miércoles, 17 de diciembre de 2014

Arqueoacústica: insospechados ecos del pasado


Uno de los rasgos más típicos de la arqueología alternativa ha sido sin duda la defensa de una Antigüedad mucho más avanzada de lo que se ha venido aceptando convencionalmente, tanto en el ámbito de la conciencia como en el de la ciencia. Así, no son pocos los autores alternativos que han ido proponiendo teorías sobre un Mundo Antiguo caracterizado por una ciencia y tecnología de un nivel similar o incluso superior a la de nuestros tiempos.

En este contexto, y vistos los sólidos indicios de una alta ciencia, más de un autor se apresuró a sugerir la intervención de seres inteligentes procedentes del espacio en la realización de tales prodigios, lo que conformó la llamada teoría del antiguo astronauta, que aún sigue en boga hoy en día. No obstante, más recientemente, otros muchos autores postulan la existencia de una humanidad  avanzada que vivió en un ciclo álgido –según el modelo de una historia cíclica– y que desapareció dejando apenas unos pocos rastros de su ciencia a las nuevas generaciones de una Humanidad inferior. En este artículo nos centraremos precisamente en unos de esos rastros, a través de una interesante teoría –poco conocida a nivel popular– que apareció hace unos pocos años acerca de determinados conocimientos relacionados con el sonido.

Esta teoría que presentamos a continuación es fruto del trabajo de varias personas, pero particularmente del ingeniero norteamericano Glenn M. Kreisberg, especialista en el terreno concreto de las radiofrecuencias. Lo que propone Kreisberg es todo un reto a las mentes más convencionales, pues sus estudios –sustentados en gran parte en el trabajo previo del investigador eslovaco Pavel Smutný– le han llevado a la conclusión de que los antiguos podían haber tenido un claro conocimiento del espectro electromagnético, sobre todo en aspectos del ámbito de la acústica, lo que se puede conectar directamente con una reciente vía de investigación del pasado llamada arqueoacústica[1].

Pinturas rupestres de Altamira (reproducción)
Según esta nueva disciplina, podemos contemplar la posibilidad real de que el sonido fuese un elemento clave en antiguas ceremonias y en la configuración de ciertas estructuras. Por ejemplo, los recientes estudios sobre el arte rupestre paleolítico han apuntado a una asociación entre las áreas en las que tiene lugar una fuerte resonancia y la localización de las pinturas. Tal hallazgo demostraría que las propiedades del sonido ya eran conocidas y apreciadas hace más de 30.000 años. Asimismo, se han realizado algunos estudios sobre las propiedades sonoras de algunos artefactos, pero este campo apenas ha dado resultados relevantes.

Volviendo al tema específico del conocimiento del espectro electromagnético, Glenn Kreisberg plantea que los antiguos –por lo menos antes de la aparición de la ciencia de la Antigua Grecia, precursora de la ciencia moderna– podían expresar conceptos o materias relacionadas con la ciencia de forma muy distinta a que lo hacemos nosotros, lo que tal vez nos hace pasar por alto o malinterpretar ciertas observaciones, que los expertos actuales toman como simbolismos o alegorías, o simplemente no les conceden ningún sentido específico. Así, Kreisberg cree que los antiguos tenían un conocimiento íntimo de la naturaleza y de los mecanismos o fuerzas que la rigen, y entre estos elementos estaría sin duda el espectro electromagnético, “una secuencia continua de energía electromagnética dispuesta según una longitud de onda o frecuencia”. 

El planteamiento teórico de Kreisberg se fundamenta en que el espectro electromagnético (EM) es algo que forma parte del entorno natural en que se desenvuelve el hombre y que por tanto debía ser conocido de alguna manera por el hombre primitivo, dada su íntima proximidad a la naturaleza y a la interdependencia con ella. Para demostrar que los antiguos sí eran conscientes de la existencia de las ondas, Kreisberg saca a colación una serie de antiguos motivos artísticos y ornamentales de varias culturas relacionados con formas ondulantes o sinuosas, dientes de sierra, etc


Templo megalítico de Malta
De hecho, sabemos que las primeras culturas humanas hicieron uso de fuerzas naturales como el fuego, el agua, el viento y el sonido. Para el investigador americano, el conocimiento del espectro EM no puede limitarse a los últimos tiempos, sino que debe tener unos precedentes que han de remontarse a épocas muy antiguas. Retomando las tesis de Smutný, Kreisberg afirma que los templos megalíticos de Malta podrían haber tenido una función de propagación del sonido a gran distancia. Así, estos grandes complejos megalíticos podrían haber funcionado realmente como generadores de ondas acústicas de alta frecuencia, cuya finalidad sería la de establecer un sistema de comunicación entre las diversas islas. Incluso las leyendas sobre las sirenas y sus característicos cantos tendrían alguna relación con estas estructuras. De hecho, se han encontrado en Malta muchas estatuas de mujeres gruesas (como las divas de la ópera moderna), que podrían haber emitido sonidos o cantos desde el centro de la estructura. Luego, la configuración multi-lobular de los propios templos habría permitido la amplificación del sonido, teniendo en cuenta que los bloques megalíticos serían un buen material resonante. 


Patrón de propagación de antena
Planta del templo de Hagar Qim
Esta hipótesis puede parecer algo rebuscada, pero Kreisberg muestra la evidente semejanza entre la forma lobular del templo de Hagar Qim y un típico patrón de propagación de una antena inalámbrica de 800 MHz, con un lóbulo principal y lóbulos laterales. A partir de aquí, ha ido un poco más allá y ha encontrado otros indicios significativos en el mismo conjunto arqueológico. Tomando como referencia una publicación de Joseph S. Ellul 1988 titulada Malta’s Prediluvian Culture at the Stone-Age Temples (1988), Kreisberg destaca que en Hagar Qim se halló un dintel desplazado de su lugar sobre el cual se había asentado en perfecto equilibrio una gran losa con notables propiedades acústicas, pues cuando era golpeada con otra piedra sonaba como una campana. Más tarde, en los años 50, los bloques se reubicaron en sus posiciones originales y el efecto de la “campana de Hagar Qim” se perdió para siempre. Finalmente, Kreisberg toma nota de una observación hecha por Graham Hancock en Malta, al destacar la posición despejada los templos, con un notable descenso del nivel terreno a su alrededor, lo cual sería una condición ideal para la propagación de la señal acústica a grandes distancias. Y una vez más, en algunos megalitos malteses encontramos los famosos diseños curvilíneos o en espiral con forma de “onda”.

En todo caso, Kreisberg, concede una gran verosimilitud a la hipótesis de la comunicación entre las islas a partir de dos observaciones. Por un lado, tendríamos el mar como un canal de comunicación ideal. De hecho, la transmisión del sonido se vería potenciada por la amplificación de éste a través del agua. Esta característica es bien conocida a partir de principios físicos: el agua enfría el aire que está justo por encima de la superficie, lo que ralentiza las ondas que viajan sobre la superficie. Esto provoca una refracción o curvatura de la onda sonora de tal modo que se propaga una mayor cantidad de sonido a través de la masa de agua.

Por otro lado, Kreisberg supone que para que el sistema tenga sentido debe haber un emisor y un receptor, y precisamente encontró un rastro muy interesante al respecto en la isla de Lampedusa, a unos 160 km. al sur de Malta y cerca de la costa tunecina. Allí existen unos restos megalíticos que todavía no se han investigado aún, pero cuyo aspecto circular podría constituir un claro paralelo de los famosos templos malteses.

Obviamente, Glenn Kreisberg hace la reflexión de que todo esto podría ser un cúmulo de coincidencias pero si hubiera una clara intencionalidad detrás de los hechos observados, entonces tendríamos que preguntarnos si los antiguos no tenían un cierto nivel de sofisticación tecnológica inesperada. Aquí, el autor americano lanza la hipótesis de que tal vez el megalitismo, cuyo propósito sigue sin estar demasiado claro para la arqueología, constituía el legado de un conocimiento perdido en su funcionalidad.

Pero además del caso maltés, Kreisberg ha identificado otros posibles rastros arqueoacústicos en las torres célticas de Irlanda, cuyo periodo de construcción se ha fijado aproximadamente entre los siglos VII y X de nuestra era. Existen allí más de cien de estas altas estructuras cilíndricas, todas ellas construidas con unos mismos patrones arquitectónicos, y se supone que en principio estaban aisladas y luego acabaron rodeadas de edificaciones anexas (iglesias,  monasterios...). Para los investigadores académicos las torres habrían tenido una función de vigilancia y defensa ante posibles incursores, con las puertas de acceso situadas entre 1,5 y 4,5 metros por encima del nivel del suelo, supuestamente por razones de seguridad.

Torres célticas irlandesas
Sin embargo, Kreisberg cree que esta interpretación es errónea y para ello se apoya en el trabajo de un investigador norteamericano llamado Phillip Callahan[2], el cual defiende la tesis de que estas torres en realidad fueron diseñadas y utilizadas como enormes sistemas de resonancia para captar y almacenar energía electromagnética procedente de la tierra y del cielo. De hecho Callahan considera que estas torres, así como otras estructuras similares del Mundo Antiguo, eran antenas que captaban la sutil radiación magnética del Sol y la transmitían a los monjes en meditación y a las plantas que crecían en la base de la torre. Este fenómeno sería posible gracias a la propia forma de la torre y a los materiales de construcción.

En efecto, las piedras empleadas (caliza, arenisca, basalto, granito...) tendrían propiedades paramagnéticas y funcionarían óptimamente como antenas y también como conductores de energía. Callahan apreciaba, además, que algunas torres presentaban rellenos de cascotes en determinadas porciones interiores, lo cual –lejos de ser un hecho aleatorio– indicaría que las torres-antenas habrían sido “sintonizadas” para resonar con ciertas frecuencias específicas.

Por otra parte, la misma posición geográfica de las torres mostraba que se hallaban distribuidas según un patrón que reflejaba la posición de las estrellas del hemisferio norte en el solsticio de invierno. Estos lugares, no casualmente, se encontraban sobre antiguos terrenos sagrados desde épocas remotas, coincidiendo así con otras antiguas civilizaciones como los egipcios o los mayas, que parecían conocer una resonancia energética entre determinados enclaves terrestres y ciertos cuerpos celestes.

Ante estos hechos, cabe preguntarse si los antiguos monjes irlandeses conocían estas propiedades y las utilizaban en su propio beneficio. Algo de ello podría haber, pues Kreisberg alude a modernos experimentos de exposición a campos de radiación electromagnética, en los cuales se pudo comprobar que los individuos analizados experimentaban un notable estado de bienestar y salud, aparte de alcanzar ciertos estados alterados de conciencia o de “trance” que podrían equipararse a las experiencias chamanísticas. Y así pues aquí podríamos tener otra posible explicación para la construcción de monumentos megalíticos, basada en el uso de los campos electromagnéticos.

Juntando todas las piezas, Kreisberg especula con que los antiguos conocían bien las propiedades del sonido y lo podrían haber usado básicamente con estos fines:

  • Hacia arriba: para la comunicación con los dioses
  • Al nivel de tierra: para la comunicación a larga distancia y para defenderse (el sonido como arma).
  • Hacia abajo (el inframundo): para entrar en estados alterados de conciencia o para comunicarse con el mundo espiritual.

Finalmente, cabe reseñar que recientemente (2014) se celebró en la propia isla de Malta un congreso internacional organizado por la Old Temples Study Foundation[3] sobre arqueoacústica a partir del proyecto llamado Hal Saflieni Hypogeum Acoustics Research Project, cuya finalidad es llevar a cabo un estudio científico completo de este enclave arqueológico desde la perspectiva del sonido. El informe sobre los resultados de esta primera experiencia está todavía pendiente de publicación.

© Xavier Bartlett 2014


Crédito imagénes: 1. Matthias Kabel 2. Dietrich Michael Weidmann 
3, 4 y 5. Extraídas del artículo Did Ancient Humans Have Knowledge of the Electromagnetic (EM) Spectrum?

 

Referencias


KREISBERG, G. Did Ancient Humans Have Knowledge of the Electromagnetic (EM) Spectrum? (2005), en www.grahamhancock.com/articles

KREISBERG, G. Mission Malta - Exploring the Sound and Energy Properties of Ancient Architecture (2014), en www.grahamhancock.com/articles

http://www.otsf.org/


[1] Esta disciplina es definida en Wikipedia como “el uso del estudio acústico como un enfoque metodológico en la arqueología. Esto puede implicar, por ejemplo, el estudio de la acústica de los yacimientos arqueológicos o el estudio de la acústica de artefactos arqueológicos.”
[2] Callahan escribió un libro al respecto titulado Ancient Mysteries, Modern Visions (1984)
[3] Se trata de una entidad cultural estadounidense sin ánimo de lucro fundada en 1994 y compuesta por profesionales de diversas disciplinas. Sus objetivos se han centrado en la preservación y difusión del gran legado arqueológico que representa el conjunto de templos megalíticos malteses, y más recientemente en su investigación arqueoacústica.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El Antiguo Egipto según Clesson Harvey



En varios artículos anteriores he tenido la oportunidad de presentar el trabajo del casi desconocido investigador norteamericano Clesson H. Harvey, cuyas propuestas resultan extraordinariamente atrevidas y desconcertantes no sólo para la egiptología académica sino también para las visiones alternativas o incluso “piramidológicas”[1]. Cabe recordar que Harvey tenía un notable bagaje científico empírico (era físico y químico) pero que al adentrarse profundamente en el Antiguo Egipto y otras antiguas civilizaciones y tradiciones de todo el mundo elaboró una inesperada síntesis de la ciencia más avanzada y la espiritualidad o metafísica más pura.

Como resultado de su investigación, Harvey propuso una compleja y radical interpretación de los Textos de las Pirámides, que puede considerarse como una lectura única de estos famosos textos (supuestamente religiosos) de la civilización egipcia. No voy a extenderme ahora en este punto, pues ya expuse su enfoque en dos artículos específicos sobre esta cuestión y por tanto invito a los lectores a que revisen este material en este mismo blog.

