miércoles, 17 de diciembre de 2014

Arqueoacústica: insospechados ecos del pasado


Uno de los rasgos más típicos de la arqueología alternativa ha sido sin duda la defensa de una Antigüedad mucho más avanzada de lo que se ha venido aceptando convencionalmente, tanto en el ámbito de la conciencia como en el de la ciencia. Así, no son pocos los autores alternativos que han ido proponiendo teorías sobre un Mundo Antiguo caracterizado por una ciencia y tecnología de un nivel similar o incluso superior a la de nuestros tiempos.

En este contexto, y vistos los sólidos indicios de una alta ciencia, más de un autor se apresuró a sugerir la intervención de seres inteligentes procedentes del espacio en la realización de tales prodigios, lo que conformó la llamada teoría del antiguo astronauta, que aún sigue en boga hoy en día. No obstante, más recientemente, otros muchos autores postulan la existencia de una humanidad  avanzada que vivió en un ciclo álgido –según el modelo de una historia cíclica– y que desapareció dejando apenas unos pocos rastros de su ciencia a las nuevas generaciones de una Humanidad inferior. En este artículo nos centraremos precisamente en unos de esos rastros, a través de una interesante teoría –poco conocida a nivel popular– que apareció hace unos pocos años acerca de determinados conocimientos relacionados con el sonido.

Esta teoría que presentamos a continuación es fruto del trabajo de varias personas, pero particularmente del ingeniero norteamericano Glenn M. Kreisberg, especialista en el terreno concreto de las radiofrecuencias. Lo que propone Kreisberg es todo un reto a las mentes más convencionales, pues sus estudios –sustentados en gran parte en el trabajo previo del investigador eslovaco Pavel Smutný– le han llevado a la conclusión de que los antiguos podían haber tenido un claro conocimiento del espectro electromagnético, sobre todo en aspectos del ámbito de la acústica, lo que se puede conectar directamente con una reciente vía de investigación del pasado llamada arqueoacústica[1].

Pinturas rupestres de Altamira (reproducción)
Según esta nueva disciplina, podemos contemplar la posibilidad real de que el sonido fuese un elemento clave en antiguas ceremonias y en la configuración de ciertas estructuras. Por ejemplo, los recientes estudios sobre el arte rupestre paleolítico han apuntado a una asociación entre las áreas en las que tiene lugar una fuerte resonancia y la localización de las pinturas. Tal hallazgo demostraría que las propiedades del sonido ya eran conocidas y apreciadas hace más de 30.000 años. Asimismo, se han realizado algunos estudios sobre las propiedades sonoras de algunos artefactos, pero este campo apenas ha dado resultados relevantes.

Volviendo al tema específico del conocimiento del espectro electromagnético, Glenn Kreisberg plantea que los antiguos –por lo menos antes de la aparición de la ciencia de la Antigua Grecia, precursora de la ciencia moderna– podían expresar conceptos o materias relacionadas con la ciencia de forma muy distinta a que lo hacemos nosotros, lo que tal vez nos hace pasar por alto o malinterpretar ciertas observaciones, que los expertos actuales toman como simbolismos o alegorías, o simplemente no les conceden ningún sentido específico. Así, Kreisberg cree que los antiguos tenían un conocimiento íntimo de la naturaleza y de los mecanismos o fuerzas que la rigen, y entre estos elementos estaría sin duda el espectro electromagnético, “una secuencia continua de energía electromagnética dispuesta según una longitud de onda o frecuencia”. 

El planteamiento teórico de Kreisberg se fundamenta en que el espectro electromagnético (EM) es algo que forma parte del entorno natural en que se desenvuelve el hombre y que por tanto debía ser conocido de alguna manera por el hombre primitivo, dada su íntima proximidad a la naturaleza y a la interdependencia con ella. Para demostrar que los antiguos sí eran conscientes de la existencia de las ondas, Kreisberg saca a colación una serie de antiguos motivos artísticos y ornamentales de varias culturas relacionados con formas ondulantes o sinuosas, dientes de sierra, etc


