Como continuación del artículo sobre la historicidad del cristianismo (la reseña del libro de Llogari Pujol) publicado en este blog, adjunto ahora la otra cara de la moneda para ofrecer una visión contrastada del debate sobre el supuesto origen pagano del cristianismo y la incierta historicidad de Jesucristo a partir de las fuentes antiguas.
Hoy en día, fuera del ámbito religioso, la tendencia de la mayoría de estudiosos es poner en duda esta historicidad, al tiempo que se insiste en el carácter de creencia reciclada del cristianismo (que sería básicamente una nueva versión del culto solar), en una operación de tipo político-religioso sucedida durante el Imperio romano. Este enfoque, por ejemplo, es el que predominaba en el famoso documental de culto Zeitgeist.
No obstante, las opiniones sobre la historicidad de Jesús y el carácter genuino del credo cristiano tienen sus argumentos basados también en fuentes históricas, independientemente de los aspectos relacionados con la fe. En este sentido, me complace presentar la visión del investigador italiano Yuri Leveratto, que aporta aquí un elaborado discurso sustentado en pruebas -aunque también en opiniones- para defender la historicidad de Jesucristo, asi como para denunciar un cierto sesgo ideológico en la crítica al cristianismo, lo cual ya sería tema para otra controversia. Sea como fuere, y sin compartir necesariamente las afirmaciones de Leveratto, considero que es positivo fomentar un debate abierto y sin prejuicios sobre esta cuestión, a fin de que todo el mundo pueda disponer de elementos diversos para la reflexión.
El Jesucristo histórico
Hoy en día proliferan sitios y videos en la web, y algunos
escritos de dudoso valor histórico que pretenden, descaradamente y con
inusitada presunción, reescribir la historia de Jesús, el personaje fundamental
de la civilización occidental que, además, marcó la historia de la
humanidad más que cualquier otro, dando origen incluso a una nueva era.
En algunos escritos se sostiene incluso la teoría de la
inexistencia histórica de Jesús (la llamada teoría del “mito de Jesús”); en
otros, que el Jesús descrito por los evangelios no existió nunca, sino que, en
cambio, existió un “Jesús exaltado” o un “Jesús zelote”, que tenía por objetivo
la independencia del pueblo hebreo del yugo de los romanos.
Es extraño que los autores de estos escritos, ignorando el
debate histórico sostenido a lo largo de casi dos mil años por miles de
filósofos, pretendan apropiarse de su historia, la mayoría de las veces sin
basarse en estudios serios, como si fuera una nueva verdad, obviamente
irrefutable.
Aparte de eso, no está claro por qué estos presuntos “expertos historiadores”
se interesan en Jesús; si este no existió nunca, o era solo un exaltado o un
zelote, ¿por qué dedican tanto tiempo intentando desacreditar su figura?
Los autores de estos escritos no comprendieron, de hecho, el mensaje de Jesús:
una idea revolucionaria, ciertamente no en el sentido “militar” del término,
sino en sentido interior y espiritual. Un mensaje que indica un cambio de
paradigma, una idea de paz, de respeto por los demás y de amor incluso por
quien se declara tu enemigo.
Según las estrafalarias teorías de los detractores de Jesús, nunca confirmadas
por fuentes históricas, pero impulsadas por un profundo odio anticlerical
(confundiendo, por otro lado, el anti-clericalismo con el mensaje original de
Cristo), los escritores de los Evangelios y los Apóstoles divulgaron un Jesús
que nunca existió con el fin de crear una religión nueva, absorbiendo cultos
preexistentes (ver Horus, explicado más adelante en el artículo), que socavara
las bases mismas del imperio romano.
A los defensores de este extraordinario complot les recuerdo que los apóstoles
murieron todos en el patíbulo (con excepción de Juan), por no renegar de la
Divinidad de Jesucristo, en la cual creían firmemente. Los primeros cristianos,
por ejemplo Esteban, Pablo, Bernabé, Policarpo, Justino, Orígenes, Cipriano,
etc., murieron también en el patíbulo, culpables de no haber renegado de la
Divinidad de Jesucristo.
