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sábado, 11 de mayo de 2019

Nabta Playa: astronomía avanzada en el Egipto predinástico


Por allá en los años 70 del pasado siglo unos arqueólogos descubrieron casualmente varios fragmentos de cerámica y utensilios líticos en un árido e inhóspito lugar del suroeste de Egipto llamado Nabta Playa[1] (en Nubia, a unos 100 km. al oeste de Abu Simbel). Al poco tiempo, al explorar el paisaje circundante, observaron una serie de rocas o piedras dispuestas de forma particular. Al principio sólo se apreciaban las puntas de tales rocas, pero al limpiar y excavar la zona se pudo comprobar que se trataba en muchos casos de antiguos megalitos, llevados allí desde alguna cantera y colocados verticalmente sobre el terreno con un evidente propósito de marcar o delimitar algo.

Dado el interés de los restos identificados, este yacimiento arqueológico fue excavado por un equipo científico internacional denominado CPE (Combined Prehistoric Expedition), liderado por los antropólogos Fred Wendorf y Romuald Schild. Tras varios años de trabajo se pudieron identificar dos tipos principales de estructuras en superficie. Por un lado, monolitos o grandes piedras, la mayoría talladas, situadas sobre el sedimento de un antiguo lago desecado. Por otro, formaciones de rocas que afloraban a la superficie y que estaban relacionadas con los monolitos ya mencionados. Aparte, destacaba una pequeña estructura circular desconectada de las alineaciones de megalitos. En cuanto al sedimento excavado, se hallaron restos de poblamiento y enterramientos rituales de ganado, y se identificaron algunos grabados sobre el lecho de la roca madre. Todos estos hallazgos quedaron bien registrados mediante un detallado plano de la zona y más tarde se dieron coordenadas a los principales megalitos mediante GPS.

Lo cierto es que los científicos no acababan de ver la finalidad de las estructuras alineadas y las respuestas no llegaron hasta 1997, cuando un arqueoastrónomo norteamericano llamado John Malville inspeccionó el enclave y detectó un orden cósmico en las alineaciones de las piedras. Dicho de otro modo, parecía existir una correlación astronómica entre las piedras y el firmamento observable en aquella región del planeta, sobre todo visible en el pequeño círculo de piedras (de apenas unos 4 metros de diámetro), que vendría a ser un calendario solar. Según las investigaciones in situ, este círculo marcaría el solsticio de verano y la posición de las estrellas en los cielos nocturnos, a fin de orientarse en el terreno. Además, dicho círculo contenía seis piedras en su interior, agrupadas en dos hileras de tres, pero no se pudo ofrecer una interpretación satisfactoria sobre su función. Finalmente, se pudieron distinguir hasta seis alineamientos de megalitos principales que –a modo de radios– partían de un mismo centro (marcado por una gran piedra rodeada de otras piedras). Tres de ellos estaban orientados al norte-noreste y los otros tres al este-sureste, pero tampoco aquí se pudo asignar un significado concreto a tal disposición.

Situación de Nabta Playa al sur de Egipto
En cualquier caso, al constatar estos hechos, los investigadores catalogaron Nabta Playa como un complejo ritual o ceremonial de carácter astronómico. En cuanto a la cronología aproximada de este complejo, las dataciones de Carbono-14 fijaron un amplio espectro de ocupación del lugar en el periodo neolítico, entre el 9000 a. C. y el 3500 a. C., justo antes de que despegara la civilización egipcia, con una especial incidencia de dataciones hacia el 6000 a. C. Cabe tener en cuenta que durante la mayor parte de este lapso de tiempo el lugar que ahora ocupa el yacimiento no fue desértico, sino bastante húmedo, con abundantes recursos naturales.

Fue en este punto cuando entró en escena a finales del pasado siglo el astrofísico norteamericano Thomas G. Brophy, que había trabajado para la NASA. Brophy había quedado muy intrigado por un artículo publicado por la revista Nature en 1998 sobre el sentido arqueoastronómico de Nabta Playa y quiso ir más allá. A partir de aquí, emprendió su propia investigación –que incluyó el desarrollo de un software específico de astronomía– y en 2002 publicó sus primeros resultados en el libro The Origin Map (“El mapa del origen”), que dejaron bastante atrás los postulados académicos aceptados hasta la fecha y abrieron las puertas a audaces interpretaciones más propias de la arqueología alternativa. Lo que voy a exponer a continuación es un breve comentario de sus tesis, que Brophy ha ido ampliando hasta la actualidad con la colaboración del famoso autor alternativo anglo-egipcio Robert Bauval, reconocido experto en cuestiones del antiguo Egipto y de arqueoastronomía.

Brophy se centró primeramente en el análisis del “círculo-calendario” y confirmó que se trataba de un eficaz observatorio astronómico bastante fácil de usar. Pero además resultó que –según sus cálculos– tres de las seis piedras del interior del círculo marcaban con precisión las estrellas del cinturón de la constelación de Orión, que estarían justo de encima del observador en el periodo comprendido entre 6400 a. C y 4900 a. C., reflejando así el firmamento, lo cual conectaba directamente con la teoría de la correlación de Orión, formulada unos años antes por Bauval a propósito de las tres grandes pirámides de Guiza. Este hecho no podía ser una coincidencia, y en su opinión mostraría una arcaica tradición común astronómica centrada en la representación de Orión. En cuanto a las otras tres piedras, Brophy determinó que se correspondían con la posición de la cabeza y hombros de esa misma constelación, pero hacia el 16500 a. C., una cronología extraordinariamente remota. 