Lo que ahora presento supone ir un paso más allá, ofreciendo a los lectores una visión general del Antiguo Egipto según Harvey, un viaje para el cual es preciso descargarse de todos los prejuicios e ideas preconcebidas sobre esta civilización. Lo cierto es que Harvey abarcó muchos temas en su estudio del Antiguo Egipto (algunos ya fueron esbozados brevemente en los artículos antes mencionados), si bien todos ellos girarían alrededor de un hilo conductor común, que es el mundo de la conciencia, que para Harvey habría quedado enmascarado bajo el inevitable cajón de sastre que es el ámbito de la religión y las creencias.

Así pues, paso sin más a ofrecer de forma resumida lo más destacado estas propuestas de Clesson Harvey. De todas formas, a modo de aviso para navegantes, es importante insistir en que ningún otro investigador, ni el ámbito académico ni en el alternativo, ha realizado las lecturas que hizo Harvey y que en muchos casos parecen faltas de contexto o de explicación.

El “Ojo de la Segunda Visión”


Para entender la egiptología de Harvey, es preciso presentar en primer lugar un concepto central de tipo metafísico que se repite constantemente en sus trabajos y que está en el eje de su explicación de los Textos de las Pirámides. Este concepto es el Ojo de Horus, o bien el Ojo de la Segunda Visión, que se definiría de este modo: “un solo punto en el centro exacto de la conciencia visual de cada persona que brilla como una estrella borrosa, de forma intermitente, a unos 15 cm. delante de la frente, incluso en la oscuridad total. Sabemos por la investigación moderna del cerebro que tal conciencia proviene de la actividad eléctrica de un punto correspondiente en alguna parte del cerebro físico. Los Textos de las Pirámides describen una isla no física o alma de conciencia inmortal que inicialmente está unida a la estrella reluciente física en el cerebro. Esta isla de conciencia completamente no-física es el Ojo de Segunda Visión.” Esta Segunda Visión, según Harvey, sería la visión propia de un estado de conciencia más elevado, muy superior a nuestra visión limitada con los dos ojos físicos.

Ahora bien, la apertura de tal Ojo no sería un camino fácil, tal como afirmaba el autor norteamericano, pues se debería abrir previamente la puerta de la estrella espiritualizadora y seguir ciertas instrucciones escritas en el libro Im Duat o Am Duat (texto del Imperio Nuevo, copiado de un texto de una cámara oculta). De hecho, Harvey decía no tener pruebas de que nadie hoy en nuestro mundo actual hubiera sido capaz de acceder a esa Segunda Visión, dado que la técnica descrita en los Textos de las Pirámides no habría sido reproducible más allá del Antiguo Egipto. En definitiva, Harvey consideraba que pese a tener fragmentos de esa técnica e incluso una palabra sagrada (“Sah” o estrella interior), el acceso a este Ojo –que parece muy cercano al concepto oriental del tercer ojo[2]– sería una tarea muy difícil de lograr. 
 

Las pirámides  


Harvey sostenía firmemente que las pirámides del Imperio Antiguo no fueron diseñadas originariamente como tumbas sino que tenían una función metafísica de iniciación o entrenamiento para ciertos elegidos. Según sus estudios de los Textos de las Pirámides, en el interior de la pirámide (y en completa oscuridad) se pronunciaba la llamada “palabra terrible”, tras lo cual se recitaban los Textos. Para ser más precisos, aunque tal descripción resulta más bien críptica, Harvey definía la pirámide como “la puerta física de la estrella espiritualizadora” que está vinculada al Ojo de la Segunda Visión no físico.

Además, Harvey observaba que las cinco pirámides donde se encontraron los Textos grabados en piedra (Unis, Teti, Pepi I, Merenre y Pepi II) eran enormes jeroglíficos megalíticos que contenían la clave del llamado Sekhem, “la masa restante del Poder de la Serpiente o Energía del Universo que es más de cien veces más potente que nuestra energía nuclear.”

Por lo que respecta a su construcción, tampoco creía en las explicaciones convencionales de la egiptología y apostaba por la levitación de las piedras mediante el poder del Ojo de la Segunda Visión. En todo caso, los constructores de facto de las pirámides megalíticas de la IV, V y VI dinastías habrían sido nueve entidades metafísicas o gigantes, que descenderían a la Tierra sólo una vez cada 26.000 años (un ciclo precesional).

En cuanto a su cronología, Harvey descartaba del todo la datación arqueológico-histórica y tomaba como base la Declaración 302, en la cual se hace una referencia astronómica que no se corresponde con nuestro actual ciclo precesional. De este modo, situaba la construcción de estos monumentos en un ciclo precesional anterior, esto es, hace 26.000 años, sin descartar que aún pudieran tener un ciclo más, o sea, 52.000 años. En este sentido, y a diferencia de las propuestas de Robert Bauval, que relacionaban directamente las pirámides con ciertas estrellas o constelaciones del firmamento, Harvey estaba convencido que tales estrellas no eran físicas, sino metafísicas (de la conciencia).

