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jueves, 30 de enero de 2020

Llegan “Los amos de la guerra”


Me complace comunicar a los lectores del blog que ya ha salido a la venta mi segundo libro, titulado “Los amos de la guerra”. Se trata de un proyecto que inicié poco después de publicar “La historia imperfecta” (2015) y que me ha llevado casi cuatro años de trabajo, entre plantear, documentar, redactar y revisar los contenidos. En este caso me he ido al otro extremo de mis intereses históricos, pues he pasado de la prehistoria y la historia antigua del primer libro a la historia más reciente.

El motivo o razón de ser de esta obra ha sido adentrarme en lo que yo llamo “metahistoria”, o una cierta historia de fondo que se sitúa más allá de la historiografía oficial y que permanece más o menos oculta entre bambalinas. Así, al analizar concretamente el fenómeno de la guerra a lo largo de los tiempos, he ido a parar a una serie de hechos y datos que me han empujado a formular la hipótesis de que el relato convencional de los conflictos está manipulado y que trata de vender una argumentación que sólo se aguanta desde la pura teatralidad de la realidad social, política y económica construida por unos pocos. Desde este punto de vista, el planteamiento del libro defiende que en verdad no hay “enemigos”, sino un entramado de intenciones e intereses comunes que trabajan conjuntamente para el buen éxito de la guerra. 

Lo cierto es que, desde el inicio de la civilización, la guerra ha acompañado a la Humanidad en casi todos los rincones del planeta y, en efecto, la historia académica ha sido un relato inacabable de conflictos y conquistas entre naciones grandes o pequeñas. En ese contexto, se supone que todas las guerras han tenido un sentido –generalmente económico– para los poderes (los dirigentes) que las generaban. Sin embargo, dejando a un lado la pura descripción más o menos objetiva de los hechos, nadie ha sido capaz de ofrecer una teoría que explique satisfactoriamente la motivación última de las guerras para las personas o comunidades. De este modo, todavía está por justificar la razón por la cual multitudes de combatientes se lanzan a la batalla para dar muerte a otros semejantes sin que medie ninguna ofensa personal entre ellos.

Para tratar de abrir nuevos caminos de interpretación, en Los amos de la guerra he querido aportar una visión metahistórica, es decir, una vía que supera la historiografía ortodoxa para desvelar lo que se esconde detrás de la fachada del relato oficial. Así, esta obra explora –a través de un estudio riguroso de los conflictos más importantes del siglo XX– las supuestas incoherencias, errores y fatalidades que se han dado para llegar a unos determinados resultados finales. A partir de ahí, se propone una audaz interpretación de la guerra, según la cual todas las contiendas han sido cuidadosamente planeadas, vendidas al pueblo y ejecutadas con la connivencia y colaboración necesaria de todas las partes implicadas. En otras palabras, nunca ha habido realmente guerras entre naciones, sino entre una minoría selecta global que ejerce todos los poderes y la Humanidad entera.

En cuanto al desarrollo del contenido, lo he dividido en tres grandes bloques temáticos. En el primero de ellos se presenta la realidad de la guerra desde una visión histórica y antropológica, y se exponen brevemente las teorías convencionales que se han dado sobre el origen y el sentido de la guerra. Asimismo, se pone de manifiesto la existencia de un modelo de gran guerra que arrancó en los tiempos de los primeros reinos e imperios y que ha persistido a lo largo de los siglos. El segundo bloque es una extensa disección político-militar de los grandes conflictos del siglo XX (desde la Primera Guerra Mundial hasta las recientes guerras de Oriente Medio) en sus episodios más importantes para demostrar que son incoherentes desde una óptica de “poderes independientes”, pero que encajan perfectamente en un plano único de una inteligencia global. En la última parte se pasa a enfocar los hechos bajo un nuevo prisma, exponiendo el perfil y el modus operandi de este poder global que ha funcionado a través de los milenios y que está relacionado directamente con la más alta casta política, económica y financiera internacional.

Así pues, en Los amos de la guerra el lector podrá acceder a diversas claves y pistas para abrir la mente a la trastienda de la historia y descubrir los sutiles mecanismos de esas manipulaciones masivas que han causado tanta muerte y destrucción a lo largo de los tiempos, incidiendo en que aún hoy en día somos víctimas de un enorme engaño para que aprobemos los conflictos y los hagamos nuestros, cuando en realidad sólo responden al beneficio e interés de unos pocos individuos. Queda a juicio del lector valorar las propuestas y extraer las oportunas conclusiones.

El libro ya ha empezado a distribuirse en librerías, pero si el lector no lo encuentra disponible en su librería habitual puede encargarlo sólo mencionando el título y la editorial (“Los amos de la guerra” y Mandala Ediciones). Por otra parte, se puede adquirir en Internet en el sitio web de la editorial (https://www.mandalaediciones.com/varios/politica/los-amos-de-la-guerra.asp), ya sea en el formato papel o bien en formato electrónico. Asimismo, está disponible en las plataformas habituales de Internet, como La Casa del Libro o Amazon.