Siendo todo esto relativamente revolucionario, los alineamientos de megalitos de Nabta Playa todavía depararían más sorpresas a Brophy. El científico estadounidense constató que los alineamientos radiales a partir de un centro marcaban la posición de determinadas estrellas, pero de un modo muy peculiar. Antes de seguir, empero, es preciso realizar una puntualización. Es sabido que desde hace décadas se han estudiado las estructuras megalíticas desde el punto de vista arqueoastronómico y se ha llegado a la conclusión de que en muchos casos la observación del firmamento a través de ciertas piedras y alineaciones remitía a la posición del Sol o de determinadas estrellas en momentos específicos del año. Siendo esto cierto y contrastable, existía el problema de identificar fiablemente la época y las estrellas en cuestión, pues el conocido fenómeno de la precesión[2] hace que las estrellas “se desplacen” por los cielos en un ciclo completo que dura cerca de 26.000 años. De este modo, es obvio que muchas estrellas salen por un mismo punto del horizonte a través de los tiempos y no se pueden identificar a ciencia cierta –con una traslación a una época concreta–  si no existe otra referencia clara.

Megalitos procedentes de Nabta Playa, actualmente expuestos en el Museo de Aswan (Egipto)

Justamente en el caso de Nabta Playa, Thomas Brophy apreció que las estrellas no estaban señaladas con una sola piedra, sino con dos. ¿Qué quería decir esto? En realidad, era un sistema de coordenadas. Una de las piedras marcaba la posición de propia estrella en su orto helíaco en el equinoccio primaveral, esto es, su salida por el horizonte en la fecha del equinoccio de primavera, que sólo tiene lugar una vez cada ciclo precesional. La otra piedra marcaba la posición de la estrella Vega (de la constelación de Lira), que es una de las cinco más brillantes del firmamento y que representaba una referencia estable en el hemisferio norte para los astrónomos de Nabta Playa durante aquel ciclo precesional. De este modo, quedaba despejada cualquier duda sobre la identidad de las estrellas, y Brophy pudo identificar en los megalitos alineados las seis estrellas más brillantes de la constelación de Orión (¡una vez más!) en su posición hacia el 6300 a. C.

Con todo, había otro hecho intrigante. Las piedras estaban colocadas a diferentes distancias con respecto del centro radial. ¿A qué se debía esta circunstancia? A simple vista no se veía una lógica en tal disposición, a menos que hubiera una intencionalidad oculta que justificase esa dispersión sobre el terreno. Brophy estuvo especulando con ese posible patrón de las distancias y entonces fue a dar con una explicación que cuando menos resulta impactante. Según su hipótesis, las distancias de los monolitos con respecto al centro reflejarían las distancias de las respectivas estrellas con respecto a la Tierra. Una vez consultados los estudios astronómicos más modernos sobre este tema[3], Brophy se quedó sorprendido, pues pudo apreciar una correlación o proporción entre las distancias sobre el terreno y las distancias en el espacio. Así, estableció que un metro de terreno vendría a ser aproximadamente 0,799 años-luz, aunque hay que ser muy cauteloso en este campo, pues ni siquiera en la actualidad –con todos los medios tecnológicos– se pueden dar por ajustadas y definitivas las distancias a las estrellas. A todo esto, Brophy afirmó que la posición de los megalitos podía contener otras informaciones como su velocidad relativa o su masa, sin descartar otros aspectos menores, como la posible presencia de estrellas compañeras o sistemas planetarios (en forma de pequeñas piedras al lado de los megalitos).

Pero este panorama, aun siendo bastante desconcertante, no era todo. La última sorpresa de Nabta Playa estaba en su subsuelo. Brophy se fijó en que, tras excavar dos túmulos de piedra, los arqueólogos habían llegado al firme suelo rocoso, que estaba decorado con formas esculpidas sin aparente sentido. Sin embargo, Brophy vio ahí la forma inconfundible de la Vía Láctea vista desde fuera, o sea, desde el polo norte galáctico. En otras palabras, se trataría de una especie de mapa a escala de nuestra galaxia, con sus brazos en espiral, que incluía de forma correcta la posición y orientación del Sol. Y lo que resultaba más chocante: también incluía la presencia de una pequeña galaxia enana (la de Sagitario), que no fue identificada ¡hasta 1994! Además, la posición de las piedras superiores –ya retiradas– marcaría aproximadamente el centro de la galaxia. Y para cerrar este delirante escenario, Thomas Brophy observó que una de las líneas de megalitos apuntaba directamente a ese centro galáctico; concretamente señalaba su orto helíaco primaveral hacia el 17770 a. C. En cuanto al otro túmulo excavado, las formas rocosas halladas se corresponderían con la galaxia de Andrómeda, lo que sería otro “mapa estelar”.

Teoría de la Correlación de Orión, según Bauval
En lo referente a la conexión de Nabta Playa con el antiguo Egipto, tanto Brophy como Bauval ven ahí la herencia o persistencia de unas observaciones y creencias de unas gentes “pre-civilizadas” que procedían del oeste y que se establecieron en tiempos prehistóricos en el actual Egipto, tal y como se defiende en libros como Black Genesis o Imhotep the African. Brophy fue más lejos y afirmó que –según su análisis arqueoastronómico de los “canales” de la Gran Pirámide– el conjunto de las tres grandes pirámides Guiza no fue diseñado y construido para marcar la culminación meridional de la constelación de Orión –lo que Bauval propuso en los 90– sino para reflejar sobre el terreno la culminación septentrional del centro galáctico hacia el 11000 a. C., a modo de un enorme reloj del ciclo precesional en piedra.

