Esta pregunta parece sacada de un examen escolar o de un test de cultura, y nos
lleva a la clásica respuesta que muchas generaciones de todo el mundo han
aprendido memorísticamente: Cristóbal Colón (o Colombo). Sin embargo, este dato
que parece inapelable, y que está directamente relacionada con la famosa fecha del
12 de octubre de 1492, es en realidad un artificio propio de lo que podríamos
llamar la Historia oficial, o sea, lo que los gobernantes consideran adecuado
que la gente sepa como «cultura general». Lógicamente, tras esta historia que
se enseña en las escuelas hay una historia científica, que es la que emana de
los propiamente expertos en la materia, en forma de un cierto consenso de
conocimiento. Y evidentemente no hay que olvidar que, fuera del consenso,
existen muchas propuestas e investigaciones que han quedado marginadas por el
paradigma científico y que han ido a parar a lo que llamamos la Historia
alternativa.
Sea como sea, a estas alturas, e incluso por las personas de formación académica, las simplificaciones de esta Historia oficial resultan bastante pobres para expresar la complejidad de la investigación histórica y arqueológica, y el caso específico del descubrimiento de América es un magnífico ejemplo de cómo se pueden dejar de lado los estudios minoritarios o las pruebas anómalas en favor de una versión única, que es la que llega al gran público.
En efecto, toda la historia que rodea el descubrimiento de América por parte de
Colón está marcada por sombras e incertidumbres, empezando por la propia figura
del insigne almirante. Aún hoy día no se tiene un retrato claro y completo de
Colón. No sabemos con exactitud su procedencia ni se tienen datos contrastados
de su vida en determinados momentos. La versión que se ha mantenido durante
mucho tiempo es que era italiano, nacido en Génova, pero también se han
propuesto otros orígenes, como griego, portugués, gallego, mallorquín o
catalán. De hecho, hay una corriente de historiadores que creen que su origen
catalán es más que verosímil y que su expedición no habría salido de Palos
(Huelva), sino de Pals, en la costa catalana.
Por otra parte, algunos estudios lo relacionan con el templarios, una orden que
había sido disuelta oficialmente a inicios del siglo XIV, pero que pervivió en
algunos países bajo otros nombres. Así, es innegable que las tres carabelas
llevaban el emblema de la clásica cruz paté del templarios, al igual que los
barcos portugueses que exploraron los océanos en esa misma época. Esta
rumorología conecta perfectamente con las teorías sobre las expediciones
marítimas del templarios durante la Edad Media. Algunos autores han apuntado
que la gran riqueza acumulada por los templarios en relativamente poco tiempo
procedía en gran parte de América, en concreto de las minas de plata, y quizás
así se explicaría mejor como es que el principal puerto templario, La Rochelle,
se encontraba en el Atlántico y no en el Mediterráneo, que teóricamente era el
campo de operaciones natural de esta orden. Y por si esto fuera poco, el techo
y en las arcadas de la capilla templaria de Rosslyn (Escocia), terminada unos
años antes del primer viaje de Colón, podemos observar unas representaciones de
lo que parece maíz y cactus aloe, plantas que en teoría no llegaron a Europa
hasta el siglo XVI.
A partir de esta hipotética presencia de los templarios en América, se ha
especulado sobre la gran seguridad que tenía Colón al presentar su proyecto de
llegar a las Indias navegando hacia el oeste, ya que de alguna manera él ya
tendría un conocimiento bastante exacto de la ruta y del lugar a donde iba.
Dicho de otro modo, no habría ido a la aventura sino que era un viaje
perfectamente calculado. A este respecto, se ha dicho que o bien Colón ya había
estado en América, o bien había conocido a alguien que sí había estado
previamente y que le facilitó información precisa de primera mano. En todo
caso, parece que él ya disponía de mapas suficientemente fiables para saber con
cierto grado de seguridad cuál era su destino final.
Mapa chino del s. XV, según Menzies |
La verdad es que la hipótesis de Menzies no es la única que plantea la existencia de mapas imposibles por el siglo XV, ya que otras teorías alternativas hablan de la presencia de pescadores vascos en las costas de Canadá hacia el 1412 y de expediciones esporádicas -y secretas- por parte de los portugueses durante este mismo siglo. De hecho, se ha especulado bastante sobre si Colón logró ciertos mapas en la corte portuguesa, pero no hay ninguna constancia documental de esta teoría.
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Mapa de Piri Reis |
En resumen, podría ser que hacia el final de la Edad
Media ya se hubieran confeccionado algunos mapas de los nuevos territorios,
provenientes de exploraciones no oficiales o incluso de supuestas cartografías
realizadas en tiempos muy remotos por una gran civilización marítima global,
según defendió el profesor de historia de la ciencia Charles Hapgood en su
famoso libro Maps of the ancient sea kings, centrándose muy específicamente en el célebre mapa del almirante turco Piri Reis.
Así pues tenemos que Colón -por las motivaciones que sean- llegó oficialmente a América en 1492, pero tal vez otros habían estado allí antes, y desde hacía muchos siglos... Ahora es el momento en que hay que hacer una inmersión en esta historia alternativa, que a veces no es tan alternativa, sino simplemente marginal. Si empezamos por repasar la historia que todo el mundo reconoce como probada, es bien sabido que los vikingos llegaron a las costas de Terranova hacia el año 1000, donde construyeron un asentamiento que abandonaron unas décadas después. Los restos de este poblado se encontraron concretamente en Anse aux Meadow y fueron excavados hace más de 30 años. Ahora bien, parece ser que los vikingos no fueron más allá de una simple exploración y no tuvieron la intención de colonizar aquellas tierras, por lo que esta breve presencia en América se ha considerado poco más que un episodio anecdótico.
Sin embargo, la presencia regular en el continente americano de otros pueblos durante épocas aún más antiguas no ha estado nunca en la agenda de la historia académica, sobre todo cuando estos indicios o insinuaciones provienen de fuentes mitológicas. Sin embargo, es cierto que existen diversos restos arqueológicos que podrían dar algún apoyo a estas teorías más o menos heréticas. No obstante, cabe decir que este terreno es bastante delicado, ya que aquí se mezclan hechos más o menos demostrados con historias o supuestas pruebas que tienen poca o ninguna fiabilidad en términos científicos, por no hablar de manipulaciones o simplemente fraudes. A continuación, trataremos de arrojar un poco de luz en esta polémica, pero teniendo en cuenta que muchas de las cosas que comentaremos están en suspenso o pendientes de estudios más profundos.
Pues bien, si entramos a analizar estas pruebas anómalas encontradas a lo largo de todo el continente, veremos que hay motivos fundados para plantear que algunas antiguas civilizaciones mediterráneas podrían haber llegado a América de manera accidental, quizá debido a una tormenta, sin descartar la posibilidad de alguna exploración ex profeso que quedó sumergida en la noche de los tiempos. Sobre esta presencia de culturas transoceánicas en América, el estamento académico se muestra más bien escéptico y normalmente ha tratado de desacreditar todas las teorías al respecto, así como las supuestas pruebas (en algún caso se ha hablado abiertamente de fraude). Detrás de esta posición está el actual paradigma aislacionista, que se contrapone al llamado difusionismo, que hasta mediados del siglo XX tuvo cierto éxito como teoría que explicaba los rasgos comunes de muchas culturas, a veces separadas por grandes distancias. Un ejemplo clásico de este difusionismo sería la idea que los egipcios exportaron las pirámides a Centroamérica.
