jueves, 30 de marzo de 2017

Ni Von Däniken ni los académicos




Parece que actualmente se van acumulando más y más noticias sobre la posible existencia de vida inteligente fuera de nuestro planeta, avaladas incluso por instituciones tan oficiales como la propia NASA. Y mientras tanto, las viejas teorías sobre hipotéticas visitas extraterrestres en el pasado –lejos de ser olvidadas o marginadas– cobran nueva fuerza a través de los medios de comunicación y de Internet en particular. 

Así, desde fuera del fenómeno, da la impresión de nos quieren hacer creer en los alienígenas sí o sí, demostrando que están ahí fuera y que de hecho han estado con nosotros a lo largo de los milenios. Y a todo esto, el estamento científico oficial sigue instalado en su cómodo paradigma evolucionista y ha ido ignorando o despreciando cualquier asalto por parte de los proponentes de la teoría de los antiguos astronautas.

Podríamos considerar, en efecto, que a la hora de analizar el pasado más distante no puede haber dos posiciones más enfrentadas que la de los defensores de las paleovisitas y la del estamento académico arqueológico, pero... ¿es así realmente? ¿O son dos caras de una misma moneda? ¿O dos tendencias que se retroalimentan eficazmente la una a la otra? Propongo ahora una breve reflexión sobre este dilema en arqueología, que tiende a simplificar los debates y a escurrir el bulto de las verdaderas incógnitas sobre la historia más remota de la Humanidad.

E. Von Däniken
Por un lado, tenemos la citada teoría de los antiguos astronautas que fue popularizada por el investigador suizo Erich Von Däniken, que si bien no la ideó, sí le dio el empaque y la difusión necesaria para calar ente amplias capas sociales. La propuesta de Von Däniken partía, de hecho, de las observaciones realizadas por los autores del llamado realismo fantástico, que pusieron de manifiesto que el pasado estaba lleno de misterios e incongruencias que no tenían una explicación lógica, y que de algún modo la presencia de unos supuestos dioses que “civilizaron” (o incluso crearon) al ser humano era la que podía explicar tales incongruencias. Y como en aquella época la carrera espacial estaba en pleno auge y la ufología se instalaba como ciencia que trataba de relacionar los extraños fenómenos celestes con seres de otros planetas, no es de extrañar que Von Däniken llegase a una conclusión evidente: los dioses fueron en realidad astronautas venidos en sus naves de lejanos planetas. Así pues, todas las maravillas arquitectónicas o técnicas que no parecían encajar en un mundo antiguo y primitivo, debían ser –por fuerza– obra de unos seres avanzados no humanos.

Y detrás de este modelo de pensamiento, vemos que Von Däniken asume que el escenario histórico propuesto por el mundo académico es básicamente correcto, al aceptar que el ser humano de la Prehistoria –e incluso de las primeras civilizaciones–estaba en un estadio muy primitivo de conocimiento y que sus habilidades, medios y recursos para emprender según qué gestas eran simplemente insuficientes. Así pues, no se podía esperar gran cosa de los humanos de la Edad de Piedra, y en consecuencia se debería deducir que para llevar a cabo determinados logros necesitasen la ayuda o colaboración de unos seres humanoides mucho más avanzados, que lógicamente eran los alienígenas. Por lo tanto, las grandes pirámides, los enormes monumentos megalíticos, la ciudad de Tiwanaku o la de Teotihuacán, los artefactos como la pila de Bagdad, las bombillas de Dendera o el mecanismo de Antikythera, etc. serían el resultado de una intervención extraterrestre.

Naturalmente, si ahora nos vamos al ámbito académico de la arqueología, nos encontramos con una férrea oposición a la posibilidad de las visitas extraterrestres. Desde su visión darwinista, los académicos plantean una evolución biológica y cultural de la Humanidad, pasando a través de los siglos de lo más primitivo a lo más avanzado. No obstante, el escenario de Von Däniken podría suponer un dolor de cabeza para estas explicaciones evolutivas pues no pueden negar que hay unos restos, unos objetos y unos conocimientos muy notables en un contexto aparentemente demasiado antiguo. ¿Cómo solucionan pues este dilema?