En fin, una vez expuestos los datos, confieso que me veo incapaz de valorarlos en justa medida, dado mi escaso conocimiento en temas de astronomía, en los que debo realizar un acto de fe y suponer que la investigación se ha hecho de forma rigurosa y ajustada al método científico. A su vez, las fuentes académicas que he consultado se centran en los trabajos de Wendorf y Malville y prácticamente omiten cualquier referencia a Brophy, y cuando se cita su interpretación sólo es para cuestionarla. No alcanzo pues a sacar alguna conclusión sobre las propuestas de Brophy, aunque entiendo que puede haber un cierto margen de error debido a las propias mediciones y también a los posibles sesgos de querer encontrar “a la fuerza” coincidencias significativas entre un montón de datos disponibles e interpretables, si bien el propio Brophy en algún momento dice que las posibilidades de que las alineaciones de megalitos de Nabta Playa fueran aleatorias estarían alrededor de menos de dos entre un millón, lo que obligaría a pensar en un hecho científico y no en meros caprichos de azar.

El misterio de Sirio
Sea como fuere, todo este asunto me recuerda bastante a la famosa polémica destapada por Robert Temple sobre la astronomía de los Dogon (tribu de Mali), que supuestamente tenían unos increíbles conocimientos astronómicos del sistema de Sirio, y ello sin disponer –obviamente– de ningún telescopio para realizar observaciones. Recordemos que la ciencia oficial, con Carl Sagan a la cabeza, se tiró a degüello de los “herejes” y vio esta historia como un fraude o tergiversación de lo que de verdad sabían los Dogon. Cualquier otra cosa “no podía ser”. En el caso de Nabta Playa también vemos unos altos conocimientos de astronomía materializados sobre el terreno en el periodo neolítico, que deberían atribuirse a unas tribus de pastores supuestamente muy poco civilizadas y que tenían una existencia más bien simple y primitiva. Pero si Brophy tiene razón, ¿cómo explicamos que esas gentes de hace 8.000 años –como poco– tuvieran un conocimiento aproximado de la distancia a las estrellas desde la Tierra? ¿Cómo casa ese paisaje de unas cuantas piedras erosionadas con una intención científica tan desarrollada?

Algo similar podría decirse de muchos monumentos megalíticos en otras partes del mundo –de la misma datación en época neolítica– que muestran no sólo una tremenda labor constructiva (por el tamaño y peso de las piedras) sino también un afinado diseño sobre el terreno enfocado a dos posibles fines: realizar observaciones astronómicas precisas y facilitar un seguimiento de determinados fenómenos cósmicos a lo largo de los tiempos, y todo ello sin descartar la plasmación física del firmamento –en forma de estrellas y constelaciones– sobre la Tierra, de acuerdo a la máxima hermética de “Como es arriba, así es abajo”. De hecho, Robert Bauval está convencido de que el Egipto faraónico (y su posible antecesor prehistórico) siguió dicha pauta de construir un enorme mapa estelar sobre el territorio a partir de determinados monumentos.

En todo caso, esta avanzada astronomía nos empuja a pensar que los antiguos no eran tan primitivos como creíamos y que tenían una obsesión muy marcada por los fenómenos cósmicos y la posición de los astros. ¿De dónde surgió tal interés y tal ciencia? Según algunos arqueólogos alternativos, estas trazas de alto conocimiento astronómico corresponderían en verdad a la herencia de una civilización desaparecida que legó su saber en piedra para que conservase durante los milenios. Algo, por cierto, mucho más inteligente que nuestro modo actual de procesar y conservar el conocimiento. Me imagino un futuro, de aquí a 5.000 años o más, en que nuestra civilización haya desaparecido. No quedará nada –tal vez unas pocas ruinas de hormigón y acero– de lo que fueron los gigantescos radiotelescopios de nuestra moderna ciencia y tecnología. Se habrán perdido los libros y los registros en soporte electrónico. No habrá ningún conocimiento, ninguna pista, ningún rastro de astronomía avanzada. En cambio, podemos suponer, seguirán en pie la Gran Pirámide, el crómlech de Stonehenge y los megalitos de Nabta Playa para quien pueda descifrar sus secretos.

© Xavier Bartlett 2019

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Playa, en el idioma local, significa “lago seco”.
[2] También llamado Gran Año o Año platónico, se refiere al movimiento de bamboleo de la Tierra sobre su eje de rotación, que tiene una duración completa de 25.776 años.
[3] Sobre todo a partir de las mediciones realizadas por el satélite Hipparcos Space Astronomy Satellite.

lunes, 1 de junio de 2015

Entrevista a Robert Bauval



Robert Bauval (Alejandría, 1948) es sin duda uno de los grandes estandartes de la llamada arqueología alternativa y ello le ha llevado a sostener diversas polémicas con el estamento académico, y ello aun siendo un investigador relativamente “moderado” y próximo a algunos planteamientos convencionales. Por ejemplo, cabe reseñar la reciente (y sonada) negativa de Zahi Hawass a debatir con Graham Hancock acerca de la ya famosa Teoría de la Correlación de Orión (TCO), dada la gran animadversión personal que tiene el mediático egiptólogo hacia este ingeniero de origen belga.

