miércoles, 6 de julio de 2016

Últimos hallazgos sobre el mecanismo de Antikythera



Hace poco más de 2.000 años, una nave mercante romana de gran tamaño partió de las costas del Asia Menor griega (de Éfeso o Pérgamo, posiblemente) con un cargamento variado que incluía obras de arte y objetos muy selectos, quizás destinados a un alto personaje romano (¿Julio César?). La nave iba muy sobrecargada y, tras hacer dos escalas, tomó la ruta habitual hacia Roma pasando por la costa norte de Creta pero, al llegar a la altura de la isla de Antikythera, fue sorprendida por un violento temporal que produjo su rápido hundimiento. De no haber sido por este hecho, y por la feliz casualidad de que en el siglo XX unos pescadores encontraron unos imponentes restos sobre el fondo marino, no sabríamos nada sobre la portentosa ciencia griega que hizo posible un objeto único en el mundo, y que, en palabras del matemático Tony Freeth, “nos debería impulsar a rescribir la historia de la tecnología”.

En efecto, el artefacto de metal llamado mecanismo de Antikythera (o Anticitera) es uno de los objetos del pasado remoto que más admiraciones y especulaciones ha levantado en los últimos 50 años. Además, su impacto ha sobrepasado con mucho el ámbito de la ciencia ortodoxa, llegando a convertirse un objeto de culto para la arqueología alternativa, que lo ha considerado como uno de los ooparts[1] más importantes jamás hallados sobre el planeta. Por desgracia, ante tal maravilla, algunos de los defensores de la teoría del Antiguo Astronauta se apresuraron a ver la mano alienígena en un objeto “imposible para su época”. En fin, lo que viene a continuación tal vez aclare un poco las cosas.

Pero empecemos por el principio. Aunque este singular objeto es harto conocido por los aficionados a la arqueología heterodoxa, me permitiré realizar un breve resumen de la historia de su descubrimiento y sus características más notables para luego comentar los últimos hallazgos.

Todo empezó hace más de un siglo, en abril de 1900, cuando unos buscadores de esponjas encontraron en aguas próximas a la isla de Antikythera (Grecia) diversos restos de estatuas y otros objetos (cerámica, vidriería, joyas, monedas, etc.) que pertenecían a un pecio, un mercante romano hundido a unos 42 metros de profundidad, que fue empezado a excavar al siguiente año. Una vez estudiados y datados estos primeros restos se pudo determinar que el barco se había hundido en el siglo I a. C. (alrededor del 80 a. C. más concretamente[2]). Pero enseguida llamaron la atención una serie de fragmentos de bronce corroído de diferentes tamaños, con tres piezas principales[3] que presentaban una serie de “ruedas”. Además, se observaban unas difusas marcas o escalas sobre las placas metálicas y ciertos restos de escritura prácticamente ilegible. No obstante, los arqueólogos que examinaron las piezas no supieron interpretar correctamente el artefacto[4], que fue a parar al Museo Arqueológico Nacional de Atenas, donde estuvo expuesto durante décadas como una rareza o curiosidad arqueológica.

El fragmento A, el mayor conservado
Hubo que esperar hasta 1955, momento en que el catedrático de Historia de la Ciencia Derek de Solla Price, de la Universidad de Yale, examinó a fondo el objeto y observó que el artefacto estaba compuesto de varios engranajes que interactuaban entre sí, a modo de mecanismo de relojería. Estos primeros descubrimientos fueron publicados en 1959 en la revista Scientific American, si bien el científico estadounidense prosiguió con sus estudios hasta bien entrados los años 70, en que se realizaron las primeras radiografías con rayos X sobre el artefacto, las cuales le permitieron identificar hasta 27 engranajes[5] en la pieza principal llamada fragmento A. Del mismo modo, Price trató de contar con exactitud el número de dientes triangulares de los engranajes, pero su mal estado de conservación le impidió alcanzar resultados seguros.

Con todo, gracias al trabajo de Price se pudo recomponer la estructura general del objeto y se demostró que se trataba de un complejo mecanismo que se utilizaba para determinar ciertos cálculos astronómicos, como los ciclos solares y lunares, o el movimiento de los planetas[6]. Asimismo, calculaba la periodicidad de los principales Juegos del mundo helénico y predecía con exactitud los eclipses lunares y solares. En suma, estaríamos hablando de un computador analógico o de un sofisticado reloj astronómico. Y habría que esperar hasta casi el final de la Edad Media para encontrar mecanismos de relojería semejantes...

Ahora centrémonos en revisar los últimos resultados que se han producido en la pasada década y que han llevado a conclusiones inusitadas. Las más modernas investigaciones realizadas sobre el mecanismo tuvieron lugar hace muy pocos años y contaron con la aportación de un equipo multidisciplinar internacional, el Antikythera Mechanism Research Project, que echó mano de la más moderna tecnología de fotografía y de rayos X en 3D (TAC). Cabe señalar que todavía se siguen excavando los restos del barco, que en las últimas campañas han ofrecido más restos de estatuas, restos de muebles, joyas, etc. pero por desgracia no se han localizado nuevos fragmentos del mecanismo.

Reconstrucción virtual


El primer logro destacado es que, a partir de todos los datos acumulados, se pudo formular una razonable propuesta de reconstrucción. Así, los expertos determinaron que el mecanismo iría montado en una caja rectangular de madera de unos 30 cm. de alto, con una base de 18 x 9 cm. aproximadamente. El mecanismo se accionaría mediante una manivela lateral (ahora desaparecida) que movería los engranajes internos. A su vez, los resultados de la computadora se obtendrían manipulando unas varillas o punteros que se desplazaban a través de unos diales localizados en la parte anterior y posterior de la caja. Asimismo, se comprobó que el mecanismo estaba literalmente cubierto de textos explicativos; esto es, que llevaba incorporado una especie de “manual de instrucciones”, tanto en la cara anterior como en la posterior. Según los expertos, los textos explicaban el funcionamiento de los diales y su significado. Aparte, estaban marcados los nombres de los meses egipcios y griegos, y unas letras que indicaban con exactitud los eclipses lunares (marcados con Σ de Selene = Luna) y solares (con Η, de Helios = Sol). Pero lo más interesante es que se pudo confirmar que el artefacto incorporaba en su maquinaria un engranaje epicicloidal, un sistema comparable a un moderno diferencial[7], esto es, un mecanismo que permite regular la velocidad de rotación de un eje según ciertas constantes.

Además, con estos últimos estudios se dio una curiosa combinación de enfoques científicos que resultaron muy útiles a la hora de testar las hipótesis planteadas. Así, por un lado, el Antikythera Mechanism Research Project utilizó el más moderno software informático para crear algunos modelos virtuales del mecanismo, pero, por otro lado, el ingeniero y antiguo conservador del Museo de la Ciencia de Londres Michael Wright recurrió a su conocimiento y habilidad técnica para construir una réplica física del objeto, completamente “artesanal”, con su caja de madera y sus complejos engranajes metálicos realizados manualmente.

En cuanto a su origen y datación, los expertos finalmente han concluido que posiblemente el mecanismo era obviamente un producto de la ciencia griega más avanzada y que –por los rasgos dialectales observados en las inscripciones– procedía de alguna colonia de Corinto, muy probablemente Siracusa. También se supone que fue construido en el siglo II a. C., posiblemente como evolución de un modelo previo más grande y quizá menos sofisticado, que tal vez podría haber sido ideado por el genio de Siracusa, el gran Arquímedes. De cualquier manera, es bien posible que no estemos hablando de un único artefacto porque el propio Cicerón (siglo I a. C.) menciona la existencia de al menos dos objetos de procedencia griega capaces de mostrar el movimiento del Sol, la Luna y los cinco planetas conocidos entonces.

Y, sobre todo, ¿para qué se construyó? A diferencia de algunas opiniones que aseguraban que fue un objeto empleado para la navegación, el profesor Alexander Jones, de la New York University, considera que más bien se trataba de un sofisticado artilugio creado con fines educativos, para mostrar a ciertas personas –obviamente cultas– los principios de la cosmología de aquella época, lógicamente aún en un sistema geocéntrico. Por tanto, ¿una especie de divertimento para ricos, sabios o poderosos? No es una idea tan descabellada...

Y para ir concluyendo, sería muy conveniente que dejáramos atrás el concepto de oopart referido a este objeto. No hay mentes superiores de otro planeta ni viajeros en el tiempo que valgan. Estamos ante una ciencia aplicada a un portentoso objeto diseñado por un genio. No es un objeto “fuera de su tiempo”; antes bien, el mecanismo parece ser la máxima expresión de la tecnología de una era, la culminación de un saber astronómico, matemático y mecánico acumulado por egipcios, babilonios y los propios griegos a lo largo de miles de años.

Aun así, los propios científicos de nuestra época se quedaron asombrados al ir descubriendo la tremenda sofisticación y conocimiento que encerraba el artefacto, algo que realmente podemos equiparar a un computador u ordenador moderno... y que lamentablemente se perdió en la noche de los tiempos para no volver a resurgir hasta pasados muchos siglos después[8].  Como dijo Derek De Solla Price: “Da un poco de miedo saber que justo antes de la caída de su gran civilización, los antiguos griegos habían llegado tan cerca de nuestra era, no sólo en su pensamiento sino también en su tecnología científica.”

Finalmente, recomiendo el visionado de este magnífico documental (en castellano) que expone muy visualmente y con mucho detalle la historia del mecanismo y las últimas investigaciones protagonizadas principalmente por el equipo del Antikythera Mechanism Research Project y por Michael Wright.



© Xavier Bartlett 2016

Fuente imágenes: Wikimedia Commons y Scientific American (december 2009) 
 

[1] Oopart: contracción de “out-of-place-artefact”, o sea, un objeto supuestamente desplazado de su contexto espacio-temporal.
[2] Sin embargo, en la exploración del pecio realizada en los años 70 por el famoso submarinista francés Jacques Cousteau, se extrajeron nuevas monedas con una datación de 70-60 a. C., un poco más moderna de la aceptada hasta entonces.
[3] Hasta el momento se han catalogado 82 fragmentos, siendo sólo siete de ellos relativamente importantes.
[4] Los arqueólogos de aquel tiempo se quedaron muy sorprendidos porque creían que los antiguos sólo eran capaces de usar burdos engranajes para máquinas simples. De todos formas, al menos un estudioso, el alemán Albert Rhem, lanzó ya en 1905 la hipótesis de que se podía ser una computadora astronómica.
[5] Hoy se estima que el artefacto pudo tener alrededor de 60 engranajes.
[6] Toda esta información, empero, procedía de las observaciones realizadas por los astrónomos babilonios durante muchos siglos.
[7] El diferencial, tal como lo conocemos, es un invento relativamente reciente, patentado en 1828.
[8] Los investigadores creen que al menos parte del conocimiento del mecanismo fue a parar al mundo bizantino y luego al mundo islámico para retornar así a Occidente a finales de la Edad Media.

6 comentarios:

Cobalt UDK dijo...

Me gusta el planteamiento, por un lado están los que ven extraterrestres en todo, por otro los que tienen los dogmas de la ciencia "oficial" como inamovibles, y luego los que aceptan que todavía nos queda mucho por descubrir, que no lo sabemos todo, y que los antiguos posiblemente sabían más de lo que pensamos.

Ya tienes un seguidor más de tu blog, saludos.

Piedra dijo...

Entiendo que si se puede considerar un objeto fuera de época, ya que oficialmente "los antiguos" no tenían conocimientos para hacer este tipo de artilugios.

Yo no creo que fuera un "juguete para ricos", ni una herramienta de navegación, pues en este último caso hubiera sido más corriente y se habrían encontrado más de ellos.
La tecnología antigua, a mi entender, pudo llegar a ser mucho más compleja que la actual, pero no fue desarrollada de forma práctica, no era necesario. A pesar de todo los conocimientos técnicos debieron ser muy superiores a los actuales.
Llevo tiempo "estudiando" ciencias ocultas y se comprueba que TODO estaba descubierto desde hace siglos, todo inventado, todo sabido, solo re-descubrimos ciertas cosas y pensamos que somos el centro del universo... antes de destruirnos al intentar destruirlo a él.

Saludos.

Xavier Bartlett dijo...

Para Cobalt:

Has dado en el clavo con mi visión de este blog, lejos de extremismos. De hecho, no estoy sólo, hay más gente que piensa así, pero este tipo de posición es incómoda y poco "llamativa". Gracias por seguirme.

Para Piedra:

Entiendo tu postura, pero date cuenta que el objeto fue hallado, datado y contextualizado en un entorno arqueológico seguro. No es un "oopart", porque es un artefacto realizado en su época por la ciencia y la tecnología más avanzadas; tal vez el propio Arquímedes estuviera detrás del primer prototipo. Lo que sí me parece es que había un saber muy alto que sólo era accesible a unos pocos expertos o iniciados y que esto duró milenios; esto es, quizá había un desfase entre ciertos conocimientos "esotéricos" en manos de unos pocos y una ciencia que avanzaba más lentamente. De todas formas, cada vez van saliendo más indicios de que los antiguos no sólo eran tan inteligentes como nosotros sino que "se las apañaban mucho mejor" con su medios y recursos, en comparación con nuestra tecnología.

