Ocurre muchas veces en ciencia que una verdad
indiscutible, mantenida durante décadas o siglos, comienza a ser discutida por
algunos científicos disidentes. Esto sucede porque la ciencia no es un
mandamiento divino sino un progresivo descubrimiento del Universo, y resulta
que –en contra de lo que nos puedan decir– la moderna ciencia materialista,
empírica y objetiva no constituye el paradigma definitivo que va a darnos todas las respuestas.
Así pues, en los últimos tiempos uno de los principales baluartes de la ciencia
del último siglo, el evolucionismo de Darwin, ha sido asaltado
por algunos científicos rigurosos de diversas disciplinas (sobre todo de la
biología) que han dejado patente que la teoría darwinista, o su actualización
llamada síntesis moderna, está llena de fallos, sesgos, incoherencias, suposiciones y
auténticos boquetes que impiden darla por buena, a menos que miremos para otra
parte y hagamos un acto de fe. Recordemos que, según el propio método científico (las reglas de juego), cuando las
experimentaciones y observaciones sobre la realidad no sustentan la hipótesis
preestablecida por el investigador, dicha hipótesis debe ser replanteada o rechazada para empezar
de nuevo el proceso.
En realidad, la oposición a la evolución por selección
natural ya nació en la misma época de
Darwin y fue perdurando, si bien de forma muy débil, durante el siglo XX. No obstante, frente al
mito de que el evolucionismo hubo de superar enormes obstáculos, hay
que señalar que buena parte del estamento científico no tardó en adoptarlo con
entusiasmo y además tuvo muy buenos padrinos a nivel social, económico y
político. Sí es cierto que desde el principio hubo bastante ruido por parte de
ciertas esferas populares y religiosas (sobre todo fundamentalistas), pero en el
ámbito científico las críticas no fueron muchas, y acabaron siendo acalladas y marginadas. Y aun así, hoy en
día, los evolucionistas siguen manteniendo la falsa dicotomía de “la ciencia o
la religión”, para desacreditar cualquier oposición, esté o no bien
argumentada.
Y puesto que el bombardeo propagandístico institucional
sobre el evolucionismo lleva décadas haciendo bien su trabajo, me permito ahora
presentar un vídeo independiente que ya ha desatado cierta polémica en
Internet, pues emprende una crítica razonada y bien argumentada al
neo-darwinismo, poniendo de manifiesto las razones científicas por las cuales deberíamos
desestimarlo, al no tener base empírica que lo apoye. “La teoría
fantástica” es un documental bien realizado, con una exposición clara y directa
por parte de los expertos y con argumentos que están al alcance de cualquier persona
con un nivel cultural medio.
Desde luego, detrás de esta crítica se intuye un planteamiento que apunta al diseño inteligente o a un cierto tipo de creacionismo, pero en modo alguno estamos ante un material “religioso” o dogmático. Se trata de un análisis riguroso que como mínimo debe hacer pensar y reflexionar y abrir debates desapasionados sin meter por medio ideologías ni creencias. Sea como fuere, hemos de reconocer que el origen y desarrollo de la vida y del propio Universo sigue siendo para nosotros un misterio, pese a que desde hace milenios se han formulado interpretaciones religiosas, propuestas filosóficas y teorías científicas.
Desde luego, detrás de esta crítica se intuye un planteamiento que apunta al diseño inteligente o a un cierto tipo de creacionismo, pero en modo alguno estamos ante un material “religioso” o dogmático. Se trata de un análisis riguroso que como mínimo debe hacer pensar y reflexionar y abrir debates desapasionados sin meter por medio ideologías ni creencias. Sea como fuere, hemos de reconocer que el origen y desarrollo de la vida y del propio Universo sigue siendo para nosotros un misterio, pese a que desde hace milenios se han formulado interpretaciones religiosas, propuestas filosóficas y teorías científicas.
En fin, recomiendo el visionado de este
documental herético para que cada cual extraiga sus conclusiones. Debo decir, empero,
que algunos detalles o enfoques no me han convencido y que quizás se debería haber
dado cancha a los científicos oficialistas, pues aunque el tratamiento del
neo-darwinismo es veraz y ajustado a las tesis oficiales, siempre es de agradecer un contraste de
pareceres equilibrado.