© Xavier Bartlett 2020

viernes, 27 de abril de 2018

La disputada procedencia de Colón


En los inicios de este blog ya dediqué un amplio artículo a la polémica cuestión del descubrimiento de América, sobre todo por parte de la historia alternativa, que asegura que Colón no fue precisamente el primero en llegar al continente americano, sino que muchas otras civilizaciones ya habían pasado por allí desde tiempos remotos. En todo caso, Colón habría oficializado la presencia foránea en el Nuevo Mundo y habría abierto la puerta a la conquista europea, inaugurando de hecho una nueva fase de la historia. Además, la historia alternativa ha insistido bastante en el oscuro perfil de Colón, una persona que se movía al más alto nivel, entre el Papado y las cortes de grandes reinos, y que parecía tener muy claro el éxito de su aventura hacia las Indias.

En este sentido, se ha sugerido que Colón era tal vez un hombre relacionado con los templarios (oficialmente desaparecidos pero que seguían operando bajo otros nombres) y que disponía de la información y los mapas precisos para llevar a cabo su misión. Para alcanzar sus metas sólo le faltaba el patrocinio adecuado, que acabó consiguiendo en la corte de los reyes hispánicos Fernando e Isabel, aparte del apoyo más o menos directo del Papa de Roma. Lo que vino después es de todos conocido y no vale la pena incidir más en ello: aunque Colón murió sin saber con certeza que había “descubierto” un nuevo e inmenso continente, se llevó toda la fama y los honores por su hazaña.

Y precisamente en este punto empezó una cierta disputa más o menos chauvinista para atribuirse el origen de Colón. La versión tradicional siempre sostuvo que era un genovés llamado Cristoforo Colombo, pero con el paso del tiempo –y sobre todo en épocas recientes– se formularon otras hipótesis más o menos fundadas que apuntaban a un origen griego, portugués, gallego, mallorquín o catalán[1]. Así pues, la historia alternativa había ido cuestionando la “italianidad” de Colón sin que se revisaran demasiado los argumentos originales. En este sentido, para hacer justicia a la historiografía convencional, he considerado oportuno adjuntar aquí un breve artículo del investigador italiano Yuri Leveratto –del cual ya he publicado otros materiales– en el cual se exponen detalladamente las pruebas documentales que garantizarían el origen genovés de Colón. Quizá en otro artículo hablemos más a fondo de las otras teorías.

El origen de Cristóbal Colón: los documentos oficiales


Nao Santa María y carabelas Pinta y Niña (réplicas)
Hoy en día, ningún especialista serio duda del hecho de que Cristóbal Colón naciera en la República de Génova. Sin embargo, hay todavía muchos pseudo-investigadores que, con base en noticias falsas o conjeturas, sostienen que el famoso navegador tenía un origen diferente.

Veamos, primero que todo, lo que escribió el gran historiador español Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia general y natural de las Indias: 

Digo que Cristóbal Colon, según yo he sabido de hombres de su nación, fue natural de la provincia de Liguria, que es en Italia, en la cual cae la ciudad e señoría de Génova: unos dicen que de Saona, e otros que de un pequeño lugar o villaje, dicho Nerbi, que es a la parte del Levante y en la costa de la mar, a dos leguas de la misma ciudad de Génova; y por más cierto se tiene que fue natural de un lugar dicho Cugureo, cerca de la misma ciudad de Génova. 

Uno de los más grandes historiadores del siglo XVI, por tanto, reconoce a la República de Génova (aunque no proporciona el lugar exacto) como el territorio de origen del gran navegante. Pero vamos a los documentos oficiales, que prueban indiscutiblemente la procedencia genovesa de Cristóbal Colón.

En total, son más de sesenta los documentos que se refieren a Colón o a los miembros de su familia. Dos documentos se refieren al abuelo de Cristóbal, Giovanni, nacido en Mocònesi, cerca de una antigua vía que de Piacenza conduce a Génova. Treinta y cinco documentos se refieren al padre, Domenico, nacido en Quinto (Génova). Tres documentos se refieren a la madre, Susana Fontanarossa. El más importante de estos escritos es el llamado Documento Assereto, hallado por Ugo Assereto en el archivo de Génova en 1904, entre las actas del notario Girolamo Ventimiglia.

En julio de 1478, la casa Centurione de Génova encargó a Cristóbal Colón comprar un lote de azúcar en la isla de Madeira. Sin embargo, el representante de los Centurione en Portugal, Paolo de Negro, no envió a Colón la suma necesaria para la compra.Aproximadamente un año después, Lodisio Centurione quiso aclarar las responsabilidades de lo ocurrido frente a un notario en Génova. 

