Introducción
Aun en pleno siglo XXI, el mito de la Atlántida sigue
despertando pasiones y preguntas sin respuesta, sobre todo en cuanto a su
supuesta localización. Desde que Ignatius Donnelly, a partir de un exhaustivo
trabajo documental, situara a este mítico continente en medio del Océano
Atlántico, otros muchos autores –con argumentos y pruebas de todo tipo– han
ubicado la Atlántida en diversos lugares del planeta, desde el Mediterráneo hasta
Sudamérica, e incluso en el Lejano Oriente.
| A. Schulten |
Por lo que se refiere a Schulten, su interés por la
Atlántida vino precedido por otra cuestión a caballo entre la arqueología, la
mitología y la historia. Así, cuando en los años 20 estaba realizando un
estudio de la obra Ora Marítima, del autor clásico Avieno[1],
se fijó especialmente en una ciudad o civilización llamada Tartessos[2],
ubicada al sudoeste de la Península Ibérica, en Andalucía occidental. El sabio
alemán quedó atrapado por esta historia y empezó a investigarla a fondo,
llegando a la conclusión de que sería posible hallarla mediante excavaciones
arqueológicas, siguiendo fielmente las descripciones de las fuentes clásicas.
Este fue el gran empeño –casi obsesión– de Adolf Schulten
durante muchos años, y pese a que llevó a cabo numerosas intervenciones en la
zona del actual Parque de Doñana, nunca llegó a descubrir unos restos que
pudieran atribuirse con seguridad a la ciudad de Tartessos; lo más notable que
sacó a la luz fue un conjunto de ruinas que probablemente pertenecieron a un
asentamiento pesquero romano. De todos modos, sus investigaciones –plasmadas en
el libro Tartessos (1924)– pusieron las bases para un estudio metódico
de esta cultura. De hecho, gracias a los trabajos arqueológicos a lo largo del
siglo XX[3],
Tartessos fue rescatada de su limbo casi mítico, ya que se la pudo relacionar
con una cultura material de la Edad del Bronce y Primera Edad del Hierro del
sudoeste peninsular, posiblemente fruto de la unión de una cultura local con
unas claras influencias orientales, en particular, fenicias. En todo caso,
actualmente los expertos consideran que Tartessos sería más bien un territorio
y no una ciudad concreta.
Adolf Schulten y su hipótesis Tartessos = Atlántida
Lo que aquí nos interesa es que Schulten vio enseguida que
bastantes características atribuidas por las antiguas fuentes a Tartessos
venían a coincidir con muchos elementos citados por Platón al respecto de la
Atlántida, lo cual aumentó el afán del arqueólogo alemán por descubrir las
huellas de esta cultura[4].
Para sostener su hipótesis, Schulten propuso más de veinte similitudes, si bien
algunas de ellas son un poco forzadas o incluyen factores altamente
especulativos, hasta el punto de que la mayoría de expertos de su época
juzgaron que había entrado directamente en terrenos fantasiosos. Vamos a
exponer ahora de forma resumida estos paralelismos para que el lector juzgue
por sí mismo[5].
- La Atlántida se situaría más allá de las columnas de Hércules (Gibraltar) y se extendería por lo menos hasta Gades, coincidiendo con la ubicación aproximada de Tartessos.
- La capital de la Atlántida se situaba en una isla formada por un triple anillo de agua; esto es, no estaba directamente en la costa. A su vez, Tartessos estaría en una isla situada en la desembocadura del río Betis (Guadalquivir). En otras palabras, ambas ciudades se situarían en un canal o estuario que las comunicaría con el mar abierto[6]. Las naves más grandes arribarían a la ciudad navegando por dicho estuario, del mismo modo que los barcos actuales remontan el Guadalquivir. Además, la distancia dada desde el principio del estuario hasta la ciudad, unos 50 estadios (poco más de 9 kilómetros) sería sorprendentemente coincidente en ambos casos.