De su obra cabe destacar los clásicos El misterio de Orión (1995), donde expuso los fundamentos de la TCO, y Código Egipto (2007), que seguía esta misma línea de patrones astronómicos en el Antiguo Egipto. Con La cámara secreta (2001) Bauval inició la investigación de la relación entre la tradición hermética y su relación con la arquitectura. También ha colaborado con Graham Hancock en diversas obras como Guardián del Génesis (1997) o Talismán (2004). Entre su reciente producción, cabe citar Black Genesis (2011), que se interna en la búsqueda de los orígenes de la civilización egipcia y Breaking The Mirror Of Heaven: The Conspiracy To Suppress The Voice Of Ancient Egypt (2012), que denuncia el maltrato que ha sufrido el antiguo legado egipcio. Su sitio web es: www.robertbauval.co.uk

En este blog ya dediqué un extenso artículo a todo su trabajo, muy especialmente centrado en la TCO, que postula que las tres Grandes Pirámides de Guiza se construyeron siguiendo un patrón astronómico que imitaba sobre la tierra la posición del cinturón de Orión en el firmamento. En fin, de Bauval se puede decir –sin temor a exagerar– que su aportación a la disciplina de la arqueoastronomía ha marcado fuertemente muchos estudios y enfoques arqueológicos de los últimos 20 años. Así pues, a modo de reconocimiento, me he permitido rescatar una interesante entrevista que concedió en 2013 a la revista digital Dogmacero, en la que comentaba diversos temas quizá no tan conocidos para el gran público, y que han sido objeto de sus libros más recientes. [Dada la extensión de la entrevista original, no la ofrezco en su totalidad, sino un amplio extracto.]


“Existió en Egipto una primitiva civilización varios miles de años antes de la era faraónica”


Pregunta: En algunos de sus trabajos, en particular Talismán, con Graham Hancock, usted afirma que existe una antigua tradición hermética que ha pasado desde el Antiguo Egipto hasta nuestros tiempos a través de ciertas sociedades secretas como los templarios o los masones. Esta arquitectura monumental intenta imitar la disposición de algunas constelaciones, reflejando sobre la tierra la posición exacta de las estrellas (“como es arriba, así es abajo”). En su opinión, ¿Cuál es el propósito final de esta arquitectura?

Respuesta: Podemos decir que la tradición hermética, aunque tuvo sus inicios en Alejandría el siglo I a. C., procedía del antiguo Egipto. Sabemos que los egipcios ya diseñaban o alineaban sus monumentos en función de ciertos valores astronómicos y cuerpos celestes, y además –según mis teorías– creaban modelos de constelaciones sobre la tierra, como el caso de la correlación de Orión en Guiza. Lo que Graham Hancock y yo investigamos es la influencia de la tradición hermética en la tradición europea, porque lo que resulta muy obvio es que el simbolismo egipcio aparece en las artes, la arquitectura, el urbanismo, etc. en todo el Renacimiento europeo, como podemos apreciar en ciudades como Roma, llena de símbolos egipcios y obeliscos, o en París, con ciertos monumentos dispuestos sobre ejes o alineaciones de origen hermético, incluyendo un claro paralelismo con el templo de Luxor.

No me cabe duda de que algunas grandes ciudades fueron diseñadas siguiendo una notable influencia de la tradición hermético-egipcia, como también vemos en Washington, planeada según principios masónicos con reminiscencias egipcias, o en Alexandria, con el monumento a George Washington, imitando la isla de Faros. También tenemos la estatua de la Libertad de Nueva York, que representaba a Isis, y cuyo escultor, Bartholdi, era masón; de hecho, era un regalo de las logias masónicas de París a las logias americanas. Y bien, siguiendo el trabajo de Talismán, otros autores han apreciado estas mismas influencias en otras ciudades como Madrid, Milán o Londres. Finalmente nos podemos preguntar: ¿estamos ante una serie de extrañas coincidencias o más bien ante una maniobra calculada?

Pregunta: ¿Y qué habría pues detrás de esta arquitectura de tradición hermética?

Washington D.C.
Respuesta: Bien, lo que intriga a la mayoría de la gente es saber por qué lo hicieron de esa manera. Para ahondar en este punto, hay que entender el sentido del término “talismán”. Es un conocimiento que es difícil de entender pero una vez que se capta la idea general, se pueden entrever las motivaciones que subyacen en esos extraños diseños urbanos. Por ejemplo, tenemos el caso obvio de Washington D.C., que fue diseñada de acuerdo a principios herméticos y masónicos, los cuales representan el núcleo de los rituales masónicos relacionados con el simbolismo egipcio, el simbolismo bíblico salomónico, etc. No obstante, en última instancia, Washington D.C. es realmente un gigantesco templo masónico. Vives literalmente dentro de ese templo, y cuando uno es consciente de su disposición, de las asociaciones de ciertos monumentos con determinadas creencias, de ciertas correlaciones con constelaciones que tienen  un significado astrológico, entonces uno se activa con los monumentos, es como si estuviese integrado en ellos. Es algo similar a estar en una catedral e iniciarse en el culto cristiano; el ambiente del lugar empieza a afectarte por el simbolismo que te rodea.

En suma, un talismán es un objeto que contiene una carga de significado, siempre que el individuo expuesto a ese objeto conozca ese significado. Así, una vez eres consciente de la presencia de los patrones masónicos, intentas averiguar el porqué de un monumento ahí, o del tal forma específica, etc. con lo cual uno se inicia en el culto masónico y la ciudad misma se convierte en algo así como una máquina de iniciación. Si esto es así, es una forma muy inteligente de crear enormes templos capaces de iniciar individuos sin que tengan que pasar necesariamente por un sacerdocio.