En este documento, que resulta haber sido escrito el 25 de agosto de 1479, Colón aparece como testigo en la disputa entre Lodisio Centurione y los hermanos Paolo y Cassano de Negro. El futuro almirante declara bajo juramento ser ciudadano genovés:

Cristoforus Columbus, civis Januae

O bien:

Cristóbal Colón, ciudadano de Génova

Quienes dudan de la ciudadanía genovesa del Almirante del Mar Océano, sostienen que Cristoforo Colombo, hijo de Domenico y de Susana Fontanarossa, no tiene nada que ver con Cristóbal Colón, Almirante del Mar Océano. Por lo general, agregan, estando mal informados, que Cristóbal Colón no escribió nunca nada sobre sus orígenes genoveses.

En general, Cristóbal Colón, desde que se estableció en España, no renegó nunca de sus orígenes, sino que intentó divulgarlos lo menos posible, porque el simple hecho de ser extranjero obstaculizaba sus proyectos.

Documento sobre Colón (s. XV)
Una de las pruebas del hecho de que Cristoforo Colombo y Cristóbal Colón fueron la misma persona es justamente el Documento Assereto, que además de afirmar el gentilicio genovés de Cristóbal Colón, comprueba el hecho de que él mismo se encontraba en Madeira en 1478. En efecto, está confirmado que Cristóbal Colón se encontraba en Madeira en aquellos años, isla donde conoció a su primera esposa, Moniz Perestrelo.

En todo caso, en dos escritos, el Colón ya almirante menciona sus orígenes. En el escrito “Institución de Mayorazgo”, el 28 de febrero de 1498, ordena al hijo Diego hacerse cargo del mantenimiento de un miembro de la familia en Génova:

Que tenga allí casa y mujer…como persona legada a nuestro lineaje, pues de aí salí y en ella nazí

El segundo documento que vincula indisolublemente el Colón genovés al Colón almirante es una carta a los Protectores de las Compras de San Jorge (Génova) del dos de abril de 1502:

Bien que el cuerpo ande acá, el corazón está allí de continuo

Un último e importante documento es el acta del notario Giovanni Battista Peloso delante del cual aparecieron los tres hijos de Antonio Colón (hermano de Domenico, padre de Cristóbal). Mateo, Amighetto y Giovanni declararon comprometerse a dividir en partes iguales los gastos de Giovanni para ir a ver a su primo, Cristóbal Colón, almirante del rey de España. 

© Yuri Leveratto 2014 

Traducción de Julia Escobar Villegas

Fuente imágenes: Wikimedia Commons / artículo original

Bibliografía:
Nuova raccolta colombiana: i documenti genovesi e liguri A. Agosto

Cibergrafía:
http://www.treccani.it/enciclopedia/cristoforo-colombo_%28Dizionario-Biografico%29/





[1] De hecho, existe una fuerte corriente historiográfica en Cataluña, patrocinada por el Institut de Nova Història, que no duda de la procedencia catalana de Colón (Colom es un apellido catalán relativamente común) e incluso explica toda la aventura de Colón en clave catalana.

domingo, 1 de mayo de 2016

Graham Hancock y el antiguo cataclismo global


Graham Hancock (crédito: Santha Faiia)
Desde sus inicios como investigador de la llamada historia alternativa, el escocés Graham Hancock ha insistido repetidamente en un tema principal: la existencia de una gran civilización desaparecida mucho antes de la llegada de los “tiempos históricos”. Para Hancock nunca ha cabido duda de que tal civilización habría dejado un rastro o legado que fue retomado al menos parcialmente por las primeras civilizaciones conocidas. Esta visión ya era compartida por otros autores, pero el mérito de Hancock no sólo ha sido mostrarnos esas “huellas de los dioses” (Fingerprints of the Gods, el título de su primer best-seller en 1995, obra de culto del género) sino que también ha buscado con ahínco el evento o causa que –de forma dramática y relativamente súbita– puso fin a ese mundo de alta sabiduría y mayor espiritualidad, lo que en muchas tradiciones se ha conocido como la “Edad de Oro”. En  Fingerprints ya lanzó la hipótesis de un evento cósmico catastrófico, pero ha sido en su más reciente obra, Magicians of the Gods (2015), en la que Hancock ha podido aportar un sólido cuerpo de pruebas que explican el desastre a partir del impacto de un cometa contra nuestro planeta a finales de la última Edad del Hielo.
 
Así pues, Graham Hancock nos habla ahora de un gran cataclismo global que vino de las estrellas y que destruyó toda una civilización, forzándola a renacer de sus cenizas a través de sus pocos supervivientes (los “magos de los dioses”), a lo largo de varios milenios. Dado el interés de esta propuesta en el marco de la arqueología alternativa, he traducido la siguiente entrevista concedida por Hancock a David Thrussell, de la revista New Dawn, en la cual explica sus razones y expone su pensamiento, apuntando a lo que sucedió hace 12.000 años bien podría suceder en nuestra moderna era, acabando con la civilización actual, lo que de algún modo podríamos relacionar con las visiones catastrofistas del cosmos y la naturaleza[1].