La gigantesca Piedra del Sur (Baalbek)
La interpretación tradicional frente a las proclamas altisonantes de Von Däniken ha sido precisamente rebajar sus expectativas y diluir los supuestos misterios. Así, al hablar de conocimientos astronómicos, tallado y transporte de grandes bloques y otros asuntos polémicos, la ortodoxia afirma que no hay para tanto y que todo estaba al alcance de las antiguas culturas humanas de hace miles de años. Por tanto, consideran –por ejemplo–que el asunto del trabajo de la piedra no era especialmente complicado aunque sí muy lento y laborioso, pero que podía hacerse con herramientas simples, y mucha habilidad y esfuerzo. Todo ello se plasmaba en edificaciones propias de la época como templos, tumbas, pirámides, etc., que encajan perfectamente en el marco cronológico de hace unos pocos miles de años.

Otra cosa, desde luego, es que podamos ponerle muchos peros a tales interpretaciones, pues muchas veces los argumentos esgrimidos se salen por la tangente, acudiendo a axiomas mantenidos durante décadas o a simples suposiciones y conjeturas. Y ello por no citar los proyectos de arqueología experimental, que a veces ofrecen resultados inciertos o fracasan estrepitosamente. Esto no implica, claro está, que los antiguos no pudieran realizan obras enormes o alcanzar logros sobresalientes con los medios y metodologías que teóricamente estaban a su disposición, pero hay ciertos límites que no pueden ser sobrepasados. El problema es que la ortodoxia mete todo en el mismo saco y se desentiende de lo que no puede explicar de una manera convincente.

Civilización: ¿con o sin alienígenas?
En cualquier caso, si comparamos ambas visiones, vemos que ambas comparten un mismo sustrato conceptual, un evolucionismo rígido que pone al hombre del pasado remoto en un estadio de barbarie e ignorancia que fue progresivamente superado gracias al fenómeno de la civilización. La clave está en que los académicos ven la civilización como un proceso “natural” derivado de la evolución cultural de la Edad de Piedra[1], mientras que Von Däniken y todos sus seguidores (muy en especial Sitchin) no creen en el salto evolutivo espontáneo sino en la intervención directa de unos seres extraterrestres que crearon y tutelaron al ser humano en sus primeras fases de desarrollo.

Lo cierto es que, a día de hoy, no hay pruebas fehacientes e irrefutables de esas visitas alienígenas pese a los miles de libros y documentales que se han realizado al respecto. Personalmente, desde la discrepancia, creo que la labor de Erich Von Däniken merece un respeto y un reconocimiento porque durante décadas ha estado investigando numerosos temas espinosos y ha realizado cientos de preguntas incómodas al estamento académico desde su posición de investigador dominguero (tal como él mismo se definió). Sin embargo, su falta de erudición y su obstinada fijación en una tesis intocable le hizo cometer muchísimos errores y deslices, por no mencionar algunos intentos de manipulación y fraude y la siempre presente sombra del negocio literario por encima de cualquier consideración científica.

Ahora bien, para ser sinceros y justos, tampoco podemos negar al 100% que existan civilizaciones extraterrestres en lejanos planetas o que las famosas paleovisitas no hubieran tenido lugar. Este es el clásico problema de intentar demostrar que algo no existe, lo cual es absurdo, y de hecho no es el objetivo de la ciencia. Así pues, la teoría de los antiguos astronautas merece una consideración dentro del ámbito científico pero no deja de ser simplemente un escenario posibilista que algunos nos quieren vender como realidades irrefutables a partir de unas supuestas pruebas basadas en el paradigma que ya hemos comentado: “si es demasiado avanzado, debe venir de otro planeta”.

El dios Quetzalcoatl
A su vez, el mundo académico no ve nada de extraño en los logros del pasado y acusa a los paleoastronáuticos de menospreciar la grandeza de las antiguas civilizaciones. Y por supuesto, cualquier mención a dioses, semidioses, héroes, Edades de Oro, etc. es enviada al cómodo cajón de sastre de las mitologías, las creencias y la superstición propia de los antiguos. En cualquier caso, consideran que el ser humano nunca ha estado tan avanzado en conocimientos y tecnología como en el momento actual, siguiendo la ortodoxia evolucionista, y por tanto no se puede admitir que en algún momento nuestros antepasados estuviesen situados en un estadio superior de desarrollo.

