sábado, 14 de septiembre de 2013

Demasiados extraterrestres

E. Von Däniken
Una de las grandes tendencias de la arqueología alternativa es sin duda la que propugna la intervención de seres inteligentes de otros planetas en los asuntos humanos desde los tiempos más remotos. Este concepto, que se sustenta en la llamada Teoría del Antiguo Astronauta (TAA), ya tiene algunas décadas de edad. 

Esta teoría fue popularizada por el archifamoso escritor Erich Von Däniken hace más de 40 años, si bien ya antes otros autores –sobre todo los que conformaron el género denominado realismo fantástico– habían sugerido la existencia de tales seres en el Universo y su incierta influencia sobre la primera Humanidad. No obstante, fue el investigador suizo el que se apropió de tal teoría, y la definió de este modo:
«En tiempos prehistóricos y protohistóricos, la Tierra recibió varias veces la visita de unos seres desconocidos del espacio. Esos seres deconocidos crearon la inteligencia humana por medio de una mutación artificial programada. Los extraterrestres ennoblecieron a los homínidos al hacerlos a su imagen y semejanza. Por eso nosotros nos parecemos a ellos, no ellos a nosotros. Las visitas a la Tierra de esos seres desconocidos del cosmos fueron registradas y transmitidas por mediación de las religiones, las mitologías y las leyendas populares.»
          (Erich von Däniken. La respuesta de los dioses, 1978)

Si leemos bien este texto, vemos que Von Däniken, y luego toda su corte de seguidores, consideraba que los cosmonautas extratrerrestres fueron más allá de simples exploraciones, hasta el punto de ser los creadores de la especie humana mediante una actuación de ingeniería genética. Esta propuesta es lo que propiamente se llama intervencionismo, una explicación más para el origen del hombre, a sumar al evolucionismo, el diseño inteligente y el creacionismo.

Ahora bien, ¿de dónde surgieron estas ideas tan extremas y tan alejadas del actual paradigma científico? Al respecto, podemos decir que la TAA no nació de la noche a la mañana, sino que fue un camino que se desarrolló a partir de una serie de tendencias de pensamiento y de elucubraciones que ya encontramos a finales del siglo XIX, y que de algún modo cristalizaron con la llegada de la era espacial, que fue la espoleta definitiva para la explosión del fenómeno, dado que obviamente todo gira alrededor de la supuesta presencia de astronautas.

Charles Fort
Las primeras insinuaciones sobre dioses, semidioses o entidades etéreas las podríamos situar en la literatura ocultista de Madame Blavatsky y en el revival de la Atlántida a cargo de Ignatius Donnelly. Más tarde, irrumpió con fuerza el género fanstástico y de ciencia ficción con autores como H. G. Wells y sobre todo H.P. Lovecraft, con sus Mitos de Cthulhu, un relato acerca de una raza desaparecida de dioses que habitaron la Tierra en tiempos muy remotos. Tampoco hay que desestimar la influencia otras visiones que iban más allá de los límites científicos de la época, como es el caso de Charles Fort, autor del famoso The book of the damned (1919) que presentaba una serie de hechos anormales (entre los cuales podríamos ver directos precedentes del fenómeno OVNI) e incluso afirmaba sin tapujos: “Creo que somos bienes inmobiliarios, accesorios, ganado. Pienso que pertenecemos a algo. Que antiguamente la Tierra era una especie de tierra de nadie que otros mundos han explorado, colonizado y disputado entre ellos.”

Posteriormente, ya en la segunda mitad del siglo XX, se fueron a juntar diversos hechos que acabarían de moldear la TAA como propuesta global construida con elementos de diversas disciplinas científicas. En resumen, tendríamos lo siguiente:
  • El nacimiento de la ufología (a partir del incidente de Roswell, 1947).
  • El inicio de la exploración espacial por parte de los EE UU y la URSS.
  • El auge de la ciencia-ficción y de las ideas provenientes de la tradición teosófica.
  • La reacción anti-materialista y la aparición de visiones críticas contra la ciencia racional-empírica (realismo fantástico).
  • El interés del público por una vuelta a la arqueología romántica, como reacción a la arqueología empírica y positivista, hasta cierto punto, “mecanicista”.

Así pues, a mediados de los años 60 la fruta ya estaba madura: este género, que cabalgaba entre lo fantástico y lo científico, ya empezaba a calar entre un público numeroso cada vez más áviso de estas lecturas. Y así fue como en 1968 Erich Von Däniken entró en escena con su celebérrimo Recuerdos del futuro (“Chariots of the Gods?”, en versión inglesa), que destapó la fiebre por todo lo extraterrestre en el pasado hasta prácticamente nuestros días, en que parece que volvemos a ver un fuerte rebrote de estas propuestas.

