jueves, 19 de octubre de 2017

El misterio de las vasijas megalíticas de Laos


En este blog he tratado ampliamente el tema del megalitismo, que todavía encierra muchas incógnitas sobre su origen y propósito, aparte de la discutible datación absoluta de los monumentos o la explicación técnica de cómo se erigieron (en una era supuestamente precaria en métodos y herramientas). Lamentablemente, la arqueología convencional ha despachado a veces los puntos más oscuros bien con el silencio bien con explicaciones demasiado fáciles o especulativas. En este sentido, una vez más debo insistir que no se trata de menospreciar el genio de las culturas del remoto pasado, sino de situar las cosas en su justa medida y de no sacar balones fuera cuando se ve que las explicaciones académicas son claramente insatisfactorias.

En este artículo me referiré a unos megalitos[1] relativamente poco conocidos que se encuentran dispersos en un amplio conjunto de yacimientos arqueológicos –hasta 400–en la llamada “Llanura de las Tinajas[2]”, en la provincia de Xiang Khoang (Laos). Aquí, frente a la tipología habitual de megalitos de otras partes del mundo, hallamos unos objetos de piedra de enormes proporciones, muy curiosos por su forma de vasija, ánfora o tinaja, normalmente cilíndrica (a veces ligeramente abombada) pero también cuadrangular. Todos ellos están semienterrados y diseminados al azar –algunos solos y otros agrupados– sobre el terreno. El yacimiento más famoso, cercano a la localidad de Phonsovan, tiene unas 25 hectáreas y cuenta con 334 tinajas de distintos tamaños, si bien hay otro emplazamiento mayor –llamado Sitio 52– con 392 tinajas. Por desgracia, bastantes de estos yacimientos son peligrosos e inaccesibles a los investigadores y al público porque están plagados de bombas no explotadas, lanzadas durante la guerra de Vietnam por los norteamericanos[3].

Ubicación de la Llanura de las Tinajas (Laos)
Las primeras referencias en el mundo occidental sobre estas tinajas de Laos proceden del arquitecto francés Henri Parmentier, que las visitó en 1923 y dijo haber recogido algunos objetos y huesos humanos en unas pocas de ellas. No obstante, los primeros estudios arqueológicos sistemáticos en la zona se remontan a 1931, cuando su compatriota la arqueóloga Madeleine Colani realizó una amplia documentación de estos monumentos, excavando hasta doce yacimientos de tinajas. Asimismo, excavó una cueva próxima donde encontró algunos huesos humanos, cenizas y artefactos de bronce. Colani publicó sus hallazgos en 1935 bajo el título “Los megalitos del Alto Laos” y a partir de aquí pocas investigaciones se han sucedido hasta la actualidad. Realmente no se ha avanzado apenas nada, con el gran problema ya mencionado de la peligrosidad del terreno.

Básicamente, la explicación académica nos habla de unos artefactos producidos hace unos 1.500 ó 2.000 años por la cultura local de aquella época, de la cual –por cierto– no se sabe prácticamente nada. Se trata de una especie de recipientes huecos hechos casi siempre de piedra arenisca[4] y con un peso variable entre una y seis toneladas, pero que pueden llegar hasta las 12 toneladas en algún caso excepcional. Una “tinaja-tipo” puede tener entre uno y tres metros de altura, con un diámetro variable que puede superar los dos metros. En cuanto a su función o propósito, tampoco hay demasiadas pistas; se especula con que fueran depósitos o silos para almacenar comida o bien unas grandes urnas funerarias de incineración. De todos modos, se reconoce oficialmente que los esfuerzos de investigación han sido escasos, a pesar de que “la Llanura de las Tinajas es uno de los mayores misterios arqueológicos del mundo”, en palabras del antropólogo australiano Dougald O’Reilly.