En este sentido, el mecanismo es fascinante porque muestra conocimientos astronómicos y matemáticos de alto nivel, pero también una habilidad de ingeniería prodigiosa. No creo que fuera eaxctamente un "juguete", pero sí un objeto de demostración para personajes cultos capaces de apreciar esa maravilla, aunque también podría haber sido una herramienta educativa sobre el cosmos para alumnos aventajados. Y desde luego, de fondo está la idea de que todo estaba descubierto y luego se perdió y hubo que redescubrirlo. Esto ya lo dijo Churchward hace casi un siglo... refiriéndose al mítico mundo de Mu.

Saludos,
X.

Eduardo dijo...

Gracias otra vez más y como siempre, a la espera del siguiente artículo.

Cobalt UDK dijo...

Piedra, yo no creo que los antiguos tuviesen una tecnología más avanzada que la nuestra, ni mucho menos. Hubiésemos encontrado algo más que construcciones de piedra. Por mucho que tras unos 20.000 años los metales se pulverizan y demás.

Yo creo que hubo una civilización con conocimientos quizás equivalentes a los nuestros en la edad media.

Que tuviesen buenos barcos para navegar por buena parte del mundo, que conociesen la pólvora y tuviesen rudimentarias armas de fuego (esas "lanzas de rayos"), que quizás pudiesen tener rudimentarios dirigibles (esos "carros de fuego") con los que "descendían del cielo", y por descontado todo lo que sabemos seguro que sí tenían, como conocimientos avanzados de astronomía. Y algún secretillo para la construcción que todavía no hemos adivinado, ni superado.

Algo pasó y esa civilización desapareció casi totalmente. Los pocos supervivientes se dispersaron por diversas partes del mundo y "enseñaron" a los humanos primitivos, que los adoraron como dioses y reyes (me estoy acordando de esa peli, "El hombre que pudo reinar"). Seguramente fuesen esos humanos con cráneos alargados, ya que en casi todas las culturas antiguas se representan a los dioses y reyes así, cabezones.

Mi gran duda, la que pone en cuestión todo esto, es cómo una civilización así pudo desaparecer casi totalmente. Que estuviesen concentrados en una región pequeña donde ocurrió el desastre sería la explicación, por ejemplo la Atlántida.

Pero una civilización avanzada no se queda en un sólo sitio, se expande. Si estaban tan avanzados deberían estar por todas partes, compartiendo su conocimiento con otros pueblos. Y por otra parte, si eran un grupo reducido, se me hace dificil pensar que estuviesen tan avanzados tecnológicamente.
A menudo el progreso se logra con mucha gente avanzando a la vez, en diferentes campos, y éstos para conseguir esos logros no debían ser pocos. A no ser que fuesen sumamente inteligentes, claro.

Juan M. Ochoa dijo...

Bueno yo creo que el conocimiento se pierde por una sola razón y esa es el OLVIDO.
En la actualidad se supone que (el pueblo llano) estamos mejor formados técnicamente y científicamente que las culturas de hace 2000 o 3000 años pero seguimos siendo los mismos borregos dependientes de las ideas de nuestros gobiernos.
Si para vivir necesitas ocupar tu inteligencia en esclavizarla para pagar tus necesidades básicas y cuando lo controles necesitas ocuparla en tu apariencia física y en consumir tantas idioteces (necesarias para tener un estatus normal) tal y como nos pasean a cada minuto por los ojos... entonces no te queda tiempo para pensar en cosas realmente importantes para ti mismo y para el resto del mundo.

De nada sirve un gran descubrimiento que hayas hecho si no puedes desarrollarlo porque no te da de comer y es lo que necesitas en este instante. Necesitas matarte a horas de trabajo de borrego para poder pagar tus facturas normales cotidianas. Así es como sucede el olvido.

En la antigüedad pues sería por unos motivos similares pero siempre por causa de quien dirije a las masas de gente que los ocupa dependiendo de diferentes intereses.

Lamentablemente y desde la antigüedad se han necesitado muchos mas caballos que jinetes. Y a los dirigentes pues les ha interesado el conocimiento o la ignorancia completa dependiendo de la época y de la riqueza y poder que tengan o que quieran tener.

Por ejemplo, de nada sirve proyectar un motor limpio e inagotable si con ello se inicia una guerra de intereses o también iniciar una filosofía mundial por el medio ambiente si vas a tener que romperte la espalda cada día en una fábrica contaminante para poder vivir.
Eso les pasó a las culturas antiguas, el olvido.