Llegados a este punto es preciso ampliar un poco las bases teóricas de la TAA para poder evaluarla adecuadamente. Lo que la TAA presenta en realidad es una reinterpretación de la historia y de la arqueología, asumiendo que la interpretación convencional académica –así como la religión, por la parte que le toca– está equivocada. Se trata, pues, de lecturas o visiones completamente distintas sobre unos hechos, artefactos o documentos que en su mayor parte son los mismos.

Así, la TAA retoma las diversas referencias antiguas a dioses, ángeles, gigantes o seres superiores y los convierte automáticamente en seres procedentes del espacio. Tales entidades habrían sido interpretadas por la ciencia de forma errónea como seres míticos, más propios de un contexto religioso o antropológico que de uno histórico, pero gracias a los avances científicos ahora podríamos ver que no hay ninguna fenomenología sobrenatural, sino una presencia real de seres físicos similares a nosotros, pero mucho más desarrollados tecnológicamente.
Ante la duda, ¡alienígenas!
Estas referencias provienen básicamente de textos escritos o de tradiciones orales, pero también tienen un reflejo en la cultura material en forma de estatuas, objetos, relieves, etc. que son interpretados obviamente de manera bastante opuesta a la visión ortodoxa. Otra cosa sería preguntarse si, aun admitiendo que los extraterrestres visitaron el planeta en el pasado, podemos atribuirles más o menos directamente toda una serie de hechos o fenómenos anómalos o extraños.

Vaya por delante que no tengo ningún prejuicio hacia el concepto básico de la TAA, pues no es descabellado pensar en un escenario de inteligencias superiores viajando por el Universo, en tareas tales como la exploración o difusión de la vida, la implantación de la “civilización” e incluso la modificación de las especies existentes (lo que daría cobertura al intervencionismo genético o la creación “artificial” del ser humano). Sin embargo, y aún aceptando la existencia de ciertas anomalías o hechos poco o mal explicados por la ciencia académica, recurrir a la presencia extraterrestre puede resultar cuando menos un camino demasiado aventurado.

Para tratar de arrojar luz sobre este asunto, veamos primero sucintamente las argumentaciones de la TAA y luego reflexionemos sobre ellas.

La TAA se sustenta fundamentalmente sobre tres pilares:

1.    Las diversas manifestaciones artísticas o rituales de antiguas culturas de todo el mundo que supuestamente representan en realidad astronautas, naves espaciales, objetos de avanzada tecnología, etc. y que han sido malinterpretados por la ciencia ortodoxa.
2.    Las referencias a contactos con seres extraterrestres, que adoptaron la forma de dioses para los humanos, según consta en los mitos, tradiciones y libros sagrados de los pueblos de la Antigüedad. En estos casos no debería hacerse una lectura mítica de esos relatos, sino una lectura literal y técnica.
3.   Los numerosos artefactos o construcciones que apuntan a un nivel de tecnología superior al que –en principio– deberían tener las culturas humanas de la Antigüedad. Tales prodigios serían en realidad obra de seres extraterrestres avanzados o bien obras humanas realizadas con la ayuda alienígena.

No vamos ahora a describir detalladamente todas las pruebas que Von Däniken y sus seguidores han ido exponiendo a lo largo de décadas. De hecho, tales pruebas son básicamente las mismas desde hace 40 años o más, con algunas escasas novedades. Tal vez cabría destacar el hecho de que en los últimos años, y de la mano de la crítica al evolucionismo ortodoxo, se han lanzado algunas especulaciones sobre la aparición del Homo Sapiens en la cadena evolutiva, dadas ciertas anomalías en términos fisiológicos y genéticos, en las que se sugiere la intervención de una inteligencia manipuladora capaz de crear un híbrido entre un homínido primitivo y un ser “de otro mundo”.  

Lloyd Pye
Por cierto, el tema de la hibridación entre humanos y seres fantásticos es un asunto que no es nada nuevo; de hecho aparece en la mitología y el folclore popular a lo largo de las épocas en varias partes del mundo, e incluso el investigador norteamericano Lloyd Pye, recientemente fallecido, dijo haber encontrado un inequívoco ejemplar de híbrido (el llamado “Starchild”) datado mediante C-14 en una antigüedad de unos 900 años.