Hasta aquí hemos expuesto lo que podríamos denominar versión oficial, pero hay varias cosas que llaman la atención en este caso. En primer lugar, según reconoció hace unos años el arqueólogo alemán Andreas Reinecke (del Instituto Arqueológico de Bonn)[5], en realidad la datación concedida a estos objetos es puramente estimativa. No hay pruebas fehacientes que corroboren las fechas establecidas y las tinajas podrían ser muchísimo más antiguas, sin poder precisar una cronología concreta. De hecho, el propio aspecto de las tinajas nos muestra una erosión superficial que podría remontarse a varios miles de años. Esta incertidumbre no es nada nueva en el ámbito del megalitismo, pues independientemente de la discutida fiabilidad de las pruebas radiométricas está el problema de datar los restos a partir del contexto físico inmediato que tal vez no se corresponda con el momento en que se erigió el monumento.

Concentración de tinajas en el llamado Yacimiento 3.
En segundo lugar destaca un elemento muy significativo: la procedencia de las piedras. Como hemos dicho, las tinajas son de piedra arenisca, pero ésta no es propia del lugar. Así, según ya pudo apreciar M. Colani, las piedras tuvieron que ser traídas allí desde grandes distancias, incluso superando desniveles. Esto tampoco es nada nuevo en el megalitismo: lo vemos en Egipto y también en lugares concretos como Stonehenge, en que algunas piedras tuvieron que ser desplazadas varios cientos de kilómetros. Y dado el peso de las tinajas, nos encontramos otra vez con un gran problema logístico y de transporte a través del territorio, lo cual presupone una compleja organización y un notable esfuerzo colectivo.

Y luego están los problemas estrictamente técnicos: ¿Cómo transportaron esos enormes bloques? ¿Con qué medios? ¿Trineos, troncos...? Aparte, tampoco sabemos si los bloques fueron tallados en la cantera y luego movidos, o si el trabajo de talla se hizo en el lugar en que hoy yacen. Y por supuesto luego está el esfuerzo añadido de vaciar el interior del bloque para convertirlo en una tinaja. Esta tarea desde luego no sería nada fácil, pese a que la arenisca es una piedra relativamente blanda. Tenemos que suponer que esta labor se hizo a base de cinceles metálicos y martillos de piedra, pero no hay certezas al respecto[6]. El resultado que vemos es diverso: hay bastantes piezas relativamente toscas, pero otras muchas muestran un mejor acabado, con un reborde o labio bien tallado en la boca de la tinaja, lo que hace suponer que debió existir quizá algún tipo de cubierta o tapa realizado en materiales perecederos. Y para aumentar el desconcierto, se han hallado unos pocos discos de piedra –con alguna decoración zoomórfica tallada– que podrían haber sido tapas, pues estaban cerca de las tinajas, pero que no coinciden en ningún caso con el diámetro de las bocas.

Sin embargo, sin duda alguna, al final vamos a parar a la principal incógnita: ¿por qué tantas tinajas de ese tamaño, por qué aparecen desparramadas por la región y todo ello con qué fin? La hipótesis de las urnas de incineración parece bastante frágil, sobre todo por el enorme tamaño de la urna y la dificultad de la talla y el transporte. Otra posibilidad, incluso reconocida por el estamento académico, es que una vez abandonadas allí durante siglos, los pobladores de la zona utilizaran las tinajas puntualmente para fines funerarios, pero las evidencias son realmente muy escasas. En esta misma línea, un investigador japonés ha sugerido que tal vez las supuestas tinajas fueran monumentos funerarios conmemorativos, a modo de cenotafios, pero sin más apoyo que la pura especulación.

Dolium romano
A continuación podemos abordar la opción que parecería más razonable: depósitos o silos de almacenamiento. No obstante, aquí también surgen los problemas. En mi propia experiencia arqueológica, hace muchos años tuve la oportunidad de excavar los típicos silos de la Edad del Bronce o del Hierro, y lo habitual en aquella remota época era simplemente excavar una cavidad más o menos profunda en el suelo y luego recubrir sus paredes para impermeabilizarla y hacerla más duradera. Allí se podrían guardar alimentos de diverso tipo, pero principalmente grano. También conocí unas enormes tinajas esféricas de cerámica de la época romana llamadas dolia (dolium en singular) que se enterraban parcialmente en el suelo y luego se rellenaban de sólidos o líquidos. 

