miércoles, 3 de diciembre de 2014

El Antiguo Egipto según Clesson Harvey



En varios artículos anteriores he tenido la oportunidad de presentar el trabajo del casi desconocido investigador norteamericano Clesson H. Harvey, cuyas propuestas resultan extraordinariamente atrevidas y desconcertantes no sólo para la egiptología académica sino también para las visiones alternativas o incluso “piramidológicas”[1]. Cabe recordar que Harvey tenía un notable bagaje científico empírico (era físico y químico) pero que al adentrarse profundamente en el Antiguo Egipto y otras antiguas civilizaciones y tradiciones de todo el mundo elaboró una inesperada síntesis de la ciencia más avanzada y la espiritualidad o metafísica más pura.

Como resultado de su investigación, Harvey propuso una compleja y radical interpretación de los Textos de las Pirámides, que puede considerarse como una lectura única de estos famosos textos (supuestamente religiosos) de la civilización egipcia. No voy a extenderme ahora en este punto, pues ya expuse su enfoque en dos artículos específicos sobre esta cuestión y por tanto invito a los lectores a que revisen este material en este mismo blog.

Lo que ahora presento supone ir un paso más allá, ofreciendo a los lectores una visión general del Antiguo Egipto según Harvey, un viaje para el cual es preciso descargarse de todos los prejuicios e ideas preconcebidas sobre esta civilización. Lo cierto es que Harvey abarcó muchos temas en su estudio del Antiguo Egipto (algunos ya fueron esbozados brevemente en los artículos antes mencionados), si bien todos ellos girarían alrededor de un hilo conductor común, que es el mundo de la conciencia, que para Harvey habría quedado enmascarado bajo el inevitable cajón de sastre que es el ámbito de la religión y las creencias.

Así pues, paso sin más a ofrecer de forma resumida lo más destacado estas propuestas de Clesson Harvey. De todas formas, a modo de aviso para navegantes, es importante insistir en que ningún otro investigador, ni el ámbito académico ni en el alternativo, ha realizado las lecturas que hizo Harvey y que en muchos casos parecen faltas de contexto o de explicación.

El “Ojo de la Segunda Visión”


Para entender la egiptología de Harvey, es preciso presentar en primer lugar un concepto central de tipo metafísico que se repite constantemente en sus trabajos y que está en el eje de su explicación de los Textos de las Pirámides. Este concepto es el Ojo de Horus, o bien el Ojo de la Segunda Visión, que se definiría de este modo: “un solo punto en el centro exacto de la conciencia visual de cada persona que brilla como una estrella borrosa, de forma intermitente, a unos 15 cm. delante de la frente, incluso en la oscuridad total. Sabemos por la investigación moderna del cerebro que tal conciencia proviene de la actividad eléctrica de un punto correspondiente en alguna parte del cerebro físico. Los Textos de las Pirámides describen una isla no física o alma de conciencia inmortal que inicialmente está unida a la estrella reluciente física en el cerebro. Esta isla de conciencia completamente no-física es el Ojo de Segunda Visión.” Esta Segunda Visión, según Harvey, sería la visión propia de un estado de conciencia más elevado, muy superior a nuestra visión limitada con los dos ojos físicos.

Ahora bien, la apertura de tal Ojo no sería un camino fácil, tal como afirmaba el autor norteamericano, pues se debería abrir previamente la puerta de la estrella espiritualizadora y seguir ciertas instrucciones escritas en el libro Im Duat o Am Duat (texto del Imperio Nuevo, copiado de un texto de una cámara oculta). De hecho, Harvey decía no tener pruebas de que nadie hoy en nuestro mundo actual hubiera sido capaz de acceder a esa Segunda Visión, dado que la técnica descrita en los Textos de las Pirámides no habría sido reproducible más allá del Antiguo Egipto. En definitiva, Harvey consideraba que pese a tener fragmentos de esa técnica e incluso una palabra sagrada (“Sah” o estrella interior), el acceso a este Ojo –que parece muy cercano al concepto oriental del tercer ojo[2]– sería una tarea muy difícil de lograr. 
 