Si tienes por objetivo un siniestro y torcido complot antiromano, no te haces
matar después de atroces torturas (como las infligidas a Bartolomé, por
ejemplo, que fue desollado vivo), sino que reniegas, salvas tu vida y llevas
adelante tus ideas de otra manera. Pero aquí, normalmente, los detractores de
Jesús y de su mensaje de amor incluso llegan a sostener que el martirio mismo
era utilizado por los primeros cristianos como una forma de lucha contra el
imperio romano, de manera que no comprenden su verdadero significado.
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Manuscritos del Mar Muerto |
Pero vamos por orden, ¿cuáles son las fuentes históricas de
la vida de Jesús? Primero que todo, las cartas de Pablo, datadas por los principales
historiadores bíblicos entre el 50 y el 55 d.C., o sea sólo 20 o 25 años
después de la muerte de Jesús (1). Luego, los Evangelios canónicos. El Evangelio de Marcos es el más antiguo de
los cuatro canónicos y fue escrito, según los más acreditados expertos como
Gerd Theissen, no más allá del 70 d.C. (2). Otros especialistas hacen remontar
el Evangelio de Marcos incluso al 64 d.C., la fecha de la muerte de Pedro en
Roma (3). Según el estudioso O’Callaghan, uno de los fragmentos de los Manuscritos
del Mar Muerto sería parte del Evangelio de Marcos y se remontaría incluso al
50 d.C. (4) Para el Evangelio de Mateo y el Evangelio de Lucas, los
historiadores más acreditados indican una fecha alrededor del 70 d.C. (5) Para
el Evangelio de Juan, por fin, los historiadores más reconocidos indican una
fecha entre el 90 y el 100 d.C. (6) Hay otras cartas católicas, por ejemplo las
de Pedro, que datan alrededor del 64 d.C., y las de Juan, cuya fecha se indica
entre el 90 y el 100 d.C. (8).
Por otro lado, está el Evangelio de Tomás, texto apócrifo,
pero considerado por algunos estudiosos como un texto de referencia que podría
incluso ser usado como fuente para los mismos Evangelios canónicos (9). El
debate de los historiadores sobre la datación del Evangelio de Tomás está
abierto: según algunos, se remontaría al primer siglo (10), mientras que según
otros, habría sido escrito alrededor del 140 d.C. (11)
En total, hay decenas de Evangelios apócrifos y gnósticos, escritos a partir
del segundo siglo d.C. Aunque la mayoría de ellos pueden ser utilizados como
pruebas indirectas de la existencia histórica de Jesús, son considerados textos
tardíos y no fuentes primarias.
Están, de otra parte, las fuentes no cristianas sobre la existencia histórica
de Jesús. También aquí algunos detractores de la figura histórica de Jesús afirman que
aparte de Tito Flavio Josefo, escritor romano de origen hebrea (37-100 d.C.),
no hay fuentes fidedignas.
Una primera, importantísima fuente no cristiana es la de Cornelio Tácito, que
escribe así en sus anales (XV, 44):
“Y así Nerón, para divertir esta voz y descargarse, dio por
culpados de él, y comenzó a castigar con exquisitos géneros de tormentos, a
unos hombres aborrecidos del vulgo por sus excesos, llamados comúnmente
cristianos. El autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio,
había sido justiciado por orden de Poncio Pilato”.
Tácito, por tanto, confirma lo que está escrito en los
Evangelios: Jesucristo vivió bajo el imperio de Tiberio (que gobernó del 14 al
37 d.C.) y le fue impuesta la condena máxima (crucifixión) por Poncio Pilato. También Suetonio (quien vivió del 70 al 126 d.C.), que escribió para la corte
del emperador Adriano, hace referencia a Jesús en las “Vidas de los doce
Césares” (12) cuando escribe:
“Hizo expulsar de Roma a los judíos, que, excitados por un tal Cresto,
provocaban turbulencias”.