Templo megalítico de Malta
De hecho, sabemos que las primeras culturas humanas hicieron uso de fuerzas naturales como el fuego, el agua, el viento y el sonido. Para el investigador americano, el conocimiento del espectro EM no puede limitarse a los últimos tiempos, sino que debe tener unos precedentes que han de remontarse a épocas muy antiguas. Retomando las tesis de Smutný, Kreisberg afirma que los templos megalíticos de Malta podrían haber tenido una función de propagación del sonido a gran distancia. Así, estos grandes complejos megalíticos podrían haber funcionado realmente como generadores de ondas acústicas de alta frecuencia, cuya finalidad sería la de establecer un sistema de comunicación entre las diversas islas. Incluso las leyendas sobre las sirenas y sus característicos cantos tendrían alguna relación con estas estructuras. De hecho, se han encontrado en Malta muchas estatuas de mujeres gruesas (como las divas de la ópera moderna), que podrían haber emitido sonidos o cantos desde el centro de la estructura. Luego, la configuración multi-lobular de los propios templos habría permitido la amplificación del sonido, teniendo en cuenta que los bloques megalíticos serían un buen material resonante. 


Patrón de propagación de antena
Planta del templo de Hagar Qim
Esta hipótesis puede parecer algo rebuscada, pero Kreisberg muestra la evidente semejanza entre la forma lobular del templo de Hagar Qim y un típico patrón de propagación de una antena inalámbrica de 800 MHz, con un lóbulo principal y lóbulos laterales. A partir de aquí, ha ido un poco más allá y ha encontrado otros indicios significativos en el mismo conjunto arqueológico. Tomando como referencia una publicación de Joseph S. Ellul 1988 titulada Malta’s Prediluvian Culture at the Stone-Age Temples (1988), Kreisberg destaca que en Hagar Qim se halló un dintel desplazado de su lugar sobre el cual se había asentado en perfecto equilibrio una gran losa con notables propiedades acústicas, pues cuando era golpeada con otra piedra sonaba como una campana. Más tarde, en los años 50, los bloques se reubicaron en sus posiciones originales y el efecto de la “campana de Hagar Qim” se perdió para siempre. Finalmente, Kreisberg toma nota de una observación hecha por Graham Hancock en Malta, al destacar la posición despejada los templos, con un notable descenso del nivel terreno a su alrededor, lo cual sería una condición ideal para la propagación de la señal acústica a grandes distancias. Y una vez más, en algunos megalitos malteses encontramos los famosos diseños curvilíneos o en espiral con forma de “onda”.

En todo caso, Kreisberg, concede una gran verosimilitud a la hipótesis de la comunicación entre las islas a partir de dos observaciones. Por un lado, tendríamos el mar como un canal de comunicación ideal. De hecho, la transmisión del sonido se vería potenciada por la amplificación de éste a través del agua. Esta característica es bien conocida a partir de principios físicos: el agua enfría el aire que está justo por encima de la superficie, lo que ralentiza las ondas que viajan sobre la superficie. Esto provoca una refracción o curvatura de la onda sonora de tal modo que se propaga una mayor cantidad de sonido a través de la masa de agua.

Por otro lado, Kreisberg supone que para que el sistema tenga sentido debe haber un emisor y un receptor, y precisamente encontró un rastro muy interesante al respecto en la isla de Lampedusa, a unos 160 km. al sur de Malta y cerca de la costa tunecina. Allí existen unos restos megalíticos que todavía no se han investigado aún, pero cuyo aspecto circular podría constituir un claro paralelo de los famosos templos malteses.

Obviamente, Glenn Kreisberg hace la reflexión de que todo esto podría ser un cúmulo de coincidencias pero si hubiera una clara intencionalidad detrás de los hechos observados, entonces tendríamos que preguntarnos si los antiguos no tenían un cierto nivel de sofisticación tecnológica inesperada. Aquí, el autor americano lanza la hipótesis de que tal vez el megalitismo, cuyo propósito sigue sin estar demasiado claro para la arqueología, constituía el legado de un conocimiento perdido en su funcionalidad.

Pero además del caso maltés, Kreisberg ha identificado otros posibles rastros arqueoacústicos en las torres célticas de Irlanda, cuyo periodo de construcción se ha fijado aproximadamente entre los siglos VII y X de nuestra era. Existen allí más de cien de estas altas estructuras cilíndricas, todas ellas construidas con unos mismos patrones arquitectónicos, y se supone que en principio estaban aisladas y luego acabaron rodeadas de edificaciones anexas (iglesias,  monasterios...). Para los investigadores académicos las torres habrían tenido una función de vigilancia y defensa ante posibles incursores, con las puertas de acceso situadas entre 1,5 y 4,5 metros por encima del nivel del suelo, supuestamente por razones de seguridad.