De este modo, el mundo académico se siente muy cómodo al tener como oponente principal a esos lunáticos que hablan abiertamente de extraterrestres, tecnologías fantásticas y platillos volantes porque les resulta muy fácil ridiculizarlos o ignorarlos, como ya hizo en su día Carl Sagan, auténtico estandarte de la ciencia moderna frente a los creyentes en las pseudociencias. Basta citar, por ejemplo, esta declaración inequívoca de Sagan para ver por dónde van los tiros:
“El interés mostrado por los ovnis y los astronautas antiguos parece derivar, al menos en parte, de necesidades religiosas insatisfechas. Pon lo general, los extraterrestres son descritos como seres sabios, poderosos, llenos de bondad, con aspecto humano y frecuentemente arropados con largas túnicas blancas. Son, pues, muy parecidos a dioses o ángeles que, más que del cielo, vienen de otros planetas, y en lugar de alas usan vehículos espaciales. El barniz pseudocientífico de la descripción es muy escaso, pero sus antecedentes teológicos son obvios. En la mayoría de los casos los supuestos astronautas antiguos y tripulantes de ovnis son deidades escasamente disfrazadas y modernizadas, deidades fácilmente reconocibles. Un informe británico reciente sobre el tema llega incluso a señalar que es mayor el número de personas que creen en la existencia de visitantes extraterrestres que en la de Dios.”[2]
Pero no hace falta ser muy avispado para apreciar que esta polaridad centrada en la presencia o no de alienígenas es en realidad un debate distorsionado e incompleto, que trata de poner o quitar a los extraterrestres como recurso para explicar determinadas anomalías arqueológicas. Es evidente que ambos bandos no están demasiado interesados en explorar una vía alternativa que rompe completamente con la concepción evolucionista, y que no es otra que la historia cíclica. Así pues, según este escenario ya expuesto por muchas culturas antiguas en todos los continentes, el tiempo no es lineal sino cíclico... y tampoco son precisos los extraterrestres para explicar según que cosas. De alguna manera, esta línea es la que mantienen –con matices– algunos autores como Graham Hancock o John Anthony West, que creen en la existencia de una Edad de Oro o civilización desaparecida que precedió a las primeras civilizaciones conocidas y a las que transmitió muy tenuemente su legado, ya que se produjo una evidente caída o degeneración.

El "mundo perdido"
Desde este enfoque, los alienígenas no son en absoluto necesarios, porque esos dioses de Von Däniken seríamos nosotros mismos en un estadio superior de conciencia que posibilitaría la realización de esos grandes logros que la ciencia oficial atribuye a las antiguas civilizaciones. Dicho de otro modo, los “superhumanos” de esa remota época vivirían en un entorno de alta tecnología (pero no como la nuestra) y serían capaces de llevar a cabo obras que hoy nos parecen una barbaridad por sus dimensiones y complicaciones técnicas[3]. Y en este escenario podemos especular con la idea de que la Atlántida citada por Platón –y otras realidades similares mencionadas en otras tradiciones antiguas– podría simbolizar esa Edad de Oro, aunque lógicamente los antiguos no podían reconstruir la grandeza y complejidad de ese pasado mítico y tenían que referirse a él en términos comprensibles para ellos mismos.

En consecuencia, esta propuesta de un mundo anónimo desaparecido –pero humano–rompe con la idea de Von Däniken de que ciertas maravillas del pasado se debieron a la irrupción puntual de unos astronautas venidos de Dios sabe dónde. Asimismo, pone de manifiesto que la rígida visión de que no hay ninguna anomalía –según defienden los académicos– no es aceptable, pues tratar de encajar “con calzador” unas realidades que incluso hoy en día superan a nuestro saber más avanzado es un ejercicio de hipocresía y de falta de rigor científico.

Y ahí está el eterno mito de la caída del hombre. La pérdida de su poder, de su mayor nivel de conciencia. Quizá esa sea la clave para poder avanzar en el estudio de la historia más remota y extraer conclusiones. No avanzamos, sino que retrocedemos. Como repetidamente ha dicho Graham Hancock: somos víctimas de una enorme amnesia histórica.

© Xavier Bartlett 2017


[1] Representada básicamente por lo que el arqueólogo Gordon Childe llamó “revolución neolítica”, un cambio radical en las formas de vida, pasando de una mera subsistencia a partir de la caza y recolección a una sociedad compleja y diversificada, basada en la producción y acumulación de alimentos y bienes.
[2] SAGAN, C. El cerebro de Broca. Ed. Grijalbo, 1984.
[3] Esto implica, obviamente, que la arqueología oficial ha interpretado y datado incorrectamente muchos monumentos de la Antigüedad o ha querido pasar por alto ciertas anomalías que resultan mucho más significativas para arquitectos o ingenieros.

6 comentarios:

Cobalt UDK dijo...

Muy de acuerdo con el artículo. Creo que hay muchas evidencias de que en el pasado hubo alguna cultura más avanzada de lo que creemos, que está detrás de tantas historias de "dioses" y reyes, de esos maestros que llegaban y enseñaban a los humanos.