Están luego las cartas de Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, al emperador
Trajano, datadas en 112 d.C. En una de estas cartas, Plinio el Joven describe
la comunidad de los cristianos con el fin de solicitar al emperador el modo más
adecuado para proceder legalmente contra quien se profesara cristiano, culpable
de no sacrificar a los paganos. He aquí el pasaje de la carta:
“Ellos afirmaban que toda su culpa o error había consistido en la costumbre de
reunirse un día fijo antes de salir el sol y cantar a coros sucesivos un himno
a Cristo como a un dios, y en comprometerse bajo juramento no ya a perpetuar
cualquier delito, sino a no cometer hurtos, fechorías o adulterios, a no faltar
a nada prometido, ni a negarse, a hacer un préstamo del depósito. Terminados
esos ritos, tienen por costumbre separarse y volverse a reunir para tomar
alimento, por lo demás común e inocente”. (13)
Justamente el pasaje “a Cristo como a un Dios” indica que adoraban a una
persona que realmente existió, como si fuera un Dios (14). Además, este pasaje
nos describe la comunidad de los cristianos, vistos no como peligrosos zelotes
o violentos revolucionarios, sino como pacíficos seguidores del mensaje de un
hombre.
Una atenta lectura del pasaje de Plinio el Joven revela, además, que los
primeros cristianos seguían a la letra las enseñanzas de Jesús: “pronunciaban
el voto solemne” de seguir precisas normas morales y, por tanto, agrega Plinio,
se reunían para tomar alimento de tipo “común e inocente”. Plinio no reconoce
ninguna culpa en estas congregaciones, pero justamente porque tenían tantos
prosélitos podrían demoler no solo los fundamentos del imperio, sino toda la
sociedad, dando inicio a una nueva era para la humanidad. Veremos más adelante
cómo Constantino logró, con su “híbrido”, corromper la iglesia, creando un
culto que le era favorable, desvigorizando el mensaje de Jesús y
transformándolo para sus fines de conquista y de poder.
Pasemos ahora a otra fuente no cristiana sobre la existencia
histórica de Jesús: los escritos de Tito Flavio Josefo, un historiador
judeo-romano nacido en el 37 d.C. En su libro “Antigüedades Judías” describe
varias veces la actividad de Jesús o de sus secuaces. Por ejemplo, en este
pasaje:
“Ananías era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento
propicio. El procurador Festo había fallecido. El sucesor, Albino, todavía no
había tomado posesión. Hizo que el Sanedrín juzgase a Santiago, el hermano de
Jesús, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó
para que fueran apedreados”. (15)
Luego, en este pasaje, llamado Testimonium Flavianum, Tito Flavio Josefo
describe a Jesús en modo más detallado:
“Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio [si es que es correcto
llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para
los hombres que reciben la verdad con gozo], y atrajo hacia Él a muchos judíos
[y a muchos gentiles además. Era el Cristo]. Y cuando Pilatos, frente a la
denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado
a la Cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron [ya que se
les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras
tantas maravillas sobre Él los santos profetas]. La tribu de los cristianos,
llamados así por Él, no ha cesado de crecer hasta este día”. (16)
Incluso si este pasaje fue refutado por algunos detractores de Jesús, varios
expertos lo consideran auténtico (17).
El historiador judío Shlomo Pines descubrió, en los primeros años 70 años del
siglo pasado, la forma original del Testimonium Flavianum, contextualizada
dentro del libro “Historia Universal” de Agapio de Hiérapolis (siglo X):
“En este tiempo existió un hombre de nombre Jesús. Su conducta era buena y era
considerado virtuoso. Muchos judíos y gente de otras naciones se convirtieron
en discípulos suyos. Los convertidos en sus discípulos no lo abandonaron.
Relataron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que
estaba vivo. Según esto fue quizá el mesías de quien los profetas habían
contado maravillas”. (18)
En este caso, Tito Flavio Josefo describe a Jesús como un personaje que
realmente existió y describe a los apóstoles como secuaces de un hombre justo,
sabio y virtuoso. Además, describe la Resurrección, afirmando que sus secuaces
creían en ella y que Jesús era el Mesías.
De todos estos testimonios históricos de escritores romanos o judíos, resulta
muy claro que Jesús fue descrito como “hombre sabio” que fue crucificado bajo
el poder de Poncio Pilatos. Es evidente que los escritores no cristianos no
divulgaron la Divinidad de Cristo justamente porque no siendo cristianos, no
creían en él, pero lo describen como una persona que existió realmente, un
sabio, y afirman que también después de su muerte, sus secuaces ponían en
práctica su mensaje, y bajo amenaza de muerte no renegaban porque su fe era
fortísima. Es evidente que el Jesús bíblico, descrito en el Nuevo Testamento,
coincide con el Jesús histórico, descrito por los historiadores no cristianos.
Permaneciendo en las fuentes no cristianas sobre Jesús desde un punto de vista
histórico, no podemos dejar de citar el Talmud de Babilonia, una colección de
escritos rabínicos judíos compilada a partir del 70 d.C. A continuación, un
pasaje:
“La vigilia de la fiesta de Pascua, Yeshu, el Nazareno, fue colgado. Durante
los cuarenta días posteriores a su ejecución, un pregonero fue anunciando:
“Yeshu, el Nazareno, está a punto de ser apedreado porque ha practicado la
magia, ha seducido y ha descarriado a Israel”. (19).
Este pasaje no solo es una prueba de la existencia misma de Jesús, sino que
explica indirectamente, desde el punto de vista de los judíos que no creyeron
en él, el motivo de su crucifixión (20). De hecho, se sostiene que practicó la
“magia” y que “descarrió a Israel”. De una parte, se confirman los milagros,
considerados como la “magia” de quien no creía; de otra parte, se confirman los
Evangelios, que describen por qué Jesús fue enviado al patíbulo, ya que desde
el punto de vista de los judíos no creyentes, él era un apóstata, o bien, una
persona blasfema que no cree en las sagradas escrituras, sino que las sustituye.
Hay, además, algunas fuentes griegas del segundo siglo, como
por ejemplo la de Luciano de Samosata (120-180) en su obra “Sobre la muerte de
Peregrino”.
“Como sabéis, los cristianos adoran a un hombre de este tiempo, que creó sus
novedosos ritos y que fue por ello crucificado… Su fundador dejó impresa en
ellos la convicción de que todos son hermanos desde el momento en que se
convierten y rechazan a los dioses de Grecia, para adorar en cambio al sabio
crucificado y vivir según sus preceptos”. (21)
Incluso si Luciano no menciona el nombre de Jesús, es obvio que se refiere a
él. Interesante es ver que Luciano cuenta que desde el momento de la
conversión, los cristianos son todos “hermanos”.
Hay, además, otras fuentes no cristianas sobre la existencia histórica de Jesús
(Dion Casio, los escritos del emperador Adriano, Marco Aurelio).
Los detractores de Jesús, entonces, continuaron su ciega obra de descrédito y
de sólito afirman que los Evangelios, sean canónicos, apócrifos o gnósticos,
describen un Jesús que no corresponde al verdadero Jesús, que según ellos fue
un exaltado, un zelote, un líder militar que tenía por objetivo la
independencia de Palestina de los romanos.
Según esta tesis, entonces, los evangelistas actuaron de mala fe, poniéndose de
acuerdo para divulgar un falso Jesús nunca existido, para “fundar una nueva
religión con objetivos ocultos”.
A estas acusaciones banales e infundadas yo respondo de esta manera: hasta que
se pruebe lo contrario, la Historia está hecha por las fuentes, que deberían
ser fidedignas y, sobre todo, estar de acuerdo entre ellas. En este caso, las
fuentes cristianas son numerosas y no están en desacuerdo entre ellas, por lo
que la perversa lógica del complot termina por caer.
En lo que respecta a las fuentes no cristianas: si tuviéramos solo una fuente
no cristiana que nos describiera a Jesús en acuerdo con el Jesús de los
Evangelios, podríamos pensar que esta fuente es de mala fe, o demasiado
filo-cristiana. Pero incluso las fuentes no cristianas que describen a Jesús
como un hombre sabio que luego fue crucificado, en sintonía con los Evangelios,
son numerosas, y hasta cuando no haya fuentes fidedignas opuestas y contrarias,
la hipótesis de Jesús exaltado o zelote es históricamente inaceptable.
Además, si la persona en cuestión hubiera sido un exaltado, no habría tenido
los secuaces que tuvo, y no se habrían escrito las fuentes primarias sobre él.
¿Quién seguiría a un exaltado? Quizás una persona, dos, pero no decenas o
cientos.