Pirámide de Khufu
Pregunta: Cambiando de tema, en el caso de las tres grandes pirámides, las dataciones de radiocarbono obtenidas en los '80 arrojaron curiosos resultados. En primer lugar, mostraron una importante diferencia en datación absoluta, que hacía las pirámides más antiguas en comparación con la datación histórica (una media de 370 años). En segundo lugar, según el resultado de varias muestras, las hiladas superiores eran significativamente más antiguas que las hiladas inferiores, una diferencia de siglos. Y finalmente las muestras arrojaron una amplia dispersión de dataciones entre los tres monumentos, casi un milenio entre la pirámide de Khufu y la de Menkaure, lo que es históricamente imposible. Así, ¿cuál es su opinión sobre la fiabilidad de la datación por radiocarbono, no sólo en el antiguo Egipto, sino en otros yacimientos de todo el mundo?

Respuesta: La opinión general sobre este sistema de datación es que es más bien poco fiable, debido a los problemas relacionados con la contaminación, con el manejo de las muestras, etc. Yo creo que la discrepancia en unos siglos para una época tan antigua es proporcionalmente aceptable, si uno admite que existe un apreciable margen de error en el método del radiocarbono. Esa puede ser una explicación; la otra explicación, refiriéndonos a la gran diferencia de tiempo entre la pirámide de Khufu y la de Menkaure, es que mucho de lo que sabemos sobre la Gran Pirámide es pura especulación. No sabemos cuánto tiempo se empleó para construir estos monumentos, pues no hay sólidas pruebas al respecto, y podría ser que dicho tiempo fuera mucho mayor de lo que se acepta comúnmente. Pudieron haber sido siglos más que una sola generación.

Además, lo que muchas personas tienden a ignorar es que no tenemos textos escritos en estos monumentos. Así, aparte de la datación por radiocarbono, sólo nos queda la datación por medio de la astronomía, como varios autores y yo mismo hemos utilizado. Lo que trasciende de esta investigación astronómica es que surgen dos dataciones: una que concuerda con la Egiptología, alrededor de 2500 a. C., basada en las alineaciones de los canales de la Gran Pirámide, y otra que se sustenta en el emplazamiento de las tres pirámides sobre el terreno que imita la disposición del Cinturón de Orión en una fecha aproximada de 10500 a. C., que también se repite en la posición y alineación de la Esfinge, lo que a mi entender resulta muy difícil de explicar como una coincidencia.

Templo del Valle de Khafre (Guiza)
Nos encontramos pues con un enorme salto de tiempo entre ambas dataciones. Mi visión al respecto es que tal vez hubieron dos momentos de construcción de estos monumentos, coincidiendo con la opinión que tiene mi buen amigo el géologo Robert Schoch. Habría habido una fase que podríamos llamar la era de las pirámides, caracterizada por la construcción con bloques de unas dos toneladas de media –aunque hay bloques de bastante más peso, como en la Cámara del Rey– y otra fase que observamos en los templos mortuorios y templos del valle, en que se usaron bloques de unas 50 toneladas y algunos de hasta 200. Vistas estas diferencias, no encontramos coherente construir los templos con piedras de ese tamaño. Además estos templos parecen ser mucho más antiguos que las pirámides dado el nivel de erosión que presentan, lo que nos situaría en una fase que podríamos calificar de megalítica. Asimismo, tenemos la cámara subterránea de la pirámide de Khufu, excavada en la roca viva y de aspecto inacabado, que también parece ser de esta fase previa, ya que no se asemeja en nada al estilo de las cámaras superiores. Así pues, sumando estas evidencias, el conjunto de Guiza podría ser mucho más antiguo que la 4ª dinastía; el dilema es ¿cuánto más antiguo?

Por otro lado, es conveniente recordar que hay pirámides más antiguas, y por ejemplo en Saqqara vemos que estos primeros monumentos se construyeron con piedras pequeñas, que eran mucho más fáciles de manejar y más aptas para construir templos. Entonces, siguiendo una lógica de ingeniería, si sabían hacer esto en los primeros proyectos de Saqqara, ¿por qué luego iban a construir en Guiza con enormes bloques que incluso hoy no utilizamos nosotros por ser poco manejables? La idea es que los templos de Guiza deben de ser de una época diferente, y más antigua, que el conjunto de Saqqara.

Pregunta: Entonces, ¿cómo explicaría usted estas divergencias?

Respuesta: En mi libro Black Genesis he abordado esta cuestión y he centrado mi atención en el yacimiento prehistórico de Nabta Playa, al sur de Egipto. Según reconoce la propia egiptología, este enclave es mucho más antiguo que el Egipto dinástico, con una datación de al menos 5000-6000 a. C.  si es que no es aún más arcaico. Este yacimiento es muy singular porque contiene los mismos fundamentos que hemos apreciado en la época de las pirámides. Por ejemplo, alineaciones a estrellas (al Cinturón de Orión, Sirio...), elementos relacionados con el culto a Hathor e Isis, conocimientos astronómicos, manejo de grandes bloques, etc. Todo esto miles de años antes de la aparición de los constructores de las pirámides.

Por otra parte, lo que está emergiendo ahora y que será tema de mi próximo libro, Imhotep the African, un trabajo en colaboración con el astrofísico Thomas Brophy, es que en el conjunto de Saqqara, al igual que en Guiza, apreciamos un diseño astronómico que contiene referencias a una fecha mucho más antigua. Pensamos, de hecho, que estas referencias prueban que el diseñador, probablemente Imhotep, conocía el fenómeno que llamamos la precesión de los equinoccios. Con este conocimiento, que también vemos en Guiza y otros lugares, se fijarían ciertas fechas. En otras palabras, los antiguos egipcios usaban una especie de cronología histórica basada en la astronomía.