Dejando de lado esta cuestión, el resto de hechos presentados aparentemente se salen de una visión académica del pasado, en particular porque atentan a la la secuencia evolutiva cultural establecida, en la que se va “de menos a más”, desde lo más primitivo a lo más civilizado. Así pues, cuando surgen cosas demasiado avanzadas a juicio de ciertos autores alternativos, se empiezan a disparar las alarmas.

Muros ciclópeos de Sacsayhuamán
Entonces es cuando se menciona los archifamosos casos de la mitología bíblica, mesopotámica o hindú, la nave de Ezequiel, el Arca de la Alianza, los vimanas, los carros de fuego que se llevaban a los profetas, los viajes estelares de Enoc, las apariciones de Dios y de los ángeles, los dioses Anunnaki creadores del ser humano, etc, etc. A lo cual hay que sumar las maravillas arquitectónicas del megalitismo, Baalbek, Sacsayhuamán, Puma Punku, Teotihuacán, las grandes pirámides, los moais de Pascua, etc. etc.
  
Y finalmente tendríamos las huellas de los dioses en formas de representaciones (las figuras de Val Camonica, el astronauta de Palenque, las pinturas de Tassili, las estatuillas dogu, etc.) o de objetos (el mecanismo de Antikythera, la pila de Bagdad, los “aviones” precolombinos, las esferas de Costa Rica, etc.)

La gran pregunta ahora sería: si la interpretación convencional es errónea, ¿debemos concluir que la hipótesis extraterrestre es la única que queda y es la que explica correctamente todas estas pruebas? Mi respuesta es “no”, aunque demos a la TAA el beneficio de la duda en algunos casos. Entremos a valorar otros argumentos y reflexiones.

En primer lugar, es posible que las visiones convencionales estén equivocadas en muchos aspectos o que sean incompletas, pero bien es cierto que, a falta de investigaciones más profundas o de nuevos datos, pueden constituir una explicación plausible y totalmente razonable. Ello supondría que los hombres de hace siglos o milenios serían capaces de realizar ciertas cosas con los medios que se supone que tenían a su disposición. Así, se han realizado experimentos de arqueología experimental para intentar demostrar cómo se pudieron haber construido determinadas estructuras megalíticas. Por supuesto, tales ensayos no son pruebas concluyentes ni explican todo el fenómeno megalítico, pero se ajustan a criterios relativamente realistas.

Esto mismo se puede aplicar al campo de la mitología. Aunque este tema se mueve en el terreno de las creencias, la antropología ha tratado de dar explicaciones a partir de comparaciones con los pueblos primitivos de nuestro tiempo, y si bien tampoco son verdades absolutas, la intervención de entidades extraterrestres no es obligatoria. Además, en muchos casos, la explicación de la TAA ha creado un contexto ficticio obviando el contexto mitológico conocido, como es el caso del astronauta de Palenque. En esta representación, Von Däniken quiso ver un astronauta manipulando unos mandos en una pequeña cápsula impulsada por cohetes, pero no dijo nada de la lectura funeraria que se podía hacer perfectamente a partir de la mitología maya sobre el viaje del rey al inframundo, con toda una serie de elementos o iconos del todo reconocibles y que aparecen en otros restos arqueológicos.

Por supuesto, hay que resaltar que la ciencia ortodoxa tiende a ver elementos mágicos, religiosos o divinos cuando no encuentra una interpretación realista factible, pero recurrir a los extraterrestres no es menos especulativo, pues la iconografía del antiguo astronauta es muy diversa e incluye desde simples figuras esquemáticas a seres supuestamente provistos de escafandras, pasando por todo tipo de humanoides con una indumentaria o aspecto inusual.

Lo que está claro es que,  al vivir plenamente en la era espacial y con la innegable influencia de la ciencia-ficción, podemos dejarnos llevar por un cierto prejuicio tendencioso a la hora de interpretar estas figuras, despreciando su contexto primitivo, así como otras posibles visiones racionales.

"Pila de Bagdad"
 Por otro lado, el hecho de encontrar objetos de tipo oopart (fuera de su supuesto contexto espacio-temporal) no han de indicar forzosamente la intervención de seres de otros planetas. ¿De qué manera probamos que el mecanismo de Antikhytera o la pila de Bagdad son muestras de una tecnología extraterrestre? Son objetos encontrados dentro de un contexto arqueológico y que no muestran indicios de una supertecnología de astronautas capaces de viajar desde remotísimas galaxias. Más bien se trata de artefactos que –en efecto– muestran un cierto conocimiento o técnica superior a la cultura de su época, pero esto no implica ninguna aportación alienígena. Pudieron ser objetos que no tuvieron continuidad o que respondían a saberes secretos o muy avanzados por parte de una minoría, pero poco más podemos decir.