Las pirámides  


Harvey sostenía firmemente que las pirámides del Imperio Antiguo no fueron diseñadas originariamente como tumbas sino que tenían una función metafísica de iniciación o entrenamiento para ciertos elegidos. Según sus estudios de los Textos de las Pirámides, en el interior de la pirámide (y en completa oscuridad) se pronunciaba la llamada “palabra terrible”, tras lo cual se recitaban los Textos. Para ser más precisos, aunque tal descripción resulta más bien críptica, Harvey definía la pirámide como “la puerta física de la estrella espiritualizadora” que está vinculada al Ojo de la Segunda Visión no físico.

Además, Harvey observaba que las cinco pirámides donde se encontraron los Textos grabados en piedra (Unis, Teti, Pepi I, Merenre y Pepi II) eran enormes jeroglíficos megalíticos que contenían la clave del llamado Sekhem, “la masa restante del Poder de la Serpiente o Energía del Universo que es más de cien veces más potente que nuestra energía nuclear.”

Por lo que respecta a su construcción, tampoco creía en las explicaciones convencionales de la egiptología y apostaba por la levitación de las piedras mediante el poder del Ojo de la Segunda Visión. En todo caso, los constructores de facto de las pirámides megalíticas de la IV, V y VI dinastías habrían sido nueve entidades metafísicas o gigantes, que descenderían a la Tierra sólo una vez cada 26.000 años (un ciclo precesional).

En cuanto a su cronología, Harvey descartaba del todo la datación arqueológico-histórica y tomaba como base la Declaración 302, en la cual se hace una referencia astronómica que no se corresponde con nuestro actual ciclo precesional. De este modo, situaba la construcción de estos monumentos en un ciclo precesional anterior, esto es, hace 26.000 años, sin descartar que aún pudieran tener un ciclo más, o sea, 52.000 años. En este sentido, y a diferencia de las propuestas de Robert Bauval, que relacionaban directamente las pirámides con ciertas estrellas o constelaciones del firmamento, Harvey estaba convencido que tales estrellas no eran físicas, sino metafísicas (de la conciencia).

En este contexto, Harvey fustigaba una vez más a la egiptología académica asegurando que las dataciones y conceptos sobre el Egipto histórico estaban muy equivocados. En su opinión, los seres humanos (se ha de suponer que civilizados) ya habitaban Egipto hace 45.000 años. Asimismo, estaba convencido de que las cronologías de las seis primeras dinastías mencionadas por Manetón estaban mal fechadas, pues tanto las pirámides como sus Textos correspondientes serían coetáneos, y se remontarían a una antiquísima era predinástica[3]

Los Shemsu-Hor


Para Harvey, los seguidores de Horus o Shemsu-Hor (que él transcribe como Shemesu Heru) eran propiamente los seguidores de la Segunda Visión y se remontaban a la era predinástica; de hecho, ellos serían los responsables de la construcción de las pirámides. En suma, no se trataría de seres míticos –como afirma la egiptología– sino de personas reales de carne y hueso, una especie de minoría de elegidos que habrían vivido en un nivel de conciencia más alto que el nuestro. Sin ir más lejos, el último faraón de la quinta dinastía y todos los de la sexta habrían sido Shemsu-Hor.

Pero lo más sorprendente viene ahora: Harvey aseveraba que tales personas habían vivido a lo largo de la Historia de la Humanidad en un segundo plano, y que de hecho seguían viviendo en nuestro mundo actual. En su opinión, los seguidores de la segunda Visión siempre han estado aquí pero en muy escaso número y su paradero es desconocido; en todo caso sólo se podría dar con ellos a través del Ojo de la Segunda Visión.

La Atlántida y la Sala de los Archivos


Para John Anthony West, el Antiguo Egipto era de alguna forma el legado de una civilización anterior que podemos llamar Atlántida. Sin embargo, Harvey fue más allá y afirmó que el Imperio Antiguo egipcio era en sí parte de la propia Atlántida, según había deducido de los Textos de las Pirámides. De hecho, todo el alto conocimiento sobre el Ojo de la Segunda Visión sería propiamente un conocimiento de los atlantes.

La referencia directa a la Atlántida estaría de alguna manera justificada en el uso de la palabra ndit, que aparece en los Textos. Luego, miles de años después, los sacerdotes egipcios habrían explicado al legislador griego Solón la historia de un mundo perdido llamado itnd o itlend, una expresión derivada de ndit, que –pasando por el griego y luego el latín– daría lugar a nuestra voz Atlántida.