Creo que esa gente eran los cráneos largos, con los de Paracas o Malta, porque están muy representados en la antiguedad como justamente esos dioses y reyes. Sólo hay que fijarse la abundancia de cráneos alargados o sombreros con esa forma, en prácticamente todas las culturas antiguas. También porque hay cierto interes por desacreditarlos con el recurrente argumento de que son cráneos deformados, pero sin explicar por qué tienen un sólo parietal, un 25%, órbitas oculares más grandes, etc... y todas esas cosas que no se consiguen con la deformación artificial. Puede que fuesen sumamente inteligentes, y "pastorearan" a sus primos los sapiens, diciéndoles que venían del cielo y tal y que tenían que adorarles (y obedecerles).

Quizás tras algún truco con pólvora, o con sus barcos. Tal vez volaban en globo, un "carro de fuego" que calentaba el aire dentro de una bolsa hecha con intestinos de animales con aire caliente. Quizás atado a sus barcos, para cartografiar la costa. Para volar en globo sólo se necesitaba eso, y por supuesto tener la idea. La idea la tuvo uno hace 200 ó 300 años. ¿Y si los antiguos la tuvieron también? La tecnología la tenían, madera ligera, pieles de animales, sólo necesitaban el conocimiento de que el aire caliente tiende a elevarse, y la idea. Quizás con sus cerebros más grandes tuvieron la idea algunos miles de años antes que nosotros.

Sobre los antiguos astronautas, llevo tiempo leyendo, incluso estoy trabajando en un videojuego sobre ese tema. Pero es una teoría que no veo solvente, porque ¿dónde se fueron?
Es decir, no creo que planetas como la Tierra sean muy abuntantes en el Universo, ricos en vida, agua, recursos, etc. Nosotros, históricamente, al menos cuando llegamos a una tierra nueva nos asentamos allí. Estos extraterrestres viajaron varios años luz para encontrar un oasis como la Tierra, ¿y luego se van?

Suponiendo, como dicen las religiones, que los dioses nos crearon a su imagen y semejanza, es razonable pensar que eran organismos que estarían adaptados a las condiciones de nuestro planeta, el cual no les resultaría excesivamente inhóspito. Así que ¿por qué se fueron? No los echamos, no hay ningún registro de humanos expulsando a dioses. Sí de guerras entre ellos, pero nuevamente, ¿por qué no se quedaron los vencedores? ¿Dóndé están los restos de su tecnología, vehículos, herramientas, armas? ¿Sólo monumentos de piedra de dudosa utilidad?

Por ello me inclino más por la teoría de la edad de oro de la humanidad.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias Cobalt

Interesante punto de vista. Sobre los cráneos alargados, no sé qué decirte porque es un tema muy oscuro y en el que aún faltan mucho datos. Es posible que se tratase de una élite superhumana; ahora bien, de dónde vinieron, eso ya es otro asunto.

Y desde luego, simepre está la pregunta de quiénes eran esos dioses, si es que los antiguos no se los inventaron. En todo caso, aquí vemos una dualidad, dos poblaciones: una primitiva y otra avanzada. Si los avanzados fueron los restos de la Edad de Oro, es pura especulación.

Como dice Guillermo Serra, serían tal vez los pocos que salvaron su nivel de conciencia de un "Diluvio" que llevó a la humanidad a un estadio inferior. O sea, no sólo salvaron sus vidas, sino también su sapiencia y capacidades, que luego fueron retomadas en un grado muy inferior por las civilizaciones conocidas.

Saludos,
X.

Cobalt UDK dijo...

¿De dónde vinieron? De una línea evolutiva desde antepasados comunes. ¿De dónde vinieron el neanderthal, el denisovano, el floresiensis o nosotros, los sapiens?

Todas esas especies coexistieron durante siglos o milenios, y ahora está más que demostrado que nosotros somos "híbridos" que llevamos un pequeño porcentaje de ADN neanderthal y denisovano en el caso de los asiáticos. Y la ciencia "oficial" no tiene ningún problema en aceptarlo.

Parece que cuando las especies son inferiores no hay problema, pero cuando aparece una que pudo ser superior... pues ya no, ¿cómo pudo existir algo mejor que nosotros? Homocentrismo, tal vez.

Cuando se habla de los cráneos largos, hay una especie de censura, echando rápidamente balones fuera con el manido argumento de que son deformaciones artificiales, ignorando lo del único parietal, 25% más de volumen, órbitas oculares, etc.