De hecho, el problema básico que afronta la TAA es cómo definir lo extraterrestre de manera inequívoca y hasta cierto punto “científica”. Realmente, si todo aquello que se sale de nuestra aparente normalidad y conocimiento mundano es extraterrestre, entonces casi cualquier cosa extraña es “extraterrestre” (lo que en tiempos antiguos se atribuía a dioses, demonios u otros seres fantásticos). Aquí es donde deberíamos empezar a plantear hipótesis alternativas a la TAA, aunque no precisamente coincidentes con la ortodoxia científica en historia y arqueología.

La primera hipótesis es que todo aquello que la TAA atribuye a los alienígenas, debería en realidad atribuirse a los humanos del pasado, que vivieron en una época muy remota y que no han sido identificados por la ciencia convencional. Estamos hablando, obviamente, de una civilización perdida (llámese Atlántida o de cualquier otro modo) que desapareció abruptamente –tal vez a causa de un gran desaste natural o cósmico–  y que dejó su legado en forma de ciertos logros prodigiosos. Tales maravillas habrían sido realizadas con una ciencia o técnica que nos es desconocida en la actualidad (y este sería el punto principal de divergencia con las explicaciones académicas sobre las antiguas civilizaciones). Aquí podríamos especular mucho acerca de cómo pudo pudo borrarse el rastro de una cultura tan superior, a pesar de que las mitologías sí nos hablan de tal época como una Edad de Oro o Edad de los Dioses.

Esta teoría conecta directamente con una explicación que se maneja en el ámbito alternativo y que tiene referentes de tipo mítico o religioso en muchas culturas de todo el mundo: la Historia cíclica. Según esta visión, la Humanidad pasa por varios ciclos de existencia que van desde lo más bajo o material (¡nuestra época!) hasta lo más alto o espiritual. 

Efigie de un viracocha
Así, un estado más elevado de conciencia podría permitir a los humanos (¿deberíamos decir superhumanos?) manipular la realidad física de forma completamente distinta a como lo hacemos en la actualidad. Estos humanos no serían pues ni “dioses” ni “extraterrestres”. Tal vez las figuras mitológicas de Quetzalcóatl, Kukulcán o Viracocha podrían adscribirse precisamente al encuentro entre los supervivientes de esta gran civilización perdida y los humanos primitivos en un estado de barbarie.

La segunda hipótesis vendría a ser una variante del anterior; nos habla de una humanidad paralela que habita mundos subterráneos o submarinos (o completamente apartados en un lugar remoto) y que de alguna manera ha ido interaccionando con los humanos “terrestres” a lo largo de los tiempos. Se trataría de mundos cerrados y ocultos, no accesibles a los humanos corrientes. En cierto modo, las antiguas leyendas sobre ciudades o reinos fantásticos habitados por seres sabios e inmortales como Shambala, Agartha, Akakor, etc. podrían ser un ejemplo válido de esta teoría.

Finalmente tendríamos la hipótesis interdimensional, que de hecho ha sido estudiada por varios expertos en ufología y en fenómenos paranormales. Este enfoque se fundamenta en la posible existencia de otras realidades o universos paralelos (en la línea de las propuestas de la mecánica cuántica), que normalmente están fuera del alcance de nuestros sentidos, en el mundo físico que conocemos. Así, varios científicos han reconocido que determinados estados de trance provocados por la ingesta de sustancias psicotrópicas podrían conectarnos con otros mundos o dimensiones, tal como ocurre en las tradicionales experiencias chamanísticas. Por consiguiente, sería posible que la presencia de extraterrestres no fuera tal, sino que se trataría de los mismos seres espirituales o fantásticos que interaccionan con los chamanes o personas con unas capacidades fuera de lo común.
 
Estereotipo de grises
Según las experiencias de varios investigadores, en estas dimensiones paralelas aparecen entes no identificados de aspecto humanoide, así como criaturas de más difícil definición (medio humanas medio animales) e incluso clásicos arquetipos de extraterrestres, según los modelos propuestos por la ufología. Así pues, lo que algunos autores han visto en este fenómeno es una pervivencia de las antiguas leyendas e historias sobre seres de otros mundos, que en la prehistoria se mostraban como teriántropos, en la Edad Media como elfos, duendes y gnomos y en la actualidad como alienígenas.