En nuestra opinión, como también reconoce la egiptología, casi todos, por no decir todos, los antiguos templos egipcios se construyeron sobre edificios anteriores, o sea, tenían fases precedentes mucho más antiguas, según las evidencias arqueológicas. Ahora bien, ¿de qué antigüedad estamos hablando? Las fechas que hemos obtenido –según la datación astronómica que hemos utilizado para este nuevo libro– nos conducen a la época de Nabta Playa, por lo cual parece ser que muchos de estos lugares ya eran sagrados hacia el 6º o 7º milenio a. C. 

Pregunta: ¿Esto podría coincidir con lo que se ha llamado la civilización perdida, que supuestamente precedió a las civilizaciones históricamente reconocidas?

Göbekli Tepe
Respuesta: Más bien vendría a coincidir con otros descubrimientos como el famoso yacimiento de Göbekli Tepe, en Turquía. Parece ser pues, que había mucha actividad en forma de una primitiva civilización varios miles de años antes de la era faraónica. Este es el nuevo horizonte que se nos presenta, al cual mucha gente está prestando gran atención.

En definitiva, y volviendo al asunto de las dataciones en Guiza, mi conclusión es que, en parte, existe esa discrepancia en la datación de radiocarbono, pero que también hay que resaltar que este lugar experimentó una gran evolución a lo largo de muchos siglos, incluso milenios, con diversas fases, al igual que ocurrió en épocas posteriores, como el proyecto del Vaticano, que empezó con una rudimentaria capilla y luego fue creciendo con el paso del tiempo, con sucesivas destrucciones y ampliaciones. Creo que esto lo podemos ver en varios lugares de Egipto y particularmente en Guiza, y no me sorprendería en absoluto que se constatase la presencia humana allí hacia el 11º milenio a. C.

Sé que a los egiptólogos esto les choca y ponen el grito en el cielo, pero lo hemos investigado con ciencias “duras”, como la astronomía y la geología, y las pruebas físicas están por todas partes, los bloques están ahí... Pienso que la persona que sea capaz de explicar convincentemente porqué usaron esos enormes bloques de 50 a 200 toneladas para construir los templos habrá solucionado el misterio, dado que desde cualquier punto de vista, no tiene sentido. Para hallar una salida a esta incógnita hay que abandonar las visiones convencionales y considerar elementos como una datación muy anterior o una fase de civilización previa, como varios colegas y yo mismo estamos haciendo.

Pregunta: De hecho, existen muchas teorías sobre una antigua civilización perdida, que habría existido antes del Diluvio, y uno de los indicios sobre este tema son las similitudes que se dan entre diferentes restos y emplazamientos. ¿Cuál es su opinión?

Respuesta: Como investigador, encuentro este tema muy interesante e intrigante, aunque todavía no he visto ninguna evidencia que pueda demostrarlo vehementemente. No obstante, conjuntamente con mi colega Graham Hancock, creemos que sí que existe evidencia suficiente para creer que pudo existir una civilización previa a la Edad de Hielo, y estoy abierto a esta posibilidad. Existen varios yacimientos que no encajan en ninguna de las fases históricas del Antiguo Egipto, como Nabta Playa, los monumentos de Guiza, etc. Por lo tanto, eso significa que existe una fase perdida a nivel histórico, la cual podría haber tenido lugar en lo que llamamos la fase prehistórica, alrededor de los milenios 11º y 12º, y que ha sido ignorada por  la arqueología oficial. La evidencia esta ahí: Nabta Playa, las dataciones de carbono 14, las alineaciones astronómicas... 

Existe una reconsideración de lo que pueden ser los orígenes de lo que consideramos civilización, pues se ha generado una cierta frontera psicológica entre la fase del Antiguo Egipto histórico y la fase del Antiguo Egipto prehistórico, que los egiptólogos han establecido con un límite temporal alrededor del año 3100 a. C. Todo lo que se encuentra antes de esta fecha queda fuera de la fase del período histórico del Antiguo Egipto. Esta barrera psicológica es un problema, un lugar donde la arqueología se ha encallado. Yo no veo una prehistoria del Antiguo Egipto y una historia del Antiguo Egipto; más bien veo una gran cadena evolutiva, que probablemente empezó alrededor del 15000 a. C. aproximadamente, lo que marcaría el origen de la civilización humana.

Yo estoy convencido de que tal origen tuvo lugar en la zona subsahariana. Se trataría de una cultura antigua que dejó sus huellas en forma de pinturas rupestres, observaciones astronómicas, domesticación de ganado (mucho antes de la domesticación asiática), etc. Todo esto indica que existió una cultura prehistórica –a la cual llamaríamos civilizada o avanzada– en una etapa en que las condiciones climáticas del Sahara eran diferentes; esto es, cuando esta región era fértil y habitable, con lagos, fauna y vegetación.

Lo que yo defiendo, junto con otros investigadores como Thomas Brophy o Robert Schoch, es que un grupo de Sapiens se trasladó hacia el noroeste y se estableció en lo que hoy llamamos Chad, y probablemente estuvo allí durante muchos milenios. Luego, hacia el 4º milenio, cuando el paisaje se empezó a desertizar, se trasladaron hacia el Valle del Nilo, llevando consigo un amplio bagaje en su haber, y con el paso de los años se convirtieron en la civilización faraónica que conocemos hoy.