Si, en cambio, hubiera sido un zelote o incluso un impostor
zelote, no se explican varios hechos: primero, ¿por qué un historiador como
Tito Flavio Josefo no lo describió como un zelote? Segundo, ¿por qué en el
Talmud Babilónico, en vez de describir a Jesús como un apóstata (visión de los
judíos que no creían en él, que coincide con los evangelios), no fue descrito
como un zelote, o sea como un inspirador o líder militar?
Tercero: la lógica dice que si Jesús hubiera sido un zelote,
sus apóstoles no hubieran divulgado su palabra, difundiendo un mensaje de paz
como en efecto hicieron, sino que habrían divulgado un mensaje de odio y de
respuesta armada al yugo de Roma. Hagamos ahora un salto hasta el 313 d.C.
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Constantino I |
Por lo general, los detractores del Cristianismo sostienen
que Constantino y los Padres de la Iglesia efectuaron un sincretismo con cultos
paganos preexistentes para hacer aceptar a las masas la nueva religión. Todo
eso, en efecto, tiene fundamentos históricos, como también lo manifesté en mi
artículo “La aceptación de la religión cristiana por parte de Constantino I en
el 313 d.C.”.
Es obvio que el emperador utilizó el Cristianismo como un instrumento para
consolidar su reino. Se dio cuenta de que esta nueva religión gustaba a las
masas y, en vez de continuar combatiéndola, la incorporó al Estado,
corrompiendo sus principios fundamentales y desnaturalizando sus valores. Los
cristianos, viéndose aceptados, y luego incluso privilegiados, en realidad se
alejaron de las enseñanzas originales de Jesús y comenzaron incluso a perseguir
a quien criticaba su doctrina.
Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con el mensaje original
de Jesús contenido en el Nuevo Testamento, que es un conjunto de obras escritas
en el siglo I? Ahora bien, quienes denigran a Jesús sostienen que la figura
de Jesús fue voluntariamente (y, por tanto, siguiendo de nuevo la lógica del
complot) creada sobre el modelo de mitos preexistentes, por ejemplo el de
Horus. Pero Horus no tiene nada que ver con Jesús. Veamos por qué: en la
mitología egipcia, Osiris e Isis se casan. Sin embargo, a Osiris lo mata Seth
(su hermano malvado), que lo descuartiza. Isis resucita a Osiris y de su unión
nace Horus, el dios del sol.
Por lo general, los defensores del mito de Jesús comparan a
Isis con María y a Jesús con Horus. Olvidan que si hubo un sincretismo, fue
efectuado justamente a partir del 313 d.C., pero no está presente en los
Evangelios. En efecto, en Juan 1:1-5 está escrito que Jesús es el Verbo,
creador entonces del Universo, y que por tanto también del sol. Mientras que
Horus es el Dios-Sol.
Hay también en algunos escritos una presunta conexión de
Osiris con Jesús, pero Jesús no fue descuartizado; según Juan, de hecho no le
rompieron ningún hueso (Juan 19:36) y no fue María (Isis) quien lo resucitó,
sino que él mismo resucitó porque venció a la muerte, siendo Dios (Lucas 24:6).
Además de todo eso, ¿cómo pueden estos supuestos “expertos
historiadores” comparar un mito egipcio que se remonta al 3100 a.C., del cual
no existen fuentes históricas consultables, con la vida de Jesús, sobre la cual
hay innumerables fuentes históricas?
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Representación de Horus |
En todo caso, los símbolos solares fueron introducidos después del 313 d.C. y
responden, por tanto, a una lógica de asimilación y sincretismo, pero no tienen
nada que ver con el mensaje original del Nuevo Testamento. Según la tradición,
Horus nació la noche del 25 de diciembre, día del Sol en las culturas
tradicionales. Esta fecha, indicada como el nacimiento de Jesús, solo a partir
del siglo III, no está citada en el Nuevo Testamento, y fue oficialmente
añadida en el 336 d.C. (22). Por tanto, también aquí el culto de Horus o del
Sol Invictus es algo accesorio, pero que no tiene nada que ver con el mensaje
original de Jesús contenido en el Nuevo Testamento.
Quienes, en cambio, asocian el mito de Mitra al culto de
Jesús, afirmando que ambos nacieron de una virgen, buscan desacreditar de un
modo especial el Evangelio de Lucas, como si fuera precisamente “una copia de
un culto precedente”. A ellos les recuerdo que, según la mitología, el dios
Mitra no nació de una virgen, sino de una roca, e incluso nació ya adulto (23).
