jueves, 3 de septiembre de 2015

Los Nagas: ¿el origen del clan de la serpiente de los Hopi?



El pasado año 2014 la revista Dogmacero obtuvo el permiso del autor alternativo norteamericano Gary A. David para publicar la versión en castellano de uno de sus artículos, sobre los llamados “Nagas”. El artículo debía haber aparecido en el n.º 9 de la revista, pero al cerrarse la publicación después de sacar el n.º 8, este material quedó inédito. Aprovecho pues la ocasión para difundir este artículo en mi blog, si bien la versión española ya había aparecido previamente en otro sitio web.

Para quienes no conozcan a este autor, adjunto aquí una breve biografía. Gary A. David es un arqueoastrónomo e investigador independiente norteamericano que ha estudiado las ruinas arqueológicas y el arte rupestre del suroeste de los EE UU durante más de veinticinco años. En el campo académico obtuvo un master en literatura inglesa por la Universidad de Colorado, y fue profesor universitario.

Ha escrito diversos libros sobre los Hopi y otras ancestrales culturas Pueblo de Arizona y Nuevo México: The Orion Zone: Ancient Star Cities of the American Southwest (2007), Eye of the Phoenix: Mysterious Visions and Secrets of the American Southwest (2008), The Kivas of Heaven: Ancient Hopi Starlore (2010) y Star Shrines and Earthworks of the Desert Southwest (2012). Asimismo, ha publicado artículos y concedido entrevistas en revistas como Ancient American, Atlantis Rising, Fate, Legendary Times, UFO, o World Explorer. Ha sido ponente en varios eventos y congresos como Ancient Mysteries International Conferences (AMI), Conference for Precession and Ancient Knowledge (CPAK), Verde Valley Archaeology Society o MUFON. También ha colaborado asiduamente en programas de televisión del History Channel. Su página web es: www.theorionzone.com.


Danza de la serpiente de los Hopi
La Danza de la Serpiente ha atraído y repelido a espectadores no indios desde el final del siglo XIX. Durante este infame ritual llevado a cabo cada dos agostos en las colinas Hopi de Arizona, los participantes manipulan una masa de serpientes venenosas y no venenosas. Algunos incluso ponen sus cuellos y cuerpos en sus bocas.

A diferencia de la ofiolatría (el culto de la serpiente), la Danza de la Serpiente es una súplica por la fertilidad agrícola y la lluvia en un hermoso pero riguroso paisaje del desierto. Sin embargo, sorprendería a muchos espectadores saber que este extraño rito vino de la India, la tierra tradicional de los encantadores de serpientes.

Un antiguo mito de los Hopi describe una migración desde el anegado Tercer Mundo (o Era) al Cuarto Mundo. Los antepasados de los Hopi escaparon en balsas de junco y se dirigieron a la desembocadura del Río Colorado, el cual remontaron para hallar su destino final en la Meseta del Colorado.

Una escala en este viaje monumental pudo haber sido Fiji, la remota isla de Pacífico Sur. Allí tenía lugar una ceremonia de fertilidad e iniciación de la juventud llamada Baki. (1) Su nombre es similar al término Hopi paki, que significa “introducido” o “comenzado a ser iniciado” (téngase en cuenta que el idioma Hopi no reconoce el sonido de la “b”). A su vez, la kiva –la cámara de oración subterránea– usada durante la Danza de la Serpiente se llama pakit. (2)

Un “naga” o “nanaga” era uno de los muchos lugares amurallados donde los jóvenes de Fiji entraban en la madurez. El explorador David Hatcher Childress escribe: “... una de las antiguas razas del sudeste de Asia son los Nagas, una raza marinera de personas que comerciaban en sus Botes Serpientes similares a las Naves Dragón de los Vikingos.” (3)

Ruinas de Mohenjo-Daro (Pakistán)
Originarios de la India, los Nagas establecieron centros religiosos por todo el país: en el Reino de Kashi (en el Ganges), en Cachemira (al norte), y en Nagpur (India central). Los Nagas también habitaron los grandes centros metropolitanos de Mohenjo-Daro y Harappa en el Valle del Indo. Asimismo, fundaron una ciudad portuaria en el Mar de Arabia e intercambiaron mercancías globalmente, usando como moneda universal los cauris (unas caracolas marinas). (4)

Como maestros de una sabiduría arcana, los Nagas legaron a Mesoamérica el concepto de nagual, término demasiado complejo para explicar aquí pero definido en detalle en los libros de Carlos Castañeda sobre su iniciación con el hechicero yaqui Don Juan Matus.

