especies, tanto en los humanos como en otros seres vivos:

“Es una discusión académica estéril hablar de si los neandertales y los humanos modernos o los denisovanos son especies separadas o no. Para el experto esta cuestión no tendría sentido puesto que no existe una definición universal de especie.”

Dicho todo esto, y enlazando con la primera cuestión tratada en este artículo, reconozco no tener explicaciones para esa diversidad anatómica en los humanos desde los distantes tiempos del H. habilis (si es que realmente fue “Homo”, lo que no veo muy claro) y sobre todo para la disparidad en el volumen craneal –y en consecuencia de tamaño del cerebro– que va desde los 600 cm.3 del habilis hasta los 1.500 del neandertal, quedando nosotros alrededor de los 1.400 cm.3  Puesto que no creo en el caos y el azar, pienso que debió existir algún diseño inteligente de por medio, pero su origen último y su forma de actuación se me escapan completamente.

© Xavier Bartlett 2018

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Fuente: https://phys.org/news/2018-08-genetic-error-humans-evolve-bigger.html
[2] Fuente: https://www.nature.com/articles/s41586-018-0455-x
[3] En este blog ya comenté la teoría de la antropóloga Susan Martínez sobre la hibridación de los homínidos como contrapunto a la diversidad explicada por evolución. También hay autores alternativos como Michael Cremo que defienden que el hombre anatómicamente moderno y otros homínidos más “primitivos” convivieron desde tiempo extraordinariamente remotos.

9 comentarios:

Unknown dijo...

Buenas tardes,
Le felicito por su curiosidad intelectual sobre estos asuntos y
me felicito por haber descubierto su blog.

Solo me preocupa su obsesión por guiarnos hacia eso
q se denomina "diseño inteligente" y sus, a veces,
peyorativos comentarios sobre las corrientes científicas
ortodoxas.

Seguiré visitando su blog con avidez.

Saludes
Jorge

Xavier Bartlett dijo...

Gracias por su comentario Jorge

No tengo obsesión por guiar hacia nada, pero usted comprenderá que este blog trata de exponer la arqueología alternativa y darle el crédito que merece, y de hecho la suelo criticar cuando así lo veo oportuno. Pero también tengo el derecho a criticar al mundo académico, del cual procedo, porque tengo conocimiento de causa y mi propio pensamiento científico. Todo es discutible y opinable, excepto para algunos. No sé si usted conoce la obra de Richard Dawkins y cómo trata él a los que no se ajustan a la ortodoxia evolucionista, incluidos los proponentes del diseño inteligente. A veces mantiene un tono muy bajo para ser un sabio tan distinguido. (Lea el artículo de este blog sobre "inquisición en la arqueología".)

En todo caso, creo es bueno sacudir el árbol a veces y mostrar que la ciencia ortodoxa peca a menudo de los mismos defectos que aprecia en los "herejes", y en eso estoy. Por cierto, hay profesionales y académicos tan reputados como el profesor Sandín que son especialmente duros con la ortodoxia por criterios estrictamente científicos y de pensamiento. La ciencia no sólo se puede equivocar, sino que además no es neutral ni nunca lo ha sido (en la práctica), y puede introducir sesgos que tergiversan la teoría y el método científico aceptados.

Saludos.

Anónimo dijo...


Aunque siempre me ha interesado la arqueología (oficial y alternativa), mi oficio es la albañilería.

Tal vez debido a que no soy arqueólogo , veo las cosas de otra manera.

En todas las disciplinas , las discusiones y debates suelen ser siempre "en bucle". No son capaces de ver ni argumentar fuera de lo aceptado como establecido aunque la realidad esté delante de ellos.

Si los humanos tenemos 23 pares de cromosomas y los simios 24 , ¿Por qué no se realizan análisis genéticos a los restos para poder determinar si son de simio o de humano?

¿Por qué todos los argumentos acerca de la "humanización" de los simios giran en torno a la capacidad craneana o a si eran bípedos o no?

Qué facil es seguir usando el término "homínido" y aplicárselo a cualquier hueso de simio encontrado para poder seguir recibiendo becas a la investigación.

La verdad es que pienso que si definieran genéticamente los restos , se verían en la tesitura de tener que explicar cómo narices una especie pierde dos pares de cromosomas y sigue siendo funcional.
Eso sin tener en cuenta que los tendría que perder un un número bastante amplio de población en el mismo lugar y al mismo tiempo para que se pudiesen reproducir sin degeneración genética debido a la consanguinidad.