 

Entrevista a Graham Hancock 


David Thrussell: Desde la distancia parece, Graham, que usted ha tenido lo que podría describirse como una vida ideal, viajando por lugares exóticos e interesantes, y explorando las fronteras de la historia y el conocimiento. ¿Hay contratiempos, desilusiones o frustraciones en su trabajo?

Graham Hancock: Me siento feliz de haber tenido en esta vida la oportunidad de explorar y pasar cierto tiempo en tantos increíbles, misteriosos y profundamente conmovedores enclaves antiguos, en todo el mundo. Ha sido un gran privilegio tener la oportunidad de hacer esto, y no tengo ninguna queja. Estoy agradecido por mi vida. Tengo mucha libertad y de hecho he trabajado fuera de casa desde los 29 años, que es cuando decidí que no podía trabajar ya en una gran organización, y me independicé. Durante mucho tiempo estuve completamente sin blanca. Finalmente empecé a ganarme la vida. Pero no tengo ninguna queja. Creo que he sido muy afortunado y estoy agradecido por la vida que he tenido la oportunidad de llevar.

DT: ¿Cuánto tiempo ha estado trabajando en su nuevo libro [Magicians of the Gods]?

GH: Bueno, en cierto sentido, 25 años. Como proyecto específico, tres años y medio; pero este libro se basa en mis intereses e investigaciones en este campo, que se remontan a finales de la década de los 80.

DT: Ahora, si tuviese que adelantarnos una sola prueba, la más convincente, que apoye su teoría, ¿cuál sería y por qué?

GH: Bueno, es más complicado que eso. Este no es un problema que pueda resolverse con una bala mágica; es un problema que requiere la coordinación de pruebas de muchas fuentes diferentes. Le ofrecería tres pruebas que en cierto sentido están entrelazadas, y una de ellas, realmente importante, es algo que tenemos ahora, pero que no tenía cuando escribí Las huellas de los dioses en 1995. Es efectivamente una pistola humeante[2], a nivel mundial: la prueba científica de un cataclismo global hace entre 13.000 y 12.000 años. Esa fue esencialmente la hipótesis que presenté en Las huellas de los dioses: que se había producido un cataclismo global hace entre 13.000 y 12.000 años, el cual había aniquilado una civilización avanzada, y luego especulaba sobre las muchas posibles causas de ese cataclismo, principalmente el cambio de los polos y el desplazamiento de la corteza terrestre.

Lo que ha sucedido desde 1995, y en particular desde 2007, es que un grupo de científicos han presentado ante la comunidad científica –muy poco de esto todavía se ha filtrado a la opinión pública– la evidencia absolutamente convincente de que la Tierra sufrió una serie de impactos a partir de fragmentos de un cometa gigante, y estos impactos ocurrieron hace 12.800 años, cuando varios fragmentos golpearon la capa de hielo de América del Norte, causando inundaciones globales y un radical cambio climático. Esto sucedió de nuevo hace 11.600 años, cuando más fragmentos del mismo cometa salieron de su órbita e impactaron en un océano –casi con toda seguridad el Pacífico– levantando una enorme columna de vapor de agua en la atmósfera superior y causando un calentamiento global muy repentino. Así pues, el intervalo entre esos dos períodos, los 1.200 años entre hace 12.800 años y 11.600 años, es un episodio de cataclismo global casi sin precedentes, junto con la extinción masiva de especies animales, los grandes mamíferos: el mamut, el rinoceronte lanudo, etc. Y este es el evento que yo creo que nos hizo perder toda una civilización de la prehistoria que previamente no constaba en los registros arqueológicos.

Vista de un recinto de Göbekli Tepe
Ahora, vamos a coordinar esto con los últimos descubrimientos de la arqueología. Recuerde que una de las dos fechas de ese cataclismo fue hace 11.600 años. Este fue un evento sostenido que implicó dos bombardeos separados de fragmentos de un cometa. En ambas ocasiones se dio un aumento masivo del nivel del mar y se desató un cataclismo global. La primera ocasión (hace 12.800 años) y la segunda ocasión (hace 11.600 años), también fueron acompañadas por una inundación global y un aumento masivo del nivel del mar. Por lo tanto es llamativo que el yacimiento arqueológico del sureste de Turquía conocido como Göbekli Tepe –que significa “colina panzuda” en idioma turco– fuera creado hace 11.600 años por personas que ya sabían cómo trabajar con megalitos gigantes. Göbekli Tepe es una anomalía, porque es 7.000 años más antiguo que otros yacimientos megalíticos de todo el mundo, y sin embargo demuestra técnicas avanzadas de trabajo y corte de la piedra, organización del trabajo, planificación, diseño del lugar y alineamientos estelares. Este no es el trabajo de un grupo de cazadores-recolectores que se despertó una mañana y se sintió repentinamente inspirado para crear la primera arquitectura megalítica del mundo. En mi opinión, lo que estamos viendo es una transferencia de tecnología, el conocimiento aportado por los supervivientes de la civilización perdida, que incluía el conocimiento de cómo crear estructuras megalíticas a gran escala, y exactamente en el mismo momento hace 11.600 años tenemos esta aparición repentina e inexplicable de un sofisticado yacimiento megalítico en el sureste de Turquía.

También tenemos la difusión y penetración de la agricultura exactamente en la misma región, mientras que anteriormente los habitantes habían sido completamente cazadores-recolectores. Lo vuelvo a decir, lo que estamos viendo es una transferencia de tecnología, la huella de los supervivientes de una civilización que se perdió en los eventos catastróficos ocurridos hace entre 12.800 y 11.600 años.

Y menciono un tercer punto, el mito secular de la Atlántida, que en realidad no es tan viejo porque la versión que ha llegado hasta nosotros –la única versión que ha llegado hasta nosotros– está en las obras del filósofo griego Platón. Platón dijo que llegó a la historia del sumergimiento y destrucción de la civilización avanzada de la Atlántida a través de su antepasado Solón, el legislador griego que visitó Egipto en el año 600 a. C., al cual los sacerdotes egipcios explicaron la historia de la Atlántida. Y ellos le dijeron que la Atlántida había sido destruida y sumergida, habiendo incurrido en la ira de los dioses, 9.000 años antes de la época de Solón. Sabemos que Solón estuvo en Egipto alrededor del 600 a. C.; por lo tanto, están hablando del 9.600 a. C. en nuestro calendario, o sea hace 11.600 años, que es la fecha precisa de la aparición de estas técnicas hasta ahora ignoradas de arquitectura megalítica y de agricultura en la región del sureste de Turquía.

DT: El cataclismo de que está hablando lo hemos tenido realmente delante de la cara, ¿no es así?

GH: Lo hemos tenido ahí en la cara, pero no culpo a los historiadores y arqueólogos por no haberse familiarizado con él antes, dado que los principales científicos en este campo han estado recopilando y presentando pruebas de lo que ahora se conoce como el cometa del Dryas Reciente sólo durante los últimos siete u ocho años. Es un descubrimiento muy reciente y la razón por la que es un descubrimiento reciente es que los principales efectos de este cometa de hace 12.800 años estaban situados en la capa de hielo de América del Norte. Esto era todavía la Edad de Hielo. América del Norte, hasta tan al sur como Nueva York, estaba cubierta de hielo –una capa de 3,2 kilómetros de espesor– y al menos cuatro fragmentos del cometa golpearon la capa de hielo. Sin embargo, no dejaron cráteres prominentes en el suelo porque los cráteres estaban en el mismo hielo y el gran calor y energía cinética del cometa fundieron ese hielo, por lo que los cráteres fueron transitorios y lo que tenemos es el efecto del choque en el suelo subyacente. Recientemente, se ha encontrado una serie de cráteres: el tipo de cráteres que quedaría cuando un objeto golpease una capa de hielo de 3,2 kilómetros de espesor y transfiriese su impacto a la roca subyacente.

Mucho más importante es el conjunto de pruebas aportado por el equipo científico del Dryas Reciente (más de 30 científicos están trabajando en el cometa del Dryas Reciente). Esas pruebas se basan en lo que llamo “indicadores de impacto”. Cuando tienes un objeto que llega a 96 ó 112 mil kilómetros por hora, y ese objeto mide uno o dos kilómetros de diámetro, tiene una cantidad increíble de energía cinética, y así estamos buscando un poder explosivo comparable a todo el arsenal nuclear del planeta Tierra, tomado de una vez y en uno solo de estos objetos. Y hay ciertos resultados muy reconocibles de esto. Uno de ellos es el vidrio fundido. Tienes un calor liberado por encima del punto de ebullición del cuarzo, temperaturas por encima de los 2.200 grados centígrados. Esto produce un vidrio fundido que es indistinguible de la masa fundida de vidrio que encontramos como subproducto de las explosiones nucleares. También obtenemos micro-esférulas de carbono y unos nano-diamantes muy distintivos que son causados por el choque y el calor. Estos nano-diamantes sólo son visibles bajo el microscopio, y se combinan con el vidrio en fusión, las micro-esférulas de carbón y otras pruebas en todo el mundo. Son pruebas convincentes de un gigantesco impacto cósmico hace 12.800 años.

Y, por cierto, este es exactamente el tipo de prueba que se presentó al principio para demostrar el asteroide que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años. Hay sólo dos ocasiones en la historia de la Tierra, en los últimos 100 millones de años, en los que tenemos precisamente los mismos indicadores de impacto repartidos por todo el mundo. Uno de ellos es el llamado evento KT, hace 65 millones de años, que acabó con los dinosaurios. Y el otro es el evento a nivel de extinción hasta el presente no reconocido –pero ahora muy obvio– que ocurrió hace 12.800 años, y que fue causado por el cometa del Dryas Reciente. Digo Dryas Reciente, ya que es el nombre geológico dado para el período comprendido entre hace 12.800 años y hace 11.600 años, cuando el clima de la Tierra cayó en una hasta ahora inexplicable y repentina congelación. Ahora sabemos la causa de esto: fue nuestra interacción con los fragmentos de un cometa gigante, y los efectos resultaron verdaderamente catastróficos.

DT: ¿Es razonable sugerir que la corriente principal del estamento académico, los medios de comunicación y la ciencia están casados ​​con una visión particular de la historia?

Megalitismo en el neolítico (Malta)
GH: Sí. Es razonable sugerirlo, y no es de extrañar tampoco. Siempre se trata de la manera –en cualquier área de estudio, cualquier disciplina, tanto si es geología como si es arqueología para el caso– en que se construye un cuerpo de conocimiento. Los respetados veteranos han contribuido al conjunto de conocimientos, y la nueva generación, obviamente, respeta el trabajo de sus mayores. Y así lo que se crea gradualmente es un marco de referencia, una imagen de cómo debería ser esa área de estudio. En el caso de la arqueología, la imagen que se ha construido a lo largo de los últimos cien años de trabajo es el de una lenta evolución de la civilización: nuestros antepasados ​​eran cazadores-recolectores y hasta hace nada más que quizás 8 ó 9 mil años. Entonces empezamos a ver un movimiento gradual hacia una solución más permanente y hace unos 5.000 años tenemos las primeras grandes ciudades y la primera gran arquitectura megalítica. Esta es la imagen de la civilización que nos enseñaron los historiadores académicos y los arqueólogos convencionales. Se enseña en las escuelas, y se transmite ampliamente a través de los medios de comunicación, pero no es un hecho, es un marco de referencia; un marco de referencia construido tras cien años de estudio arqueológico.

Y este es, en mi opinión, el problema de la arqueología y de otras disciplinas científicas que quedan atrapadas en un marco de referencia particular. Cuando surgen nuevos hechos que no encajan en el marco de referencia, les resulta difícil adaptarse a ellos, y el primer paso es intentar desacreditarlos. Cuando se acumulan más y más pruebas que el paradigma existente no puede explicar, el paradigma acaba por ser derrocado. Una gran cantidad de gente buena que han hecho un muy buen trabajo, que están convencidos de que tienen razón, que respetan el trabajo de sus mayores, y que no quieren remover las aguas: creo que ese es el problema central. Siempre ocurre en la ciencia. Ninguna idea cambia repentinamente de la noche a la mañana sin la presencia de nuevas pruebas abrumadoras que el paradigma anterior no puede explicar. Eso es lo que estamos encontrando ahora en el campo de la historia y la arqueología: más y más pruebas nuevas que simplemente no pueden explicarse en el actual marco de referencia de la historia.

DT: Póngase a especular: Si la teoría que está proponiendo es de hecho correcta, ¿Cómo se vería la prehistoria? ¿Cómo se vería la historia de la Tierra antes de que ese cometa golpeara el planeta?

GH: Un mundo mucho más complejo que el que nos han mostrado los historiadores y arqueólogos académicos. No es un mundo poblado enteramente por los cazadores-recolectores, como sugieren, sino un mundo en el que coexistían cazadores-recolectores y una civilización más avanzada. Esto, en cierto modo, no es extraño. Si se piensa en ello, hoy en día somos una civilización tecnológica muy avanzada (la tecnología occidental, el complejo tecnológico-industrial que se ha extendido por todo el mundo), pero no estamos solos. Compartimos el mundo con pueblos cazadores-recolectores: cazadores-recolectores en el desierto de Kalahari, por ejemplo, y también en África del Sur, así como los cazadores-recolectores en la cuenca del Amazonas. Incluso hay tribus en la cuenca del Amazonas con las que nunca se ha contactado, y que ni siquiera saben que existimos; ninguna cultura tecnológica avanzada ha incidido todavía en su visión del mundo. Así, esta co-existencia de la tecnología avanzada con los cazadores-recolectores que vemos hoy en día, yo la proyectaría en el pasado, y diría que hace más de 13.000 años, durante la Edad del Hielo, había en este planeta una civilización mucho más avanzada de lo que historiadores y arqueólogos quieren reconocer. Existe un recuerdo de esta civilización en el mito y la tradición de todo el mundo, y cada vez tiene más apoyos por los recientes descubrimientos arqueológicos tan sorprendentes como Göbekli Tepe.

DT: Ha mencionado dos obvios eventos catastróficos, la extinción de los dinosaurios y los eventos del Dryas Reciente. ¿Es posible que haya habido otros eventos catastróficos de los que no tenemos la menor idea?

GH: Ciertamente, ha habido otros eventos catastróficos, y tenemos indicios de ellos. La única pregunta es si afectaron a la especie humana, y esto se convierte en una cuestión para posteriores investigaciones. Sostengo, por el momento, la idea de que los humanos anatómicamente modernos –las personas que se parecen a usted y a mí– sólo han existido en la Tierra durante unos 200.000 años. Es muy posible que nuevos descubrimientos aporten pruebas de humanos anatómicamente modernos anteriores; no lo descarto. Pero por el momento la evidencia apunta a la aparición de nuestra línea anatómicamente moderna hace unos 200.000 años. Tenemos, por ejemplo, un esqueleto de Etiopía,  de un antigüedad de 196.000 años, que es indistinguible de un ser humano anatómicamente moderno. Así que para estos cataclismos impliquen a la humanidad e impacten en la historia humana, tienen que haber ocurrido en un marco temporal humano. Es por esto que el evento Dryas Reciente es tan interesante porque no sólo se sitúa en un marco temporal humano; de hecho está justo en el límite, en la frontera de un período en el cual –según los historiadores y arqueólogos– arrancó la civilización. Sin embargo, todavía no han tenido en cuenta este cataclismo a nivel de extinción, justo en el patio trasero de la historia, y yo diría que hasta que no lo tengan en cuenta, todas sus nociones acerca de los orígenes de la civilización estarán en el aire.

Ha habido otros cataclismos globales a un nivel de extinción que se remontan a cientos de millones, incluso a miles de millones de años en el pasado. Estas cosas pasan de vez en cuando y cada vez que se producen reajustan el reloj de este planeta, y la vida cambia debido a estos acontecimientos dramáticos y radicales. Yo creo que ha sido sólo el más reciente, el que ocurrió hace 12.800 años, el que afectó directamente a la historia humana, si bien los historiadores y arqueólogos aún no lo han tenido en cuenta en la construcción de modelos de nuestro pasado.

DT: ¿Es posible que la ciencia convencional, los medios de comunicación, o incluso la población general, en cierto sentido, no quieran saber nada acerca de nuestra propia historia como especie?

GH: Parece que existe un tipo de directiva, que opera a nivel gubernamental, de no exponer las cosas demasiado alarmantes. En particular se refiere a las cuestiones que implican cataclismos globales. Cualquiera que haya trabajado en el campo de la geología sabrá que proponer un agente catastrófico comporta furiosas críticas. Hubo un gran geólogo llamado Harlan J. Bretz –sobre cuyo trabajo escribo en Magicians of the Gods– que proporcionó la primera evidencia de una inundación catastrófica en América del Norte, en particular en el noroeste del Pacífico, en los terrenos pelados erosionados, un área que he investigado intensivamente para Magicians of the Gods. J. Harlan Bretz estaba en lo cierto al 100%, pero su propuesta tardó desde los años 20 hasta casi los 70 en ser aceptada como correcta. Y antes de ello, se le había sometido a las injurias más graves y desagradables, que un hombre más débil no hubiera podido soportar. Al final, resultó que Bretz tenía razón y vivió hasta la edad de 99 años. Y cuando se le concedió el honor más alto para un geólogo en los Estados Unidos, dijo: “Lo único que lamento es que todos mis enemigos han muerto, y no tengo nadie ante quien regodearme”.

DT: Si existiera un esfuerzo activo para olvidar u oscurecer la historia, ¿por qué sería?
GH: No estoy seguro. No quiero ir en la dirección de una conspiración. Creo que es sólo la forma en que trabaja la mente de las personas. Nos resulta difícil concebir ciertas cosas, o aplicarlas a nosotros mismos. Es posible que haya una conspiración; he contemplado mínimamente esta posibilidad en el libro. No me gustan las teorías de la conspiración, es un área de investigación en que los hechos se minimizan y la especulación se agranda y se extiende. Cuando miro al modo en que las ideas de los catastrofistas han sido sistemáticamente negadas, a veces durante décadas hasta que se demostraron correctas... sucedió lo mismo, por cierto, con el impacto que eliminó a los dinosaurios. Inicialmente no había científicos que creyeran en ello. Luis y Walter Álvarez, que originalmente propusieron la idea de un impacto cósmico hace 65 millones de años, fueron objeto de insultos y persecución, y también ellos fueron finalmente reivindicados.

DT: ¿Tiene conocimiento de la obra de Steven y Evan Strong en Australia?

GH: Conozco a Steven y Evan Strong. Ellos tuvieron la amabilidad de mostrarme una serie de lugares interesantes en Australia el año pasado. Tengo mucho respeto por su trabajo de campo y he abierto mis ojos a los misterios en Australia, que tengo la intención de ver en el futuro. Australia no ha sido un gran foco de mi trabajo hasta ahora.

DT: ¿Alguna vez sufre de “fatiga de Apocalipsis”? Parece que es un elemento básico de la actividad humana pensar que hay un cataclismo a la vuelta de la esquina.