Torres célticas irlandesas
Sin embargo, Kreisberg cree que esta interpretación es errónea y para ello se apoya en el trabajo de un investigador norteamericano llamado Phillip Callahan[2], el cual defiende la tesis de que estas torres en realidad fueron diseñadas y utilizadas como enormes sistemas de resonancia para captar y almacenar energía electromagnética procedente de la tierra y del cielo. De hecho Callahan considera que estas torres, así como otras estructuras similares del Mundo Antiguo, eran antenas que captaban la sutil radiación magnética del Sol y la transmitían a los monjes en meditación y a las plantas que crecían en la base de la torre. Este fenómeno sería posible gracias a la propia forma de la torre y a los materiales de construcción.

En efecto, las piedras empleadas (caliza, arenisca, basalto, granito...) tendrían propiedades paramagnéticas y funcionarían óptimamente como antenas y también como conductores de energía. Callahan apreciaba, además, que algunas torres presentaban rellenos de cascotes en determinadas porciones interiores, lo cual –lejos de ser un hecho aleatorio– indicaría que las torres-antenas habrían sido “sintonizadas” para resonar con ciertas frecuencias específicas.

Por otra parte, la misma posición geográfica de las torres mostraba que se hallaban distribuidas según un patrón que reflejaba la posición de las estrellas del hemisferio norte en el solsticio de invierno. Estos lugares, no casualmente, se encontraban sobre antiguos terrenos sagrados desde épocas remotas, coincidiendo así con otras antiguas civilizaciones como los egipcios o los mayas, que parecían conocer una resonancia energética entre determinados enclaves terrestres y ciertos cuerpos celestes.

Ante estos hechos, cabe preguntarse si los antiguos monjes irlandeses conocían estas propiedades y las utilizaban en su propio beneficio. Algo de ello podría haber, pues Kreisberg alude a modernos experimentos de exposición a campos de radiación electromagnética, en los cuales se pudo comprobar que los individuos analizados experimentaban un notable estado de bienestar y salud, aparte de alcanzar ciertos estados alterados de conciencia o de “trance” que podrían equipararse a las experiencias chamanísticas. Y así pues aquí podríamos tener otra posible explicación para la construcción de monumentos megalíticos, basada en el uso de los campos electromagnéticos.

Juntando todas las piezas, Kreisberg especula con que los antiguos conocían bien las propiedades del sonido y lo podrían haber usado básicamente con estos fines:

  • Hacia arriba: para la comunicación con los dioses
  • Al nivel de tierra: para la comunicación a larga distancia y para defenderse (el sonido como arma).
  • Hacia abajo (el inframundo): para entrar en estados alterados de conciencia o para comunicarse con el mundo espiritual.

Finalmente, cabe reseñar que recientemente (2014) se celebró en la propia isla de Malta un congreso internacional organizado por la Old Temples Study Foundation[3] sobre arqueoacústica a partir del proyecto llamado Hal Saflieni Hypogeum Acoustics Research Project, cuya finalidad es llevar a cabo un estudio científico completo de este enclave arqueológico desde la perspectiva del sonido. El informe sobre los resultados de esta primera experiencia está todavía pendiente de publicación.

© Xavier Bartlett 2014


Crédito imagénes: 1. Matthias Kabel 2. Dietrich Michael Weidmann 
3, 4 y 5. Extraídas del artículo Did Ancient Humans Have Knowledge of the Electromagnetic (EM) Spectrum?

 

Referencias


KREISBERG, G. Did Ancient Humans Have Knowledge of the Electromagnetic (EM) Spectrum? (2005), en www.grahamhancock.com/articles

KREISBERG, G. Mission Malta - Exploring the Sound and Energy Properties of Ancient Architecture (2014), en www.grahamhancock.com/articles

http://www.otsf.org/


[1] Esta disciplina es definida en Wikipedia como “el uso del estudio acústico como un enfoque metodológico en la arqueología. Esto puede implicar, por ejemplo, el estudio de la acústica de los yacimientos arqueológicos o el estudio de la acústica de artefactos arqueológicos.”
[2] Callahan escribió un libro al respecto titulado Ancient Mysteries, Modern Visions (1984)
[3] Se trata de una entidad cultural estadounidense sin ánimo de lucro fundada en 1994 y compuesta por profesionales de diversas disciplinas. Sus objetivos se han centrado en la preservación y difusión del gran legado arqueológico que representa el conjunto de templos megalíticos malteses, y más recientemente en su investigación arqueoacústica.

No hay comentarios: