martes, 28 de noviembre de 2017

Centinelas de la eternidad


Esta entrada no es exactamente un artículo sino más bien una breve reflexión personal a partir de una fotografía que me ha llamado mucho la atención.



No es preciso añadir muchos comentarios. Se trata de una imagen de la ciudad de El Cairo al amanecer con las tres grandes pirámides de Guiza de fondo. Y al ver semejante contraste, no he podido evitar la sensación de asombro y desasosiego que han sentido miles de personas durante siglos al contemplar tal grandiosidad. ¿Cómo podemos tener la arrogancia de considerarnos la cúspide de la evolución, la cima de la civilización, el triunfo del progreso y la tecnología? Todo lo que hay delante de las moles de piedra del Antiguo Egipto no es más que un pobre paisaje abigarrado de modernos edificios de ladrillo y cemento que dentro de unos pocos cientos de años (siendo generosos) ya no estarán ahí. Y con toda probabilidad, si tuviera lugar una gran catástrofe que destruyera la civilización, dentro de 10.000 ó 20.000 años ya les aseguro que no quedaría prácticamente nada de lo que vemos en primer plano; ni siquiera unas míseras ruinas en superficie. Nuestro mundo es apenas un efímero espejismo material de una sociedad tan engreída como ignorante.

La majestuosidad de los centinelas de la eternidad
Pero justo detrás están los tres centinelas de la eternidad, las tres grandes pirámides atribuidas a Khufu, Khafre y Menkaure. “El hombre teme al tiempo, pero el tiempo teme a las Pirámides”, como asegura un proverbio árabe. Están ahí, según la egiptología desde hace unos 4.500 años, aunque no hay pruebas cronológicas directas que ratifiquen tal datación. Para muchos autores alternativos son probablemente mucho más antiguas. Según algunos, soportaron un enorme Diluvio Universal hace unos 12.000 años y tal vez ya llevaban allí otras decenas de miles de años[1]. Según el egiptólogo alternativo Clesson Harvey, podrían pertenecer a un ciclo precesional anterior o Gran Año; esto es, hace 26.000 años o tal vez incluso 52.000. A este respecto, se ha propuesto la teoría de que los faraones de la  IV dinastía sólo restauraron los monumentos y se apropiaron de ellos, pero respetando su austero silencio (por lo cual no hay jeroglíficos que canten la grandeza de los monarcas)[2]. Tales prodigios no necesitan ningún añadido, ningún nombre, ninguna alabanza.

También se nos ha dicho por activa y por pasiva que las grandes pirámides fueron tumbas para esos faraones, pero tanta megalomanía sin una sola atribución directa cae por su propio peso, aparte de que no se ha encontrado allí ni rastro de un enterramiento original. Por el contrario, la Gran Pirámide se muestra más bien como una gigantesca enciclopedia de piedra, un edificio colosal construido con el mismo grado de precisión que una maquinaria de relojería suiza, que revela altos conocimientos de arquitectura, ingeniería, geografía, matemáticas, astronomía, física... 

Paisaje de Guiza con la Gran Pirámide (siglo XIX)
Ahora sería procedente recordar las palabras del denostado piramidólogo Piazzi Smyth, que hace 150 años afirmó: “La Gran Pirámide, aunque esté en Egipto, no es, ni fue nunca de Egipto, es decir perteneciente o construida por el Egipto faraónico idólatra”. Desde esta perspectiva, es posible que nunca sepamos quiénes fueron los constructores originales de las grandes pirámides y con qué fin las edificaron; sólo podemos especular con que fueran seres humanos de una civilización perdida, un mundo de conocimiento, armonía e iluminación muy anterior a nuestro mundo de limitación y egocentrismo. Ellos eran capaces de hacer cosas que hoy nos parecen monstruosas, aunque los arqueólogos académicos nos sigan hablando de miles de trabajadores con trineos, cuerdas, rampas, rodillos, herramientas de piedra y cobre, sencillos aparatos de topografía... hasta los arquitectos e ingenieros actuales tuercen el gesto al oír tales sandeces.

En definitiva, las tres grandes pirámides son el símbolo de la eternidad misma, y nuestro mundo, apenas un suspiro. Cuando nada quede de nosotros, cuando toda nuestra fatuidad se haya desvanecido, las pirámides seguirán ahí, como testimonio de un estado de conciencia y sabiduría más elevado que el nuestro, y que la ciencia se empeña en negar pese a los múltiples indicios que podemos observar en casi todo el mundo.