- El foso alrededor de la capital atlante descrito por Platón sería en realidad un río, con su típica desembocadura fluvial, lo que se relaciona con la desembocadura del Guadalquivir. Schulten aporta nuevamente la semejanza de las medidas: el ancho del foso era de un estadio (185 metros) mientras que el ancho medio del río andaluz se calcula en unos 200 metros.
- La descripción de la llanura atlante se parece mucho al territorio atribuido a Tartessos. Schulten recurre aquí a las dimensiones aportadas por Platón y a la descripción de que la llanura “estaba totalmente rodeada de montañas”. Para el arqueólogo alemán, estaba claro que se estaba hablando de una buena parte de la Andalucía occidental, si bien aquí estaba especulando con el espacio ocupado realmente por el imperio tartessio. En su visión, todo cuadraba: “Los 3.000 estadios de la longitud del terreno coinciden respecto a la longitud (Este-Oeste) del imperio tartessio que se extendía desde el Guadiana hasta el Cabo Palos (costa oriental) [...] Los 2.000 estadios de anchura (Norte-Sur) medidos en el centro contando desde el mar, es decir, hacia el interior, coinciden para la latitud del imperio tartesio, midiendo desde el estrecho hacia el norte hasta el Guadiana.” Además, la llanura atlante estaría cruzada por multitud de canales, a la vez conectados por otros canales transversales, lo cual él relaciona con lo que el autor clásico Estrabón dijo acerca del valle del Betis, surcado por una red de canales, que deberían estar ya presentes en los tiempos de Tartessos.
- La gran riqueza de la Atlántida también está reflejada en la riqueza y prosperidad de Tartessos. Según los antiguos relatos, Tartessos era sin duda la ciudad más rica de Occidente, en gran medida gracias a la extracción y comercialización de metales. Así, las fuentes nos hablan de abundancia de plata, oro, hierro, cobre... Todo ello vendría a coincidir con lo que Platón dijo sobre la Atlántida, cuyos mayores recursos serían precisamente los metales. En este sentido, Schulten cree que el metal llamado oricalco, considerado en la Atlántida tan valioso como el oro, sería en realidad el bronce, aleación muy usada en Tartessos. Por otro lado, la Atlántida también tendría otros recursos naturales, como frutos de la tierra, árboles (bosques) y animales. A este respecto, Schulten considera que esto es equiparable con el paisaje y la riqueza natural del valle del Betis, tomando como fuente a Estrabón. En particular, cita los toros sagrados de Poseidón y los compara con los toros del rey tartesio Geronte; todo ello tendría su explicación en el contexto mediterráneo, pues el culto taurino procedería de Creta y se habría extendido a Occidente.
![]() |
| Pieza del tesoro de El Carambolo, atribuido a Tartessos |
- Como secuela de lo anterior, Schulten aprecia que la cultura atlante tiene marcadas influencias del mediterráneo oriental (costumbres, monumentos, arte, objetos, etc.), en particular de Creta, y estas mismas influencias se pueden observar en la cultura tartessia.
- Para Schulten, no hay duda de que el imperio de la Atlántida, de carácter marítimo, se corresponde con el imperio de Tartessos, cuya influencia llegó hasta Asia e incluso hasta Gran Bretaña. Así, Platón decía que la Atlántida traficaba “con otras islas del Océano y desde éstas con el continente de enfrente”[7]. El arqueólogo alemán interpreta que tales islas debían ser las Casitérides, islas estanníferas próximas a Gran Bretaña.
- Según Platón, los atlantes tenían una gran columna de oricalco en la que habían grabado sus antiguas leyes, dictadas por Poseidón. Schulten retoma de nuevo a Estrabón y saca a relucir que los tartessios también tenían antiguas leyes escritas en forma métrica con una antigüedad de 6.000 años.
- La Atlántida estaba regida por reyes, y siempre por el hijo mayor, exactamente igual que en el caso de Tartessos.