Por otra parte, en el momento en que este pueblo pasó a ocupar el Valle del Nilo, sabemos que también se produjo la llegada de otras gentes procedentes del este, a los que llamamos “el pueblo de los barcos”, que venían de la zona del Mar Rojo. La mezcla de esta raza negra subsahariana con los pobladores asiáticos dio lugar a lo que podríamos denominar la raza egipcia (antigua) tal y como la concebimos. Esta es la nueva línea que muchos investigadores de vanguardia están proponiendo actualmente. Así, la civilización faraónica no empezaría con la I Dinastía, como creen los egiptólogos, sino en un tiempo más remoto, unos 600-700 siglos antes, y su origen se situaría en el territorio subsahariano.

Pregunta: Aparte de ciertos clásicos –y muy famosos– monumentos faraónicos, como las Grandes Pirámides de Guiza o la Esfinge, tenemos otros enclaves menos reconocidos, pero de rasgos ciertamente peculiares, como el Osireion (Templo de Osiris), en Abydos. ¿Cuál es la importancia de este monumento, y en qué cree usted que se diferencia del resto de monumentos egipcios?

Osireion (Abydos)
Respuesta: No hay duda de que es un monumento muy diferente a los que solemos encontrar en el Antiguo Egipto; no hay que ser un experimentado arquitecto para verlo. Por ejemplo, el Templo de Seti I, justo al lado del Osireion, está repleto de relieves y jeroglíficos, mientras que el Osireion no tiene ni una sola inscripción, y además está construido con bloques gigantescos de granito, muy similares a los utilizados en Guiza, en especial en el Templo del Valle de Khafre. Se ha sugerido en los últimos tiempos que el Osireion podría pertenecer también a la IV dinastía, pero en mi opinión todos estos monumentos serían de una fase anterior a esta dinastía. Sabemos que en la IV Dinastía el uso de los jeroglíficos estaba extendido, como podemos ver en otros monumentos de Guiza (por ejemplo, en mastabas). ¿Por qué entonces estas construcciones carecen de jeroglíficos? Por otro lado, vemos un estilo de edificación con  grandes bloques de granito, que no es de fácil uso para la construcción; no obstante, en el Osireion se emplearon bloques de granito de hasta 50 toneladas.

Además, existe un elemento curioso acerca del Templo del Osireion: el templo de Seti I, que está justo al lado, está mucho más elevado, al nivel del suelo actual. Esto se debe a la acumulación de sedimentos del río Nilo, que produjo una progresiva elevación del terreno. En cambio, el nivel del suelo original del Osireion se presenta varios metros por debajo, como también observamos en yacimientos como Nabta Playa. Por lo tanto estamos hablando de una fase muy anterior en la historia, de milenios o por lo menos siglos. Todas estas cuestiones deben ser abordadas sin el sesgo que los egiptólogos han vertido sobre estas construcciones, fijando una cronología basada en los monumentos cercanos, aun cuando no tienen nada que ver el uno con el otro. Cualquier ingeniero o arquitecto que vaya a este lugar, sin influencia alguna de la Egiptología, y vea estos dos monumentos, concluirá que corresponden a dos tipos de construcción, de ideología y de época muy diferentes.

Pregunta: Luego parece que el faraón Seti I construyó su templo justo al lado de otro templo que ya estaba allí desde hacía mucho tiempo...

Respuesta: Sí, lo que acabaremos por reconocer es que la religión egipcia es mucho más antigua de lo que han mantenido los egiptólogos. No hay ninguna razón, más allá del consenso actual, que impida abrirnos a la idea de que fue otra gente, quizás en una fase antediluviana, la que construyó esos monumentos, y luego vino otra fase, la que sería la época dinástica. Sin embargo, existe mucha resistencia en el ámbito egiptológico a estas nuevas ideas. La egiptología está estancada porque no arrancó con científicos, sino con humanistas. Estos humanistas interpretaron de manera correcta los textos antiguos y los artefactos, pero no supieron aplicar las ciencias que hoy en día utilizamos para estudiar la antigüedad o el método de construcción de estos monumentos.

Por ejemplo, la astronomía no se aplicó hasta hace unos 20 años, y de hecho en el pasado  era objeto de risa, como si fuera astrología, algo no digno de atención. No obstante, hoy en día, el campo de la astronomía ha abierto una percepción diferente a los propios egiptólogos, que la utilizan para descubrir el significado de un templo, a través de elementos como su alineación o su posición. Un ejemplo claro de esto es el Templo de Dendera, que fue construido según principios astronómicos, y cuyos rituales también eran de carácter astronómico; incluso su fundación se basó ritos astronómicos.

Pregunta: En El Misterio de Orión usted le dio gran importancia a los Textos de las Pirámides, como un legado de una religión estelar muy antigua, más antigua que el culto solar. Los académicos creen que estos textos son básicamente una serie de fórmulas rituales y encantamientos, a veces difíciles de entender. De cualquier manera, algunos autores han sugerido que los Textos de las Pirámides esconden un conocimiento astronómico muy preciso, especialmente del ciclo de la precesión. ¿Cuál es su opinión sobre esta interpretación?  

Respuesta: Si tienes cierto conocimiento de astronomía y lees estos Textos, inmediatamente puedes hallar metáforas poéticas de observaciones astronómicas, a veces muy precisas. Así pues, los Textos de las Pirámides serían una especie de manual astronómico escrito según un antiguo culto en lenguaje metafórico.