De ahí entonces que la existencia histórica de Jesús y la
invalidez de la teoría del “mito de Jesús” sean hechos ampliamente demostrados
por fuentes históricas consultables, reconocidas por especialistas serios e
imparciales. Otra cosa, naturalmente, es creer en la Divinidad de Jesús. Creer
es un acto personal, íntimo, y obviamente con este artículo no pretendo
evangelizar al lector. El recorrido espiritual del lector o del supuesto
denigrador de Jesús, si existe, es algo personal e interior.
Además, con este artículo quisiera tender una mano a los
difamadores o detractores de Jesús, ciertamente no para convertirlos, insisto,
sino para que se acerquen a esta figura histórica inmensa de manera sumisa,
humilde, buscando entenderla, sin divulgar ácidas sentencias.
Si solo una de estas personas que lee mi artículo
reconsidera sus escritos, reconsidera desde una perspectiva histórica sus
investigaciones y sabe diferenciar entre el mensaje de un hombre llamado Jesús
y las sucesivas imposiciones y dogmas de la Iglesia creada por acción de
Constantino, entonces habré cumplido mi propósito.
(c) Yuri Leveratto 2015
Fuente: www.yurileveratto.com
Bibliografía
(1) Vidal García (2007).
Pablo. De Tarso a Roma
(2) Obras de Gerd_Theissen
(3) Mary Healy,Peter Williamson, The Gospel of Mark
(4) http://www.statveritas.com.ar/Varios/JLoring-01.htm
(5) Dal C. Allison Jr., "Matthew", in Muddiman e Barton, "The
Gospels - The Oxford Bible Commentary", 2010.
(6) The Gospel according to John, The Cambrige Bible Commentary, Cabridge
University Press, 1965.
(7) Wayne A. Grudem, The First Epistle of Peter: an introduction and
commentary, 1999.
(8) Bruno Maggioni, Introduzione all'Opera giovannea, in La Bibbia, Edizioni
San Paolo, 2009
(9) Gerd Theissen e Annette Merz, The Historical Jesus: A Comprehensive Guide
Minneapolis, 1998
(10) Marvin Meyer, Albert Schweitzer and the Image of Jesus in the Gospel of
Thomas
(11) Arland J. Hultgren, The Parables of Jesus: A Commentary, Wm. B. Eerdmans Publishing,
2002, p. 432.
(12) Suetonio (Vida de los doce Césares)
(13) Plinio, Epístolas X, 96
(14) M. Harris, "References to Jesus in Early Classical Authors
(15) Antigüedades Judaicas XX, 200
(16) Antigüedades Judaicas XVIII, 63-64
(17) Estudiosos como Ètienne Nodet y Serge Badet
(18) SHLOMO PINES - AN ARABIC VERSION OF THE TESTIMONIUM FLAVIANUM AND ITS IMPLICATIONS
- THE ISRAEL ACADEMY OF SCIENCES AND HUMANITIES - JERUSALEM 1971.
(19) Talmud Babilonese, trad. di I. Epstein, vol. III, 43a/281; cfr. Sanhedrin
B, 43b
(20) El término "colgado" se refiere a la crucifixión. Por eso en Gálatas
3, 13 se puede leer que Cristo fue "colgado", y en los Hechos 10, 39
que fue "colgado en una cruz", y en Lucas 23, 39 este término es
usado también para los criminales que fueron crucificados con Jesus
(21) Luciano, De morte Peregrini., 11-13, trad. di H.W. Fowler
(22) Joseph F. Kelly: "in 336 the local church at Rome proclaimed December
25 as the dies natalis Christi". El mismo autor precisa que "the document containing the affirmation
of December 25 as the 'dies Natalis Christi' in 336 is called "The
Cronograph of 354" (Cfr. Joseph F. Kelly, "The Origins of
Christmas", p. 64).
(23) Vermaseren, M. J. "The miraculous Birth of Mithras". In
Làszlò Gerevich. Studia Archaeologica. Brill. pp. 93–109. Retrieved 10-04-2011.