- La Atlántida tenía una fortaleza o castillo real, lo que coincidiría con un cierto Arx Gerontis de los tartessios. Se trataría de una fortaleza situada en la desembocadura del Betis, según Avieno.
- La Atlántida se hundió de forma repentina tras un terremoto. Schulten ve aquí el fin fulminante de Tartessos, destruida tras la invasión cartaginesa[8].
En definitiva, Schulten creía que lo que de verdad hizo
Platón fue novelar o maquillar una realidad histórica conocida por los griegos,
tomándose las licencias literarias oportunas pero describiendo con fidelidad lo
que había sido el imperio de Tartessos, en especial en los detalles
geográficos. No obstante, parece claro que Schulten también se tomó sus
licencias y que muchos de sus razonamientos son conjeturas o comparaciones
asentadas en la necesidad de encajar el relato de Platón con la cultura de
Tartessos, escogiendo selectivamente los datos que más o menos cuadran y
desechando todo aquello que no tiene encaje. Lo cierto es que, puestos a buscar
datos anómalos, la extensión completa de la Atlántida sería realmente muy
grande (como el norte de África y el Oriente Medio juntos) y de una antigüedad
más que considerable, pues Platón dice que el fabuloso continente había
desaparecido a causa de un gran cataclismo 9.000 años antes de su era[9],
lo cual nos sitúa en una fecha aproximada de 9.500 a. C. Por tanto, ninguno de
estos dos datos puede casar bien con lo que conocemos de Tartessos.
La aportación de Díaz-Montexano
| Paisaje del Parque de Doñana |
Sea como fuere, los esfuerzos de Schulten por equiparar la
Atlántida con Tartessos no cayeron en saco roto. Así, en los primeros años de
este siglo se ha producido un fuerte revival de esta polémica de la
Atlántida en la Península, nuevamente en relación con Tartessos. Cabe decir que
a nivel mediático se produjo un cierto revuelo en 2007 cuando apareció un tal
Rainer W. Kühne, un joven investigador alemán, con una serie de fotografías
cenitales de la zona de Doñana –más concretamente en la Marisma de los Hinojos–
según las cuales se podrían apreciar estructuras cuadrangulares y circulares
concéntricas, al estilo “atlante”, en línea con el relato platónico. Y a raíz
de estos indicios, en 2009 la National Geographic Society patrocinó una
expedición arqueológica dirigida por el profesor norteamericano Richard Freund,
cuyas labores y conclusiones, reflejadas en un documental (“Finding Atlantis”:
Descubriendo la Atlántida), tendieron más al espectáculo televisivo y al
sensacionalismo que al rigor científico. Pero en realidad, toda esta polémica,
iniciada por Kühne y seguida por Freund, se había basado en observaciones
previas del investigador independiente
hispano-cubano Georgeos Díaz-Montexano, al cual sí vale la pena dedicarle
cierta atención.
Díaz-Montexano[10],
de hecho, lleva muchos años estudiando a fondo el mito de la Atlántida, tema
que ya le interesaba desde la adolescencia. Su investigación, plasmada en
varios libros y artículos, ha combinado la revisión de diversas fuentes
antiguas, el trabajo de campo, el estudio filológico y la observación de
fotografías aéreas y de satélite de la zona de Doñana. Este autor, que se
autodefine como atlantólogo, planteó sus primeras hipótesis a partir de
su propia traducción de los diálogos de Platón Timeo y Critias,
dado que él cree que tales diálogos fueron tergiversados y mal traducidos por
los copistas medievales.