También queda claro que el conocimiento de la precesión no sólo está presente en Guiza, sino en varios lugares y en periodos anteriores y posteriores, como por ejemplo en Nabta Playa, que muestra indicios de que se seguía el fenómeno del movimiento de las constelaciones a lo largo de extensos periodos de tiempo. Por tanto, parece que ya se conocía la precesión antes de la civilización faraónica, aunque tal vez no pudieran calcularla.  No obstante, tenemos también el templo de Satis en Elefantina, que es en realidad una sucesión de siete templos superpuestos, alineados con la estrella Sirio. Cada uno de ellos tiene diferentes accesos, lo que muestra que la construcción de cada uno se hizo teniendo en cuenta el cambio de posición de Sirio a lo largo de las épocas. Entonces, ¿podían calcular la precesión? Mi colega Thomas Brophy afirma que sí; que si sabían que las estrellas cambiaban de posición, entonces podían calcularla, de la misma manera que lo hizo Hiparco en el Siglo II a. C., por la simple observación a lo largo de los siglos. 

Pregunta: Según los trabajos de algunos autores –por ejemplo, Chris Dunn– existen muchos monumentos y objetos en Egipto que podrían indicar que los antiguos egipcios tenían una tecnología sorprendente, lo cual no encaja con las concepciones académicas sobre las capacidades técnicas de aquellos tiempos (la Edad de Bronce). ¿Cuál es su opinión sobre este tema? ¿Cree usted que tenían una especie de conocimiento especial que se perdió a través de los tiempos?

Sarcófago del Serapeum (Saqqara)
Respuesta: En 1995 invité a Egipto a Christopher Dunn, ahora buen amigo mío, cuando yo estaba realizando un documental con Graham Hancock sobre la Gran Pirámide. Chris Dunn es un técnico que fabrica herramientas para cortar piedras, así que fue muy interesante contar con una persona de tal conocimiento y experiencia para darnos su opinión sobre determinados artefactos. Él estaba especialmente intrigado en dos  cosas. Por un lado, los enormes sarcófagos del Serapeum de Saqqara, hechos de duro granito; de hecho, no sé cómo pudieron cortarlos y vaciarlos para darles forma de caja. Son gigantescos: tienen cinco metros de largo y tres de alto, y están tallados de manera muy precisa. No hay ninguna rascada, ninguna marca, están muy bien pulidos. Por otro lado, se interesó por el piramidión del Museo de El Cairo –también de granito– procedente de Dashur, de un faraón de la Dinastía XIII. Este piramidión está increíblemente bien cortado. Dunn pudo observar que la precisión del corte era casi perfecta, de fracciones de milímetro. Hoy en día no sabemos cómo hacer estos cortes de forma manual. Además, en su reciente libro Lost technologies of Ancient Egypt, Christopher Dunn plantea el interesante caso de las réplicas. Así, se ha comprobado que la precisión de las estatuas es tan grande, que es del todo imposible reproducir estatuas del Antiguo Egipto a mano; esta tarea debe hacerse mediante maquinaria.

Y bien, aún siendo cauto en este tema, empiezo a sospechar que el contexto ofrecido por los egiptólogos no casa con lo que vemos. O el contexto está equivocado o esta cultura poseía una habilidad que nosotros no podemos entender, lo que nos conduce otra vez al asunto de los enormes bloques (cómo los movieron y los elevaron, etc.). Así pues, todas estas cuestiones nos sugieren la existencia de una tecnología perdida. Particularmente, no suscribo ciertas teorías, como la levitación, pero es evidente que existió una tecnología antigua que no comprendemos, y no sólo en el Antiguo Egipto, sino en otros lugares como Malta, Líbano o Perú. En Egipto mismo tenemos un enorme monolito, el llamado  Obelisco Inacabado de Aswan, tallado en la roca viva (granito) con un  peso estimado de unas 1.200 toneladas. ¿Cómo diablos pensaban alzar esta cosa? Esto va más allá de mi entendimiento: hoy en día no hay medio de transporte capaz de mover tal objeto; se tiene que diseñar una plataforma específica para mover esta clase de peso. Tenemos, primero, que tallar tal objeto en la roca viva –que ya es un problema– y luego extraerlo y alzarlo, y finalmente transportarlo hasta el templo y erigirlo. No sé cómo podríamos hacerlo.

Pregunta: En definitiva, la civilización del Antiguo Egipto no deja de asombrarnos...

Respuesta: Sí, en verdad es así. Yo estuve viviendo tres años en un apartamento frente a la Gran Pirámide, y créame, llega un momento en que dejas de mirar estos grandes monumentos, ya que te despiertan tantas preguntas que empiezas a volverte loco. Es como si estos monumentos no pertenecieran aquí, o no debieran estar ahí. Son tan grandes, tan perfectos, tan antiguos y tan desconocidos... Tener ahí un monumento de esta calidad, tamaño, precisión y escala tan abrumadora, que contiene alineaciones astronómicas y constantes matemáticas...  y seguimos sin poder explicarlo. Es un gran enigma que en mi opinión no ha sido bien abordado por los expertos. Considerar que estos monumentos se construyeron como tumbas ha sido un gran error de cálculo. Realmente no responden a la teoría de que fuesen tumbas; más bien se ajustan a la idea de que eran una especie de máquinas metafísicas más que otra cosa. Pienso que ya es hora de mirar estos monumentos bajo otra luz diferente, y esto es lo que estoy tratando de hacer.

© Eduard Pi / Xavier Bartlett 2013