Como vemos, cualquiera de estas dos soluciones (utilizar el terreno o recurrir a un material plástico) hubiera sido más fácil y práctica como medio de almacenamiento. Además, el hecho de observar tantas piezas dispersas sobre el terreno, sin aparente protección y no asociadas a ningún asentamiento nos aleja de esta posibilidad. También se ha mencionado la hipótesis de que se tratara de cisternas o depósitos de agua para las caravanas, pero tal propuesta no pasa de ser una conjetura, y realmente no se entiende para qué realizar tantas cisternas individuales y con esa forma.

Entonces, ¿qué eran estos extraños recipientes, que a veces podrían parecer simples “macetas” para plantas (de gran tamaño)? ¿Quién los hizo y cuándo? Es importante hacer notar que el fenómeno no es completamente exclusivo de Laos, pues en otros puntos de Asia, como India o Indonesia, hallamos algunos artefactos muy semejantes, lo que nos hace pensar en una antigua cultura capaz de realizar tales proezas y no en un hecho aislado. Ciertamente, la identidad de los autores de las tinajas es todo un misterio y apenas tenemos una pista en forma de relieve. Se trata de una única pieza, hallada en el Sitio 1, en que se aprecia el bajorrelieve de una forma humana esquemática que comúnmente se denomina “hombre rana” (un humano con los brazos alzados en ángulo recto y las rodillas dobladas), un motivo que aparece también en algunas pinturas prehistóricas y cuyo simbolismo último se nos escapa, aunque se lo ha relacionado con algún fenómeno o evento cosmológico. Además, en el enclave de Hintang (a poco más de 100 kilómetros de la Llanura de las Tinajas) se localizaron unos megalitos que más bien son unas finas lajas de piedra que nadie sabe cómo se realizaron sin que se fracturase la piedra[7]. Tampoco se sabe nada concreto sobre sus autores, su datación o su propósito, aunque se ha especulado sobre una función ritual-funeraria. ¿Quién disponía de esa tecnología hace miles de años? La arqueología se muestra impotente para aportar respuestas.

Véase el gran tamaño de las tinajas
Y bueno, si nos metemos de lleno en el ámbito de la arqueología alternativa, no faltan las propuestas que apuntan a uno de los temas tabú por excelencia: los gigantes. Si nos centramos en Laos, las leyendas locales remontan estos objetos a un tiempo mítico en que una raza de gigantes moraba en este territorio. Según estas historias, un rey gigante llamado Khun Cheung mandó construir estas tinajas para almacenar un típico licor de arroz llamado lao-lao, en celebración por una importante batalla ganada a un rival.  Asimismo, otras leyendas afirman que las tinajas fueron realizadas con un material plástico heterogéneo a modo de cemento, lo que nos podría sugerir la idea de que en realidad fueron moldeadas y no talladas, una grave sospecha que planea sobre muchos monumentos megalíticos de todo el mundo. A este respecto, las tradiciones del lugar insisten en que la cueva principal (conocida como N.º 1) sería en realidad un gran horno donde se habrían moldeado y fabricado las tinajas. Y en cuanto a las finas láminas de piedra mencionadas, aquí también tenemos leyendas que se refieren a gigantes, en concreto a un gigante llamado Ba Hat, que habría fabricado tales objetos líticos.

En cualquier caso, lo que considero de sentido común es que estos grandes recipientes nunca fueron objetos ornamentales. Se vaciaron expresamente para contener alguna materia sólida o líquida, y por aquí veo una función práctica y utilitaria original que poco o nada tendría que ver con rituales, creencias o prácticas funerarias. En este sentido, me pregunto si se podrían realizar análisis bioquímicos del interior de las tinajas para tratar de encontrar trazas microscópicas de alguna sustancia sólida o líquida; esto ya se ha realizado en otros ámbitos de la arqueología y no veo la razón por la cual no se pudiera aplicar aquí.

Sea como fuere, volvemos a los mismos problemas que ya hemos mencionado antes: ¿por qué recurrir a bloques de piedra (con la gran dificultad de tener que vaciar su interior) y por qué hacer unos recipientes de semejante tamaño y peso? La solución que vemos en Laos no parece práctica, ni cómoda ni económica, y tengamos en cuenta que realizar tales tinajas aún hoy en día comportaría un notable esfuerzo técnico y un alto coste. A partir de este punto me veo obligado a saltarme las fronteras del paradigma y empezar a imaginar otros escenarios, que se conectan de algún modo con las leyendas locales, a las que los arqueólogos suelen dar nula credibilidad histórica, al considerar que sólo son explicaciones pintorescas propias del folklore[8].