Según Harvey, los Textos nos hablan de un tiempo primigenio de la Atlántida que tendría su origen hace millones de años, en la “evolución paranormal de la humanidad sobre la Tierra.” Por supuesto, los Textos no mencionan los últimos tiempos y la destrucción de la Atlántida –tal como la describe Platón– pues sin duda serían más antiguos. Otro dato curioso sobre tales épocas atlantes es que se cita la existencia de gigantes, si bien los traductores ortodoxos habrían modificado esta palabra (bien conocida en el vocabulario jeroglífico) para convertirla en “grandes”.

En cuanto a la escurridiza Sala de los Archivos, mencionada a mediados del siglo XX por el vidente Edgar Cayce, Harvey creía firmemente en su existencia a partir de los textos del Im Duat, que revelarían la posición de una cierta cámara oculta (Ot Imenet) al sur de la gran Pirámide y al oeste de la Gran Esfinge. Según su visión, los textos, que aparecen estructurados en 12 partes u horas estarían copiados de las paredes de dicha cámara. (Por cierto, tomando ciertas declaraciones que muestran dos cabezas de la esfinge, Harvey especuló con la posible existencia de una segunda esfinge, ahora destruida, al sur de la pirámide de Khufu)[4].

La escritura jeroglífica


Harvey aprendió a leer la escritura jeroglífica con el egiptólogo Klaus Baer en los años 60 y luego la estuvo estudiando durante muchos años, llegando a la conclusión de que los grandes traductores académicos (empezando por el propio Faulkner) se habían quedado muy lejos del sentido real de este lenguaje y que incluso habían dicho tonterías. Desde su punto de vista, los jeroglíficos constituían un sistema de escritura que se podía programar, algo así como un lenguaje de tipo informático.

En cuanto al origen y naturaleza de esta escritura, Harvey tomaba como referencia básica los Textos de las Pirámides y extraía de ellos las siguientes conclusiones:

  • Los signos jeroglíficos son definidores atlantes.
  • El deletreo jeroglífico de una palabra es su definición atlante.
  • La gramática jeroglífica es programable.
  • Las preposiciones jeroglíficas son signos de casos atlantes.
  • El vocabulario jeroglífico es un diccionario atlante.
  • La escritura jeroglífica tiene más de 78.000 años.

Además, otro de sus descubrimientos es que la antigua lengua egipcia contenía claros paralelismos con el antiguo sánscrito de los hindúes. Por ejemplo, en palabras del propio autor, “la expresión djed significa 'dicho' o 'respirado' en el contexto de meditación, como el sonido de la palabra mantra Sah. Así pues, el djed medu de los Textos de las Pirámides es una forma de control de la respiración que es extrañamente similar al sahita-kumbhaka del leguaje sánscrito de la antigua India, y el jeroglífico pet o 'práctica de levitación' es como el sánscrito khechari-mudra o 'práctica de movimiento en el espacio' (levitación).”

Conocimientos avanzados en el Antiguo Egipto


Clesson Harvey estaba convencido de que el Antiguo Egipto tenía un nivel de conocimientos científicos (y metafísicos) muy superior al actual. En sus artículos ya mencionaba la presencia –según diversos textos– de altos conocimientos de matemáticas y de física, pero fue en su obra “Opening the door to immortality” en la que lanzó un órdago completo a la ciencia convencional. En este libro interpretaba los textos de la pirámide del faraón de la VI dinastía Merenre (que él transcribe como Meri-en-Ro) como una serie de cartas o instrucciones para el rey escritas por una entidad etérea o maestro espiritual llamado Tem, “el primero o el más alto de los nueve estados de conciencia de la mecánica cuántica en todo el universo”.