De esta manera podemos especular con la idea de que que tales seres han interaccionado –mediante puertas o puentes dimensionales– con los humanos a lo largo de los tiempos, y que en un remoto pasado fueron tomados por dioses y representados en el mundo físico de una manera del todo inhabitual. En todo caso, hablar de extraterrestres (habitantes de “otro planeta”) no tiene mucho sentido, pues sería más correcto hablar de seres interdimensionales.

A modo de conclusión, podríamos afirmar que la TAA tiene muchos puntos débiles y que se sustenta en gran parte gracias a numerosas especulaciones y escenarios de difícil comprobación. Con todo, actualmente parece haber una nueva fiebre o revival de estas presencias extraterrestres en el pasado (que se perpetúan hasta el presente), con series documentales como Ancient Aliens, aparte de las diversas ficciones made in Hollywood, pero lamentablemente tienen más bien poca rigurosidad y bastante dogmatismo. En fin, a más de uno le habrá parecido que lo que prevalece lamentablemente es el puro espectáculo, el entretenimiento y el negocio, aun cuando algunos de los elementos de la TAA se podrían rescatar para una investigación seria y científica.

(c) Xavier Bartlett 2013

1 comentario:

Cobalt UDK dijo...

A la teoría TAA le veo algunos problemas.

Planetas como la Tierra no deben ser muy frecuentes por el Universo. Por lo general cuando una cultura ocupa una tierra rica, permanece en ella, hasta que la echan.
Si los extraterrestres llegaron a la Tierra, ¿por qué se fueron? No hay constancia en ninguna cultura de la existencia de rebeliones contra los "dioses".
Sí que hay historias sobre guerras entre ellos, pero entonces ¿por qué no se quedaron los vencedores?

Otra cosa es aquello de que nos crearon a su imagen y semejanza. ¿Y a los chimpances y gorilas también? La mayoría de los seres vivos terrestres comparten una "estructura" básica, tenemos 4 extremidades, 2 ojos, 2 orificios respiratorios, 2 de audición, etc.
Pensar que los seres vivos comparten esa estructura básica en todo el Universo es demasiado aventurado. En otros planetas los seres vivos pueden tener más extremidades, o tentáculos, más ojos, etc. Las probabilidades de que se parezcan a nosotros son mínimas.

Entonces, si decimos que seres con forma humanoide nos crearon a su imagen y semejanza, también debemos decir que crearon a la mayor parte de seres vivos de este planeta, ya que todos compartirmos en mayor o menor medida esa estructura básica. Y no sólo al hombre, como propugnan estas teorías y las religiones.

Yo no creo que los extraterrestres llegaran. Es muy posible que las distancias en el espacio sean imposibles de recorrer hasta para civilizaciones muy avanzadas.

Me inclino más por la teoría de antiguas civilizaciones humanas que desaparecieron abrúptamente, pero de las que quedaron restos, supervivientes, que pudieron ser los "dioses" de la antiguedad, valiéndose de sus conocimientos superiores a los de otros pueblos. Y aquí entran los "cráneos largos", tan representados en el arte antiguo.

Hace poco vi un documental sobre un método teórico para construir la pirámide de Keops. Un arquitecto francés proponía que existió una rampa para subir los bloques, pero que llegaba sólo hasta la mitad de la altura. Para el resto se usaban pasillos dentro de la pirámide, con forma espiral (siguiendo los lados de la pirámide) y con una pendiente máxima de 7º.
Para subir los bloques de granito de las cámaras interiores idearon un sistema bastante complejo de raíles y poleas.
Algunos estudios usando radares confirman la existencia de esas galerías. La teoría me pareció aceptable, pero luego recuerdas que los egipcios no conocían la rueda.

Entonces no cuadra que gente que no conociese la rueda tuviese esa capacidad tan grande para idear mecanismos que permitieran subir rocas de ese tonelaje y colocarlas con precisión dentro de la pirámide. No cuadra. O los egípcios estaban mucho más avanzados de lo que nos cuentan, o la pirámide no la construyeron ellos, sino que la heredaron de alguna civilización anterior que no conocemos.

Encontraron una estancia en una de las aristas de la pirámide. Con el permiso de las autoridades egípcias, entraron en ella pero sin instrumentos, sin cámaras ni robots. No encontraron ahí las galerías pero sí había algo hueco detrás de una pared semiderruída. Tras presentar oficialmente la teoría, quisieron volver a examinar la estancia, pero esta vez llevándo cámaras para hacerlas pasar entre los huecos y ver que había tras la pared. Pidieron de nuevo permiso a las autoridades egípcias pero aún siguen esperando que se lo concedan.