Vayamos por partes. No hay que ser muy avispado para apreciar que el tamaño de estas tinajas desborda la escala humana “normal”. Plantar estos artefactos –y sin un aparente orden o disposición lógica– sobre el terreno parece un despropósito o una falta de racionalidad y sentido práctico, pues no son manejables y son muy costosos de producir (incluyendo el transporte y tallado de los bloques). Por tanto, como se da en el caso de otros objetos de grandes dimensiones hallados por los arqueólogos, ya sería hora que se contemplase seriamente la posible existencia de humanos o humanoides de enorme talla, muy superior a la media del Homo sapiens y que podríamos llamar gigantes. Obviamente, sería una soberana tontería asignar a los gigantes cualquier obra de imponentes proporciones, pero cuando vemos artefactos de un claro perfil utilitario, entonces debemos contemplar todas las opciones, por fantásticas que puedan parecer.

Utensilios líticos de enorme tamaño
En este sentido, me remito aquí al extenso artículo que ya escribí al respecto y a la constatación histórica de que tales gigantes existieron y que estaban en algunos casos por encima de los tres metros. También me podría referir a hallazgos de herramientas que sólo unas manos colosales podrían asir, pero que para los académicos constituyen enigmas sin resolver. Así, hace no muchos años un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford halló en un antiguo lago desecado del desierto de Kalahari (África) gran cantidad de herramientas de piedra datadas en un amplio periodo prehistórico de entre 150.000 y 10.000 años de antigüedad, y entre ellas unos enormes picos de mano, inútiles para un humano normal dado su tamaño y peso. Para David Thomas, director del proyecto, la finalidad de estos extraños objetos era la pregunta del millón de dólares, si bien consideraba que no eran propiamente “herramientas”, sino un recurso para extraer herramientas más pequeñas, sin descartar otras hipótesis, como objetos ceremoniales u ornamentales.

En el contexto de Laos, quizá la leyenda de que fueran contenedores de licor –u otra sustancia– para “gigantes” no fuera tan disparatada, en el supuesto de que dichos gigantes pudieran mover y asir estos envases gracias a su enorme altura y fuerza. En todo caso, si volvemos por un momento a la hipótesis de las urnas funerarias, tampoco sería descabellado pensar que hubiesen sido empleadas para almacenar huesos o cenizas de gigantes. Otra cosa es que dichos restos se hubiesen conservado in situ después de milenios, y tengamos presente que cuando Parmentier examinó las tinajas prácticamente todas ellas habían sido ya saqueadas. A este respecto, lo que me parece poco consistente es que los recipientes fueran urnas con función funeraria construidas ex profeso por hombres de nuestra talla. En este punto me vuelvo a remitir a mi experiencia arqueológica para citar que las urnas funerarias comunes en muchas culturas antiguas no eran remotamente tan grandes y solían estar hechas de cerámica. Por eso la teoría del reaprovechamiento funerario posterior me parece más razonable y se ajustaría a las escasas pruebas disponibles.

Sección de tinaja-tipo (fuente: libro de L. Bürgin)
Ahora bien, la habitual falta de restos significativos de gigantes –básicamente restos óseos– impide ir más allá del ámbito de la especulación, aunque sí abre la puerta a otra propuesta que también se relaciona con las antiguas tradiciones. Existe pues la posibilidad de que no hablemos de gigantes físicos sino de gigantes “intelectuales”, o sea, una civilización perdida capaz de manejar la materia de una forma mucho más sencilla que la nuestra. Esto enlazaría con la leyenda de que los artífices de las tinajas no las tallaron sino que las moldearon y las cocieron en un horno. De hecho, en una cueva natural cercana, que poseía dos chimeneas, se identificaron notables residuos de humo, lo que indicaría un lugar de cremación o un horno. Esta propuesta es ya harto conocida dentro de la arqueología alternativa relacionada con el megalitismo e implica que de algún modo la piedra se podía moldear o ablandar mediante determinados procesos químicos, para luego endurecerse definitivamente, en lo que sería una especie de conglomerado o cemento. Esto eliminaría de golpe el grave problema del transporte y el vaciado de las piezas, ya que habrían sido creadas a modo de terracotas. Dejo aparte la capacidad de levitación de grandes pesos mediante una tecnología antigravitatoria, también citada en leyendas de otros lugares, pero que no sabemos si pudo haberse aplicado aquí.