En estas cartas, el maestro Tem enseñaba a Merenre que lo que mueve efectivamente el Universo es la Conciencia, y Harvey apreciaba que este concepto de Conciencia está directamente relacionado con nuestra moderna física cuántica. Así, el propio Erwin Schrödinger reconocía que el Universo se comportaba como la conciencia, si bien no sabía definir exactamente qué era ésta. En este punto retomaba a Pitágoras, el cual afirmaba que “Todo es número”, y partir de aquí Harvey asumía que estos números eran en realidad los números atómicos de la tabla periódica de elementos, los cuales tendrían vida o entidad propia. Asimismo, Tem decía al rey que la Conciencia (el ka o carga eléctrica en todas sus formas) era la que causaba toda fuerza a una distancia. De este modo, las fuerzas nucleares o gravitacionales resultarían ser siempre modificaciones de una Fuerza eléctrica alterna de la Conciencia, o carga eléctrica. Y lo que viene a ser más desconcertante es que Harvey relacionaba directamente la clásica Enéada de grandes dioses egipcios con los nueve estados de mecánica cuántica de Atención Visual o Conciencia presentes en el Universo, siendo éstos asimilables a las nueve familias químicas de átomos...

Últimas reflexiones


En fin, para un lego es muy complicado valorar estas afirmaciones, pues la mezcla de tales conceptos –sobre todo sin conocer a fondo ni los principios de la física y la química ni las enseñanzas místicas orientales– causa un cierto asombro y desorientación. Por todo ello, bien podríamos decir que Harvey, o bien fue demasiado lejos con sus especulaciones sobre los Textos de las Pirámides (es decir, construyó una fantasía paracientífica con muy poco fundamento) o bien fue un visionario capaz de traspasar lo superficial para dar con una lectura correcta de una ciencia desaparecida que cabalga entre lo físico y lo metafísico.

Y, concluyendo, puede que también el Sr. Harvey tuviera su pequeña –o gran– dosis de ego (aunque ello me parece dudoso dada su aparentemente sincera adscripción a la meditación y espiritualidad) y por este motivo quiso desmarcarse bien a las claras del mundo académico y de otros autores, dejando estas palabras como testimonio de su particular empeño:

“Actualmente soy el único traductor del mundo que cree que los antiguos egipcios escribieron sobre cosas espirituales con extraordinaria precisión en los Textos de las Pirámides y que sus palabras no deberían ser constantemente rescritas por egiptólogos desesperadamente incoherentes.”

Sólo el tiempo dirá si se acercó, o no, a una interpretación correcta del Antiguo Egipto.

© Xavier Bartlett 2014


Fuentes: www.pyramidtexts.com y “Opening the door to immortality”


[1] Este distanciamiento con el mundo alternativo se plasma en el hecho de que Harvey había tenido algún contacto con Graham Hancock y con Robert Bauval y les había expresado su opinión sobre la naturaleza metafísica y no astronómica de las estrellas, pero según él mismo reconocía “había sido ignorado educadamente” de la misma manera que ellos habían sido ignorados por la Egiptología.
[2] Harvey equiparaba los conceptos místicos de los textos de las Pirámides con los antiguos textos sagrados hindúes, y de alguna manera el Ojo de la Segunda Visión se correspondería con el sexto chakra de la tradición hindú.
[3] De hecho, la egiptología ya acepta que los Textos de las Pirámides, aunque aparecen por primera vez en una pirámide de la V dinastía (faraón Unis), tendrían una gran antigüedad, al relacionarse con antiguos cultos y creencias de las primeras dinastías o incluso de un tiempo predinástico.
[4] Este tema no es completamente nuevo, pues otro investigador, el egipcio Bassam el Shammaa, basándose en los propios textos egipcios antiguos y en análisis fotográficos de la NASA, defendió la existencia de una segunda Gran Esfinge, justo al lado de la primera.

2 comentarios:

Diaz Velasco dijo...

Extraordinaria la versión del autor Clesson Harvey con respecto a una civilización con alto niveles de conciencia quienes habrían producido la cultura de Egipto.
He estado siguiendo el programa del Canal de TV INFINITO, que esta en Youtube, EL OJO DE HORUS, QUE PROFUNDIZA BASTANTE, EN 10 CAPÍTULOS en LA PREPARACIÓN DE LOS INICIADOS EN LOS TEMPLOS DE EGIPTO; los estado de conciencia altos, y lo mas fantástico (imaginación o realidad?),Sakkara y sus muros como generadores de energía taquiónica..para mover megalitos!!1.Dicha producción del canal Infinito me asombra bastante ,se ha basado en 18 libros contundentes!!!

Diaz Velasco dijo...

Gracias Javier por tus increíbles notas!!