martes, 2 de enero de 2018

Pasaporte a Magonia: un clásico imprescindible


Los lectores de este blog ya saben que no suelo tocar el tema de los extraterrestres ni la Teoría del Antiguo Astronauta, porque mucha gente ya se dedica a ello y personalmente me resulta un asunto cansino, repetitivo y muchas veces anclado en el dogmatismo, el sensacionalismo o la mera ignorancia. No obstante, cuando se habla de historia o arqueología alternativa en general tarde o temprano se acaba topando con estas extrañas presencias y todas sus repercusiones colaterales. Así, como ya expuse en el reciente artículo sobre el realismo fantástico, no cabe duda de que la ufología impactó directamente en las interpretaciones más atrevidas sobre nuestro remoto pasado e incluso sobre los orígenes de la Humanidad, básicamente mediante la transmutación de los antiguos dioses de la mitología en astronautas venidos de lejanos planetas. Por tanto, resulta difícil disociar la moderna ufología con la arqueología alternativa, pues la interacción entre ambas disciplinas ha sido constante desde hace más de medio siglo.

A partir de aquí, se han escrito miles y miles de libros y se han lanzado teorías y propuestas para todos los gustos, las cuales han tenido un notable impacto mediático con autores de best-sellers tan destacados como Erich Von Däniken y Zecharia Sitchin, más toda su corte de acólitos y seguidores posteriores. Sin embargo, muchos puristas preferimos irnos a las raíces de la ufología y escuchar la voz de los autores que consideramos más rigurosos y relativamente escépticos –que no negacionistas– y que estudiaron el fenómeno OVNI desde una perspectiva plenamente científica, tomando como base la pura fenomenología o casuística.

Jacques Vallée
Y entre esas visiones clásicas, me permito ahora recomendar a un autor al que tengo en alta consideración, pese a no compartir algunos de sus postulados. Me refiero al francés Jacques Vallée, una figura muy respetada en el mundo de la ufología más científica, por contraponerlo a los autores de tipo popular. Sólo como breve introducción, diré que Vallée nació en 1939 en Pontoise (Francia) y que actualmente vive en San Francisco (California, EE UU). Su carrera profesional se ha centrado en la astronomía y la informática, ha sido colaborador de la NASA desde 1962 y ha trabajado en diversos proyectos de computación e inteligencia artificial. Ya desde los años 50 empezó a interesarse por los ovnis (fue testigo de un avistamiento en su localidad natal en 1955) y al trabar relación con el astrónomo y ufólogo J. Allen Hynek profundizó en esta materia hasta convertirse en un investigador experto reconocido mundialmente.

Y entre toda su obra, cabe mencionar un libro que se convirtió en referente durante décadas para los estudiosos de la ufología y para algunos reputados investigadores de la historia alternativa, como el escocés Graham Hancock, entre muchos otros. Me estoy refiriendo, obviamente, al clásico Pasaporte a Magonia, publicado en 1969[1], que aunque no fue escrito como un libro científico –tal como reconoció el propio autor– sí ofrece un planteamiento o aproximación racional para interpretar el fenómeno fuera de las coordenadas habituales de la ciencia académica convencional. Pero sin duda lo que más destaca en esta obra es la visión transversal del fenómeno a través de los siglos, poniendo como premisa estos dos puntos: 1) que la aparición súbita de seres u objetos extraños que de alguna manera interfieren en los asuntos humanos no es un suceso moderno del siglo XX, y 2) que dado el enorme cuerpo de pruebas documentales es imposible negar su existencia, tanto en el pasado como en la actualidad, aunque no sepamos cuál es su verdadera naturaleza o intención.

Pero, ¿qué nos ofrece exactamente Pasaporte a Magonia? Vallée construye su relato desde una breve narración de Agobardo de Lyon, un obispo medieval del siglo IX, que se burlaba de las “supersticiones populares”, algo que nos retrotrae directamente a la actitud de la moderna ciencia materialista y empírica. Esta es la cita completa:

“Pero hemos visto y oído a muchos hombres sumidos en tan gran estupidez, hundidos en tan profunda locura, hasta el punto de creer que existe cierta región, llamada por ellos Magonia, en la que los barcos navegan por las nubes, a fin de llevar a esa región los frutos de la tierra destruidos por el granizo y las tempestades; los marineros ofrecen recompensas a los brujos de la tempestad para recibir a cambio trigo y otros productos. Entre aquellos cuya ceguera y locura eran tan grandes que les hacían creer posibles tales cosas, había unos que exhibían en cierto concurso a cuatro personas atadas... tres hombres y una mujer que aseguraban haber caído de una de estas naves; después de mantenerlos unos días en cautividad, los condujeron a presencia de la multitud, como hemos dicho, para ser lapidados en nuestra presencia. Pero la verdad prevaleció.[2]