![]() |
| Libro de Georgeos Díaz-Montexano |
Así, afirma que la narración sobre la Atlántida no era
ninguna alegoría, ya que el propio Platón la describe como “historia
verdadera”, vinculada a una realidad geográfica específica. En cuanto a su
naturaleza y localización, Díaz-Montexano considera que no que sería
propiamente un continente sino una isla o territorio insular que estaría
ubicado entre Iberia, el norte de África y las islas Madeira, justo después del
estrecho de Gibraltar (“las columnas de Hércules”). A este respecto, el autor
se basa en la literalidad de la expresión griega pro tou stomatos (“ante
la boca”), que a su juicio ha sido mal interpretada como más allá (de
las columnas de Hércules) cuando pro debe traducirse como “ante”,
“delante” o “frente a”, lo cual indica exactamente que estaba a la
vista, muy cerca de Gibraltar. Por tanto, si se quiere ser fiel a Platón, el
único lugar donde podía estar la Atlántida sería esa porción de territorio
adyacente al estrecho, antes de la conocida ciudad antigua de Gadir o Gades
(Cádiz).
En lo referente al final de la Atlántida, Díaz-Montexano
contempla la posibilidad de que la Atlántida-Tartessos hubiera sido arrasada
por algún tsunami en época antigua. A este respecto, se apoya en ciertos
estudios geológicos que apuntaban a un posible tsunami en aquella región,
acaecido hacia 1.500 a. C., lo cual obligaría a reubicar cronológicamente la
antiquísima fecha ofrecida por Platón, que muchos autores han considerado del
todo equivocada o mal interpretada[11].
En este sentido, y a pesar de un primer escepticismo y rechazo ante esta
propuesta, unos investigadores de la Universidad de Huelva y del CSIC
confirmaron hace pocos años, a partir de unas muestras del subsuelo de las
marismas de Doñana, que podrían haberse producido por lo menos dos tsunamis en
aquella zona, uno en las fechas apuntadas por Díaz-Montexano y otro más tardío,
en el siglo III después de Cristo.
En resumen, Díaz-Montexano, siguiendo fielmente el relato
original de Platón, considera que muchos estudiosos han cometido serios errores
y exageraciones que se han perpetuado hasta la fecha y que han desvirtuado la
descripción real de la Atlántida. Así pues, él remarca los siguientes puntos
“desmitificadores”:
- Que Platón no es la única fuente de la Atlántida. Existen referencias más antiguas y autores que hablan de la Atlántida y que no parecen tener conexión con el filósofo griego[12].
- Que la Atlántida no es una mera fábula o metáfora política de Platón, sino que existió realmente en un contexto histórico antiguo.
- Que la Atlántida no fue una super-civilización muy avanzada con alta tecnología, con cristales como fuente de energía o máquinas volantes.
- Que la Atlántida no era una gran masa continental, sino una isla o península.
- Que la Atlántida no estaba “más allá” de las Columnas de Hércules (se interpreta en pleno Atlántico) sino delante de éstas, esto es, cerca de Gibraltar. Además, no se correspondería al tamaño de Asia y Libia juntas; sería simplemente la isla mayor.
- Que la Atlántida no fue la cuna de la civilización egipcia.
- Que la Atlántida no se hundió completamente a causa de una erupción volcánica[13]. La descripción de los hechos se ajusta más a lo que conocemos por un tsunami.
Con todo, más allá de los trabajos filológicos y los
estudios geológicos, es de destacar una contribución concreta de Díaz-Montexano
al referirse a unos restos arqueológicos tangibles (nada de indicios o
supuestas formas apreciadas a través de fotografía aérea) que podrían asociarse
a la Atlántida. Así, Díaz-Montexano ha apreciado un claro paralelismo entre las
estructuras halladas en el yacimiento de Marroquíes Bajos (Jaén) y la forma de
la acrópolis de los atlantes, según lo descrito por Platón. En efecto, este
yacimiento andaluz –que se ha datado en un horizonte que va desde el
Calcolítico (Edad del Cobre) hasta la Edad de Bronce– presenta una organización
urbana en cinco fosos circulares concéntricos, a través de los cuales se
canalizaban las aguas para ser distribuidas a las viviendas, siendo su núcleo
una isla central o acrópolis, al estilo de la Atlántida. Por otra parte, por
las características de la obra, no parece que tal estructura fuese un ensayo,
sino la reproducción de un patrón ya conocido, quizá aplicado por vez primera
en una ciudad de mayor tamaño, la que sería propiamente la urbe atlante (¿o
Tartessos?).