En este contexto, Harvey fustigaba una vez más a la egiptología académica asegurando que las dataciones y conceptos sobre el Egipto histórico estaban muy equivocados. En su opinión, los seres humanos (se ha de suponer que civilizados) ya habitaban Egipto hace 45.000 años. Asimismo, estaba convencido de que las cronologías de las seis primeras dinastías mencionadas por Manetón estaban mal fechadas, pues tanto las pirámides como sus Textos correspondientes serían coetáneos, y se remontarían a una antiquísima era predinástica[3]. 

Los Shemsu-Hor


Para Harvey, los seguidores de Horus o Shemsu-Hor (que él transcribe como Shemesu Heru) eran propiamente los seguidores de la Segunda Visión y se remontaban a la era predinástica; de hecho, ellos serían los responsables de la construcción de las pirámides. En suma, no se trataría de seres míticos –como afirma la egiptología– sino de personas reales de carne y hueso, una especie de minoría de elegidos que habrían vivido en un nivel de conciencia más alto que el nuestro. Sin ir más lejos, el último faraón de la quinta dinastía y todos los de la sexta habrían sido Shemsu-Hor.

Pero lo más sorprendente viene ahora: Harvey aseveraba que tales personas habían vivido a lo largo de la Historia de la Humanidad en un segundo plano, y que de hecho seguían viviendo en nuestro mundo actual. En su opinión, los seguidores de la segunda Visión siempre han estado aquí pero en muy escaso número y su paradero es desconocido; en todo caso sólo se podría dar con ellos a través del Ojo de la Segunda Visión.

La Atlántida y la Sala de los Archivos


Para John Anthony West, el Antiguo Egipto era de alguna forma el legado de una civilización anterior que podemos llamar Atlántida. Sin embargo, Harvey fue más allá y afirmó que el Imperio Antiguo egipcio era en sí parte de la propia Atlántida, según había deducido de los Textos de las Pirámides. De hecho, todo el alto conocimiento sobre el Ojo de la Segunda Visión sería propiamente un conocimiento de los atlantes.

La referencia directa a la Atlántida estaría de alguna manera justificada en el uso de la palabra ndit, que aparece en los Textos. Luego, miles de años después, los sacerdotes egipcios habrían explicado al legislador griego Solón la historia de un mundo perdido llamado itnd o itlend, una expresión derivada de ndit, que –pasando por el griego y luego el latín– daría lugar a nuestra voz Atlántida.

Según Harvey, los Textos nos hablan de un tiempo primigenio de la Atlántida que tendría su origen hace millones de años, en la “evolución paranormal de la humanidad sobre la Tierra.” Por supuesto, los Textos no mencionan los últimos tiempos y la destrucción de la Atlántida –tal como la describe Platón– pues sin duda serían más antiguos. Otro dato curioso sobre tales épocas atlantes es que se cita la existencia de gigantes, si bien los traductores ortodoxos habrían modificado esta palabra (bien conocida en el vocabulario jeroglífico) para convertirla en “grandes”.

En cuanto a la escurridiza Sala de los Archivos, mencionada a mediados del siglo XX por el vidente Edgar Cayce, Harvey creía firmemente en su existencia a partir de los textos del Im Duat, que revelarían la posición de una cierta cámara oculta (Ot Imenet) al sur de la gran Pirámide y al oeste de la Gran Esfinge. Según su visión, los textos, que aparecen estructurados en 12 partes u horas estarían copiados de las paredes de dicha cámara. (Por cierto, tomando ciertas declaraciones que muestran dos cabezas de la esfinge, Harvey especuló con la posible existencia de una segunda esfinge, ahora destruida, al sur de la pirámide de Khufu)[4].

La escritura jeroglífica


Harvey aprendió a leer la escritura jeroglífica con el egiptólogo Klaus Baer en los años 60 y luego la estuvo estudiando durante muchos años, llegando a la conclusión de que los grandes traductores académicos (empezando por el propio Faulkner) se habían quedado muy lejos del sentido real de este lenguaje y que incluso habían dicho tonterías. Desde su punto de vista, los jeroglíficos constituían un sistema de escritura que se podía programar, algo así como un lenguaje de tipo informático.

En cuanto al origen y naturaleza de esta escritura, Harvey tomaba como referencia básica los Textos de las Pirámides y extraía de ellos las siguientes conclusiones:

  • Los signos jeroglíficos son definidores atlantes.
  • El deletreo jeroglífico de una palabra es su definición atlante.
  • La gramática jeroglífica es programable.
  • Las preposiciones jeroglíficas son signos de casos atlantes.
  • El vocabulario jeroglífico es un diccionario atlante.
  • La escritura jeroglífica tiene más de 78.000 años.