Y acabo con la opinión de un hombre que sabe mucho sobre las grandes pirámides, que las ha estudiado durante décadas y que en su día lanzó una de las interpretaciones más audaces de los últimos tiempos: la Teoría de la Correlación de Orión. Me estoy refiriendo obviamente a Robert Bauval, que sabe muy bien de lo que habla pues –aparte de ser egiptólogo amateur– es ingeniero de profesión:

“Yo estuve viviendo tres años en un apartamento frente a la Gran Pirámide, y créame, llega un momento en que dejas de mirar estos grandes monumentos, ya que te despiertan tantas preguntas que empiezas a volverte loco. Es como si estos monumentos no pertenecieran aquí, o no debieran estar ahí. Son tan grandes, tan perfectos, tan antiguos y tan desconocidos... Tener ahí un monumento de esta calidad, tamaño, precisión y escala tan abrumadora, que contiene alineaciones astronómicas y constantes matemáticas...  y seguimos sin poder explicarlo. Es un gran enigma que en mi opinión no ha sido bien abordado por los expertos. Considerar que estos monumentos se construyeron como tumbas ha sido un gran error de cálculo. Realmente no responden a la teoría de que fuesen tumbas; más bien se ajustan a la idea de que eran una especie de máquinas metafísicas más que otra cosa. Pienso que ya es hora de mirar estos monumentos bajo otra luz diferente, y esto es lo que estoy tratando de hacer.”[3]

© Xavier Bartlett 2017

Fuente imágenes: Wikimedia Commons



[1] Las crónicas árabes medievales hablan de que todavía se podía apreciar sobre las piedras de revestimiento el nivel al que habían llegado las aguas. Sin embargo, con el tiempo, casi todo el paramento exterior fue empleado como cantera para la construcción de El Cairo.

[2] Cabe recordar que según la inscripción de la llamada Estela del inventario, la Gran Pirámide ya estaba en Guiza en tiempos del faraón Khufu (Keops).


[3] Extracto de la entrevista concedida a la revista Dogmacero, n.º 2 (2013)

6 comentarios:

Piedra dijo...

Recuerdo cuando perdía el tiempo intentando razonar y argumentar en páginas pseudoescépticas sobre las pirámides, creo que lo único que se puede decir sobre ellas, es que no deberían estar ahí, si ya no estuvieran, ningún oficialista admitiría que podían haber existido, porque va contra los dogmas y hasta la lógica actual.

Un saludo.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias Piedra

Exacto, no deberían estar ahí, más que nada porque contradicen el dogma profundamente, aunque hayan intentado tapar las contradicciones y las meras especulaciones con aires de ciencia infalible. Tratar de empequeñecer lo grandioso (y no sólo me refiero al tamaño) es absurdo y una muestra de impotencia e ignorancia. O quizá sí saben de qué va todo esto y lo callan, poniéndonos en plan conspirativo...

Saludos,
X.

Cobalt UDK dijo...

¿Pero cuál es el motivo por el que la ciencia oficial trata de tapar todas estas hipótesis?
Por ejemplo encuentran cráneos que pesan un 60% más de lo normal, tienen un 25% más de volumen, 1 hueso parietal en lugar de 2, y dicen sin despeinarse que son cráneos "normales" deformados. O las abundantes pruebas de la mayor antiguedad de las pirámides.
¿Qué tratan de tapar, por qué no reconocen que, quizás, tengamos que replantear la historia? ¿Por qué al menos no ofrecen dudas en lugar de afirmar o negar tajántemente algo? ¿Qué protegen, las religiones?

Xavier Bartlett dijo...

Gracias Cobalt

No tengo respuesta para tu pregunta. A estas alturas ya sé que la ciencia no es "trigo limpio" ni es neutral en ningún caso. Lo que me sorprende a veces es hasta qué punto te quieren colar cosas que caen con su propio peso, y el caso de las pirámides clama al cielo. Pero lo que saben (y tapan) o dejan de saber eso ya es cuestión de puro conspiracionismo. De todos modos, yo creo que los académicos (casi todos) se creen su discurso y están ahí porque no hacen más preguntas, se dedican a darle vueltas y más vueltas al paradigma porque saben que no les conviene salir de ahí.

Saludos,
X.

Ismael dijo...

No creo que se trate tanto de mala intencion sino de la forma de ver el mundo, que pasa a ser tu identidad. Me explico: la vision cartesiana de la vida, donde solo existe la materia y por tanto lo externo," obliga" a tu mente a producir un relato coherente con tus creencias, y todo lo que no cuadra en esa historia se tilda de anomalías que se resolverán con el tiempo..Pero lo que no pueden deducir porque en su limitada cabeza no cabe ni remotamente es el concepto de que tenemos capacidades que hoy desconocemos pero que muchos(tambien limitaditos como yo) por lo menos intuimos....Esta capacidad se tiene o no se tiene.Harto de predicar en el desierto estoy....supongo que como la mayoría que leen blogs de "zumbados" como este...jeje..Gracias Xavier.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias Ismael

Coincido básicamente con tu reflexión, pero me pregunto si se puede ser tan torpe y tan obtuso durante tanto tiempo. Como ya expuse recientemente, la arqueología no ha avanzado un milímetro en términos conceptuales desde hace más de un siglo, y la egiptología está estancada en los patrones del siglo XIX. Para ellos no hay anomalías que desafíen el paradigma. Y eso que tienen delante de las narices al menos tres de tamaño no despreciable. En fin, esto es la ciencia materialista, la que sólo ve un 1% del universo.

saludos,
X.