Finalmente, debo confesar que me resulta muy desconcertante la distribución anárquica de las tinajas, muchas de ellas aisladas y otras agrupadas en racimos. ¿Fueron dejadas allí al azar al perder su utilidad? ¿Hubo algún gran desastre natural que las esparciera de ese modo por el terreno? ¿Fueron algún tipo de marcador del territorio? ¿Correspondían las tinajas a propietarios concretos y de ahí las agrupaciones dispares? ¿Por qué las tinajas no están relacionadas con centros de poblamiento por pequeños que fueran[9]? ¿Eran tal vez una especie de ánforas dedicadas al transporte de mercancías (y eso quizá explicaría la aparición de otras tinajas en la India y en Indonesia)? En esta vía de investigación realmente veo más a estos envases en el papel de ánforas para llevar  cargas importantes de un lugar a otro. El problema, por supuesto, vuelve a ser el tamaño y peso, a menos que el esfuerzo no hubiera sido sobrehumano para los “transportistas”...

Lo cierto es que no tengo respuestas para estas cuestiones y tampoco querría pensar mal sobre el bombardeo masivo de esa zona en los años 60 y 70. No obstante, me pregunto qué clase de objetivo militar sería la Llanura de las Tinajas, que recibió gran parte del castigo aéreo americano. Cuesta entender la violencia de estos ataques, con bombardeos de día y de noche, en un total de 580.000 vuelos de combate durante casi diez años. Algunos poblados de la zona fueron literalmente machacados y no quedó nada de ellos. Que se salvaran las tinajas es poco menos que un milagro, si bien es muy posible que decenas o cientos de otras tinajas resultaran destruidas, ya que se pudo comprobar que algunos yacimientos citados por Colani habían dejado de existir. En fin, no sería la primera ni la última vez que importantes reliquias arqueológicas son dañadas o desaparecen en medio de una situación de guerra o conflicto.

© Xavier Bartlett 2017

Fuente imágenes: Wikimedia Commons



[1] Aunque oficialmente no se los consideran como tales, creo que sí lo son por tratarse de enormes bloques monolíticos de gran tamaño y peso.
[2] En la mayoría de la información disponible (sobre todo en Internet) se usa la expresión “Jarras”, como traducción directa del inglés Jars, pero creo que es más apropiado “Tinajas”.
[3] Según las fuentes consultadas, los americanos lanzaron sobre Laos entre 1964 y 1973 nada menos que dos millones de toneladas de bombas de racimo, que no llegaron a explotar en un alto porcentaje. Aún hoy, casi cada día se producen muertes por el estallido de los artefactos, siendo muchas de ellas de niños.
[4] Existen algunas excepciones, como granito, caliza, conglomerado o coral calcificado.
[5] Fuente: BÜRGIN, L. Enigmas arqueológicos. Ed. CEAC. Barcelona, 1998.
[6] En alguna fuente consultada, empero, se menciona el posible uso de taladros.
[7] Se trata de esquisto, que es una piedra que se rompe con relativa facilidad.
[8] Para ser justos, cabe señalar que han habido investigaciones que han tenido en cuenta seriamente las leyendas y tradiciones locales y en algunas ocasiones se ha podido corroborar algo de historicidad en ellas.
[9] Con todo, no es descartable su existencia, dada la escasa intervención arqueológica en la zona.

2 comentarios:

Argimiro Veiga dijo...

Excelente artículo Xavier, como siempre. Gracias.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias Argimiro

Me gustaría sacar más material, pero por mi propia filosofía prefiero publicar dos o tres artículos al mes para poder trabajar mejor los temas.

Saludos,
X.