Si se pueden buscar cadenas genéticas para demostrar hibridación , mil veces más facil (supongo que sería) contar cuántos pares de cromosomas tiene.

Por otra parte , aunque parezca no estar claro el término especie (lo que me parece increible), me parecería muy razonable entender como de la misma especie a dos individuos que se pueden aparear y tener descendencia sin fallos genéticos.

Si yo viniese de otro planeta a la Tierra y viese a la actriz Charlize Theron al lado de un indígena de la Puna peruana sería muy facil para mí pensar que son dos especies distintas , pero un simple recuento de cromosomas dejaría claro que son distintas razas pero de la misma especie.

Es curioso como en pleno siglo XXI se le siguen dando vueltas a los cm3 de cerebro ; al bipedestrismo y usando términos sin un significado científico (como homínido).

Desde mi ignorancia pienso que el género "homo" debería definirse por la genética , no por un simple parecido.

Gracias por tus blogs Xavier.

Xavier Bartlett dijo...

Amigo anónimo,

Gracias por tu comentario y por seguir mis blogs. Comparto las opiniones vertidas, en especial sobre esa obsesión de "separar" y de fijarse en el tema de la capacidad craneal. De hecho, cuando me metí a estudiar las razones de por qué se calificaba a ciertos fósiles como humanos (Homo), vi que el criterio del tamaño del cráneo era determinante, y en este sentido los científicos todavía están digeriendo la bofetada que les supuso el Homo floresensis. Ahora con la genética como obsesión metodológica están viendo que las coincidencias y las conexiones entre "especies" son cada vez mayores. Pues claro, ¿qué esperaban? (Pero no saben explicar aún de forma solvente el origen de la diferencia que citas sobre los cromosomas...)

Saludos,
X.

Piedra dijo...

Según algunas "creencias heterodoxas", esa evolución humana no hay que buscarla en el plano físico, sino al contrario, la máquina biológica que contiene al humano ha ido siendo mejorada para adaptarse a lo que debía contener. El cuerpo humano solo es una máquina-herramienta y se diseña de acuerdo a las necesidades de su usuario. Ale, herejía al canto. ;)

Un saludo.

Xavier Bartlett dijo...

Pues sí, es una gran herejía lo que mencionas, sobre todo porque te vas a terrenos que van más allá del plano físico, lo cual es impensable para la ciencia actual. ¡A la hoguera!

Saludos,
X.

Alarico dijo...