Además, otro de sus descubrimientos es que la antigua lengua egipcia contenía claros paralelismos con el antiguo sánscrito de los hindúes. Por ejemplo, en palabras del propio autor, “la expresión djed significa 'dicho' o 'respirado' en el contexto de meditación, como el sonido de la palabra mantra Sah. Así pues, el djed medu de los Textos de las Pirámides es una forma de control de la respiración que es extrañamente similar al sahita-kumbhaka del leguaje sánscrito de la antigua India, y el jeroglífico pet o 'práctica de levitación' es como el sánscrito khechari-mudra o 'práctica de movimiento en el espacio' (levitación).”

Conocimientos avanzados en el Antiguo Egipto


Clesson Harvey estaba convencido de que el Antiguo Egipto tenía un nivel de conocimientos científicos (y metafísicos) muy superior al actual. En sus artículos ya mencionaba la presencia –según diversos textos– de altos conocimientos de matemáticas y de física, pero fue en su obra “Opening the door to immortality” en la que lanzó un órdago completo a la ciencia convencional. En este libro interpretaba los textos de la pirámide del faraón de la VI dinastía Merenre (que él transcribe como Meri-en-Ro) como una serie de cartas o instrucciones para el rey escritas por una entidad etérea o maestro espiritual llamado Tem, “el primero o el más alto de los nueve estados de conciencia de la mecánica cuántica en todo el universo”.

En estas cartas, el maestro Tem enseñaba a Merenre que lo que mueve efectivamente el Universo es la Conciencia, y Harvey apreciaba que este concepto de Conciencia está directamente relacionado con nuestra moderna física cuántica. Así, el propio Erwin Schrödinger reconocía que el Universo se comportaba como la conciencia, si bien no sabía definir exactamente qué era ésta. En este punto retomaba a Pitágoras, el cual afirmaba que “Todo es número”, y partir de aquí Harvey asumía que estos números eran en realidad los números atómicos de la tabla periódica de elementos, los cuales tendrían vida o entidad propia. Asimismo, Tem decía al rey que la Conciencia (el ka o carga eléctrica en todas sus formas) era la que causaba toda fuerza a una distancia. De este modo, las fuerzas nucleares o gravitacionales resultarían ser siempre modificaciones de una Fuerza eléctrica alterna de la Conciencia, o carga eléctrica. Y lo que viene a ser más desconcertante es que Harvey relacionaba directamente la clásica Enéada de grandes dioses egipcios con los nueve estados de mecánica cuántica de Atención Visual o Conciencia presentes en el Universo, siendo éstos asimilables a las nueve familias químicas de átomos...

Últimas reflexiones


En fin, para un lego es muy complicado valorar estas afirmaciones, pues la mezcla de tales conceptos –sobre todo sin conocer a fondo ni los principios de la física y la química ni las enseñanzas místicas orientales– causa un cierto asombro y desorientación. Por todo ello, bien podríamos decir que Harvey, o bien fue demasiado lejos con sus especulaciones sobre los Textos de las Pirámides (es decir, construyó una fantasía paracientífica con muy poco fundamento) o bien fue un visionario capaz de traspasar lo superficial para dar con una lectura correcta de una ciencia desaparecida que cabalga entre lo físico y lo metafísico.

Y, concluyendo, puede que también el Sr. Harvey tuviera su pequeña –o gran– dosis de ego (aunque ello me parece dudoso dada su aparentemente sincera adscripción a la meditación y espiritualidad) y por este motivo quiso desmarcarse bien a las claras del mundo académico y de otros autores, dejando estas palabras como testimonio de su particular empeño:

“Actualmente soy el único traductor del mundo que cree que los antiguos egipcios escribieron sobre cosas espirituales con extraordinaria precisión en los Textos de las Pirámides y que sus palabras no deberían ser constantemente rescritas por egiptólogos desesperadamente incoherentes.”

Sólo el tiempo dirá si se acercó, o no, a una interpretación correcta del Antiguo Egipto.

© Xavier Bartlett 2014


Fuentes: www.pyramidtexts.com y “Opening the door to immortality”


[1] Este distanciamiento con el mundo alternativo se plasma en el hecho de que Harvey había tenido algún contacto con Graham Hancock y con Robert Bauval y les había expresado su opinión sobre la naturaleza metafísica y no astronómica de las estrellas, pero según él mismo reconocía “había sido ignorado educadamente” de la misma manera que ellos habían sido ignorados por la Egiptología.
[2] Harvey equiparaba los conceptos místicos de los textos de las Pirámides con los antiguos textos sagrados hindúes, y de alguna manera el Ojo de la Segunda Visión se correspondería con el sexto chakra de la tradición hindú.
[3] De hecho, la egiptología ya acepta que los Textos de las Pirámides, aunque aparecen por primera vez en una pirámide de la V dinastía (faraón Unis), tendrían una gran antigüedad, al relacionarse con antiguos cultos y creencias de las primeras dinastías o incluso de un tiempo predinástico.
[4] Este tema no es completamente nuevo, pues otro investigador, el egipcio Bassam el Shammaa, basándose en los propios textos egipcios antiguos y en análisis fotográficos de la NASA, defendió la existencia de una segunda Gran Esfinge, justo al lado de la primera.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Los cartuchos de Khufu: Epílogo