![]() |
| Inscripción tartésica |
Por supuesto, los críticos han objetado que tal poblado
estaría muy lejos de mar aún en épocas antiguas y que es prácticamente
imposible que fuera afectado por un tsunami. No obstante, Díaz-Montexano cree
que este podría ser el modelo arquitectónico de las ciudades de una rica
civilización occidental de la Edad del Cobre-Bronce, que Platón habría
atribuido a los atlantes, o sea, los habitantes de la región atlántica. Además,
el investigador hispano-cubano alude al descubrimiento de una pieza de
cerámica, hallada en Jaén y datada a finales de la edad del Bronce, en la que
se puede ver pintado el diseño de una ciudad estructurada en círculos
concéntricos con un canal central, lo que reforzaría la semejanza con las
descripciones de Platón. A este respecto, Díaz-Montexano señala que se tiene
constancia de un motivo similar (anillos concéntricos) representado en muchos
objetos de civilizaciones del área mediterránea (minoicos, micénicos, fenicios,
griegos...), pero no con el canal central, lo cual indicaría que la cerámica de
Jaén –y otros hallazgos afines en la Península Ibérica– sería la muestra de la
relación directa entre la Atlántida e Iberia.
Conclusiones
Finalmente, queda en el aire la pregunta: ¿Fue Tartessos la
Atlántida o simplemente un poderoso reino occidental tomado por Platón como
inspiración? Vayamos por partes. Por un lado, tenemos las fuentes históricas
que hablan de Tartessos, que –gracias a varios hallazgos arqueológicos– ha
podido asociarse con cierto grado de certeza a una cultura de la Edad del
Bronce en el sudeste de la Península Ibérica. En realidad, como ya hemos
señalado, los expertos creen que más bien se trataría de un amplio territorio
más que de un enclave específico (una ciudad al estilo de Gades[14]).
Este reino podría haber sido la cultura ibérica más rica y avanzada de su
tiempo, sobre todo por la potente influencia de los colonizadores
mediterráneos, básicamente fenicios, y por sus recursos mineros y naturales.
Ahora bien, no sabemos exactamente cómo desapareció o decayó
esta gran cultura, si bien la mayoría de opiniones apuntan a la conquista
cartaginesa, en el marco de la lucha de las potencias coloniales por el control
del Occidente mediterráneo. Lo que sí parece claro, según las crónicas
históricas, es que este final o decadencia se produjo a inicios de la Edad del
Hierro y no en la época del supuesto tsunami (hacia 1500 a. C.) y muchos menos
9.000 años antes de Platón, si bien aquí volveríamos a tocar la controversia de
la cronología. Además, desde el punto de vista histórico y arqueológico, vemos
que tras la caída de Tartessos se aprecia una cierta continuidad cultural en la
misma región, constatada por la presencia de dos pueblos ibéricos bien conocidos,
los turdetanos y los túrdulos.
![]() |
| Recreación artística de la Atlántida |
Por supuesto, nada de esto tiene valor hasta que no se
realicen las correspondientes excavaciones arqueológicas y se pueda identificar
ante qué tipo de yacimiento estamos (si es que hay tal), sobre todo en términos
culturales y cronológicos, para determinar si esa supuesta ciudad se puede
datar en la época del Calcolítico o Bronce o si es más moderna. Recordemos que
también Schulten estuvo excavando en Doñana durante varios años y no pudo
encontrar nada propiamente tartésico (y por consiguiente, “atlante”, según su
teoría). Por lo tanto, hemos de tomar todas estas noticias con cierta
prudencia, a la espera de que podamos por fin hallar una gran ciudad tartésica
en la zona en cuestión, que a su vez sea asimilable a la Atlántida narrada por
Platón.