Los Nagas también pudieron haber sido la Gente Serpiente que Tiyo, el héroe de la cultura Hopi, encontró en su viaje épico a través del océano. En el inframundo, entra en una estancia donde la gente lleva pieles de serpiente; allí es iniciado en ceremoniales extraños en los que aprende oraciones de la lluvia. Después, se concede al joven un par de doncellas que cantan para ayudar a que crezca el maíz, y él las lleva a su casa en la superficie de la tierra. La Mujer Serpiente se convirtió en su esposa, mientras que la otra se hizo novia de un joven del clan flauta*. Finalmente su esposa dio a luz reptiles, lo que hizo que Tiyo dejara a su familia para emigrar a otras tierras. (5)

Como en la Odisea de Homero, la historia incluye un viaje subterráneo. Paradójicamente, los Hopi conciben ese mundo como un reino de agua y estrellas. Nangasohu es la estrella Kachina de la caza (Los Kachinas son espíritus con forma de cualquier objeto, criatura, o fenómeno), que lleva un sencillo tocado de plumas de águila y una gran estrella de cuatro puntas pintada en su máscara. Nanga quiere decir “perseguir” y sohu significa “estrella.”

Relacionada con Naga, tenemos la palabra hopi nga'at, que significa “raíz medicinal”, con propiedades curativas mágicas. Una raíz es a la vez ctónica y morfológicamente parecida a una serpiente. El término nakwa hace referencia a las plumas del tocado llevadas durante una ceremonia sagrada. (6) Este plumaje hace pensar en la serpiente emplumada. Otra palabra relacionada, naqvu'at, significa “oreja” y naaqa se refiere al “pendiente de la oreja”, frecuentemente hecho de abulón.

Esta alhaja era llevada más como respetuosa imitación que como mero adorno. Childress describe a los llamados Orejas Largas como: “altos y barbudos navegantes del mundo, probablemente una combinación de marineros egipcios, libios, fenicios, etíopes, griegos y célticos juntamente con indoeuropeos del subcontinente indio. Según la leyenda polinesia, estos marineros también tenían las famosas ‘orejas largas’ que son bien conocidas en Rapa Nui (Isla de Pascua) y Rarotonga.” (7)

Según el erudito y navegante Thor Heyerdahl, las familias gobernantes de los Incas alargaban sus lóbulos artificialmente para distinguirse frente a sus súbditos. (8)  (Quizás los largos lóbulos de Buda tampoco sean una coincidencia.)

El escritor James Bailey cree que estos gobernantes de Perú y de algunas islas del Pacífico eran arios y semitas procedentes del Valle del Indo: “[Heyerdahl] demostró que en la Isla de Pascua vivieron los sobrevivientes de dos poblaciones distintas; los Orejas Largas, unos europeos rubios o pelirrojos que estiraban los lóbulos de sus orejas con unos rollos de madera para que éstas llegaran hasta sus hombros, y un grupo polinesio del tipo polinesio convencional, con orejas normales. Los primeros fueron conocidos en la isla como los Orejas Largas,  y los segundos como los Orejas Cortas.” (9)

El primer grupo alcanzaba una altura media de poco más de 1,90 metros, y tenía la piel blanca con el pelo rojo. Puede ser algo más que una coincidencia que el Clan de Fuego de los Hopi fuese conocido como los “cabezas rojas”. Esta gente guerrera vivía con el Clan de la Serpiente en Betatakin, un antiguo enclave de Arizona del siglo XIII (ahora monumento nacional de los Navajos).

Moai de orejas largas (Isla de Pascua)
La Isla de Pascua pudo haber sido otra escala en la antigua migración de los Hopi. Algunas de las altas estatuas de largas orejas llamadas moai fueron talladas con copetes rojos. Que la Isla de Pascua esté situada en el mismo meridiano que el hogar actual de los Hopi puede ser simplemente otra “coincidencia.”

Observando los rollos de las orejas que llevan las tribus en Tanzania, Bailey comenta la ubicuidad de este artefacto: “El rollo de oreja es en sí mismo sintomático del contacto con la gente de mar y yo creo que tiene un origen común en el mundo, dondequiera que se encuentre.” (10) Un ejemplo de esta especie de anillo o rollo de oreja tallado de esquisto fue encontrado en las antiguas ruinas cerca de Phoenix, Arizona. (11) Aquí vemos artefactos comunes a los pueblos del desierto y el mar.

También existen temas mitológicos comunes en distintas culturas. El estudioso Cyrus H. Gordon cuenta un relato de comienzos del segundo milenio a. C. Un capitán egipcio naufragó en la “isla de Ka”, situada posiblemente cerca de Somalia en el Océano Indico. (El ka Hopi en los kachina es extraño y más bien ha de relacionarse con el ka egipcio o “doppelgänger.”) En este paraíso no sólo abundaban pájaros vistosos sino también peces,  hortalizas y frutas deliciosas. Había solamente una trampa: una serpiente de treinta codos (unos 13,5 metros) de largo dominaba allí. Esta serpiente gigante tenía la piel enchapada de oro, las cejas de lapislázuli, y una barba que se extendía dos codos (casi un metro).