De todos modos, en los últimos tiempos algunos estudiosos provenientes del mundo académico han empezado a lanzar propuestas basadas en datos bien observables sobre la viabilidad de estos contactos transatlánticos. Por ejemplo, la antropóloga norteamericana Alice Kehoe considera absolutamente factible -como ya lo hizo en su día Thor Heyerdhal- la posibilidad en tiempos antiguos de cruzar el Atlántico y el Pacífico con sencillas naves de madera, con la ayuda de las corrientes marinas. Kehoe aporta informaciones concretas sobre diversos hallazgos que relacionan directamente las culturas de América con culturas del otro lado del Océano Atlántico y también del Pacífico, además de otras evidencias de tipo cultural, lingüístico y mitológico. Por cierto, entre las diversas pruebas, Kehoe destaca algunos indicios significativos (escritura, matemáticas, plantas, artesanía, tecnología textil, etc.) De la posible relación entre la cultura china y algunas culturas indígenas americanas, más o menos en la línea que defendía Gavin Menzies...
Y en fin, volviendo a las hipótesis, cabe decir que se ha propuesto que los primeros en llegar a América en tiempos históricos podrían haber sido los egipcios, según diversas similitudes entre la cultura maya y la cultura del antiguo Egipto. Además circulan informaciones sobre la supuesta presencia egipcia en Norteamérica, como un tesoro encontrado en una cueva (Burrows Cave, Illinois) o un conjunto de túneles y cámaras subterráneas en Gran Cañón (Colorado), pero estas historias están llenas de opacidades y dudas, y han quedado fuera del debate científico. No obstante, algunas extrañas circunstancias, como la presencia de restos de cocaína y nicotina en algunas momias egipcias -cuando estas plantas eran exclusivamente americanas- conllevan algunos escenarios difíciles de explicar.
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Inscripción de Los Lunas |
También cabe destacar un texto muy arcaico escrito sobre una roca cerca del pueblo de Los Lunas en New Mexico (EE UU) en un alfabeto similar al fenicio. Sobre esta inscripción se han lanzado varias hipótesis y intepretación. Se ha sugerido que podría un texto religioso hebreo -con una posible datación de 1000 a. C.- hasta un texto indígena (los navajos), pasando por una inscripción de unos navegantes griegos del siglo IV a. C.
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"Fuente Magna" |
Y para cerrar esta presencia mediterránea, hay que hacer notar que se han encontrado algunos objetos de inequívoco origen romano en diversos puntos de América: unas monedas, la cabeza de una estatuilla, una copa... Además tenemos pruebas de un más que posible naufragio romano en la bahía de Guanabara (Brasil), en cuyo caso se pudo probar que las ánforas que llevaba estaban fechadas hacia el 19 a. C. y que procedían de Marruecos (por entonces provincia romana).
Y, en fin, a estas alturas, ¿qué podemos decir sobre el viaje de Colón? ¿Realmente descubrió América? ¿O sólo fue el iniciador de la conquista sistemática por parte de las naciones europeas de unas tierras ya conocidas? Parece que esta última visión podría ser la más evidente y la mejor documentada...
(c) Xavier Bartlett 2013
2 comentarios:
Muy completo e interesante, si sirve, decir que en Argentina están unas ruinas de lo que fue supuestamente un castillo templario:
http://www.vegaossorio.info/el-fuerte-templario-mapas.html
https://despiertacordoba.wordpress.com/2014/12/20/templarios-en-la-patagonia-el-complejo-arqueologico-de-somuncura-y-la-ruta-sobre-el-chubut-a-la-ciudad-de-los-cesares-templario/
Y solo creo que se podría añadir la propia "mitología" indígena que representa a "dioses" blancos y estatuas tanto de hombres con barba como de raza africana.
Las pirámides también son algo a tener en cuenta, tanto por el tipo de edificación como por el modo de construirlas, con piedras magníficamente talladas y de dimensiones colosales para la tecnología oficialmente admitida en aquel entonces.
PD: Una crítica constructiva; Cuesta encontrar los artículos porque no has colocado el botón "buscar" que ayuda bastante
Saludos
Gracias Piedra por el comentario. No sabía nada de ese supuesto castillo templario en la Patagonia. Sabía algo de algunas construcciones en piedra no claramente identificadas en Norteamérica, pero nada de Sudamérica.
Y gracias también por la sugerencia del botón "buscar", que ya he añadido al blog.
Saludos
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