La famosa visión del profeta Ezequiel
Pues bien, Vallée fundamenta su exposición en el amplio repaso de una casuística folklórica e histórica –y hasta mitológica– en la cual se repiten unos mismos fenómenos extraños o inusuales, con pequeñas variaciones. En efecto, ya en los más antiguos textos religiosos, sobre todo en la Biblia judeo-cristiana, se recoge la presencia de objetos volantes o luces en los cielos así como de peculiares seres celestiales bajados a la tierra. Estas referencias surgen ya en las civilizaciones más antiguas, perduran durante la antigüedad clásica de Grecia y Roma, están también presentes en el mundo cristiano medieval y siguen dándose esporádicamente en todo el mundo durante los últimos siglos hasta la aparición del fenómeno OVNI.

A partir de aquí, Vallée va alternando la detallada descripción de numerosos casos de avistamientos de ovnis y contactos con supuestos alienígenas de nuestra época más reciente con los múltiples testimonios antiguos de fenómenos celestes anómalos y de relaciones con todo tipo de seres sobrenaturales que el folklore popular llamó hadas, elfos, trasgos, duendes, gnomos, ángeles, demonios, etc. Lo que todos ellos tendrían en común sería una serie de poderes y propiedades excepcionales que los haría “mágicos”, inexplicables o inalcanzables para el pueblo llano. Entre estas características podríamos citar la capacidad de volar y de aparecer y desaparecer de súbito, la posesión de alimentos mágicos, la extraña vestimenta, las marcas dejadas sobre el terreno (sobre todo círculos o anillos), la costumbre de raptar personas (adultos y niños), la alteración del espacio-tiempo, etc. Y lo que es más, Vallée incluye en esta extensa casuística las creencias religiosas a través de todas las épocas y culturas, interpretando ciertos sucesos extraordinarios –especialmente las apariciones de seres divinos– como casos muy próximos a la típica fenomenología OVNI. En su opinión, existe un claro paralelismo entre los eventos antiguos y los modernos, ya que “los mecanismos que han originado estas diversas creencias son idénticos”.

Para el investigador francés no cabe duda de que detrás de todo el fenómeno, que se puede remontar prácticamente a las tradiciones más antiguas, existe un patrón de comportamiento muy similar que podemos rastrear a través del folklore popular y de los mitos hasta llegar a nuestros días, en que se ha creado por así decirlo un nuevo folklore contemporáneo, adaptado a nuestros tiempos y que llamamos... ufología. Pero Vallée se pregunta si de verdad podemos creer en naves interestelares venidas de remotas galaxias como si fuera un fenómeno físico tangible (objetos materiales, metálicos, tripulados por seres venidos de otro planeta) y achaca esta “creencia” principalmente a la influencia de la ciencia-ficción. Y afirma lo siguiente:

“Por sólida que sea la actual creencia en el origen extraterrestre de los platillos, no es más sólida que la fe que tenían los celtas en los elfos y las hadas, o la creencia medieval en la existencia de lutins, o el temor que inspiraban en toda la cristiandad, durante los primeros siglos de nuestra era, demonios, sátiros y faunos. Y ciertamente no puede ser más sólida que la fe que inspiró a los autores de la Biblia... una fe arraigada en el trato cotidiano con visitantes angélicos.”

Imagen moderna de un ovni
Así pues, Vallée unifica la actual ufología con el antiguo folklore de muchos pueblos, con unos modelos muy similares en cuanto a la tipología de esos seres fantásticos o sobrenaturales y unas formas de aparición prácticamente iguales. De todos modos, Jacques Vallée se sitúa en un escepticismo abierto y constructivo, y no cae en el rechazo y la negación –como por ejemplo sí hizo Carl Sagan– y no cierra las puertas a que el fenómeno sea “real”, pero tal vez ligado a una inteligencia propia de nuestro planeta o a un factor psicológico que no acaba de explicar. En todo caso, ante el tremendo peso de la casuística actual y de que muchos de los testigos parecían personas sensatas, cabales y equilibradas, Vallée reconoce implícitamente que no se puede desdeñar el fenómeno o situarlo en el terreno de las alucinaciones colectivas, de las confusiones o los fraudes, y más si cabe cuando algún testigo tiene conocimiento de causa, como por ejemplo, un coronel de aviación.

Recapitulando, llegamos a la conclusión de que el fenómeno reciente de esas visitas o visiones no puede ignorarse. Se puede asumir –si así lo demuestran las investigaciones rigurosas– que un alto porcentaje de las observaciones son falsas, dudosas o encajan en alguna explicación perfectamente natural, pero al final debemos admitir que otro porcentaje corresponde a hechos reales que escapan a las interpretaciones habituales. Del mismo modo, y bajo la misma lógica, gran parte del antiguo folklore o de las mitologías puede corresponder a vivencias reales de nuestros antepasados.