Cuanto mas se evidencia la inviabilidad del Darwinismo,mas conjeturas aportan sus acolitos,a lo cual le atribuyo 2 causas diferentes e incompatibles,o bien sus defensores,buscan fama,reconocimiento,subvenciones o un despacho oficial o por el contrario,no buscan nada de esto,pero entonces su nivel de conocimiento,no se corresponde con la actividad que desarrollan,una de estas dos versiones es falsa y no quedan muchas alternativas mas a su manera de proceder.
Yo no creo en el Darwinismo por que si,por sistema,por rechazo total a sus postulados,no,no creo simplemente por que no aportan ni una sola prueba demostrable y verificable,todo su castillo ideologico se basa en suposiciones que no aguantan la consistencia de preguntas serias y transcendentales.
Por otro lado si yo deseo tener conocimiento sobre una materia tan difusa e inconcreta como lo es el origen de Hombre y sus etapas de desarrollo y adaptacion,no me basta con lo que me diga la antropologia,la arqueologia o la historia,tendre que buscar informacion en otros campos como por ejemplo,la microbiologia,que si tiene mucho que decir sobre la vida y su desarrollo,la astrofisica,que si tiene mucho que decir sobre el origen del Universo y la materia,la fisica moderna o fisica cuantica,que si tiene mucho que decir sobre el funcionamiento de la materia,la inteligencia y la conciencia,etc. etc. y si las respuestas que obtengo son incompatibles con el evolucionismo,entonces el Darwinismo o es falso o esta incompleto.
Para tomar en serio el Darwinismo,es necesario contestar y demostrar los siguientes enigmas:
1º ¿ Como,cuando y donde surge la vida en la Tierra de la materia inerte ?
2º ¿ Como aparece la informacion biologica?
3º ¿ Como una mutacion genetica,generan cambios que afecten positivamente a quienes los sufren y a su descendencia,para surgir una especie totalmente diferente de la original?
4º ¿ Como aparece la inteligencia? ¿y la capacidad de hablar y expresar ideas?
¿ y la postura erguida,con el cambio esqueletico radical que conlleva?,y asi pregunta tras pregunta que no obtienen respuestas claras y concisas al desarrollo humano y por si fuera poco,corrijame ud. si me equivoco,creo que los restos fosiles humanos y completos de una cierta antiguedad,son mas bien escasos,por no decir ridiculamente pocos,como para extraer conclusiones,que muy bien pueden resultar incorrectas.
A todo esto y variando un poco la especialidad,a principios del siglo 20,aparece un sr. llamado Planck,que se le da por observar por que los cuerpos cambian de color al calentarse y la lia parda,nace la fisica cuantica,se comienza a hablar de dualidad de la materia,del principio de incertidumbre,de transmision instantanea de informacion,la importancia del observador sobre lo observado,etc. etc. y todos estos postulados son demostrados empiricamente,una vez tras otra,por experimentacion.
Y ahora volvemos al ser humano y su desarrolo,todo lo que creiamos saber,todo lo que podiamos suponer,todo lo que pensamos como viable,se viene abajo como un castillo de naipes.
No,no tenemos certeza de nada,ni la paleontologia,ni la biologia,ni ninguna rama cientifica,pueden responder con total seguridad y certeza,a las preguntas mas transcendentales,la ciencia llega a un punto en la que no puede ir mas alla,que le vamos a hacer, pero es asi.
Por lo tanto,las explicaciones que dan los evolucionistas sobre la naturaleza humana,son las mismas respuestas que se dan cuando se pregunta ¿como se fabrica un automovil? y se contesta explicando el precio de la gasolina,incluso entre paleontologos de la misma corrienta ideologica,se llegan a contradecir en sus postulados y como la respuesta anterior,no podemos considerar esto como error,mas bien pertenece a lo absurdo.
Disculpe si me extendi en explicaciones,esto da para horas de debate,lo siento.
Un saludo.

Cobalt UDK dijo...

Yo aquí veo dos posturas enfrentadas que no tendrían por qué serlo, pues pueden complementarse.

Sí creo que la teoría de la evolución puede ser cierta, tomada como una adaptación lenta al medio. Lo vemos en el mundo animal, vemos animales de la misma especie adaptados al clima, con diferentes pelajes, etc. Creo que fue aquí donde comenté que el delfín hace millones de años era un animal terrestre, que se internaba en el agua para pescar y poco a poco fue tomando la forma actual. Podemos ver hoy otras especies siguiendo ese proceso, como la nutria, o más avanzadas en esa transformación, como las focas.

Ahora bien, esa teoría no está reñida con la del diseño inteligente. La adaptación del ser humano es extraordinaria comparada con la de las demás especies, y perfectamente pudo haber una intervención "extra" ahí que nos hizo despegar. Creo que las dos terías no chocan y que pueden complementarse perfectamente.

Por la parte de la ciencia "oficial", debería ser un poco más honesta y reconocer que hay muchos flecos sueltos, muchas cosas para las que no tienen explicación.
Pero en lugar de eso se inventan teorías que rozan la magufería, y que luego convierten en verdad absoluta e indiscutible.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias por los comentarios:

A Alarico: comparto básicamente las ideas expuestas y las tremendas carencias d ela ciencia darwinista, que para mí trata de ir a un terreno "mecanicista" para no complicarse las cosas, pero incluso ahí falla miserablemente al no poder aportar pruebas científicas válidas mediante experimentación. En efecto, es un castillo ideológico igual de infumable que las antiguas mitologías creacionistas (o sea, en el fondo, es otra religión que no se puede discutir...)

A Cobalt: sí, es posible que la diversiad y adaptación biológica se deban a diseños que pueden progresar ("evolucionar") por alguna razón, pero no veo nada claro que tal razón sea la selección natural, y menos aún por mutaciones genéticas aleatorias. De hecho, como teoría es pasable, pero hay que demostrarla. Yo creo más bien en el papel de la conciencia, aunque nos sitúe en un plano metafísico, como motor de cambios en el mundo material. Sigo pensando que andamos muy despistados sobre el mundo que nos rodea y más aún cuando queremos apartarnos de la palabra maldita: "creación".

Saludos,
X.