GH: No, no sufro de “fatiga de Apocalipsis”, y tampoco voy por ahí pensando que el fin del mundo está cerca. Yo creo que deberíamos prestar mucha más atención a nuestro entorno cósmico. Por el momento la raza humana tiene sus prioridades desquiciadas. Somos capaces de gastar miles de millones de dólares al año en armas de destrucción masiva, listos para fulminar el uno al otro y destruir este hermoso y valioso hábitat, la Tierra, que nos ha dado el universo. La humanidad muestra en este momento todos los signos de ser una especie enloquecida e inconsciente, totalmente dedicada a la producción y el consumo de bienes materiales, y está poco interesada en los asuntos del espíritu y negligente con respecto a este hermoso jardín en el que nos encontramos.

Si vamos a asumir la responsabilidad de la vida humana en serio, deberíamos inspeccionar de cerca y detalladamente  nuestro entorno cósmico inmediato. En el libro he llamado la atención sobre el hecho de que la corriente de restos del cometa gigante que causó el cataclismo hace 12.800 a 11.600 años todavía está en órbita. Esta corriente de meteoros se llama las Táuridas, y pasamos por ella dos veces al año. Si fuéramos inteligentes pondríamos una gran atención en los objetos que orbitan en la corriente de meteoros de las Táuridas. Y si, como parece probable, algunos de ellos amenazan la Tierra en el futuro, tenemos la tecnología y la capacidad de evitar dicho peligro[3]. Sólo estoy interesado en el tema de los futuros cataclismos en la medida en que podamos evitarlos, y el conocimiento previo de ellos ayudaría a evitarlos, y yo creo que este es el caso de la amenaza cósmica. Existe una amenaza, existe un peligro en curso. La mayoría de los astrónomos responsables y serios estarían absolutamente de acuerdo con eso.

Marcamos el Día Mundial del asteroide el 30 de junio, que es un intento de llamar la atención sobre los peligros de nuestro entorno cósmico inmediato, y para hacer algo al respecto. Probablemente somos la primera civilización en la historia de la Tierra que tiene la capacidad de intervenir en nuestro entorno cósmico y evitar o desviar objetos que puedan poner en peligro la vida. Creo que lo estaríamos haciendo mucho mejor si empleásemos nuestros recursos de manera más responsable –una gran parte del dinero que gastamos en actividades militares inútiles en este momento– y los canalizásemos a un proyecto de vigilancia espacial que garantizara que la Tierra nunca vuelva a sufrir el tipo de desastres que sufrió hace entre 12.800 y 11.600 años. Vamos por el camino de la insensatez y la locura con nuestro gasto militar. Con todo el miedo, el odio y la sospecha que circula en el mundo en este momento, tenemos que reconocer que todos somos hermanos y hermanas, somos una sola familia humana, y tal vez la posibilidad de hacer frente a una amenaza común compartida sería precisamente lo que nos uniría.

DT: Es irónico, ¿no? Puede que un arma de destrucción masiva esté planeando sobre nosotros ahora mismo.

GH: Sí, exactamente. Esto es posible. Varios astrónomos (incluyendo a Bill Napier) y el matemático Emilio Spedicato de la Universidad de Bérgamo, están profundamente preocupados por la corriente de meteoros de las Táuridas. Ellos creen que tiene una serie de objetos muy grandes, incluyendo uno que puede tener 30 kilometros de ancho, y la Tierra cruza esta corriente dos veces al año. Algunos cálculos indican que podemos estar cruzando una parte particularmente densa y peligrosa de esta corriente en los próximos 30 años, más o menos. En realidad, nada podría ser más urgente. Tenemos que prestar atención a este problema. Necesitamos identificar los objetos que pongan en peligro la Tierra, y tenemos que desplazarlos. Todo se puede hacer, sólo se necesita voluntad. Ya tenemos la tecnología. Pero mientras vamos por ahí temiendo, odiando y sospechando unos de otros, nuestro ojo no está en la diana. Nuestros ojos están en el lugar totalmente equivocado.

DT: No podría estar más de acuerdo con usted.

Fuente: revista New Dawn n.º 153 (Nov.- Dic. 2015)


[1] De todos modos es oportuno puntualizar que Hancock, tal como corroboré en la entrevista que mantuve con él en 2013, nunca se ha adherido a la corriente catastrofista “a la Velikovsky” y tampoco ha querido dar un tono apocalíptico o siniestro al tema de un posible cataclismo cósmico al estilo “2012”.
[2] Típica expresión anglosajona que indica el origen o causa evidente de un efecto observado: el humo delata que la pistola ha sido utilizada.
[3] De hecho, en otra entrevista, Hancock menciona que el catastrófico evento que tuvo lugar en Tunguska (Siberia) en 1908 fue probablemente fruto del impacto de un fragmento de las Táuridas que cayó sobre nuestro planeta (por fortuna en una región apenas habitada), justo en uno de los dos periodos anuales de cruce de la Tierra con esta corriente de meteoritos.