Ahora bien, el problema de fondo es determinar qué grado de seguridad u objetividad tienen estos episodios desde un punto de vista científico y aquí el sabio francés rompe con el rígido paradigma materialista –supuestamente objetivo– e introduce el factor de la subjetividad. En este sentido, me sorprende que Vallée no sólo cuestione la validez de la ciencia empírica y positivista, sino que sugiera abiertamente algún tipo de manipulación realizada desde arriba, tal como se deduce de este párrafo:

“Las acciones humanas se basan en la imaginación, la creencia y la fe, no en la observación objetiva... como los expertos en cuestiones militares y políticas saben muy bien. Incluso la ciencia, que pretende que sus métodos y teorías se desarrollan de una manera racional, está conformada en realidad por la emoción y la fantasía, o por el miedo. Y quien controla la imaginación humana podrá conformar el destino colectivo de la Humanidad, a condición de que el origen de este control no pueda ser identificado por el público. Y la verdad es que uno de los objetivos que se propone la política de cualquier Gobierno es preparar al público con vistas a cambios inevitables o para estimular su actividad en la dirección más deseable.”

Sin embargo, en sus conclusiones finales Jacques Vallée parece arrojar la toalla y admite que él mismo no sabe cómo encarar el fenómeno, como si no pudiera acercarse a la realidad desde una perspectiva racional, e incluso reconoce que “no sabemos lo que es la realidad”. Estas son sus palabras textuales:

“Yo no puedo ofrecer la clave de este misterio. Únicamente puedo repetir: la búsqueda acaso sea inútil; la solución quizá quede siempre fuera de nuestro alcance; la aparente lógica de nuestras deducciones más elementales puede evaporarse. Tal vez lo que buscamos no sea más que un sueño que, pese a convertirse en parte integrante de nuestras vidas, nunca existió en realidad. No podemos estar seguros de que estudiemos algo real, porque no sabemos lo que es la realidad; únicamente podemos estar seguros de que nuestro estudio nos ayudará a entender muchas más cosas sobre nosotros mismos.”

¿Extraños dioses?
Naturalmente, nos quedaría en el aire la gran pregunta: Si los fenómenos no son alucinaciones ni fantasías,  ¿a qué nos enfrentamos? ¿Son realidades que entran y salen de nuestro mundo (o mejor sería decir de nuestra percepción) simplemente porque tienen capacidad para ello mientras que nosotros nos vemos encerrados en un campo de realidad muy limitado? ¿Quiénes eran los dioses o semidioses citados por tantas mitologías? Si no vinieron de otro planeta, ¿de dónde vinieron?

En definitiva, la obra de Vallée, con todas sus posibles limitaciones y sesgos, nos obliga a encarar la existencia de cierto mundo paranormal –paralelo a nuestra realidad física– que se manifiesta ocasionalmente y que ha estado presente junto a nosotros desde el principio de los tiempos, con el añadido no poco importante de que ha podido influir de alguna manera en la Humanidad (al respecto, véase el artículo de este mismo blog sobre la “conquista paranormal de América”). ¿Es todo esto una maniobra de engaño? ¿Qué relación guarda con el origen del hombre y la civilización? ¿Se trata de una pura fantasía para hacernos creer en unos ciertos “dioses”? Confieso que no tengo respuestas para estas cuestiones.

© Xavier Bartlett 2018

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] El título original era Passport to Magonia: from folklore to flying saucers. En versión española, se publicó la traducción de Antoni Ribera en 1972, por la habitual editorial del género Plaza y Janés.
[2] VALLEE, J. Pasaporte a Magonia. Ed. Plaza y Janés. Barcelona, 1972

2 comentarios:

Piedra dijo...

Un error que yo mismo cometí es confundir a seres "reales" e "irreales", así tomar a los "extraterrestres" por dioses, creo que es un error. Son dos realidades reales pero pertenecientes a planos diferentes, es decir unos serían seres no humanos pero que habitan planos más sutiles que el nuestro y los mal llamados dioses, no serían esos mismos seres identificados en otro tiempo, sino que serían fuerzas naturales personificadas para su mejor comprensión.

Creo que ningún autor podrá entender ni por supuesto explicar nada de esto, mientras no lo experimente por él mismo, pero una vez vivido, entenderá que es imposible de explicar. ;-) Es por esto que los grandes iniciados no comparten sus conocimientos más que con otros iniciados y de forma velada para el resto.

Un saludo.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias Piedra

Comparto plenamente tus opiniones y alguna gente de la ufología ya se inclinó por esa interpretación: el "folclore extraterrestre" es un fenómeno paranormal, de inteligencias de otras dimensiones o planos que normalmente se escapan de nuestra percepción. O como decía Andreas Faber-Kaiser, "alguien está jugando con nosotros".

Saludos
X.