Por de pronto, siempre quedará como elemento polémico la
cuestión del tamaño de la Atlántida y del desfase cronológico, que –visto lo
visto– parece ser bastante moldeable, a gusto de las teorías de los autores.
Sin embargo, creo que es razonable considerar una tercera vía, esto es, que ni
la Atlántida fue una mera invención ni que fue una inequívoca realidad geográfica
e histórica, sino una combinación de ambas. Así pues, no resultaría
descabellado pensar que Platón –a fin de ilustrar su alegoría de tipo político–
echara mano de una realidad histórica ya antigua en su época, bien conocida por
los egipcios, griegos y otros pueblos mediterráneos: la existencia de Tartessos,
un opulento y lejano reino atlántico, típico de la Edad del Bronce, que pudo
haber servido de base para construir su narración. Después, habría maquillado o
adaptado los hechos y detalles con las oportunas licencias literarias,
magnificando quizá una exótica cultura ibérica para convertirla en una gran
potencia de un remotísimo pasado.
© Xavier Bartlett 2015
[1] Se trataba
de una descripción del litoral de la Península Ibérica basada en un antiguo
periplo griego del siglo VI a. C.
[2] Según algunos
investigadores, la ciudad llamada Tarshish o Tarsis en la Biblia
también se referiría a Tartessos, pero no habido consenso al respecto, dado que
otros autores la sitúan en regiones orientales o tropicales.
[3] Entre ellos
cabría destacar el hallazgo del tesoro de El Carambolo.
[4] Aquí es de
justicia señalar que la posible presencia de la Atlántida en la Península ya
era una teoría antigua, propuesta desde la Edad Media y mantenida por algunos
autores a lo largo de los siglos a partir de narraciones mitológicas. Con todo,
hay que reconocer que nunca antes de Schulten se había hecho ningún estudio
científico o sistemático sobre tal cuestión.
[5] Fuente:
SCHULTEN, A. “Atlantis”. Revista Ampurias, nº 1. Barcelona, 1939.
[6] Schulten
remarca en este punto que Platón, en vez de ceñirse a la costumbre griega de
construir las ciudades en la costa, describió una situación distinta, lo que da
tintes de mayor realismo.
[7] Algunos
autores han sugerido que ese continente “al otro lado” era en realidad el
continente americano, que ya sería pues conocido en el Mundo Antiguo
[8] Cabe reseñar
que las noticias históricas sobre Tartessos acaban hacia el 500 a. C., con lo
cual la historia de esta ciudad sería relativamente próxima a los tiempos de
Platón.
[9] Para ser
exactos, no lo dice así literalmente, pero sí enmarca esta destrucción en la
guerra entre Atenas y la Atlántida, y por consiguiente éste debería ser el
marco temporal de referencia.
[10]
Véase su sitio web: http://www.GeorgeosDiazMontexano.com
[11] Bastantes
investigadores atribuyen el error a asumir que la cifra dada se refiere a años
solares, cuando en realidad se estaría hablando de meses, lo cual reduciría
considerablemente la antigüedad de los supuestos hechos, hasta situarlos en el
segundo milenio antes de Cristo.
[12] La mayoría
de expertos, empero, insisten en que Platón es la única fuente original y que
todo lo que se escribió después procede de algún modo de su relato. No
obstante, en muchas civilizaciones y épocas se ha mencionado un mito muy
parecido, por no decir idéntico, a la destrucción de la Atlántida.
[13]
Díaz-Montexano descarta totalmente la extendida hipótesis de la erupción de la
isla de Santorini como modelo para Platón. Ni su situación ni su tamaño
concuerdan con el relato platónico, que además sólo habla de un desastre
acuático (el posible tsunami), sin referencia alguna al fuego o erupción
volcánica.
[14] Sin
embargo, algunos investigadores propusieron que la propia Gades fenicia habría
sido la urbe principal de Tartessos.