Después de que el soberano serpiente amenazara con incinerarlo por permanecer callado, el capitán relató cómo él y su tripulación fueron conducidos allí por una feroz tormenta. A su vez, el rey describió a sus hermanos e hijos, que una vez ascendieron a setenta y dos. Y continuó: “Entonces una estrella cayó y éstas (las serpientes) entraron en la llama que produjo. Por casualidad yo no estaba con ellas cuando ardieron. No estaba entre ellas (pero) casi morí por ellas, cuando las encontré como un cadáver.” El barco del capitán fue luego cargado con finas especias, incluyendo mirra, colmillos de elefante, colas de jirafa y monos. Antes de permitirle partir, el rey le hizo este curioso comentario: “Pasará que cuando usted parta de este lugar, esta isla nunca será vista de nuevo, porque se convertirá en agua.” (12)

El relato no nos dice si tenía o no las orejas largas. Sin embargo, podríamos estar ante un testimonio de los legendarios Nagas. Junto al motivo serpentino, esta historia fabulosa contiene un tema que recuerda a la Atlántida o Mu. Una isla edénica desaparece de repente bajo las olas en un cataclismo celestial que destruye muchas vidas.

¿Tienen el mito de los Hopi del viaje de Tiyo a la Isla de las Serpientes y el mito egipcio del viaje del anónimo capitán a la Isla de Ka una fuente común? Nunca lo sabremos con seguridad.

Asimismo, sólo podemos especular sobre las setenta y dos serpientes cifradas en el último mito. Esto podría hacer referencia a un movimiento astronómico del cual los sagaces marineros eran indudablemente conscientes. Debido a la precesión de los equinoccios, las estrellas del zodíaco se elevan en el primer día de la primavera y en otoño se desplazan al revés (actualmente de Piscis a Acuario) un grado cada setenta y dos años. Esto es causado por el bamboleo del eje de la Tierra (su precesión) como una peonza. En el relato egipcio, los setenta y dos parientes del rey fueron muertos por un acontecimiento sideral. De ahí que el “paisaje del cielo” conocido durante toda una vida o más fuese trastocado, sólo para ser sustituido por otro ligeramente modificado.

Un aislacionista diría que los antiguos humanos carecían de las sofisticadas habilidades de observación para reconocer un solo grado de diferencia, o que las primeras civilizaciones eran tecnológicamente incapaces de realizar travesías oceánicas. De hecho, muchos mitos que contradicen esto parecen haber sido ideados por los difusionistas.

No estoy sugiriendo que una élite de hombres blancos del Viejo Mundo viniera a “salvar” a las aisladas bandas de “salvajes” nativos americanos, facilitando así que pudieran florecer. (El genocidio cultural en el Nuevo Mundo desde el siglo XVI hasta el XIX hace que ese panorama sea particularmente irónico.) Esta visión denigra ambas culturas, asignando un imperialismo monolítico a la primera y una inferioridad evolutiva a la segunda. Para abreviar, esto es racismo de la peor clase.  

Afirmo, en definitiva, que el ingenio colectivo de los pueblos del Norte y Sur de América junto con los pueblos de Oceanía les permitió navegar en épocas remotas hacia tierras distantes. Del mismo modo, los pueblos de Europa y Asia utilizaron el mismo ingenio para alcanzar orillas igualmente distantes. El conocimiento de la navegación de los marinos de todo el mundo debió haber sido moneda común. Y de esta manera pudo ser que un culto de la serpiente de la India llegara al desierto de Arizona.

© Gary A. David 2002-2011


Notas

1. David Hatcher Childress, Ancient Tonga & the Lost City of Mu’a (Stelle, Illinois: Adventures Unlimited Press, 1996), p. 125.
2. Jesse Walter Fewkes, Hopi Snake Ceremonies: An eyewitness account by Jesse Walter Fewkes, Selections from the Bureau of American Ethnology Annual Reports Nos. 16 and 19 for the year 1894-95 and 1897-98 (Albuquerque: Avanyu Publishing Inc., 1986) p. 274.
3. Childress, Ancient Tonga, p.135.
4. Mark Amaru Pinkham, Return of the Serpents of Wisdom (Kempton, Illinois: Adventures Unlimited Press, 1997), pp.110-111.
5. Fewkes, Hopi Snake Ceremonies, p. 303.
6. Ekkehart Malotki, editor, Hopi Dictionary: A Hopi-English Dictionary of the Third Mesa Dialect (Tucson, Arizona: University of Arizona Press, 1998), pp. 287-288.
7. Childress, Ancient Tonga, p.158.
8. Thor Heyerdahl, Aku-Aku: The Secret of Easter Island (New York: Pocket Books, 1966, 1958), p. 340.
9. James Bailey, The God-King & the Titans: The New World Ascendancy in Ancient Times (New York: St. Martin’s Press, 1973), pp.196-198.
10. Bailey, The God-King & the Titans, p.186.
11. Franklin Barnett, Dictionary of Prehistoric Indian Artifacts of the American Southwest (Flagstaff, Arizona: Northland Press, 1974, 1973), p.51.
12. Cyrus H. Gordon, Before Columbus: Links Between the Old World and Ancient America (New York: Crown Publishers, Inc., 1971), pp. 54-67. 

Fuente primera foto:  artículo original,  cortesía de U.S. National Archives & Records Administration


* Esta unión forma parte de la ceremonia flauta, un ritual hopi celebrado el mes de agosto para favorecer la lluvia y el crecimiento del maíz.





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