Y sí, muchos humanos "normales" se deformaban las cabezas, pero ni conseguían aumentar el volumen ni hacían desaparecer por arte de magia la sutura sagital que separa nuestros dos parietales. Eso es "ciencia", según dicen. Y quien diga lo contrario es un magufo, les falta decir...

¿Por qué se oculta? ¿Porque tirando de la cuerda podríamos encontrar que esos "dioses" condujeron a los sapiens como un rebaño de borregos, usando la religión?
¿Qué pasaría si se llegase a la conclusión de que esos "dioses" no lo eran, y que fue una invención para llevarse a la gente al huerto?
¿O porque puede que descendientes de aquellos, los "sangre azul" y otros, quieran mantener oculto ese origen? Yo no lo sé, todo son especulaciones.

Lo increible, y además a la vista de todo el mundo (que a veces es la mejor forma de esconder algo), es que personajes con cráneos largos o sombreros con esa forma están presentes en todas las culturas antiguas, en todas las religiones.

Sería un buen artículo para esta página, recopilar esas coincidencias, Akenatón, sumerios, olmecas, los de Paracas, hindúes, Baal... haz la prueba, busca imágenes y fíjate en sus cabezas, verás que un gran porcentaje son alargadas o llevan tocados con esa forma. ¿Por qué se asocia a los "dioses" con ese tipo de cabezas, y luego se encuentran cráneos con esa forma y se trata de desacreditarlo?

Las culturas antiguas hablan de "dioses" que les enseñaron a construir, a cultivar, etc... y a menudo los representan con cráneos largos. Las piezas van encajando.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias otra vez Cobalt

Bueno, en el artículo sobre cráneos alargados de este blog ya recogí algunas de las cuestiones y datos que planteas, y en efecto la ciencia oficial despacha el tema diciendo que "todos" los casos son deformaciones artificiales o bien alguna patología excepcional esporádica. Pero es obvio que hay algo que no cuadra, como las características que son propias de esa gente y no del resto de humanos. Además, según los análisis de ADN llevados a cabo por Foerster, allí habría una porción genética no relacionada con los sapiens ni con ningún otro homínido.

Otra cosa es que dichos análisis sean fiables o que se hayan interpretado tendenciosamente. Foerster y otros creen que son extraterrestres, al menos parcialmente, pero decir que vienen de otro planeta me parece un ejercicio de mera especulación. Tal vez hay muchas cosas que aún sabemos sobre nuestro mundo y que para darles una salida airosa recurrimos a esos alienígenas, que parecen ser la solución a casi todo, como se ve en los documentales "Ancient aliens".

Saludos,
X.

Cobalt UDK dijo...

Para mí la hipótesis extraterrestre no se sostiene, por lo que dije en un post anterior.

En cambio que esos cráneos largos sean otra especie humana me cuadra mucho más, habida cuenta de que en un pasado remoto el homo sapiens convivió (y se reprodujo) con el neanderthal, el denisovano y el floresiensis. Todos en teoría inferiores, menos evolucionados. En cambio los cráneos largos pudieron ser superiores, al menos intelectualmente, y eso parece dificil de aceptar para algunos estamentos.

Sé que hiciste un artículo sobre los cráneos largos y Akenatón, pero lo que yo te sugería era alguna investigación sobre como esa raza está representada como dioses y reyes en culturas a lo largo de todo el planeta. Por ejemplo:

Baal:
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/d/df/Baal_Ugarit_Louvre_AO17330.jpg/220px-Baal_Ugarit_Louvre_AO17330.jpg

Vishnu:
http://www.destinoindia.com/wp-content/uploads/2015/11/Vishnu.jpg

Olmecas:
https://classconnection.s3.amazonaws.com/702/flashcards/739702/jpg/offering4laventa1362449576088.jpg

Sumerios:
http://static.wixstatic.com/media/4e2f7c_96e7c25e4ecd165ff6d5cb8347d294ff.jpg_srz_385_333_85_22_0.50_1.20_0.00_jpg_srz

Akenatón, Nefertiti e hijas:
http://1.bp.blogspot.com/-169v2LJac9E/UrMhykUfRYI/AAAAAAAAotY/7SciP563i3I/s1600/000.jpg

Culturas de diferentes épocas, en diferentes lugares, todos con cráneos largos o sombreros que sugieren esa forma. Todo eso delante de nuestras narices.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias Cobalt, tomo nota de tus observaciones. Y además, por si fuera poco, como ya mencioné en el artículo, esos cráneos se han relacionado muchas veces con los famosos gigantes... otro asunto que no interesa al estamento oficial.

Saludos