Hemos presentado la teoría del fraude en la Gran Pirámide en el artículo anterior (en dos partes) de Scott Creighton, según el cual es muy posible que Howard-Vyse falsificara un documento histórico de tremenda importancia. Lo cierto es que a día de hoy sigue la polémica en torno a la autenticidad de estos cartuchos, lo que ha generado acalorados debates en Internet, especialmente en el foro de Graham Hancock. No es preciso señalar que para los defensores de la ortodoxia egiptológica, todas estas propuestas sobre el fraude de Vyse no tienen pies ni cabeza. No obstante, ya se han abierto nuevas grietas por las cuales sigue produciéndose un continuo goteo de datos y detalles sobre el caso que de alguna manera proyectan nuevas sombras sobre el proceder de Howard-Vyse. Así, los últimos argumentos de Creighton y de otros críticos se han centrado en determinados aspectos formales que antes se habían pasado por alto.

Facsímil del cartucho de Khufu, obra de J.R. Hill
El primero de ellos es la propia orientación de las inscripciones. En el diario de Vyse podemos apreciar que las reproducciones de los tres cartuchos hallados en la cámara de Campbell están en posición horizontal, mientras que los cartuchos reales están pintados en posición vertical. Esto podría ser una nimiedad, pero en el mismo diario de Vyse aparecen los dibujos de otros jeroglíficos tal y como están en su posición original en las diversas cámaras. Además, los dibujos facsímiles de las inscripciones realizados por J.R. Hill, colaborador de Vyse, reproducían exactamente la posición de los jeroglíficos desde el punto de vista de un observador de pie sobre la cámara. Sin embargo, en los facsímiles de los cartuchos de Khufu se producía el mismo error, esto es, la incorrecta representación horizontal. Para Creighton esto sería indicio de que Vyse vio el cartucho así representado (horizontalmente) en otra parte y lo copió tal cual en su diario, pero luego lo reprodujo en vertical en la mencionada cámara. Y como se desprende de ello, Hill tampoco habría dibujado sus facsímiles a partir de los cartuchos pintados en la cámara.

Posibles rastros de líneas de guía en el cartucho de Khufu



En segundo lugar, muy recientemente se ha reincidido en la falsificación de los cartuchos a través del estudio de determinadas fotografías a cierto nivel de detalle, en las cuales se apreciaría un posible patrón o cuadrícula previa pintada a lápiz sobre la cual se habría pintado el cartucho a fin de mantener las formas y proporciones correctas. Nuevamente aquí se ha discutido sobre la existencia de tales líneas y, en su caso, sobre el hecho crucial de si tales líneas están por debajo o no de la pintura ocre de los jeroglíficos.

En tercer lugar, algunas voces críticas siguen especulando con la posibilidad de que las marcas de cantera (o al menos algunas de ellas) no fueran realmente “de cantera” sino que hubieran sido realizadas in situ, lo que podría conducir a un escenario anómalo; esto es, a la posibilidad de que las marcas hubieran sido obra del equipo de Vyse y no de los antiguos egipcios. Los argumentos que sustentan esta visión, centrada en el cartucho de Khufu en la cámara de Campbell, se pueden resumir del siguiente modo:

  • El cartucho aparece en posición vertical, pero es plenamente visible en su totalidad, lo que es una feliz casualidad.
  • Parece haber un ligero efecto de compresión hacia el final, lo que vendría a ser obra de una mano poco experta en la escritura de signos.  
  • Cuando se gira 90º el cartucho y se ven los signos en posición horizontal se aprecia un ligero efecto de oblicuidad o inclinación. Esto no hubiera ocurrido de haberse realizado las marcas en la cantera, en posición horizontal (y luego, lógicamente, el bloque se habría dispuesto verticalmente en la cámara).
  • Las pinceladas de la escritura jeroglífica tienen alguna reminiscencia del estilo caligráfico victoriano (siglo XIX), circular y sinuoso.

Aparte de estos indicios –que hasta cierto punto podrían considerarse como algo rebuscado o especulativo– existen determinadas anomalías muy evidentes en los propios signos y que ponen seriamente en duda la teoría de la autoría en cantera: concretamente, la forma en que se pintaron el propio óvalo del cartucho y el jeroglífico con forma de tamiz (disco con rayas en su interior). Por un lado, vemos que el óvalo se pintó en sentido contrario a las agujas del reloj, empezando con línea gruesa desde la parte inferior derecha, hasta la parte inferior izquierda, en línea más fina, y no parece que se trate de un óvalo completo. Los dos extremos parecen acabar justo antes de la junta entre bloques, lo que resulta bastante raro si el cartucho se hubiera pintado en la cantera. En otras palabras, ¿qué sentido tendría comenzar y acabar el trazo del óvalo en el extremo distal y no en la base? Por otro lado, la parte inferior del tamiz está trazada con una línea muy fina, a diferencia de la línea del resto del círculo, que es apreciablemente más gruesa. Esto se debería a que sería muy complicado rematar el disco o círculo con una pincelada gruesa dado el espacio tan reducido y en ángulo en la juntura de los bloques, lo que impediría completar la pincelada adecuadamente.

Finalmente, cabe citar un episodio también relacionado con la famosa pintura ocre y que no ha hecho más que avivar la polémica. Este hecho, que sobrevive entre el rumor y el escándalo, se refiere a tres investigadores alemanes que supuestamente en 2013 habrían extraído sin permiso unas muestras de esta pintura para ser analizadas mediante moderna tecnología de datación. Robert Bauval desmintió esta historia[1], pero al mismo tiempo aseguró firmemente que alguien indeterminado había extraído esas muestras –dañando el propio cartucho– en algún momento entre julio de 2004 y diciembre de 2006. El autor anglo-egipcio sospechaba de un investigador alemán llamado Stefan Erdmann que habría visitado las cámaras en las fechas antes citadas y habría tomado estas muestras como elemento estrella para un documental televisivo. Sin embargo, Bauval no pudo ir más allá de las simples conjeturas.  

Cámaras de descarga sobre la Cámara del Rey
Y a modo de conclusión, Scott Creighton me reconocía en un correo electrónico que cada pieza por separado no probaba concluyentemente la perpetración del fraude pero que la suma de todas las partes sí permitía crear un escenario bastante sólido. En todo caso, decía, la prueba definitiva debe venir de los análisis científicos (químicos) de las propias inscripciones. En su opinión, tales pruebas han de realizarse de forma abierta y transparente para despejar todas las dudas. Con todo, enlazando con el último rumor antes mencionado, añadía lo siguiente (cita literal): “Personalmente, creo que [las muestras] ya han sido analizadas entre 2004 y 2006, dado que los fragmentos de pintura del cartucho de Khufu desaparecieron durante ese tiempo y nadie parece saber cómo y porqué sucedió.” A partir de aquí, él contempla la posibilidad real de que los resultados obtenidos tal vez no encajaran en la historia oficial y de ahí que no salieran a la luz.

Pero... ¿qué dicen los egiptólogos de todo esto? Aparte de las declaraciones oficiales, Creighton sugiere que quizás muchos de ellos no creen de verdad en la autenticidad de los cartuchos. De hecho, un amigo suyo egiptólogo (cuyo nombre ha quedado en el anonimato), después de leer su trabajo sobre Vyse, le hacía este comentario:

"…Tengo que mencionarte un problema, y es tu creencia de que los egiptólogos emplean el descubrimiento del cartucho por parte de Vyse como prueba de que la Gran Pirámide fue construida por Khufu. No sé con quién has estado hablando en este campo, pero nadie que yo conozca cree que el susodicho cartucho sea verdadero. ¡De hecho, la gran mayoría de egiptólogos saben bien que es una falsificación! […] (El fraude de Vyse) es un secreto a voces."

Por supuesto, habría que ver quién es esta persona y cuáles son sus credenciales, pues más bien parece que estamos ante la táctica de “tirar la piedra y esconder la mano” y lo cierto es que nadie más del mundo académico parece apoyar estas afirmaciones. No obstante, si existiera realmente esta convicción generalizada entre los académicos y se comentara sólo en privado a fin de mantener el statu quo, hablaría bien poco a favor de la honestidad científica de los egiptólogos.

En definitiva: ¿Tendremos algún día todas las claves y datos científicos sobre este asunto? Si es así, y las pruebas son contrarias a la versión académica, ¿se llegará a cuestionar seriamente la autoría de la Gran Pirámide e incluso su antigüedad? ¿De qué modo afectaría a la Egiptología el reconocimiento oficial de fraude por parte de Howard-Vyse? De momento todo sigue actual, al menos en apariencia. Veremos si las voces alternativas tienen la suficiente fuerza argumental para desafiar (y desacreditar) al paradigma actual en este tema.

(c) Xavier Bartlett 2014 

Crédito de imágenes: 1. Scott Creighton 2. Robert Schoch 3. Biblioteca Pléyades


[1] Véase http://www.grahamhancock.com/phorum/read.php?f=1&i=334576&t=334576